EL Rincón de Yanka

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jueves, 6 de enero de 2011

NO DEJES DE SEGUIR LA ESTRELLA DEL AMOR

El Santo Padre afirmó que para los Magos “era lógico buscar al nuevo rey en el palacio real”. Sin embargo, “la estrella les guió a Belén, una pequeña ciudad; les guió entre los pobres, entre los humildes, para encontrar al Rey del mundo. Los criterios de Dios son diferentes a los de los hombres; Dios no se manifiesta en el poder de este mundo, sino en la humildad de su amor, ese amor que pide a nuestra libertad ser acogido para transformarnos y capacitarnos para llegar a Aquel que es el Amor”.
Tras poner de relieve que para los Magos “fue indispensable escuchar la voz de las Sagradas Escrituras: sólo ellas podían indicarles el camino”, el Papa subrayó que “la Palabra de Dios es la verdadera estrella, que, en la incertidumbre de los discursos humanos, nos ofrece el inmenso esplendor de la verdad divina”.
“Dejémonos guiar por la estrella, que es la Palabra de Dios, sigámosla en nuestra vida, caminando con la Iglesia, donde la Palabra ha plantado su tienda. Nuestro camino estará siempre iluminado por una luz que ningún otro signo puede darnos. Y también nosotros -concluyó- podremos convertirnos en estrellas para los demás, reflejo de esa luz que Cristo ha hecho resplandecer sobre nosotros”.







miércoles, 5 de enero de 2011

SON PURO HUMO...



Un viernes de vísperas para carnavales nos habían notificado la muerte del padre  de nuestro hermano guía del preuniversitario Paraguaná, nuestro querido y maestro Teo, en el último año del bachillerato. Y nos invitaron para la misa funeral por su difunto padre. Nos había sorprendido que no acudiese a su Argentina natal para despedirse de su padre acompañando al resto de su familia en estos momentos tan desconsoladores. Pero como era religioso marista y estaba lejos de su país, no pudo acudir.

Yo, como casi todos mis compañeros, exceptuando a dos o tres, y sin pensarlo, preferimos ir a “bonchar”* a una miniteca o guateque que coincidía en la misma tarde del viernes.
Al volver de los carnavales al instituto, en la primera clase de la mañana nos increparon y reprendieron por la falta de solidaridad y humanidad; además de que el hermano Teófilo estaba muy desengañado y decepcionado de nosotros, que no se merecía tanta indiferencia de nuestra parte; que para él éramos como sus hijos puesto que lo había dejado todo, y nosotros conformábamos su todo; y que lo pasaba muy mal cuando eran vacaciones. Estaba pendiente de cada uno de nosotros; y era el primero en recibirnos en la misma entrada del instituto cuando bajábamos del autobús, para felicitarnos en nuestros respectivos cumpleaños; y para estar siempre a nuestro lado cuando más se le necesitara: como cuando murió la madre de nuestro compañero Sergio, y nos llevó a todos para animarlo en su casa después de varios días sin querer asistir al instituto; y así a cada uno nos ayudó en algo…

En eso que estábamos todos con la cabeza agachada después de irse el Padre Julio que nos daba la primera clase, entraba el hermano Teo muy circunspecto nos dijo:
- “Ahora mismo dejo de ser su hermano guía. Me sustituirá el Hermano Urriza. Únicamente les quiero decir que me han decepcionado como seres humanos. Están vacíos. Sólo son humo y ruido. No merecen llamarse humanos ni cristianos. Adiós”.

Se empezaron a escuchar unos lloros, y al rato empezaron aumentando paulatinamente las voces de varios hablando al mismo tiempo…

- Eso no es cristiano.
- Vaya ejemplo de maestro.
- Pero no entiende que somos unos chamos*.
- Pero qué se ha creído, no hicimos nada malo…
Estaba anonadado. No me lo podía creer, tener tanta desfachatez de nuestra parte.
En eso se levantó un compañero y espetó con furia y disconformidad a la clase:

- Después de haber hecho lo que le hemos hecho, aún encima le echamos la culpa y nos auto exculpamos. Somos una mierda, yo me voy de esta mierda…
Y en eso que se estaba encaminando hacia la puerta para salir, muchos lo agarraron para que no se fuera, pero él con rabia se fue deshaciéndose y cerró la puerta con fuerza.
Todos nos callamos y nos fuimos saliendo poco a poco hacia el patio…
Yo estaba muy compungido, contrito como todos y no me atrevía a acercarme a él, pues me parecía distante y esquivo.
Pasó el tiempo, no mucho. Se acercaba el fin de curso y de etapa preuniversitaria para la ceremonia de entregas de diplomas en el teatro de la ciudad después de la celebración eucarística, cuando se me acercó Teo y me pidió que en representación de mis compañeros preparara unas palabras de despedida para el momento final de la eucaristía, no me lo podía creer, pero estaba tan emocionado y descentrado con la ceremonia que cuando llegó el momento para el discurso, Teo me miró y le dije con muecas que no había preparado nada y tuvo que salir él para dirigirse a la asamblea. Sentí un poco de vergüenza de haberle fallado pero me sentí muy bien que fuera él mismo que hablara en nombre de todos. Era la mejor representación nuestra. Era nuestro líder.

Nos habló de muchas anécdotas simpáticas, de la amistad, de que no olvidáramos lo que habíamos aprendido. Que lo pusiéramos en práctica, como nos decía el evangelio que se había leído, sobre los talentos. Que no dejáramos de ser por el tener. Y terminó el discurso con estas palabras:

“sean contracorriente del mundo, que los únicos que van con la corriente son los peces muertos”.
Y respondimos con un caluroso y sonoro aplauso.
Pasaron unos días y fui a recoger unos papeles para el ingreso universitario, al instituto y vi a Teo para despedirme, lo noté indiferente y distante. Me dijo que le habían destinado para otra ciudad. Me despedí con mucha tristeza y con una espina en mi alma que me acompañaría para el resto de mi vida, y él siguió mirando unos papeles.
Al año le escribí varias cartas pidiéndole perdón y siempre me fueron devueltas. Al cabo de los años me enteré que había regresado a su Argentina y que estaba en Misión Pompeya, la zona más pobre y marginada del país. No tenían teléfono y me dieron el correo-e. de un maestro que estaba con él, le escribía y nunca recibía contestación. Después me contaron que le había mandado a la Ciudad de Buenos Aires y le escribí y al fin después de tantas cartas de desagravio no contestadas me respondió con mucha alegría siendo consciente de mi mucha correspondencia. Me notificó su nueva misión en Uruguay y al cabo de unos meses le escribí felicitándole por su cumpleaños y remitiéndole una foto de su persona de aquellos años estudiantiles…
La espina doliente después de tanto tiempo se va desapareciendo de mi ser y sigo recordándole con agradecimiento como mi maestro y mi guía de siempre. Doy gracias a Dios por Teo por haber sido mi maestro y mi amigo. Gracias Teo por existir…


VIII PROMOCIÓN DE 1978 INSTITUTO JUAN XXIII MARISTAS PUNTA CARDÓN EDO. FALCÓN VENEZUELA


*BONCHAR: VIENE DE BONCHE: fiestear, parrandear, rumbear, festejar.

*CHAMO venezolano es un equivalente del “pibe” argentino, el “chavo” mexicano y el “chaval” español.



VER +:





lunes, 3 de enero de 2011

LA CARGA DE LOS TRES REYES


Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El próximo 16 de julio se cumple el 798 aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad -seguro que el término les suena- contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa -también esto les suena, imagino- debilitada e indecisa.

Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas -tropas populares, para entendernos- y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes -Alfonso IX de León se quedó en casa-. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza.

La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo -imagino que tendría otras cosas en la cabeza-, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros -porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros-; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria.

¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura.

ARTURO PÉREZ-REVERTE / Patente de corso



VER +: BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA