EL Rincón de Yanka: INFANCIA

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sábado, 13 de junio de 2026

POEMA "CANTO AL RÍO DE MI INFANCIA" por PASCUAL VENEGAS FILARDO

Canto  al  río  de  mi  infancia 

Eres siempre mi río, el río de mi infancia, 
el río de mi primer amor, con tus mismas palmeras,
 con su macuto verde y su tipicare  gris, 
donde los duendes son el alma de los bosques,
 y una niña encantada se convirtió en flor. 

Quisiera ser a un niño para tocar tus aguas; 
para sentir el beso de tu fresca corriente, 
y hundir el pie desnudo en tus arenas cálidas; 
tomar entre mis manos un arisco corroncho, 
y sentir en mis plantas tus filosos guijarros. 

Te recuerdo remoto, cuando en busca del pozo,
los muchachos del barrio, no teníamos distancias, 
y allí estás intacto, ¡oh río rumoroso!, con sus escasas aguas, 
con tu lecho caldeado y tus mismas palabras, 
tus mismas lavanderas, tus piedras azuladas. 

Eres hoy como ayer, el río de mi infancia. 
Allí está tu triste causa, la cariñosa fronda 
de tus antiguos árboles, tus mañanas radiantes, 
el mismo viento mueve las veredas erguidas,
 el agua tiene exacto aquel rumor de entonces, 
el tiempo no ha tocado tu fluvial armonía.
Eres... Serás siempre... el río de mi infancia.

ESTE ES EL RÍO DE MI INFANCIA: 
RÍO A MARISQUEIRA, 
ALMEIRAS, CULLEREDO, GALICIA, ESPAÑA



Pascual Venegas Filardo - Viajeros a Venezuela en Los Siglos XIX y XX by Chjalmar Ekman


domingo, 8 de marzo de 2026

DON VENERABLE BALTASAR PARDAL VIDAL Y LA GRANDE OBRA DE ATOCHA DESDE LA CORUÑA AL MUNDO 🏫💕👦👧


DON BALTASAR PARDAL VIDAL 
 Y LA GRANDE OBRA DE ATOCHA
DESDE LA CORUÑA AL MUNDO

Don Baltasar Pardal Vidal nace en Santa Cristina de Fecha (A Coruña), el 18-08-1886, en el seno de una familia humilde pero firmemente basada en los valores cristianos, vividos con una fe sencilla. Era el tercero de cuatro hermanos. Su padre tuvo que emigrar a Buenos Aires para sostener a la familia. Su madre fue la responsable de la educación de sus primeros años.

D. Baltasar decía de su madre: “Mi primera maestra, que sin saber de letras, me ha enseñado una ciencia que en ningún libro he podido hallar”. Al calor de este Hogar nació su vocación al sacerdocio. Ayudado por su Familia y por su Párroco, ingresó en el Seminario de Santiago de Compostela en 1900. El joven Baltasar debía hacer a pie el camino que separaba su casa del Seminario… muchas de las veces, con los zapatos en la mano para no gastar las suelas.

El 17 de diciembre de 1910 es Ordenado Sacerdote, (su padre acababa de fallecer) y celebró su Primera Misa al día siguiente ofrecida por él. El día de su ordenación expresa: “Madrugué y me dirigí al Sagrario, donde, postrado me entregué al Señor, como un niño que se ve ante algo muy grande que le asombra y no sabe qué decir, sino creer y confiar en Él”.
El 1 de Junio de 1912 es nombrado Coadjutor de la parroquia de Sta. María del Azogue de BETANZOS (A Coruña). Allí descubre el valor del “trabajo en equipo” y “se acrecienta su vocación por el Catecismo”. 
El 12 de Febrero de 1913, es nombrado Coadjutor de la Parroquia de S. Nicolás de A Coruña, en la que se encargará de la catequesis de niñas en la Capilla de Atocha, germen de sus fundaciones: La Grande Obra de Atocha -fundada el 30 de agosto de 1923- y el I.S. Hijas de la Natividad de María.

El Carismático catequista de multitudes, fue nombrado Moderador del Catecismo y Visitador de la Doctrina Cristiana para la Archidiócesis Compostelana, el 5 de abril de 1933.
Durante cuarenta y cinco años desempeñó también el cargo de Magistral de la Real e Insigne Colegiata de Sta. María del Campo de A Coruña.

Fallece el 3 de marzo de 1963 y es enterrado en el Salón-Capilla de su querida Grande Obra. En la lápida de su sepultura pueden leerse sus palabras: “Mi deseo es quedar entre los niños para continuar haciendo con ellos las Visitas a Jesús Sacramentado”.
El día de su funeral el Cardenal-Arzobispo de Santiago, Mons. Quiroga Palacios, expresó: “Como corriente de agua suave y silenciosa, así pasó su vida Don Baltasar Pardal. No nos hubiéramos dado cuenta de que él pasaba si no fuera por la vegetación exuberante que iba produciendo en las riberas; por los frutos granados de su paso por la vida. Él, callado y silencioso; él, humilde y recatado. Pero sus obras estaban allí. Unas obras que eran hijas de él ciertamente, pero que eran hijas ante todo y sobre todo de Dios nuestro Señor, con el cual él se había unido y que fecundaba maravillosamente sus actuaciones…”


La causa de canonización de Don Baltasar se inició en octubre de 1996 y el 30 de noviembre de 2001 tuvo lugar el acto de clausura de la FASE DIOCESANA del PROCESO, presidido por nuestro Arzobispo Don Julián Barrio.
En 2005, es firmada, en Roma, la POSITIO, con la que queda cerrada y aprobada la CAUSA de BEATIFICACIÓN por la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos.
El 10 de mayo de 2012 es declarado Venerable por el Papa Benedicto XVI.

Estamos a la espera de la confirmación de un MILAGRO para su beatificación, cuya documentación fue enviada a Roma en enero de 2023.


"Dios Todopoderoso, que has dotado a tu siervo Baltasar, 
Sacerdote, de dones especiales en la enseñanza del Catecismo, 
Fundador de La Grande Obra de Atocha, 
y del Instituto Secular Hijas de la Natividad de María. 
Glorifica a tu siervo que dedicó su vida 
al servicio de los más humildes, 
y a la educación de la infancia y juventud. 
Haz que seamos, como él, 
testimonio de amor ardiente a la Eucaristía, 
a María, a la Iglesia, a los pobres, 
y de entrega gozosa al anuncio del Evangelio. 
Concédenos por su intercesión el favor que te pedimos 
(aquí se menciona la petición). 
Por Jesucristo, nuestro Señor".



“Todos hemos nacido para glorificar al Señor”.
“Sean santos muy alegres como aleluyas de Resurrección”.
“San Pablo dice que debemos llevar el buen olor de Cristo por todas partes: ¡llenad el mundo de alegría!”.
“Sed aleluyas de Resurrección, portadoras de esperanza, de buen humor, de optimismo e ilusión”.
“Dios se vale de la pequeñez, para hacer cosas grandes”.
“Nunca Dios apareció tan grande y admirable como cuando apareció más pequeño”.
“El Señor infunde el espíritu de fe en los sencillos y humildes, en los que se hacen como niños”.
“Nada hay tan grande en el mundo como el corazón de los niños”.
“La oración todo lo alcanza”.
“El mundo se salvará por la Eucaristía”.
“No hay fortaleza como la confianza”.
“El amor es la llave prodigiosa que abre los corazones”
“El amor no sabe vivir sino comunicándose”.
“La Eucaristía es nuestro norte, Jesús Sacramentado es nuestro ideal; vivir en Él y por Él mediante la Comunión es nuestra dicha”.

HISTORIA DE LA GRANDE OBRA DE ATOCHA 


Los inicios 

Para entender todo lo que rodea a La Grande Obra de Atocha, es necesario situarla geográfica y temporalmente. Su nacimiento en 1923 viene precedido de las circunstancias históricas de la época. Se desarrolla en un país sumergido en las desigualdades sociales que vienen marcadas tanto a nivel interno, con el desigual desarrollo de las distintas zonas, como a nivel externo, comparando con el resto de Europa y América. Todo esto da lugar a movimientos migratorios del campo a la ciudad y de España a América, generados todos ellos por buscar un futuro mejor. Estos cambios van a tener como consecuencia nuevas estructuras sociales marcadas generalmente por las nuevas formas de vida de las ciudades, que han acogido a gran cantidad de individuos en poco espacio de tiempo. Dentro de este panorama, la instrucción elemental no era un problema prioritario, y aunque ya venía arrastrado desde el siglo pasado, es ahora cuando se le intenta poner remedio. 

Con la llegada del siglo XX llegan tentativas de mejorar la situación, comenzando con la aparición del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1900 y siguiendo con nuevos planes; que aunque con buenos propósitos, con poca repercusión en la mayoría de la población que está sumida en la pobreza e incluso en el hambre. Pese a que con la instrucción de la población se busca una mejora en la sociedad, hay dos estamentos como son la Iglesia y el estado que buscan este fin, pero por caminos paralelos y muchas veces enfrentados. Dependerá del gobierno de turno que tenga más peso uno u otro, dando lugar a diferentes modificaciones legislativas que buscan el mismo fin pero con distinto enfoque. Esta situación que ya venía dándose al entrar en el siglo, seguirá repitiéndose durante toda la historia de la Grande Obra de Atocha, haciéndose especialmente visible en los años de la II República y en los posteriores con la dictadura. 

Centrando el estudio en La Coruña, que es el lugar dónde surge la Grande Obra de Atocha, el panorama es semejante al del resto del país. La ciudad ha recibido masas de población procedentes del campo, la vida del asalariado no le permite pensar en la educación como algo prioritario, los centros educativos son escasos y los locales y la formación de los maestros bastante precarios. 
La ciudad tiene un gran número de niños sin escolarizar y aun así el número de plazas es escaso. Desde la corporación municipal se pretende poner arreglo al problema del analfabetismo, pero los intentos, aunque loables, son escasos y se centran en la instrucción elemental de la población en edad escolar. En 1913 llega a la ciudad un joven sacerdote, Baltasar Pardal Vidal, procedente de Betanzos donde ha pasado solamente un año y que fue su primer destino después de salir del seminario compostelano. 

Llega concretamente a uno de los barrios menos afortunados a nivel económico, cultural, etc. y abundante en cuanto a desestructuración familiar, precariedades: es el barrio de Atocha. En este barrio, la instrucción era uno de los menores problemas para sus habitantes, ya que tenían necesidades más básicas que cubrir, como el comer Pardal está encargado de la catequesis de un grupo de niñas en una pequeña y casi derruida capilla, la Capilla de Atocha. Son estás vivencias las que le hacen pensar en buscar una solución que ayude a ese barrio a progresar. Desde el catecismo, funda una biblioteca para enseñar a leer y escribir a la vez que pueda proporcionar cultura. 

Después le rondará la idea de hacer algo más grande para poder atender también a las mujeres adultas que tienen aun más difícil que las niñas el acceso a la instrucción. No con pocos inconvenientes, planifica lo que será luego La Grande Obra de Atocha, Institución Benéfica dedicada a los niños, niñas y mujeres con pocos recursos. Aunque con escasez de medios económicos logrará fundar la Institución el 30 de agosto de 1923. A partir de ahora ya comienza la historia de la Grande Obra de Atocha, Institución de carácter católico, que tendrá más o menos facilidades o dificultades para caminar dependiendo de la ideología del gobierno o del régimen de cada momento. Su fundación en los años 20 le ayudan a tener una trayectoria floreciente, pero una vez llegada la II República pasará por grandes obstáculos e incluso será clausurada, hasta que de nuevo abre sus puertas en enero de 1935 y así continúa hasta nuestros días. 

De La Grande Obra de Atocha a las Hijas de de la Natividad de María. La Grande Obra de Atocha es una obra benéfica nacida en La Coruña en 1923 en uno de los barrios, por aquel entonces más desfavorecidos. Obra soñada y fundada por Baltasar Pardal Vidal, un sacerdote diocesano, con el fin de educar y promocionar socialmente a la población y en especial a la mujer. 

Se llama Grande Obra de Atocha “porque es de los pobres y porque es de Dios” (Pardal, 1919) En esta obra, se empieza trabajando con las niñas y mujeres y es alrededor de la promoción de la mujer de donde surgen necesidades que luego verán soluciones. De esta manera crece el proyecto hasta llegar a los niños, jóvenes, etc., combatiendo con comida al hambre (tiene comedor gratuito), con instrucción al analfabetismo (imparte clases de adultas de primera enseñanza), con formación al desempleo (crea dentro del La Grande Obra, una sección denominada Universidad Popular Femenina con clases de costura, mecanografía, etc.), con cuidado a la falta de tiempo (abre grupos de niños pequeños con carácter asistencial )… y así como si de las obras de misericordia se tratara, atajando las dificultades sociales del barrio y la ciudad. 

Se comienza este sueño sin ningún tipo de recurso, don Baltasar era capellán de una pequeña capilla, ahora inexistente, situada en el barrio; que más que ingresos le daba problemas por las carencias que tenía. Fue la misma gente por la que luchaba, la que se unió a él para sacar adelante el proyecto. Los terrenos le son donados, los niños dan y buscan donativos para los materiales de construcción, los obreros cobran cuando pueden, etc. 
Después las niñas que tenía en catequesis en la vieja capilla, se embarcaron en su obra para llegar así más lejos, a más lugares y a más personas. 
Ellas son catequistas en la iglesia, maestras en la escuela, cocineras en el comedor y madres y hermanas en la calle. Y es precisamente en la calle donde las quiere Baltasar, entre la gente y con la gente y por eso cuando estas niñas, ya mujeres, deciden vivir en comunidad para seguir la obra de Pardal, este al que se dirigen como padre, no encuentra ningún tipo de institución eclesiástica en el que puedan encajar. 
Ya que los institutos seculares no se aprobarán hasta 1947 con la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia. Por lo tanto son un grupo de mujeres a las que se les conoce como señoritas de Atocha y que hoy conforman el Instituto Secular Hijas de la Natividad de María. 3. La Grande Obra de Atocha. La fundación de la Institución en La Coruña viene generada seguramente por las circunstancias del momento, Pardal se encuentra en ese lugar, y allí hay unas necesidades que él quiere remediar. Existía un solar en el barrio por el que se siente interesado, para levantar allí unos locales dedicados a la enseñanza y la promoción de los habitantes. 

Los recursos del sacerdote eran pocos, y los dueños del mismo se lo donan, con lo que a finales de 1918 se comienzan las obras. Estas avanzan como pueden ya que dependen de la generosidad de los benefactores. Al fin el 30 de agosto de 1923 se abre la Institución con un primer piso. Ya está abierta la Gran Iglesia, en el mes de octubre comienza a funcionar lo que se denominará Gran Escuela, luego la Gran Cocina y por fin el Gran Taller. Estos son los cuatro pilares fundamentales de la Grande Obra de Atocha, los que proporcionan un crecimiento integral ya que cubren tanto lo físico, como lo intelectual o espiritual. Este proyecto tiene una gran repercusión mediática y en dos años alcanza más de 1000 matrículas. Además crea una sección especial para adultas con diversas enseñanzas tanto de alfabetización como de formación profesional. 

Es visitada por Jefes de Estado y Gobierno además de otras autoridades y recibe donaciones y premios por la labor social que está haciendo. En 1931, con el cambio de régimen político, padece las consecuencias de la república, es desalojada, sufre intentos de incautación, sus miembros son perseguidos, etc. y aunque hay voces que reclaman su apertura, al final es clausurada hasta 1935. En enero de este año, reabre sus puertas con el mayor número de matrículas hasta la fecha, tanto en la escuela de párvulos y niños, como en las enseñanzas de adultas. A partir de este momento y con el nuevo régimen tendrá el apoyo gubernamental y estará a pleno rendimiento. Paralelamente al desarrollo histórico de la Institución fueron surgiendo los edificios que la albergan y las modificaciones llevadas a cabo para adaptarse a las nuevas demandas. Se encuentra ubicada la Grande Obra de Atocha en la denominada ciudad vieja, concretamente en el barrio de Atocha, situada entre las calles Campo de la Leña, San Juan y Atocha Baja.

En 1918 el fundador presenta el proyecto de obra al Ayuntamiento de La Coruña, en éste se plantea una edificación de escuelas que constaran de sótano, pisos de salones y vestíbulo, pabellón de aseos, cobertizos y un cierre exterior. Es aprobado el proyecto y se le condonan los pagos de derechos municipales por los fines que acoge. Comienza a trabajarse en las obras el 29 de diciembre del mismo año. Para la construcción se asesora también Pardal de Manjón, y así hace algunas adaptaciones a las ideas iniciales de edificación para adecuarse a la climatología de Galicia. 

A mediados de 1923 el edificio ya está preparado para poder ponerse en funcionamiento y es inaugurado el 30 de agosto, con una gran sala con capacidad para 2000 personas destinado a usos múltiples, con clases, salón de actos y capilla. A finales de año se termina el sótano, en el que se alberga un nacimiento que reproduce los lugares más significativos en la vida de Jesús con el fin de enseñar sagrada escritura y que desde entonces se mantiene permanentemente. 

En el año 1925 se lleva a cabo una ampliación, ya entraba dentro de los planes iniciales de Pardal, pero no es hasta ahora cuando se inaugura. Así a las dependencias del primer piso, se le suman cinco secciones que albergarán cuatro departamentos para estudios superiores y una sala de música. 

En 1928, de nuevo, se amplía el edificio con un pabellón que se une al principal y que se inaugura en el aniversario de la apertura del primer edificio, el 30 de agosto de 1929. Con posterioridad se seguirá agrandando, en 1940 adquiere cuatro inmuebles y un huerto que une a la edificación y en 1955, se construye un nuevo pabellón destinado a teatro. Después a mediados de los ochenta se construye un nuevo edificio. Para poder financiar las obras, Pardal edita un boletín mensual, la revista La Grande Obra de Atocha¸ que tiene como objetivo recaudar fondos. 
A través de esta publicación informa a los lectores de los avances en la construcción y de los donativos recibidos. 

La escuela. Baltasar Pardal, era un sacerdote, no un experto en pedagogía, pero despertó su interés por esta disciplina el hecho de tener un grupo de niñas de catecismo a las que tenía que transmitir además de valores cristianos, conocimientos. En la catequesis del momento, se seguía el método de Munich, semejante a la escuela activa de Dewey, que se difundió a través de los Congresos Catequéticos. Pero la realidad era que el niño seguía estando en un segundo plano en la transmisión del saber. Pardal estaba influenciado por los movimientos catequísticos del momento y en particular por Daniel Llorente y Andrés Manjón. Especialmente este último influyó en las maneras de hacer de Pardal, ya que se puede afirmar que fue su maestro en materia de maneras de enseñar. Antes de inaugurar la Grande Obra de Atocha, el sacerdote coruñés viajó hasta Granada para aprender del Manjón. Experiencia que luego repetiría con algunas de sus maestras después de abierta la institución.

El modelo pedagógico de La Grande Obra de Atocha, tiene su base en las escuelas del Ave María y los principios fundamentales son los mismos, centra el proceso en el niño, busca el aprendizaje activo, transmite conocimientos de manera lúdica, etc. Existen documentos que evidencian la relación entre ambos fundadores, pero es de especial importancia un manuscrito de Manjón dirigido a Pardal, a petición de este último, que se titula “Testamento de un maestro de maestros”. Esta carta, publicada en el Volumen II de las Obras Selectas de Andrés Manjón está compuesta por unas recomendaciones sobre educación, ciertamente con los tintes del catolicismo del momento. 

La visión del maestro, del niño y de la educación es semejante en los dos. La pedagogía pardaliana se basa en la enseñanza activa e intuitiva con un aprendizaje significativo e integral. Sigue además la misma ley de continuidad que Manjón en cuanto a formación; comenzando muy pronto, acabando muy tarde, siguiendo sin cesar, ascendiendo por grados, armonizando las fuerzas y aspirando a un fin. Para poder conseguir esto necesita tener unos maestros formados y comprometidos con el ideario que propone, por eso para su fundación, no busca solamente personas formadas, sino vocacionadas. 

La pedagogía pardaliana, por lo tanto podría resumirse como integral, eucarística, activa, creativa, innovadora, de la alegría, del hogar, personalizada, del testimonio, de la vida y para la vida, espiritual, eclesial y misionera, de los símbolos y de la presencia de Dios. La metodología que utiliza está basada en el juego, siempre que puede enseña de manera lúdica, algunos ejemplos cogidos de Manjón son la Rayuela para aprender historia, o el mapa de España para aprender geografía, que sitúa en el patio de recreo. Además de los estandartes, recursos visuales que le ayudan en las explicaciones. El carácter festivo, dentro de la pedagogía pardaliana tiene un espacio relevante, tienen lugar a lo largo del curso multitud de actos celebrativos, y dado el carisma católico de la Institución tienen especial importancia aquellos otros marcados por el calendario litúrgico. 

La organización, dentro de esta pedagogía, también es un punto fuerte. En todos los proyectos de Pardal existe un reglamento de funcionamiento que no deja lugar a actuaciones improvisadas, y en su pedagogía tampoco. Esta organización, como su obra, nacen del catecismo, así en su escuela rige el mismo reglamento que publica en 1933 para el catecismo en la revista que edita Daniel Llorente y que lleva por título “El A-Z” de la catequista. 

La Grande Obra de Atocha y la mujer. El fin principal de La Grande Obra de Atocha, es la promoción social de la mujer, que será según Baltasar Pardal, la base para promocionar la familia y la sociedad. El motivo por el cual Pardal se preocupa especialmente de la mujer no se conoce, pero seguramente parta de las carencias que veía en las niñas del catecismo.

El primer intento que tiene de solucionar el problema es por medio de la biblioteca del catecismo. Allí enseña a leer y a escribir, además de ofrecer lecturas adecuadas para contrarrestar las poco piadosas que aparecían en folletos gratuitos que se repartían por el barrio. Las ideas de Pardal van evolucionando progresivamente hasta dar cabida en la institución a niñas, mujeres y varones. La asistencia de las niñas a clase depende de las obligaciones que tienen, y una importante es cuidar de sus hermanos o hijos, cosa que les impide disponer de un tiempo que dedicar a su formación. 

Este es el motivo por el que el fundador abre grupos de niños pequeños que el único requisito que deben cumplir es expresar sus necesidades físicas, por lo que sobre el año y medio de edad ya asisten al centro. Mientras los niños pequeños están atendidos, las niñas y jóvenes pueden asistir a las clases. Otra dificultad para acudir es la incompatibilidad con la jornada laboral, en el caso de las mujeres más adultas. Para paliar esto se crean las clases de adultas, enseñanzas impartidas en horario nocturno con el fin de ayudar a la alfabetización en algunos casos y de dar una formación profesional en otros. Así en los espacios destinados por el día a atender a las más jóvenes, se atiende por la tarde a las adultas, creando con ello todo un sistema de educación adaptado a las necesidades del barrio. 
En el curso 1927/28, se inaugura lo que Pardal denomina Universidad Popular Femenina. Dentro de estas enseñanzas entran todas las destinadas a adultas y comprenden: alfabetización, costura, mecanografía y taquigrafía, preparación para acceder a la Normal de maestras, música, comercio, etc. con el fin de preparar a la mujer para que pudiera acceder a encontrar un trabajo y mejorar su calidad de vida.

Objetivos iniciales de La Grande Obra de Atocha.

Partiendo de las necesidades del barrio, Pardal se marca unos objetivos prioritarios en su obra que podemos concretar como: - Promocionar socialmente a la mujer - Disminuir el analfabetismo femenino. - Repercutir por medio de la mujer en la sociedad. - Y hacer de La Grande Obra de Atocha una institución dedicada principalmente a la mujer.
Promocionar socialmente a la mujer. En el libro de registro de matrícula de la universidad popular femenina de La Grande Obra de Atocha aparecen matriculadas 2611 alumnas con edades entre los ocho y los sesenta años. La mayoría asisten para aprender una profesión como costura, bordado, mecanografía, magisterio, etc.

Disminuir el analfabetismo femenino.

A principios del siglo XX el analfabetismo llegaba a la mayor parte de la sociedad, pero sobre todo a las mujeres; es por esto que Pardal pretende equipararlas al hombre ofreciendo instrucción primaria. Hay estudios que demuestran que en los años de actividad de instrucción primaria para adultas en el centro, el analfabetismo en el barrio de Atocha disminuyó hasta niveles superiores a la media de la ciudad y el país. 
Repercutir por medio de la mujer en la sociedad. La información más antigua que se ha encontrado es la que aparece en un calendario de 1929, en la que se hace balance del movimiento escolar desde la apertura de La Grande Obra de Atocha en 1923. Aquí podemos apreciar el número de clases y de matrículas, pero no se distingue entre niños y niñas.

«Don Baltasar: 
la mirada de un niño con sueños de sacerdote, catequista y educador» 
conferencia impartida por el sacerdote D. Luis Alejandro Salas Araque, antiguo alumno de la Grande Obra en Venezuela.

viernes, 6 de febrero de 2026

NIEVES ELENA BLANCO DE RIVERO, UNA MUJER EXCEPCIONAL DE LA GUAYRA, VENEZUELA ⛺ "POEMAS" y "LA GUAYRA, VIENTO VELOZ DE FUEGO"



GRACIAS...

Nieves Elena Blanco de Rivero nació en La Guayra, Venezuela, el 18 de agosto de 1921. En el año 1942 contrajo matrimonio con el Oficial Naval Ramón Rivero Núñez. Cursó estudios en el Externado San José de Tarbes y en la Bryant School de Filadelfia, U.S.A. Como pintora participó en medio centenar de exposiciones colectivas y más de veinte exposiciones individuales, siendo distinguida con numerosos Premios y Menciones de Honor. Nieves Elena fue una luchadora infatigable en pro de La Guayra y el Municipio Vargas, ahora Estado, de su historia, costumbres y tradiciones. Esto lo logró a través de sus pinturas, innumerables artículos en prensa, charlas, programas de televisión y en infinidad de labores en pro de su comunidad. Fue oradora de orden en numerosos actos solemnes. Donó muchas de sus obras sobre La Guayra a instituciones públicas como el Municipio Vargas y la Escuela Naval de Venezuela. También escribió poemas y los declamó ella misma, grabando dos CDs: Poemas I y Poemas II. 
Fue Miembro de la Sociedad Bolivariana del Estado Vargas, el Centro de Historia del Departamento Vargas, la Asociación Venezolana de Mujeres, el Centro Sociedad Bolivariana de La Guaira, el Complejo Cultural Vargas, el Centro de Historia Bolivariana y Naval de Venezuela, la Junta Conmemorativa de la fundación de La Guaira - La Guaira en sus 400 años y la Comisión para el Bicentenario de la conspiración de Gual y España, entre muchas otras. Recibió innumerables condecoraciones, premios y reconocimientos. Vargas la honró bautizando con su nombre una Casa Abrigo para niños necesitados y una galería de arte pictórico.

nace en La Guaira un 18 de Agosto de 1921, fue una guaireña que dedicó su vida entera a honrar la historia, la belleza y el espíritu de La Guaira. Amó profundamente su tierra natal y la defendió con su arte, su palabra y su incansable labor comunitaria.



PRÓLOGO

Si algún niño o niña o algún adolescente me preguntase quién es Nieves Elena Blanco de Rivero, diría que es una mujer nacida en 1921, en La Guayra, que siempre amó entrañablemente a su terruño, y que desde su adolescencia lo supo valorar, enaltecer y defender, como ninguna mujer guayreña lo ha hecho. Ninguna ha tenido más orgullo por su linaje, su legado y nacimiento en la tierra de mar que la vio nacer, y ninguna encarnó con tanta propiedad al “Viento Veloz de Fuego” que significa su nombre en voz indígena. Porque Nieves toda su vida fue el Viento Veloz de Fuego que amó, protegió y defendió como lideresa social, heroína civil enriquecedora del ethos guayreño, sin descanso y con coraje a sus ciudadanos, a su naturaleza tórrida y marina y a su región como pueblo porteño, sus costumbres, tradiciones e historia, y ello lo plasmó en sus pinturas, en sus artículos de prensa, en sus acciones cívicas y sociales, con perseverancia, paciencia y tenacidad, para con su gente y su pueblo.

Escribió poesía, fue la poetisa más auténtica, más sincera, más amorosa y tierna, que vivió en esa época de los albores del S. XX, que vivió su niñez, adolescencia y madurez de la mujer que empezó a cambiar, a gestarse como mujer emprendedora, con acción social, que representó la mujer activa socialmente, de los comienzos del treinta en adelante, como una de las características de la mujer del siglo veinte, y ella fue una de sus pioneras, la mujer que salía de la crisálida donde estuvo hasta el S. XIX, para convertirse en la mariposa multicolor que sabía volar en la sociedad, como una figura de las más significativas de su Guayra, que comenzaba a despertar a la modernidad. Nieves encarnó a la mujer que busca libertad e igualdad, dignidad como persona, pero ella lo hizo con la elegancia de la dama antañona que evoluciona suave y delicadamente, pero con firmeza y voluntad, en un ambiente aún ruralmarino, porque siempre fue fémina, madre abnegada cultivadora de valores y amante esposa de su gran marino Ramón. El cambio lo hizo con la reciedumbre y recato de matrona, sin escandalizar, sin confrontar los géneros, sin ser artista iconoclasta.

Aquí surge en ella, con fuerza, como una fuente cristalina que nunca cesa, su poesía. Poesía que se conjuga y entrelaza con sus prolíficas pinturas de su Guayra:
sus paisajes, sus ríos, sus casas, sus templos, sus esquinas, su mar; con sus artículos y crónicas, así su poesía no es aislada, y por su ternura, su amor, su caridad, su ingenuidad, su religiosidad y sencillez, siempre de niña (nunca dejó morir la niña adorable que había en ella).

Lo primero que viene a mi mente son “los amorosos diminutivos” de Santa Teresa ¡como usa los diminutivos en toda su obra poética!, con tanta naturalidad de niña, que son diminutivos entre humanos y divinos a la vez, pero indiscutiblemente auténticos. ¡Qué delicioso ambiente! ¡Qué sencilla confianza en los seres humanos, y qué fe! Pero otra característica es que escribe en verso libre, en una época en que muy pocos poetas se atrevían a liberarse de la rima, del pensamiento dominante, que no aceptaba que un poema por su música interior era poesía auténtica. Recuérdese lo que pasó con José Antonio Ramos Sucre, que no querían reconocerlo como poeta… Nieves Elena tiene plena consciencia de esto y en uno de sus poemas dice:

“Yo no se nada/ 
de rimas ni de versos/ 
solo escribo/ 
lo que llevo adentro, 
lo que me dicta mi corazón, 
lo que yo siento”
(Perdone Sr. Santana”, 16 de marzo del 90).

En ello está plasmado su carácter y personalidad. Y no hay pedantería. Lo mismo explica Dámaso Alonso de San Juan de la Cruz “según así viendo, según vamos comprendiendo que a este hombre no le importaba el arte, que lo único que le importaba era Dios, el misterio, el prodigio de su obra se hace más densa”, y así glosándolo, diremos de nuestra poetisa guayreña, que a esta valerosa y emprendedora mujer no le importaba el arte poético como tal. Para ella, lo único que le importaba era Dios, los valores religiosos, cívicos y sociales, democráticos y hondamente humanos de su Guayra (El viento veloz de fuego y su gente, para quien todos eran sus hijos) que es su Leit Motiv, idea o motivo central o conductor de su discurso u obra literaria, y pintura, que se repite a lo largo de toda su poesía.

A la vez me recuerda a Walt Whitman, porque como él, tiene un panorama complejo al que dedicó su observación y su poesía como contenido, como insumo o materia prima de su arte poética… Bástenos leer su poema “Debemos dar gracias” del 21 de octubre de 1990, para experimentar el espíritu de Whitman, sus combinaciones curiosas, sus palabras llanas, la intensidad de sus expresiones, para expresar momentos concretos de su pensamiento. Fue una intérprete de su pueblo guayreño y la motivaron sus costumbres, creencias y hábitos sociales, paisajes, ríos y mar que tanto amó, y su visión poética la convierte en íntima y profunda simpatía hacia el corazón humano de todos los guayreños de manera individual, con su poética de amor y de ternura, de su don maternal, de camaradería con todos sus coterráneos.

BAYARDO RAMÍREZ MONAGAS
Agosto de 2010.

“Puedes encadenar mis manos, 
puedes engrillar mis pies, puedes, incluso, 
arrojarme en un calabozo oscuro; 
pero no podrás esclavizar mi pensamiento 
porque mi pensamiento es libre".
 Khalil Gibran

INTRODUCCIÓN 

A comienzos del año 2010, los hermanos Rivero Blanco empezamos a organizar y archivar el inmenso legado dejado por nuestra madre, Nieves Elena Blanco de Rivero, en forma de escritos, notas, artículos, poemas, reconocimientos, diplomas, fotografías, revistas, periódicos, cartas, postales, obras pictóricas y toda suerte de documentos relacionados con su ardua labor en pro de su terruño natal La Guayra.

Conseguimos cientos de artículos escritos por ella, un sinnúmero de ellos escritos por otras personas en que la mencionaban y otros tantos dedicados exclusivamente a ella y a su obra. El haber navegado a través de todo este aluvión documental y, claro está, haber tenido el privilegio de ser sus hijos y haber compartido una vida con ella, ha sido para nosotros una gran aventura emocional, plena de momentos de suma alegría y otros de tristeza profunda; descubrimos detalles y elementos de la vida de nuestra madre, que nunca antes hubiésemos imaginado. Nos hizo reír tantas veces como llorar.

La capacidad de sorprendernos que tenía nuestra madre era ilimitada. Todavía recordamos con asombro el desfile de gente, de su gente, de sus guayreños, de todas las edades, que la visitaban diariamente en el Hospital Militar, cuando se cayó al momento de abordar un “carrito por puesto” para ir a La Guayra y se fracturó la cabeza del fémur, en plena avenida Baralt, en el centro de Caracas, allá, a mediados de los noventa. La auxilió una ambulancia de los Bomberos del D.F., ella “gerenció” su rescate y le ordenó a los bomberos que la llevaran al Hospital Militar “Carlos Arvelo”. Cuando se estabilizó, nos mandó a llamar. Por supuesto, como también era dama voluntaria de ese hospital, sus compañeras estuvieron pendientes de ella todo el tiempo.

Encontramos información sobre las asociaciones a las que perteneció, los comités y grupos de trabajo que integró, las charlas que dictó, los discursos que pronunció, la intensa actividad artística, histórica y educacional en la que participó. Las luchas que inició y culminó, de las que mencionaremos unas pocas: la reivindicación del Héroe Guayreño José María España, la preservación de las costumbres y tradiciones y de La Guayra, la reconstrucción de La Ermita del Carmen, el Paseo 24 de Julio, la recuperación de los fortines, plazas y plazoletas, las farolas de La Casa Guipuzcoana, la siembra de árboles y reparación de aceras en varias urbanizaciones, y un larguísimo etc. Y algo que no nos deja de llamar mucho la atención es que fue plenamente reconocida en vida por su obra. Entre sus papeles conseguimos noticias y documentos sobre homenajes que le rindieron, condecoraciones que le otorgaron, diplomas y placas de reconocimiento, premios y conciertos que le dedicaron, y hasta una casa abrigo de menores fue bautizada con su nombre.

También encontramos anotaciones, en su estilo de escritura impecable, que aprendió en el Colegio San José de Tarbes de La Guayra en los años 20, en casi todos los papeles que revisamos; y los que no eran escritos de su puño y letra, eran escritos con su eterna máquina de escribir “Underwood”, que no daba ya para escribir un papel más. No era muy amiga de las tecnologías modernas y jamás usó las computadoras personales, lo que, en nuestra opinión, hubiese multiplicado su obra escrita.

Por todo lo descrito en los párrafos anteriores, los hermanos Rivero Blanco, Carlos Vicente, Guillermo Ramón y Ramón Alberto, decidimos realizar una tercera edición de su libro “Guayra, Viento Veloz de Fuego” adicionándole una breve síntesis curricular, el artículo que escribió el periodista Federico Ortega cuando ella decidió marcharse de este mundo a otro plano, y algunas fotos de la familia. Esto lo hacemos para que el libro esté disponible a quien lo necesite.

Entre los documentos encontrados había 94 poemas, divididos en dos “tomos” de cuarenta y tantos poemas cada uno y dispuestos en cierto orden no cronológico. Estos poemas fueron escritos entre 1989 y 1996, con algunas excepciones que estaban sin fechar. La mayoría fueron escritos en 1991. Nuestra madre grabó 56 de los poemas a los que hacemos referencia en dos CD’s, el primero en el año 2000 con 28 poemas declamados por ella, y musicalizados y masterizados por Víctor Hugo Bracamonte, amigo de Gonzalo (Chile) Veloz Blanco, quienes lo hicieron con mucho cariño; y el segundo, en el año 2006, contentivo también de 28 poemas declamados también por ella, y musicalizados y masterizados por Guillermo Alberto Rivero Robles, su nieto, en Miami, Florida. Las Portadas de los CD’s fueron diseñadas por nuestra amiga Heidi Valentina Delfino Kremp.

Pues bien, hemos decidido publicar en el presente trabajo estos poemas de Nieves Elena, con el título que ella tenía dispuesto “Poemas”, y en el mismo orden en que ella los dejó. Sabemos que publicarlos era un proyecto importante para ella y que no culminó por que no le alcanzó el tiempo.

Nieves Elena tuvo una vida plena, 87 años de entrega a su familia, a su terruño La Guayra y a su país Venezuela, y les aseguramos que su huella sigue impactando a muchas personas día tras día. Nieves Elena se fue entre aplausos, los aplausos de sus guayreños, de sus amigos y de su familia que la sigue queriendo entrañablemente.

Y nosotros, parafraseando a mamá decimos “Nuestra madre para nosotros es un poema”.

LOS HERMANOS RIVERO-BLANCO.
Agosto de 2010.

RESURRECCIÓN
                                                                                                                                               
Al amanecer 
del día domingo, 
un día de sol 
y de verdor 
y flores, 
saliste de la tumba 
Jesús mío, 
y volaste 
a los cielos ligerito 
a unirte 
a tu Padre, que impaciente, 
te esperaba ansioso, 
mientras Magdalena 
y tu Madre, María, 
muy tristes 
lloraban tu partida, 
y pensaban: 
¿Qué nos haremos 
sin Jesús, ahora, 
el ser que tanto 
nos quería? 

- Y Jesús desde arriba les decía: Espérenme tranquilas,


que yo desde aquí, 
al lado de mi Padre, 
velaré por ustedes 
noche y día, 
y por toda la gente 
de la tierra, 
que mira al Cielo 
hacia lo alto, 
con amor, sin miedo; 
y con paciencia 
llevan su Cruz 
a cuestas, a la espalda, 
lo mismo que yo 
cargué la mía... 

El día llegará 
en que raudos 
volarán al Cielo, 
siguiendo la estela 
que dejé trazada, 
y serán felices 
como yo, una y otra vez, 
hasta el fin de los 
siglos, eternamente... Amén

Caracas, 17 de Abril de 1992. 

AL SANTO CRISTO DE MAIQUETÍA


                 Qué daño hiciste 

Cristo bendito, 

que tal castigo 

en tu Santo Cuerpo 

has recibido, 



si siempre supe 

que has sido bueno, 

que tus milagros, 

uno tras otro, 

los que te quieren 

han recibido? 



¡Ya basta, Cristo, 

de tanto duelo, 

de tantas lágrimas 

que humedeciendo 

tu Cuerpo Santo, 

son derramadas 

por los que te aman, 

desde que yaces 

ahí, acostado, 

en ese suelo! 



Haz un esfuerzo 

y estremece el alma 

de los humanos 

que allí te tienen




castigadito, para que rápido te den la mano y te levantes; y pronto puedas mirar el Cielo, sentir el aire y respirarlo, libre y contento, desde tu gruta, en la placita de Maiquetía, que amabas tanto y entonces, puedas ver a tu Madre, que desde enfrente, alegre, vuelva a mirarte. Y amorosa, te envíe sus besos y bendiciones... ¡Que así lo sea, Cristo Bendito, Cristo adorado, del pueblo maiquetieño, de nuestro pueblo, de aquí, de allá, y de más lejos...!






















Caracas, 11 de Abril de 1990





EL ALMA




 

¿Qué es el alma? ¿Me puedes explicar lo que es el ALMA? ¿Cómo te la haces en la mente? El alma para mí es como un “Hálito de Dios” en forma de “Haz de luz” que te ilumina en pensamiento, que le da vida al corazón cual llama ardiente que se enciende y queda así prendida mientras seas bueno; pero se apaga y se vuelve mortecina, se desvanece, cuando desviado del camino, al mal te dedicas por placer y entonces, se sale de tu cuerpo, te deja solo, a tu albedrío y en forma de humo blanquecino, sube hasta el cielo a guarecerse en una estrella, mientras encuentra una criatura buena, a un niño o niña por nacer, en quien volver a vivir sin tener que irse entristecida otra vez… Pero yo, particularmente quiero que mi alma sea como una gaviota,
que volando muy cerquita del cielo, encima del mar , allá en La Guayra, blanca, elegante, rauda, con la cadencia y el ruido musical que hacen las olas, no me abandone, hasta que ya tranquila, haya cumplido mi misión aquí en la tierra y y desee irme a descansar y entonces, sobre sus blancas alas, pueda volar al Cielo, donde San Pedro, antes de abrirme la puerta me pregunta: ¿Viene de la tierra de las castañuelas, de los mantones y las panderetas? Y yo le diré: ¡No! Vengo de la tierra del Joropo, del cuatro y las maracas, aunque por mis venas pasa la sangre gitana de mi papá, la de Málaga y Andalucía y también de las Canarias, pero yo nací en La Guayra. Entonces San Pedro me dirá: pasa adelante, guayreñita, es tuyo el Cielo y me asignará el lugar al lado de todos los míos, que volaron hacia allá, años atrás y alegres, seguramente me darán la bienvenida, me abrazarán, me besarán y me bendecirán. 




































Caracas, 18 de Agosto de 1994.


EL MAR Y LA GUAYRA 


¡GUAYRA! ¿Has visto hoy tu mar? 
¡Qué lindo está esta mañana, 
azulito y encrespado, 
parece que las sirenas 
bañándose allí estuvieran! 

Su azul es hoy más profundo, 
es más fuerte su oleaje 
y más blanca su espuma. 

¡Quién pudiera darse un baño 
fresquecito por la tarde! 

Un baño que sabrá a gloria, 
si es en el Guiriguire, 
al lado de los Uveros, las piedras 
y los pececitos que viven 
en esas aguas, 
rosaditos y azulados... 

¡Mar guayreño, mar sagrado, 
mar de todos los que te amamos! 

Caracas, 10 de Marzo de 1990.

¡DEBEMOS DAR GRACIAS! 

Hoy quiero hacer un desagravio a todos los seres que nos han ayudado de una y mil maneras y no les sabemos agradecer. 

¿Quién de nosotros al ver el Sol por las mañanas, le da las gracias por haber salido, por calentarnos y a las plantas hacer crecer, y darnos la alegría de un día bello y brillante como el que más? 

¿Quién cuando siente el aire fresco al amanecer, le da las gracias por el oxígeno que nos da, y cuando llueve y bebe el agua fresquita, le da las gracias por su alimento, indispensable para vivir? 

¿Quién besa el árbol que nos da sombra, flores y frutos, aunque sea por una vez? 
¿Quién se acuerda del inventor del bombillo, la aguja, el cemento, la rueda, el lápiz, el horno, el teléfono, el micro-ondas, el saca-puntas, la máquina de escribir, la plancha eléctrica, la inyectadora, la cocina de gas, la máquina de moler, el radio, la lavadora, la secadora, el hilo, la computadora, la televisión, la harina pan y la maquina de coser? 
¿Quién de nosotros recuerda al sabio Pasteur, a Salk, a Fleming, al Dr. Convit, a quien hizo la vacuna contra la difteria, a quien inventó la anestesia, a quienes descubrieron el Radium, a madame Curie, a su esposo, y al que preparó el suero anti-ofídico, por primera vez? 

¿Quién? ¿Quién le da las gracias en el silencio de su conciencia al que labra la tierra para nosotros poder comer; a los amigos, y a los que con el sudor de su frente hacen el pan, que día a día es nuestro sostén? 

Y al mono que viajo a la Luna, y al ratón que ayuda al médico para investigar y al tuqueque que limpia la casa, a la abeja que nos da la miel. 
¿Quién les da las gracias, quién? 
Y a los maestros que nos ilustran, a los médicos y científicos en general, las secretarias y los bomberos, a los escritores que cuentan la historia, a los periodistas que nos mantienen informados, a los músicos y a los artistas y a los poetas, que con sus obras elevan nuestro espíritu, a los fotógrafos, artífices de nuestros recuerdos, a los enfermeros; a los cómicos, que con sus gracias nos hacen reír; a nuestros peluqueros y sus ayudantes que hacen maravillas con nuestros cabellos; a los pedicuristas, benditos mil veces por dejar nuestros pies nuevecitos; a los criados, a los carteros, a los buenos vecinos, a los hombres que recogen nuestras basuras y al que caza las culebras venenosas, para que el biólogo pueda el suero anti-ofídico hacer?

¿Quién los recuerda con gratitud, quién? 
Y a los ejecutivos, que con sus negocios nos dan empleo; a los policías, que con peligro de sus vidas nos protegen; al soldado, al marino y al aviador, dispuestos siempre a luchar por nuestra Nación; a los abogados honrados, que nos defienden; al Sacerdote que nos consuela y nos perdona; a nuestros padres, quienes solícitos velan por nosotros toda su vida; y a nuestros hijos, esencia y presencia de nuestro ser, que llenan de orgullo nuestro ego, día tras día. A nuestros buenos gobernantes y a los que mereciendo estar aquí, les olvidé. A todos estos ¿quién les agradece como debe ser? 

Y a nuestra amada Patria, la más grande, la más buena, la mas hermosa, la mas espléndida del Planeta Tierra, para sus hijos y los extraños 
¿Quién de verdad la quiere y le da las gracias, quién, pero quién? 

¡No seamos ingratos, aprendamos a agradecer y a no olvidarnos con egoísmo, de los que nos han hecho el bien. Recordémoslos bendiciendo a Dios y a todos, justico al amanecer y hasta el anochecer también! 

Caracas, 21 de Octubre de 1990, Día del Censo.



PRÓLOGO

PALABRAS DE AMOR Y DEVOCIÓN

Nieves Elena Blanco de Rivero, una Guaireña apasionada por su terruño y por todo
cuanto él representa, sobre todo en lo concerniente a su acontecer costumbrista, me ha regalado ratos de íntima fruición espiritual con la paciente lectura de los originales de sus crónicas Guaireñas. Sin proponérselo me ha llevado de la mano por todo ese tesoro colonial que aquilata en sus inmuebles tatuados por la pátina del tiempo, reviviendo gratísimas épocas de nuestra primera juventud. Las crónicas de esta insuperable Guaireña, quien vive y se desvela por todo el acontecer del viejo puerto de nuestros grandes amores, por las sempiternas tradiciones lugareñas, resumen todo el afecto que una auténtica Guaireña es capaz de sentir por la ciudad-cuna de la República, la ciudad cuatricentenaria que vegeta en un constante esperar por la obra redentora del Gobierno Nacional y de sus conspicuos hijos con capacidad de poder. Estas emocionadas páginas impregnadas de amor por la tierruca testigo de nuestro amanecer a la vida, son suficientemente comprensivas del hondo afecto que La Guaira le inspira.

A través de la lectura de estas crónicas nutridas de ternura filial, entendemos el mensaje de serena campechanía y de amoroso cuidado, contenido en estos evocadores escritos de Nieves Elena Blanco de Rivero. En la incursión por esos amables textos puede seguirse retazos de la historia menuda de cuanto es La Guaira: sus templos, sus joyas coloniales, los sitios por donde pasó alegre nuestra infancia; las escuelas y sus maestros, quienes tanto dejaron en nuestro espíritu; el viejo puerto, tan lleno de recuerdos imborrables; sus calles, sus centros culturales, sus hombres relevantes, sus personajes populares, en fin, la síntesis de su desenvolvimiento de pueblo en una época que registra nuestro quehacer vital.

Nieves Elena Blanco de Rivero, además de cronista del acontecer de su terruño Guaireño, es también -y muy aceptada por la crítica entendida- una fina, exquisita maestra del pincel. Ya dije alguna vez, a propósito de una exposición pictórica sobre pintorescos recodos de La Guaira colonial, que asomarse con el espíritu propenso al disfrute superior a la exposición de esta artista nativa y nativista, es hacer un paseo fascinante en el tiempo por la antigua fisonomía de La Guaira. Sus crónicas como sus lienzos trasuntan la plasticidad, el color, la luz, toda en armonía y conjunción con la perspectiva y la sombra; en ellos está reflejada La Guaira cuatricentenaria. Sus callejuelas, evocadoras del paso trepidante del conquistador y el artesonado de sus ventanales hacia afuera, recrean la mirada y llenan el espíritu de contenido artístico. Lo mismo puede afirmarse de sus crónicas costumbristas, que la autora logra plasmar, con ayuda de cuanto atesora su memoria, fiel a la realidad, en escenas urbanas de esa ciudad colonial que se resiste a la acción disolvente del tiempo y a la piqueta demoledora que empuña con saña la mano bárbara e inconsciente.

Con estas cordiales palabras de presentación de este volumen, hijo de su pasión y
devoción por su terruño Guaireño, saludo la aparición de este renovado testimonio de quien es fina cronista-pintora de raigal amor por La Guaira, su pueblo, y su gente. Reitero que el mérito de esta excelente creadora de lienzos y crónicas, reside en su asombrosa capacidad de retención fisonómica de perfiles urbanos ya desaparecidos, que en los inefables tonos de su pintura y en sus amables crónicas cobran vivencia, fuerza y frescura.

Me siento complacido de adherir mi modesto aporte intelectual, también con sentimiento Guaireño, a este laudable esfuerzo de Nieves Elena Blanco de Rivero, con el cual trata de reconocer cuanto debemos en pasión filial a La Guaira de nuestro amor y devoción.

Caracas, 19 de septiembre de 1989.
Año Cuatricentenario de la fundación de La Guaira.

CARLOS NAVARRO GIRAL

REMEMBRANZA DE LA GUAYRA


Nuestros padres eran españoles y llegaron a La Guayra antes de 1900. Allí crecieron y estudiaron, luego formaron un hogar, en el cual nos enseñaron que, además del cariño que debíamos tener al terruño por ser nativos de él, teníamos que agradecerle el que ellos hubieran sido acogidos con cariño por su gente, y haber podido realizar sus deseos. Nuestros abuelos eran republicanos y deseaban vivir en una República suramericana.

Ambos nos contaron muchas cosas interesantes de esa época guayreña. Vivieron el terremoto de 1900, la terrible explosión de El Vigía, la angustiosa espera del cometa Halley, la pandemia o gripe española, los acontecimientos del año 28, la prisión de nuestro padre en el año 29, por su condición anti-gomecista; pero también vivieron días felices en el pueblo acogedor y de vida sencilla y sana. Nuestro padre siempre nos habló con mucho orgullo de su colegio y de su maestro, el profesor Manuel María Villalobos, hombre políglota, autodidacta, quien formó a muchos porteños en su disciplina rigurosa y de cuyo colegio salían bien
preparados en todo sentido.

El profesor Villalobos, guayreño, hablaba todas las lenguas muertas y además el alemán, el francés, inglés, holandés, italiano y también el árabe, chino y japonés. Nuestro padre nos contaba que el gobierno lo utilizó como intérprete para entenderse con una misión japonesa que visitaría Venezuela y en ocho días de fuerte estudio, pudo hacerlo. J. M. Núñez de Cáceres, una autoridad lingüística de América decía de Villalobos: "que los idiomas en sus manos eran como un reloj descompuesto en manos de un relojero experto."

Caracas, 11 de julio de 1989.

COSTUMBRES GUAYREÑAS

En La Guayra de los años 30 los guayreños disfrutábamos de una vida sencilla y sana.
Todos los vecinos éramos amigos, mejor dicho, como una familia, donde las alegrías y tristezas eran compartidas por todos. Si nacía un niño, o cumplíamos años, o salíamos bien de los exámenes, todos alegres alrededor y si enfermaba alguien, todos a una, ayudaban a los familiares a velar por el amigo en cama y acompañarlos en su angustia. Si había una familia en mala situación monetaria, los vecinos trataban de ayudar. Era un ir y venir de dulcito de lechosa, de una tunja, de unos pastelitos, de unos huevitos, en fin, de menudencias, pero que en tiempos de fronda, caían muy bien y se agradecían.

En un tiempo muy duro para nosotros, llego el día de Pascua de Navidad y Vicentico González, (q.e.p.d.), nuestro vecino de enfrente, que sabía por lo que estábamos pasando, nos mando una bandeja llena de uvas, manzanas y peras, pan de jamón, una tunja divina, cubierta de caramelo, de las que hacían muy finas en La Guayra, junto con unas hallacas, una cena completa para esa noche... Nunca olvidaremos el noble gesto de este buen amigo, que a tiempo nos sirvió y que Dios seguramente lo recompensó con creces.

En La Guayra casi todas las casas tenían zaguán; las que no, tenían una romanilla que separaba el salón, de la calle. Encima de la puerta de adentro, un cuadrito con el Santo preferido de la familia, pernoctaba colgado de la pared, cuidando la casa. En muchas viviendas, detrás de la puerta de la calle, colgaba un casquillo y una matica de sábila para salvarse de las malas influencias. Las puertas tenían aldabas o aldabones con cara de leones; en nuestra casa se usaba una manito de cobre macizo, para tocar la puerta. Hacían las veces de timbre. Eran resabios heredados de la vieja España.

Una costumbre de esos tiempos era que, al mudarse una familia para un vecindario nuevo, se mandaba a ofrecer a los vecinos, y la persona que iba, al tocar la puerta decía:
"Tun, tun"; la gente desde adentro preguntaba: ¿Quién es? y le contestábamos: "Gente de paz", y enseguida nos abrían. Algunas puertas tenían un postiguito para ver quién llegaba. Al abrirnos preguntábamos por la señora de la casa y al atendernos, le decíamos que veníamos de parte de la familia tal, nuevos vecinos y que nos poníamos completamente a la orden.
Entonces la señora nos dispensaba una visita, que a su vez era prontamente correspondida y así empezaba una interesante amistad entre ambas. Ahora eso será visto, tal vez, como una ridiculez; pero eso no significa, sino que nos hemos deshumanizado, que aquella época fue más humana, había más respeto, más consideración, y más amor por los demás y por nosotros mismos. ¡Quién pudiera volver a nuestras viejas costumbres!

Los niños de esa época jugábamos al frente de nuestras casas y como las callecitas eran de piedra y el tráfico de autos era casi nulo, lo hacíamos sin peligro. Por nuestra calle El León sólo subían las carretas recogiendo la basura, vendiendo mangos y plátanos; el señor Manuelito con su mula repartiendo leche; el señor Santiago, repartidor de pan de la panadería del señor León Marcou, con su burrito cargado con dos sentones de pan francés, español e isleño, galletas de María, acemitas, etc. De vez en cuando subía un auto para llevar algún enfermo a Caracas. El doctor César Almaral, médico muy querido de La Guayra, humanitario, que visitaba todos los días a sus enfermos v los atendía con amor, tenía su auto
pero muy pocas veces lo usaba. Como casi nadie tenía transporte, usábamos los autobuses y el tranvía para ir a Macuto y Maiquetía y el ferrocarril para ir a Caracas. Cuando íbamos para Caracas, la familia iba a despedirnos a la estación, que estaba frente a la hoy en día oficina de correos y al lado de la plaza Bolívar de entonces y hasta llorábamos. ¡Cosas de esos tiempos!

Caracas, 29 de agosto de 1989.

LA GUAYRA: VIENTO VELOZ DE FUEGO por NIEVES ELENA BLANCO DE RIVERO by Yanka