En líneas generales, podemos decir que muchas de las que llamamos ONG de No Gubernamentales tienen poco −la sociedad civil en España es la que es−, como por otra parte ocurre, no lo olvidemos, con… los medios de comunicación que viven mayoritariamente de la publicidad de las administraciones, algunas grandes empresas y así un largo etcétera.
Parafraseando a Serrat: «hace treinta años que tuve treinta años», o casi. Este año se cumple el treinta aniversario de la IV Conferencia de la Mujer de Pekín convocada por Naciones Unidas en 1995, a la cual asistí. Con dicho motivo amablemente me invita una organización no lucrativa a un acto conmemorativo. Agradezco la invitación y comento a mi interlocutora que no creo ser la persona más adecuada al respecto, porque si voy diré lo que veo, lo que creo, parte de lo cual ya lo pensaba en su día −y lo escribí claramente−, lo cual ha sido confirmado desgraciadamente treinta años después y con creces: de aquellos polvos (junto a otros muchos factores, por supuesto), estos lodos que tenemos.
«Hay algunas fundaciones independientes y entidades con miles de socios en España, pero en muchos casos el peso del porcentaje de financiación pública manda por goleada»
En definitiva, le suelto a la pobre una formidable perorata sobre mi espanto ante cualquier cosa que venga de Naciones Unidas, así como del marco mental tramposo −aceptado hoy no ya por lo progre/ izquierda /woke, sino por parte de la «derecha»− respecto al «género». O sea, le confirmo que si voy seré con seguridad una voz disonante, molesta, en fin, que piense mejor si me quieren allí o no. Mi paciente interlocutora entonces me explica lo que ya sé: que el foro cuenta con el apoyo de la administración pública a nivel autonómico y que muchas gracias por mi sinceridad al respecto.
Hace treinta años que yo tenía un poco más de treinta años y trabajé en una entidad no lucrativa que hacía, y hace, muchas, muchísimas, cosas buenas: no tengo ninguna duda al respecto. Pero esta entidad, como casi cualquier otra que trabaje en cooperación al desarrollo −y muchas otras en el ámbito de la asistencia social, medioambiente, etc.−, dependen, en el caso español, fundamentalmente de los fondos públicos nacionales, europeos, autonómicos, etc. Claro que hay algunas fundaciones independientes y entidades con miles de socios en España, pero en muchos casos el peso del porcentaje de financiación pública manda por goleada.
«Es por esto por lo que lo que marca la agenda de los organismos internacionales: tienes que entrar en su lenguaje si quieres contar con su financiación»
Es por esto por lo que lo que marca la agenda de los organismos internacionales, y casi toda la escalera de subsiguientes organismos públicos en España hoy, es clave: tienes que entrar en su lenguaje como poco, a menudo en sus ideas, si quieres contar con su financiación. Esto puede hacerse con convicción −comulgas con dichas ideas o bien te has «adaptado» a ellas− o agachando la cabeza porque no tienes más remedio y tú por «tu causa» (la que sea) y su financiación haces lo que haga falta.
¿Un ejemplo? Una entidad que se dedica a discapacidad, pongamos por caso, hace cada verano unos campamentos para niños. Pues bien, cada año, tiene que «vestirlos» al presentarlos a la administración donde busca la financiación: sea bajo la óptica del «género», de la «sostenibilidad» o lo que en ese momento esa administración defina o se lleve. El campamento va a ser el mismo −lo importante para ti es que los niños estén quince días en plena naturaleza−, pero si quieres financiación, tienes que entrar en lo que ellos quieren (otra cosa es si luego tú haces lo de siempre, pones una papelera como signo de sostenibilidad o acabas dedicando tu tiempo y esfuerzos a estupideces que te piden).
«Los medios de comunicación viven mayoritariamente de la publicidad de las administraciones»
En líneas generales, podemos decir que muchas de las que llamamos ONG de No Gubernamentales tienen poco −la sociedad civil en España es la que es−, como por otra parte ocurre, no lo olvidemos, con… los medios de comunicación que viven mayoritariamente de la publicidad de las administraciones, algunas grandes empresas (que dependen del marco regulatorio, en otros casos de ser contratados por el Estado o las administraciones públicas para H o B) y así un largo etcétera.
¿Podemos reprochar que haya tan escasas voces que cantan fuera del coro, ya en concreto, en el tercer sector, un actor clave en la sociedad, de esa cháchara habitual impuesta por Naciones Unidas y sus agencias? ¿Podemos entender por qué muchas ideas acaban siendo aceptadas culturalmente?
«Estar en el mundo sin ser del mundo ofreciendo alternativas, para empezar al lenguaje, a las ideas que hay detrás, y al mal con todas sus letras que se extiende no es fácil, es evidente»
Junto a las entidades no lucrativas que hacen lo que pueden −y, en gran medida, comprensiblemente «entran» en la moda, el lenguaje, pero también las ideas que permean, no lo olvidemos− para obtener financiación y poder llevar a cabo sus proyectos, existe también otro amplio y variado panorama compuesto por personas e instituciones que han hecho una excelente carrera al colocarse de perfil en temas clave, en no resultar en exceso molestas, en sumarse al carro por miedo y, ay, «reputación»: véase como simple ejemplo instituciones católicas educativas con los ODS(Objetivos del Desarrollo Sostenible) como si fueran los diez mandamientos.
Estar en el mundo sin ser del mundo ofreciendo alternativas, para empezar al lenguaje (que no es secundario, nos lo decían en Pekín las yanquis con mucha más experiencia que nosotras), a las ideas que hay detrás, y al mal con todas sus letras que se extiende (comparemos el año 1995 con el 2025 y al «progreso» al que hemos asistido los últimos treinta años al que nos ha llevado el «empoderamiento», el «género», etc.) no es fácil, es evidente.
Decir que no implica quedarse fuera. Pues que así sea.
Mandos policiales que han convertido la seguridad en su cortijo.
Una sociedad temerosa y desorientada frente al deterioro de su país.
Cientos de asociaciones y ONG subvencionadas que convierten el drama en negocio.
Una clase política incompetente y cobarde, cuando no condescendiente con el crimen.
Estos son los principales atributos de la zona de confort criminal en la que se está convirtiendo España. Para Josema Vallejo y Samuel Vázquez, la seguridad y la lucha eficaz contra el crimen van más allá de la tradicional división política entre derecha e izquierda. En nuestras costas, en Barcelona, Madrid o en muchas otras ciudades se libra una pelea diaria en la que estamos perdiendo terreno frente a las mafias, las bandas organizadas, el narcotráfico, el tráfico de personas y la violencia extrema.
Mientras tanto, late un conflicto silenciado en parte por el ruido mediático. Es el que enfrenta a una poderosa minoría con intereses en un sistema inoperante y en buena medida corrupto contra una mayoría ciudadana que lo sufre. Este libro dedica sus páginas a explicar la relación entre ambos problemas y cómo sin resolver el segundo será imposible superar el primero. Se trata de una batalla trascendental que tendremos que afrontar como sociedad si queremos conservar la libertad, el bienestar y los valores que le habían dado forma.
Introducción
UNA POLÍTICA PROCRIMINAL
Cuanto más cerca está la caída de un imperio,
más locas son sus leyes.
Atribuido a Marco Tulio Cicerón
Elitecracia, una agenda política que nadie
ha votado
Uno tiene la sospecha de que las reglas del juego social están,
como mínimo, parcialmente adulteradas. Las noticias de pequeños
y grandes hechos delictivos nos han acompañado desde que tenemos memoria, ya se trate de hurtos, robos, palizas, violaciones,
asesinatos, secuestros o terrorismo. Desde que existen los medios
de comunicación y podemos conocer, casi en tiempo real, lo que
ocurre en el mundo, y aunque las personas honradas saben que
poco podemos hacer por evitar que el crimen exista, lo único a lo
que podíamos aspirar era a que no nos afectara a nosotros o a los
nuestros. Veíamos el telediario y en algún lugar remoto —y si era
en España, siempre en las habituales zonas marginales—, los dramas se sucedían, pero, por lo menos, no en nuestro barrio, no
debajo de nuestra misma casa. La verdad es que vivíamos relativamente tranquilos porque, a excepción de las bombas y los tiros en
la nuca de ETA —y durante mucho tiempo convencieron al españolito medio de que eso solo le ocurría a los militares, policías
y guardias civiles—, la probabilidad de convertirte en víctima de
la violencia era muy baja.
Hay quien sostiene que la delincuencia es una disfunción social
que puede solventarse por la vía de la educación y con aquella cacareada máxima de la «igualdad de oportunidades», pero todos sabemos ya que ese razonamiento, que tenía sentido en los contextos
sociales de mediados del siglo pasado, está dejando de servir en el
mundo actual, donde la criminalidad tiene otro rostro y otros métodos operativos más globalizados y peligrosos.
El fenómeno clásico de la delincuencia, el de tirón de bolso y
atraco a farmacia es fácilmente comprensible. Como decía Sabina
en «Princesa»:
Tú que sembraste en todas las islas de la moda las flores de tu
gracia
¿Cómo no ibas a verte envuelta en una muerte con asalto a
farmacia?
¿Con qué ley condenarte si somos juez y parte, todos, de tus
andanzas?
Sigue con tus movidas, nena, pero no pidas,
que me pase la vida
pagándote fianzas.
En ese modus vivendi ochentero, el contexto social de tu existencia, tu cuna, los posibles de tu familia, tu entorno y tu barrio sí condicionaban de manera evidente tu conducta futura, y sin justificar ni
entrar en grandes debates técnicos sobre criminología, sí podía explicar algunos comportamientos antisociales (la mayoría no tenían otra
explicación que una palabra: heroína). Por eso, Sabina también dejó
claro su negativa a condenar ese comportamiento antisocial: «¿Con
qué ley condenarte si somos juez y parte, todos, de tus andanzas?».
Y es que resultaba obvio. De madre prostituta y padre alcohólico, o de padre toxicómano y madre ausente o desde la crianza en
el descampado, rodeado de jeringuillas, difícilmente, aunque se hayan dado casos, encontrábamos veinte años más tarde a la siguiente generación de doctores en Filosofía o Arquitectura.
La responsabilidad de aquella sociedad desordenada era de todos, pero ese contexto social ya no opera hoy como un marcador
definitivo, aunque de eso hablaremos más tarde.
Una puñalada es una puñalada, y todos sabemos lo que ocurre
cuando te apuñalan en el corazón. El titular es fácil de leer y la noticia sencilla de entender: «Joven de veinte años muere apuñalado».
Y cuando lees en el cuerpo de la noticia que el muchacho estaba
en la puerta de una discoteca y que llegó un grupo de chavales de
una banda y le clavaron un pincho en el corazón, ya tienes claro lo
que ha pasado. Algunos ciudadanos, tengan hijos o no, toman conciencia y se preocupan porque ven que el rumbo de la sociedad no
es el correcto; otros solamente se interesan por el problema cuando
tienen hijos.
Sin embargo, también hay una parte anestesiada, tenga descendencia o no, que cree que esas noticias son falsas, que nada de eso
ocurre y que España es el país más seguro del mundo mundial porque gobiernan los suyos. Y también creen, por el contrario, que el
mismo día que dejen de gobernar los suyos, pasará a ser un nido de
delincuentes. Sí, es curioso comprobar que hay personas que no
creen que dentro de nuestro mundo brillante se esconde uno muy
oscuro. No importa cuántas noticias lean o cuántos testimonios
escuchen, no lo creen hasta que no lo sufren. A veces, ni así llegan a
creerlo. No saben lo rápido que el caos se extiende cuando las leyes
se malean y corrompen, cuando el principio de igualdad se quiebra
y cuando no se apoya a los agentes del orden. No entienden que los
lobos acechan y que las ovejas están perdidas si atamos a los perros
pastores. La realidad es que existen personas que tienen la desgracia
de nacer con el cerebro averiado, y otros de ir a caer en familias
completamente desestructuradas que viven en, por y para la delincuencia. También los hay malvados, viles, que disfrutan haciendo
daño. Se les ve de lejos, casi lo llevan escrito en la cara. No obstante,
los hay con exquisita educación y formación académica de alto
nivel, con cabal apariencia y modales, pero que son criminales sin escrúpulos ni empatía. No se manchan las manos, pero con su acción, arruinan vidas y empresas e, incluso, destruyen naciones. Esta
delincuencia, por lo sofisticada, pasa desapercibida para el común de
los mortales hasta que, por azar, se tropiezan con ella de morro: el
capital de una inversión que desaparece, los fondos de la cuenta
corriente de una caja de ahorros que se han volatilizado, el dinero
de unas pensiones contributivas «garantizadas» para las que ya no
hay garantías porque el sistema es inviable, ingentes cantidades en
subvenciones que siempre reciben los mismos, administraciones
desleales o dinero público que «no es de nadie» —aunque en el
fondo sabes de sobra que parte de ese dinero público es tu dinero—,
la especialidad del niño bien que estudió económicas o empresariales
y acabó arruinando la empresa que fundó su padre o el que, a sus
tiernos dieciocho añitos, se afilió a las juventudes de un partido y
acabó en un consejo de administración. En fin; el peculio, la divisa, el
oro y el papel moneda suelen ser el objeto deseado de la «criminalidad limpia» y de la «criminalidad sucia», pero a diferencia de la «sucia»
—donde lo que se busca es un Audi más grande, una cadena de oro
más gorda o un adosado donde construir una piscina de mármol y un
baño con grifería dorada—, la «limpia» o de corbata busca simple y
llanamente poder, con todo lo que el poder implica.
¿Qué ocurre con la delincuencia que tradicionalmente se llamó
de guante blanco? Y no nos referimos al elegante ladrón que roba
un Rembrandt en un museo. Hablamos del chorizo de traje y corbata con cargo público que se vale de su puesto para llevárselo
crudo, o para que otros se lo lleven a cambio de posteriores favores
y puertas giratorias, o bien del que permite con su acción u omisión que el delincuente profesional tenga una carrera fecunda. El
político, el gobernante, el diputado, director general o secretario de
Estado que, con sus leyes absurdas o participando del sistema, contribuye a que nuestro país se esté convirtiendo en un nido de criminalidad y podredumbre, cada día más apestosa, ante la que ese ciudadano honesto, del que empezábamos hablando, está desamparado e impotente. Ni siquiera puede defenderse ya que esas mismas
leyes que miman al delincuente, examinarán cada uno de sus movimientos el día que —Dios no lo quiera—, miembros de un clan
entren en la casa donde duermen sus hijos de madrugada.
—¿Fue usted proporcional? ¿Fue congruente? ¿Hubo necesidad racional del medio de defensa empleado? ¿Y ese disparo por la
espalda?
—¡Yo qué sé! Estaban mis hijos durmiendo y ellos eran tres
encapuchados. Agarré la escopeta y disparé a todo lo que se movía.
Estaba yo como para pensar. ¿Por qué no los examinan a ellos?
Nayib Bukele, presidente de El Salvador, ha hecho célebre la
frase que algunos llevamos casi una década pronunciando:
«Cuando
un gobierno no combate efectivamente la criminalidad no es porque no tenga la capacidad de hacerlo, sino porque los cómplices de
los criminales están en el Gobierno».
Y así es: las naciones podridas son hijas de dirigentes podridos.
Dirigentes que provienen de una sociedad que primero es individualista, después indolente ante la desgracia ajena y, al final, víctima
de su propia inacción cuando la delincuencia la aplasta y ya es demasiado tarde para todo. Este es el escenario actual. El fin del mundo occidental. Un mundo sometido a una agenda que nadie ha
votado, que nadie termina de entender y ante la que nadie protesta,
porque los líderes de los habituales agentes de agitación callejera, los
jóvenes de la izquierda, rebeldes de IPhone, Vans y X —antes Twitter—, han sido comprados por las élites que promueven esa agenda
para que actúen como disidencia controlada, defendiendo todos y
cada uno de los puntos del oscuro ideario que, repetimos, nadie ha
votado: la elitecracia.
La elitecracia es el poder oculto, difuso. Es la mano que mece el
mundo. Todos hablamos de ese poder, pero nadie lo conoce. Cuidado, amigo, porque convertirse en siervo de la elitecracia es muy
sencillo. Basta con leer poco o leer mal. A veces basta con leer demasiado de lo que algunos han escrito para adoctrinar a los que les
han de servir.
En ocasiones, esos siervos pueden llegar a ocupar cargos de
relevancia intermedia, pero muy bien remunerados. Es ahí, cuando
pobres desgraciados que hasta entonces eran personas normales o
lo parecían, pasan de ser corrientes asalariados a ostentar carguito y,
es ahí, cuando sacan lo que llevan dentro y demuestran que este
mundo no tiene arreglo.
Es el albañil convertido en concejal que, de pronto, se transforma en promotor y constructor, pelotazo mediante. Es el abogado, la
juez, el empresario y el camarero, la arquitecta y la metre del hotel;
la médico y el músico de orquesta que, por alguna magia o hechizo,
reciben una pizca de poder político y se vuelven locos, ajenos a lo
humano, y pasan a creerse el ombligo del mundo, a llegar tarde a
todas partes porque, mientras que antaño no eran nadie, ahora se
creen muy importantes.
En ese proceso, una profesora de la concertada, por ejemplo,
que gana poco más de 1.600 euros al mes, consigue un carguito a
base de sonreír y aparecer en todos los actos del partido, sabiendo a
quien tiene que hacer la pelota y que, en poco tiempo, pasa a cobrar
3.000 euros y, después, 4.000 —y, aun así, le sigue pareciendo poco
y se permite el lujo de decir que «pierde dinero en política»—, se
pierde la noción de la realidad. Es en el juego de mantenerse y de
querer lo que es de otro, en el que no importa mentir, trepar y medrar, levantar falsos testimonios contra los que tiene a su alrededor,
con tal de seguir saliendo en la foto. Y es en el momento en que
empieza a exigir que le lleven cada día el café al despacho o a pedir
que le cambien las obras de arte de la pared porque «le parecen muy
tristes» cuando, alguien que no era nadie, se viene arriba y cree que
los que eran de su categoría laboral hasta hace un par de meses
ahora son sus esbirros. En ese periplo se consiguen arruinar otras
vidas y, aunque ellos no se den cuenta, acaban convertidos en mamarrachos apesebrados cuya única opción —porque en cualquier otra esfera de la vida se morirían de hambre o ganarían cuatro chavos—, es seguir agarrados al clavo ardiendo del miserable puestecito que justifica su patética existencia.
Es la condición humana, parece ser, envidia y codicia. Y más
que envidia y codicia, cobardía y paranoia. El siervo de la elitecracia
siempre está alerta, porque se cree elegido y, a su alrededor, todos
conspiran para arrebatarle su puesto. El siervo cree que lo espían,
que tiene micros en el despacho, agentes de información que lo
siguen; cualquier noticia sin importancia en la que sea citado, es
para el siervo una afrenta directa a su persona. Todos se han confabulado en su contra. La desconfianza y el miedo que siente no son
otra cosa que el reflejo de su mediocridad y su estupidez. No tolera que nadie le lleve la contraria. El siervo de la elitecracia necesita
de la mentira y el halago, porque tiene tanto miedo de los que le
dominan que ejerce su despotismo sobre los que están por debajo de
él. Exhibir sus constantes caprichos y su despotismo es la forma
de colmar su necesidad de sentirse importante. Siempre está rodeado de gente con la que sonríe y se abraza, pero no ama ni es amado.
No es extraño que este tipo de gente, que se cree con derecho
a tenerlo «todo pagado», acabe creyendo que todo el presupuesto de
una institución les pertenece. Y así pasa que, a fuerza de ir contratando y comprando para sí o sus acólitos, acaba tejiendo una red
clientelar de favores, cohechos, prebendas y tráfico de influencias
que se lleva toda la pasta. Y se sorprende cuando la UCO de la
Guardia Civil entra en su casa y se lo lleva engrilletado y se pregunta qué ha hecho mal.
Gobernar para el crimen
El crimen es tan antiguo como el mundo. Se ha usado como método de supervivencia, como forma de enriquecimiento o como sistema de desestabilización política mediante el terror, pero en muchas ocasiones se ha desarrollado con la complacencia de las más
altas esferas del Estado.
Es por eso que llega un momento en la historia de todo país en
el que los ciudadanos de a pie —confiados en que por encima de
ellos hay un sistema protector y garante de sus derechos, con una
maquinaria que sanciona al malo y recompensa al bueno y que
incluye a una policía que impide cualquier desorden y agresión—
se caen del guindo y se dan cuenta de que están solos, de que son
esclavos del sistema y no ciudadanos, de que son el juguete del
poder y no el objeto de su cuidado.
Ese día, cuando la protección ha fallado, cuando el daño se ha
producido y es irreparable, no importa qué indemnización puedan
recibir, la desesperanza cunde en las víctimas y sus familias. Esas
familias ya nunca esperarán nada del sistema ni de sus leyes. Resignados a vivir su sufrimiento en soledad, podrían llegar a asumir que
su pérdida fuera olvidada por la sociedad, pero lo que jamás podrían
imaginar es que su pérdida, su inmenso sacrificio, fuera despreciado
precisamente por las más altas instituciones de un Estado al que,
ahora, ya consideran cómplice.
«Ya no me quedan dudas de que cerrarás más veces los ojos y
dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre».
Estas palabras son parte de una carta que Pilar Ruiz escribió en mayo de
2005 al entonces secretario general del Partido Socialista de Euskadi, Patxi López, cuando el PSOE comenzaba a blanquear la historia
de la banda terrorista ETA por intereses políticos. Entonces no se
usaba el término «viral» y las redes sociales estaban en pañales, pero
el contenido de la carta corrió como la pólvora en la prensa, televisión y radio. Sin embargo, el mensaje no debió llegar a Patxi López
ni a ninguno de los miembros del gobierno de José Luis Rodríguez
Zapatero, entonces en el poder. Si llegó, se lo pasaron, como vulgarmente se dice, por el forro.
Para entender por qué Pilar Ruiz tenía motivos para estar cabreada, conviene explicar que era la madre de Joseba Pagazaurtundúa, militante socialista y jefe de la Policía Local de Andoáin asesinado por ETA el 8 de febrero de 2003, dos años antes de que
escribiera tan proféticas palabras.
Pagaza, como le llamaban sus amigos, fue sistemáticamente acosado por los vecinos de su pueblo e, incluso, por los mandos policiales
de la Ertzaintza, que ignoraron deliberadamente cuantas informaciones sobre el entorno de ETA intentó trasladar a la cúpula para que se
produjeran detenciones. A raíz de ello y de que comunicó a la Guardia Civil aquellos datos y se desarticuló un comando terrorista, su
calvario se tornó martirio. El entorno abertzale quemó cuantos coches tuvo, incendió la fachada de su casa, amenazó su vida y la de su
familia. Pagaza solicitó en reiteradas ocasiones su traslado y escribió a
Javier Balza, consejero de Interior del gobierno vasco, afirmando que
«cada día veo más cerca mi fin a manos de ETA». Este no hizo absolutamente nada. Cuando a Joseba le volaron la cabeza de cuatro tiros,
mientras estaba en un bar, negó haber recibido aquellas cartas.
Al año siguiente, el ayuntamiento de Andoáin le concedió la
medalla al mérito, con los votos en contra del PNV y Eusko Alkartasuna, otro de esos partidos que han acabado por integrarse en
Bildu. La excusa que utilizaron para votar en contra de la condecoración fue que «el homenaje rompía los consensos».
En mayo de 2006 un soplo a los responsables del aparato de extorsión de ETA, ordenado por parte de la cúpula del ministerio de
Interior, dirigido entonces por Alfredo Pérez Rubalcaba, desbarataba
en el bar Faisán de Irún (Guipúzcoa) una larga investigación para
desmantelar parte del sistema de extorsión de la banda. Este suceso
coincidió casualmente con la tregua de ETA, conseguida por Zapatero.
Esta «tregua», vendida a la sociedad española como «el fin de ETA» y
que, tras unas cuantas bombas, unos cuantos muertos y muchas bajadas de pantalones del Gobierno, culminó con una grotesca puesta en
escena, digna del más disparatado episodio de La Vida de Brian, en la
que los terroristas presentaron cuatro pistolas oxidadas fingiendo que
entregaban todo su arsenal y renunciaban a la lucha armada.
La citada escenificación, por lo ridículo, podría haber encajado
perfectamente en un gag de La hora chanante y resultaría graciosa de
no ser porque, detrás de aquellos asesinos embozados, había tantos
crímenes. Entregaron aquellas pistolas roñosas, unos petardos y cuatro escopetas, pero guardaron a buen recaudo abundante material
por si volvían a necesitarlo. Por lo demás, efectivamente, renunciaron a la «lucha armada». Eso dijeron. Ya no les hacía falta.
Cuando a la banda de valientes que disparaban siempre por la
espalda ya no le quedaba un hálito de vida, derrotada por el ejército,
los policías y los guardias civiles, la tregua del PSOE supuso para
ellos un balón de oxígeno. Y todo para poder vender en el futuro
que el fin de ETA había sido éxito y mérito suyo. ¿Cómo no se le
iba a helar la sangre a los familiares y amigos de las víctimas?
ETA y sus grupúsculos acababan de vencer al Estado. A partir
de entonces, dictan el destino de millones de españoles desde sus
escaños en el Congreso de la nación que odian y, poco a poco, con
la sabiduría de la experiencia que acumulan en la materia, secuestran las instituciones de la autonomía vasca, desplazando al Partido
Nacionalista Vasco, al que bien empleado le está, pues fueron los
padres y abuelos que consintieron a los niños mimados de la borroka
que hoy les disputan en el poder.
Aun así, los etarras no se resistieron a una última demostración
de fuerza. El 30 de diciembre de 2006 volaron el aparcamiento de
la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, mataron a dos personas,
dejaron millones de euros en daños y, ni por esas, el Gobierno fue
contundente en su mensaje de condena ni en su acción. Llegaron
incluso a justificarlo con los habituales «no querían», «se les fue la
mano» o «avisaron, pero fue tarde». El propio ministro Pérez Rubalcaba afirmó que «probablemente no formaba parte del plan de ETAque murieran dos personas», y el presidente Zapatero se refirió al atentado diciendo que había sido «un accidente». El Estado de derecho volvió a agachar la cabeza.
Veinte mil personas se encontraban aquel día en la terminal. No
fue una masacre de proporciones bíblicas porque cientos de policías,
vigilantes de seguridad, empleados de las compañías aéreas y personal
del aeropuerto se jugaron la vida para evacuar la terminal y el aparcamiento. No llegaron a tiempo para salvar a los ciudadanos ecuatorianos Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate, de diecinueve y
treinta y cinco años, respectivamente, que se encontraban en sus vehículos, esperando a unos familiares. Fallecieron enterrados bajo toneladas de escombros. Veintiséis personas resultaron heridas.
El Gobierno despachó la muerte de estos pobres currantes, que
habían venido a nuestro país a trabajar como mulas para proporcionar
un mejor futuro a sus familias, con una serie de actos difundidos a
bombo y platillo. Retornaron los cadáveres a su país. ¡Qué menos!
Les dieron 280.000 míseros euros de indemnización y, en febrero de
2007, publicaron en el BOE la concesión de la medalla de oro al
mérito en el trabajo. Como siempre, tarde; como siempre, tapando los
cadáveres con tierra y las negligencias políticas con pompa y boato.
Muchos personajes fueron los protagonistas de aquella España
oscura de finales del siglo pasado, que nos trajo hasta esta era aún
más tenebrosa. José María Setién, el obispo de San Sebastián, que
desde la década de 1980 cobijó en el seno de la iglesia a los terroristas, dio continuidad a la tibieza de parte del clero vasco que se
olvidó del «no matarás». Javier Arzalluz, el político del PNV que se
solazaba de recoger las nueces que caían de los árboles que agitaban
«los chicos de la gasolina». Baltasar Garzón, el juez que llevaba demasiado tiempo entretenido instruyendo la trama de extorsión etarra sin llegar a ninguna parte. Fernando Grande-Marlaska —que,
siendo juez, ordenó a los guardias civiles que llevaron el caso Faisán
que «solo le informaran a él y no a sus superiores»—, años más tarde, ya como ministro del Interior, cesó al coronel Pérez de los
Cobos por informar solo al juez y no a sus superiores.
España: zona de confort criminal, con Samuel Vázquez y Josema Vallejo
Cómo era vivir en ESPAÑA en los años 60.
De la llegada del SEAT 600 y la televisión en blanco y negro al boom turístico, las migraciones del campo a la ciudad y la vida cotidiana bajo la censura. Un viaje sencillo y emotivo por una década que transformó al país: comida humilde, fútbol de los domingos, música ye-yé, el papel de la Iglesia y el cambio que muchos vivieron en primera persona.
Protegidos de las autoridades en un Refugio para Víctimas del delito de una ONG en Cancún, los menores denunciaron los hechos que, contra toda predicción, probaron los delitos ante la Procuraduría General de Justicia. Gracias a su valiente testimonio, Succar Kuri fue arrestado en Arizona.
Un libro que presenta la cadena que comienza con el abuso sexual infantil, la explotación sexual, el turismo sexual con menores, el comercio sexual con hombres de poder, la protección tanto policíaca como política de los pederastas, la pornografía, el lavado de dinero y el tráfico de influencias. Todo englobado en una poderosa y peligrosa red mundial de crimen organizado.
Intelectuales mexicanos opinan sobre Los demonios del Edén:
«Hay libros que cambian la historia de un país. Éste es uno de ellos. Los demonios del Edén impidió que una abusiva trama de corrupción quedara impune. Ejemplo de valentía y pasión por la verdad, confirma la fuerza y la dignidad del oficio periodístico. Hay personas que son héroes. Lydia Cacho es una de ellas». Juan Villoro, escritor
«Este libro destapa una de las tramas de la complicidad ilegal entre la trata de personas y el poder político en México y, al mismo tiempo, hace de su autora una de las periodistas más creíbles, valientes, y reconocidas de su historia reciente». Fabrizio Mejía Madrid, escritor
«La autora de Los demonios del Edén ha sido elevada al nivel de símbolo por los mexicanos que no están dispuestos a seguir callados ante los abusos y crímenes perpetrados al cobijo del poder. Lydia, que defiende a capa y espada la dignidad de niños y mujeres, logró conjugar la solidaridad del gremio periodístico. Es mujer de una pieza». Elena Poniatowska, escritora
«Libro atroz, valiente, incisivo, Los demonios del Edén de Lydia Cacho es una de las pruebas fundamentales de las perversiones y complicidades que en México hay entre el poder político, el poder económico y las redes de prostitución y pornografía infantil. Después de él y de los sufrimientos que su autora pasó para escribirlo, ese mundo aterrador no puede ser ya el mismo: hay alguien que lo mira con una luz implacable. Con la fuerza y el valor de Lydia Cacho, el Edén de la infancia encontró en México a su más pura y hermosa centinela». Javier Sicilia, poeta
La esperanza tiene dos hijas: la ira y el valor.
La ira para indignarse por la realidad
y el valor para enfrentar esa realidad e intentar cambiarla.
AGUSTÍN DE HIPONA
A las mujeres y a los hombres que entre la ira y el valor
intentan a diario construir un México libre de violencia.
Introducción
Escribir o leer un libro sobre el abuso y comercio de menores no es fácil ni agradable. Sin embargo, resulta más peligroso guardar silencio sobre el fenómeno. Ante la muda complicidad de la sociedad y el Estado, miles de niñas y niños son víctimas de comerciantes que los convierten en objetos sexuales de millones de hombres que encuentran en el abuso sexual infantil y en la pornografía un deleite personal sin cuestionamientos éticos. Ésta no es la historia de un viejo sucio que descubre que le gusta tener sexo con niñas de incluso cinco años de edad. Si bien los fragmentos narrados por las víctimas son profundamente dolorosos, la valentía y claridad de los testigos y especialistas nos permiten ver la luz al final del camino y ahondar en las implicaciones de la inacción ante la violencia y la explotación sexual.
Aquí mostramos el sustento cultural de la misoginia y el intrincado tejido que une a un abusador sexual con el crimen organizado, bajo el cobijo de la impunidad y la corrupción policíaca. Vemos cómo los poderosos extienden sus brazos allende las fronteras, para intentar acallar las voces de denuncia que develan las redes de complicidad criminal. Tal complicidad, aunada a la falta de protección policíaca y el tenor a sus victimarios, provoca que miles de víctimas de delitos violentos en México se retracten de sus denuncias, o bien, por no callar sean asesinadas. El reto del periodismo es recontar historias humanas para comprender mejor el mundo que nos rodea.
Los demonios del Edén cumple ese propósito: poner de manifiesto el mundo de las sombras al que a diario, y sin saberlo, se enfrentan cientos de madres, padres e infantes que jamás creyeron que podrían caer en las garras de un pederasta, un experto en pornografía o un violador. Con base en una rigurosa investigación periodística se expone una historia que aún no llega a su fin. Dado que el caso del pederasta Jean Succar Kuri sigue en proceso para llegar a juicio por los delitos federales de pornografía infantil y abuso sexual de menores, evitamos en lo posible dañar las investigaciones judiciales. Por ello se omitieron los nombres reales de algunos testigos y agentes federales de investigación cuya labor profesional ha sido esencial. Toda la información está respaldada por documentos oficiales, declaraciones directas de las víctimas e incluso por grabaciones de video y voz en poder de peritos expertos de las autoridades judiciales. El seguimiento y respaldo de investigaciones de colegas periodistas están documentados. Las menciones de reconocidos personajes del ámbito empresarial y de la alta política mexicana se enmarcan en declaraciones de las víctimas y se encuentran sustentados en documentación oficial en manos de la AFI y la PGR. Cuando se logre extraditar a Jean Succar Kuri y se le lleve ajuicio, podrán probarse los delitos o exonerarlos.
Este libro no hubiera sido posible sin la participación de personas que, como yo creen que es posible construir otro mundo libre de violencia y sexismo y que para lograrlo se precisa de congruencia y persistencia. Por esto agradezco desde el alma a mis compañeros, compañeras y maestras en la construcción de la paz: Claudia, Darney, Erika, Berenice, Irma, Edith, Rosario, Magdalena, Araceli, Marcely, Clara, Vicky. Valentina, Lía, Tabi, Alicia y Enrique. Amis colegas periodistas Adriana Varillas y David Sosa; a la valiente abogada Verónica Acacio; a las expertas norteamericanas Dianne Russel, Deborah Tucker, Juliet Walters, Patricia Castillo, y a Arturo M. A los agentes de la PGR, excepcionales entre sus colegas, cuyos nombres no puedo revelar, pero que alimentan la esperanza de que algún día México cuente con cuerpos policíacos profesionales, con ética y honestidad. . Agradezco a mi familia entera, que me ha acompañado en momentos difíciles producto de mi trabajo. A mis maestras feministas Paulette Ribeiro, Marcela Lagarde, Pilar Sánchez, Montse Boix y Mirta Rodríguez quienes dan significado a la palabra sororidad. Y, sobre todo, dedico este libro a las niñas y niños víctimas del abuso e infortunado(a)s protagonistas de estas páginas. Entiendo que la posibilidad de un mañana diferente en sus tiernas vidas requiere asegurarse de que el crimen en su contra no quede impune.
Cancún, Quintana Roo,
febrero de 2005
Prólogo
Cintia está sentada con las piernas tensas, con la intención de subirlas y convertirse en un ovillo, de esconderse en su propio cuerpo. La sicóloga le habla pero la niña de trece años mantiene la mirada baja; parece dormida, sorda, muda, ausente. El espacio de la cámara de Gessel, alfombrado de piso a techo, es inspeccionado por su mirada. Mientras tanto, la sicóloga le explica: No te preocupes, él ya no puede tocarte, ya jamás podrá acercarse a ti. Cintia crispa las manos sobre el cuerpecillo lánguido de un animal de peluche blanco y negro, lo abraza y cubre su pecho con él.
—Lo conocí cuando tenía nueve años. Fui a su casa y nadábamos bien padre en su alberca, yo y otras niñas. El estaba con su esposa. Nos veían jugar y luego nos mandaban a la casa con su chofer. Siempre me daba un poco de dinero para que me comprara dulces, o lo que yo quisiera. La mirada de Cintia se cristaliza, fija en las pupilas de su interlocutora. Hala su cabello crespo, rubio y muy corto, se restriega la cabeza con las manos, tuerce el cuello. Fija la mirada de nuevo.
—Un día que Emma me llevó a Solymar él me llevó a su cuarto del hotel — se acurruca abrazando a la criatura de felpa. Sin llorar, mira al vacío—. Comenzó a tocarme y me dijo que eso hacen todos los papás con sus hijas, que como yo no tengo papá y él me quiere... Me lastimó con las manos, yo lloraba y lloraba pero él no paraba. Luego me bajó a la sala. Allí estaba mi hermano. Nos sentó juntos a ver la tele y le dijo a mi hermano que me tocara. Claro que él no quiso, gritó, pero Johny es muy grande y muy fuerte y nos obligó a hacerlo.
—¿Por qué volvían tú y tu hermano y las otras niñas?
—Una vez estábamos en su cuarto, después de que me hizo cosas. Yo no quise bajar a la cocina y él subió por mí. Traía un cuchillo, de esos grandotes de la cocina, en la mano y me dijo que me iba a cortar toda, en pedacitos. Yo bajé. No quería que me cortaran en pedacitos. El es el diablo y me daba miedo. Me decía “Mira, mi’jita, si te portas bien y me obedeces todo va a estar bien, irás a la escuela y te compraré ropa y cosas bonitas; pero si le dices algo a alguien, esa persona se va a morir. Si le dices a tu mamá, ella se muere. Ya te dije, esto, aunque no te guste, es lo que hacen todos los papás con sus hijas”. Y como yo no tengo papá...
—¿Qué más te decía?
—Ya no voy a hablar —hace un puchero, con gesto infantil — porque va a venir por nosotras y nos va a llevar al DIF y nos van a separar para siempre y me van a regañar por hacer esas cosas malas. Eso dice él, que si hablamos nos encerrarán en una cárcel del DIF y nunca volveremos a ver a mi mamá ni a mi tío de Mérida. Guarda silencio y acaricia a su muñeco. Cintia comenzó a ser víctima del abuso desde los ocho años de edad y lo fue hasta hace un par de meses —ahora tiene trece—, cuando su prima Emma la llevó a denunciar lo que estaban viviendo.
—Cuéntame más sobre lo que pasaba en su cuarto del hotel. La niña decide hablar aunque no mira a la psicóloga sino a sus manos.
—El se tomaba fotos haciéndome cosas. Luego me llevaba a su computadora y me decía: “Mira qué bien nos vemos haciendo nuestras cosas!”. Y las mandaba por internet, que yo entonces ni sabía qué era. Quería llorar, pero me daba miedo. El “Tío Johny” era bueno a veces, sólo que tiene ese problema... le gusta hacer cosas con las niñas.
—Cintia, ¿te gustaría vivir en el refugio con tus hermanos y tu madre?
—Sí, creo que sí. La menor se levanta despacio de la silla, sale de la cámara de Gessel y se encuentra con su madre en el pasillo. Se miran y ésta rompe a llorar.
Su hija ha pedido ayuda por primera vez en sus trece años de vida. Cintia se dirige a tomar un baño caliente, acompañada por la psicóloga. No quiere desvestirse. Por fin acepta. Poco a poco se despoja de una playera y dos camisetas. Viste cuatro calzoncillos de algodón, uno sobre otro. El último queda expuesto. Es blanco y sobre el resorte en buen estado tiene un listón fuertemente amarrado. Llevada por el miedo, con él la niña clausuró su sexo, su derecho al placer.
El delincuente culpable de esa y otras vidas trastocadas tiene un nombre: Jean Succar Kuri, el infame hotelero libanés de Cancún. La escala e impunidad con que Succar y su red de apoyo cometieron estos delitos sólo puede explicarse en el contexto del territorio salvaje que ha sido Cancún, una ciudad con un crecimiento vertiginoso, sin leyes ni autoridad, propicia para anidar toda suerte de infamias.
Nota de la autora
Todos los datos de esta investigación están respaldados con documentos oficiales y testimonios directos. Puesto que ya han sufrido lo intolerable y con la esperanza de que nunca más vuelvan a ser humilladas y exhibidas, los nombres de las víctimas han sido cambiados por seudónimos.
Epílogo
La corrupción e ineficacia de las autoridades son responsables de que miles de víctimas y testigos de delitos graves en este país prefieran guardar silencio, antes de enfrentarse a la torpe maquinaria de la policía judicial. El caso Succar es muestra fehaciente de ello. El testimonio de más de una veintena de mujeres y niñas que se acercaron a las organizaciones no gubernamentales, e incluso a periodistas, podría facilitar el encarcelamiento de delincuentes de la talla de Succar Kuri y las mafias que lo protegen. Pero la estigmatización y revictimización sistemática de las y los denunciantes son ejemplares. Por consiguiente, los delincuentes aprovechan esta inseguridad y desconfianza como elemento de inhibición de las víctimas, en pocas palabras, como alimento de la impunidad.
Las incontables amenazas que recibieron las víctimas, al igual que las organizaciones no gubernamentales que las protegieron, fueron ignoradas por las autoridades. En ocasiones el desgaste por las amenazas entorpeció las acciones necesarias para lograr que las niñas testificaran. Como sucede en la mayoría de los casos, la falta de liderazgo, confianza y respuesta de las autoridades judiciales, y del mismo gobierno del estado, favoreció al delincuente y a su red de apoyo. México apenas comienza a desarrollar reformas destinadas a proteger los derechos de las víctimas de delitos. Uno de los factores fundamentales de la impunidad es la falta de una coordinación sistémica entre los eslabones de administración e impartición de justicia. Eduardo Buscaglia, de la Oficina de Prevención del Delito de la ONU, asegura que la policía preventiva mexicana no tiene un rol adecuado, no sólo porque la policía judicial no la reconoce, sino porque no está preparada para prevenir el delito.
Los múltiples cuerpos policíacos (de seguridad pública, judicial, federal preventiva, AFI, etcétera) están desvinculados, mantienen guerras de poder territorial y siembran gran desconfianza en la ciudadanía.
—Si en realidad se pretende hacer cambios sustantivos en la impartición y administración de justicia —asegura Buscaglia—, es preciso desarrollar un sistema de inteligencia preventiva e investigadora. No es posible que una subdirectora de Averiguaciones Previas someta a una víctima a enfrentarse con su agresor para arrancarle una confesión. Los cortocircuitos entre las diferentes policías mexicanas fomentan y facilitan la impunidad. Son varios los factores que fortalecen la relación entre el crimen organizado y la corrupción en el sistema judicial; está comprobado que en los países que bajan sus tasas de delincuencia, hay un mayor acercamiento de la justicia con la sociedad. Sabemos que hay grandes abusos de discrecionalidad delictiva, en esencia porque se utilizan criterios contradictorios entre un caso y otro, como lo admiten los propios agentes de la AFI que investigaban el caso Succar.
De acuerdo con Eduardo Buscaglia, de los casos recibidos por el ministerio público en México, noventa y siete por ciento muestra dilaciones indebidas. Una manera de combatir la discrecionalidad y la corrupción en los ministerios públicos es llevar a cabo una investigación patrimonial de las y los funcionarios, con el fin de medir los nexos de la delincuencia organizada, la policía y las fiscalías.
—La policía preventiva —dice el especialista— debe aplicar operativos de “ventanas rotas”, esto es, que el sistema reaccione eficazmente en “delitos menores” como la violencia doméstica, porque es allí donde se observa mayor impunidad. Además de precisar capacitación con perspectiva de género para combatir el sexismo policíaco, se debe desarrollar un sistema de imparcialidad objetiva, en el que haya dos jueces, una o uno que controle las garantías de la víctima y otro que sea sentenciador. Así se combate la corrupción. Si bien el sexismo y la misoginia son aspectos culturales que lleva mucho tiempo desarraigar, algunas especialistas aseveran que se puede y debe establecer criterios objetivos de atención a víctimas de delitos de abuso y explotación sexual y todos los relacionados con el uso y abuso general del poder, que contaminan los procesos. Las constantes creaciones de “culpables falsos” de las procuradurías de justicia del país, como en el caso de las muertas de Ciudad Juárez, fortalecen a la delincuencia y son medidas políticas en extremo dañinas a largo plazo. México sigue sin utilizar recursos científicos como el estudio del ADN en sus investigaciones de diversos crímenes, entre ellos el abuso sexual, la violación y la violencia doméstica. Se recurre aún a criterios anacrónicos, meramente visuales, basados en el conocimiento (o desconocimiento) individual de quien valora a las víctima Hay un abuso de discrecionalidad latente por parte de los jueces con respecto a las pruebas, en particular en delitos de naturaleza sexual y con niños y niñas. Además, en la mayoría de los casos no se practican análisis técnicos de los expedientes para valorar las evidencias.
—México —opina Eduardo Buscaglia— es considerado por varios especialistas de prevención del delito de las Naciones Unidas, como uno de tantos países donde la delincuencia y la impunidad son alimentadas por la falta de institucionalidad policíaca, donde el valor de la vida, de la ciudadanía y del Estado se deprecian cada día más. Este año se cumple una década de la celebración de la Conferencia de la Mujer en Pekín, en la cual se lograron acuerdos internacionales para la prevención y erradicación de todas las formas de violencia contra las mujeres.
La pornografía infantil, el abuso sexual, la violación y la explotación sexual involucrados en el caso Succar son muestra de que nuestro país dista de cumplir con los acuerdos signados con bombo y platillo ya por dos presidentes de la República: Ernesto Zedillo y Vicente Fox. Aunque el tema es complejo y en él no aplica el reduccionismo, dado el número de víctimas y los personajes políticos involucrados, lo que suceda con este caso dará cuenta de la verdadera postura del Estado mexicano ante la explotación y el turismo sexual infantil inaugurado en este paraíso económico de la nación: Cancún, Quintana Roo. El juicio de extradición es también una forma de tortura para muchas víctimas que han hablado y aún temen por su vida. Mirándolas a los ojos, luchando por mantener la serenidad, durante doce meses escuché sus tragedias personales, sus miedos y pesadillas. Sé que muchas más se mantendrán en silencio, por miedo a la humillación y al desprecio de los suyos, por miedo a ser maltratadas por las autoridades judiciales.
Gracias a la valentía de quienes me contaron su historia, dibujamos un mapa de la infamia, pero también de la fortaleza y la valentía. Ellas también saben que los familiares cercanos de Jean Succar, que han lanzado amenazas, al igual que algunos de sus protectores, no se quedarán quietos. El crimen organizado difícilmente perdona a las y los esclavos que se le rebelan.
En tanto el México de “los niños y las niñas” no establezca políticas públicas de equidad efectivas y renueve el sistema judicial, cientos de niñas mexicanas son y seguirán siendo torturadas, violadas y entrenadas por hombres de poder para venderlas, fotografiarlas y entrenarlas con miras a convertirlas en bailarinas de table dance, en prostitutas, en actrices de cine pomo, ése que se vende en los hoteles de cinco estrellas, protegido bajo la suave mano de la ley.
El elefante
Cuenta la historia que un niño pequeño caminaba con su padre por el traspatio del circo. El pequeño miró azorado a un gran elefante que se mantenía inamovible atado a una pequeñísima estaca que le unía la pata a una cadena, comparativamente diminuta al tamaño del paquidermo.
—¿Por qué es tan estúpido el elefante, papá?
—Preguntó el pequeño—. ¿Cómo es posible que no se dé cuenta de que él es mucho más fuerte que esa cadena y la débil estaca? El padre le respondió:
—Cuando capturaron a este elefante, era pequeñito y confiaba en quien se le acercase con ternura; así lo encadenaron por primera vez, cuando las dimensiones de la cadena y de la estaca eran mayores para él. Inicialmente, al verse atrapado intentó zafarse, pues sufría; de inmediato su entrenador lo golpeó y apretó más el grillete a su pata.
Cuando el pequeño volvió a intentar liberarse su tobillo sangró, provocándole un gran dolor, además de recibir una tunda. Fue creciendo y de nuevo intentó liberarse, al sentirse sofocado y atado a los deseos de su entrenador; y es que quería ser libre como los elefantes de la estepa africana o los de la India. Esta vez el entrenador lo castigó con una vara de toques eléctricos que casi le provocan un desmayo. Así siguió el elefante intentando liberarse, mirando a la gente que pasaba sin soltarle la cadena, que ignoraba su dolor.
Y un terrible día, hijo o, el elefante entendió que no tenía salida, que, hiciera lo que hiciese, siempre sería castigado por añorar su justa libertad y fue así que dejó de luchar por ella, asumiendo su realidad como la única posible.
Esta maravillosa historia popular, narrada por el terapeuta Jorge Bucay, ilustra a la perfección el Síndrome de Estocolmo y el Síndrome de Estrés Postraumático que viven las víctimas de violencia y abuso sexual. Tal vez esta historia nos ayude a imaginar lo que sienten las niñas y niños víctimas de pedófilos profesionales como Jean Succar Kuri. Sin importar su edad, quienes han crecido en el abuso y la violencia en una sociedad a la que poco le importa el dolor ajeno, un terrible día comprenden que ésa es la realidad que les tocó vivir. Hagan lo que hagan, alguien siempre las encontrará culpables de ser víctimas. Hasta que la sociedad recupere la compasión. Hasta que los criminales paguen con la cárcel. Hasta que la educación cambie la idea de lo que es ser hombre y ser mujer en equidad, libertad, amor y respeto.
Las redes mundiales de tráfico de niños van saliendo a la luz,
Lo de la agenda 2030 no es dogma de fe (Sobre todo no es ni cristiano ni humanitario). Comencemos por aquí. Y como no es dogma de fe, su contenido, su puesta en marcha y sus posibles trampas internas son cuestiones del todo discutibles, las defienda quien las defienda.
En nuestra Iglesia, en general, comenzando parece por el "santo padre" y siguiendo por un sinfín de organizaciones católicas, se aplaude con las orejas, se vitorea con lanzamiento al aire de solideos multicolores y se publicita en toda organización de caridad que se precie el maravilloso invento de una nueva sociedad que va camino de convertirse para el 2030 en un nuevo Reino de Dios a lo laico en el que se acabarán la pobreza, la marginalidad y la injusticia para vivir todos, por fin, en una nueva sociedad mezcla de anuncio de los Testigos de Jehová, cartel del PSOE de los ochenta, Imagine de John Lennon y el corro de la patata bailando al ritmo de Viva la gente.
Me parece que la agenda 2030 (HUMANICIDA) es la peor versión del lobo de Caperucita disfrazado de ovejita Lucera a la que de campanillas he puesto un collar. Me parece, y como no es dogma de fe lo de la agenda esa, lo cuento. ¿Y que por qué me parece? Ahí vamos.
1. Soy amante de mi libertad y la entrego cuando quiero y a quien quiero. No acepto que nadie me imponga un modelo de sociedad ni de nada. Que me hagan la propuesta y si me convence me apunto, pero por las bravas va a ser que no.
2. Soy acérrimo defensor de la vida desde su concepción hasta su final natural. Me huele, a lo mejor soy de nariz ultrasensible, que entre lo del Nuevo Orden Mundial y la agenda 2030, vamos a tener más aborto, más eutanasia, más control de población a costa de lo que sea.
3. Me temo que ni China, ni la India ni los países árabes van a tragar. Ni por las buenas ni por las malas. Por tanto, todo va a consistir en que los poderosos lo que quieren es controlar para sus planes occidente. No me gusta.
4. En el trasfondo se percibe también, en aras de concordia y convivencia, el deseo de una religión universal consensuada. Hasta ahí podíamos llegar.
5. Es una trampa, y de las gordas, pensar que esa nueva forma de pensar y de vivir se va a lograr simplemente porque lo diga la ONU o la OTRA. Si no hay conversión del corazón, no hay Reino. Mi miedo es que nos cambien la conversión del corazón por una educación para el pensamiento único. Otra vez con la libertad.
Como ven, y así, en cuatro rasgos, lo de la agenda 2030 tiene, cuando menos, mucho que pensar y exige, desde luego, una prudencia extrema.
Me han agradado las palabras del nuncio en España, monseñor Bernardito Azua, manifestando que la Santa Sede tiene muchas reservas ante esta realidad: sexualidad y familia, el término “género”, la palabra “empoderar”, demasiados objetivos, excesivo idealismo, declaraciones con buenas intenciones que no se implementan, cierta ‘colonización ideológica’, con la que se busca imponer un modo de vida.
Hay «más polarización y menos debates»
en las organizaciones multilaterales
Cuando un diplomático vaticano - ojo: diplomático y vaticano- deja caer todo eso, es que se están dando cuenta de que en esto de la 2030 hay que andarse con pies más que de plomo.
Por eso me sorprende con qué alegría organizaciones confesionalmente católicas, como por ejemplo Vaticano,CEE,Manos Unidas, Cáritas,Misiones Salesianas, se muestren tan ilusionadas y partidarias con el asunto. Y no me sorprende que ante tal entusiasmo haya parroquias e individuos que digan que hasta aquí llegó la riada y que seguirán comprometidos con los más pobres pero a través de otras organizaciones que les ofrezcan una mayor confianza. Parroquias que saben de solidaridad, comprometidas con los últimos, pero no con la agenda 2030 ni con los que la apoyan y favorecen.
mientras no dejéis de apoyar la Agenda 2030 no contéis conmigo para vuestras campañas.
No hay ninguna necesidad de apoyar una ideología perversa para hacer caridad.
Corruptio optimi pessima.
Acabo de estar en la campaña de MANOS UNIDAS de una misionera laica y en toda su exposición no hizo ninguna referencia ni a Jesús ni al evangelio. Sólo habló de PACHAMAMA, EL SER, LA TIERRA Y EL COSMOS. Nada de alma, ni espiritalidad cristiana. Que vacío....
Creo en el Dios de Jesús y de María, el Dios de los bienaventurados, sencillos y sabios humildes como Abraham y Sara; Isaac y Rebeca; Jacob y Raquel. Y no el de los expertos racionalistas e ideologistas teólogos y entendidos escribas de todos los tiempos, El Mismo JesuCristo nunca los eligió ni como apostóles ni como discípulos. Ni antes ni ahora. Soy Venezolano, Maracucho/Maracaibero, Zuliano y Paraguanero, Falconiano; Soy Español, Gallego, Coruñés e Fillo da Morriña; HISPANOAMÉRICANO; exalumno marista y salesiano; amigo y hermano del mundo entero.
La Línea Editorial de este Rincón es la Veracidad y la Independencia imparcial.
¡¡¡ Que El Señor de La Comunicación, de La Amistad, de La Paz con Justicia, te bendiga, te guarde, te proteja, siempre... AMÉN !!! ________________________________
¡La Paz del Señor sea contigo!
¡Shalom aleijem!
¡As Salam ie aleikum!
бо да благословит вас
上帝保佑你
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#YoTambiénSoyCristianoPerseguido
#NoEstánSolos: Ya estamos hartos de que los criminales exterminen a los cristianos solo por su fe. Ha llegado la hora de movilizarse y defenderlos. Basta de cobardía. Se valiente y osado frente a los asesinos y defiende con ardor tu fe y a los que son perseguidos por la horda. Coloca en tu página el símbolo creado por el movimiento en defensa de los cristianos perseguidos para la campaña mundial que se ha iniciado para que no nos olvidemos de todos aquellos que están siendo perseguidos y masacrados por ser cristianos. El símbolo del centro es la letra N del alfabeto árabe, con la que los yihadistas están marcando las casas de los Nazarenos, que es como ellos llaman a los cristianos. Juntos hagamos que no se olviden aquellos hermanos perseguidos en todo el mundo por amar a su Dios. #NoEstanSolos #PrayForthem #ن #YoTambiénSoyCristianoPerseguido #Iglesia #Kenya #Siria #Irak #Afganistán #ArabiaSaudí #Egipto #Irán #Libia #Nigeria #Pakistán #Somalia #Sudán #Yemen y otros...
EL SILENCIO CULPABLE
QUE LA LUZ BRILLE SOBRE TI, TIERRA FÉRTIL #SOSVENEZUELA
VENEZUELA UN PAÍS PARA QUERER Y PARA LUCHAR
“Nací y crecí en un lugar donde dicen ” Pa’lante es pa’llá”, donde se pide la bendición al entrar, al salir, al levantarte y al acostarte, donde se comen arepas, cachapas y espaguetti con diablito, donde se menea el whisky con el dedo, donde se respira alegría aún en las adversidades, donde se regalan sonrisas hasta a los extraños, donde todos somos panas, donde aguantamos chalequeos, donde se trata con cariño sincero, donde los hijos de tus amigos son tus sobrinos, donde la gente siempre es amable, donde los problemas se arreglan hablando y tomando una cervecita, donde no se le guarda rencor a nadie y donde nadie se molesta por tonterías, donde hasta de lo malo se saca un chiste, donde besamos y abrazamos muchísimo, donde expresamos con cariño nuestros sentimientos, donde hay hermosas playas, ríos, selvas, montañas, nieve, llanos, sabana y desierto, un país de gente bella, cariñosa y alegre donde se mezclaron armoniosamente las razas, donde el extranjero se siente en casa y donde siempre encontramos cualquier motivo para celebrar con los amigos. Nací y crecí en VENEZUELA, me siento orgulloso de ser venezolano y seguiré manteniendo mi espíritu venezolano en cualquier lugar del mundo”
¡NO TE RINDAS!
♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥ Si la angustia te seca, si la ansiedad te asfixia, si la tristeza te ahoga, si el pesimismo te ciega... llora, grita, comunícate, exterioriza tu dolor.... pero JAMÁS te rindas.
Levanta tu mirada, respira hondo... ¡LUCHA..! amig@...lucha ... PORQUE Sí hay salida. Sí hay sentido. Sí hay ESPERANZA. Levanta tus manos y pide ayuda.
No te des por vencid@...y poco a poco verás La Luz. NO te rindas amig@, lucha. NO ESTÁS SOL@.
PORQUE VERÁS QUE SÍ VALIÓ LA PENA... ♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥
LA FUERZA INVENCIBLE DE LA FE
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
"Ya veis que no soy un pesimista, ni un desencantado, ni un vencido, ni un amargado por derrota alguna. A mí no me ha derrotado nadie, y aunque así hubiera sido, la derrota sólo habría conseguido hacerme más fuerte, más optimista, más idealista, porque los únicos derrotados en este mundo son los que no creen en nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o su negocio, y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que le sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática de su egoísmo.
¡Trabajo va a tener el enemigo para desalojarme a mi del campo de batalla! El territorio de mi estrategia es infinito, y puedo fatigar, desconcertar, desarmar y doblegar al adversario, obligándolo a recorrer por toda la tierra distancias inmensurables, a combatir sin comer, ni beber, ni tomar aliento, la vida entera; y cuando se acabe la tierra, a cabalgar por los aires sobre corceles alados, si quiere perseguirme por los campos de la imaginación y del ensueño. Y después, el enemigo no podrá renovar su gente, por la fuerza o por el interés., que no resisten mucho tiempo, y entonces, o se queda solo, o se pasa al amor, que es mi conquista, y se rinde con armas y bagajes a mi ejército invisible e invencible...."
(Fragmento de una página del discurso de Joaquín V. González "La universidad y alma argentina" 1918). ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
COMBATE Y DENUNCIA A LOS PEDÓFILOS (PEDERASTAS)
SEÑOR, TE PEDIMOS QUE PROTEJAS A L@S NIÑ@S, TE LO PEDIMOS EN EL NOMBRE DE JESÚS. AMÉN. ¡Ay de aquel que escandalice a uno de estos pequeñitos! Mejor le fuera que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos....... Lc 17,1-2 -- ÚNETE Y DENUNCIA --
SI LOS MEDIOS CALLAN, EL PUEBLO GRITA...
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TELÉFONO DE LA ESPERANZA 902 500 002
Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos
EL SENTIDO COMÚN ES IMPRESCINDIBLE PARA EL BIEN COMÚN Y PARTICULAR
SOMOS ANTI-OBSOLESCENCIA: NUESTRA CALIDAD TIENE VALOR
OBSOLESCENCIA ES LA planificación o programación del fin de la vida útil de un producto o servicio de modo que este se torne obsoleto, no funcional, inútil o inservible tras un período de tiempo calculado de antemano, por el fabricante o empresa de servicios, durante la fase de diseño de dicho producto o servicio, nos conduce al CONSUMISMO exacerbado, por culpa de algo evitable, destruimos recursos, planeta y dinero por algo que podríamos tener durante mucho tiempo.