EL Rincón de Yanka: DARSE

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jueves, 7 de mayo de 2026

LIBRO "ANTONIO MOLLE LAZO": MARTIRIZADO POR NEGARSE A BLASFEMAR, Y GRITAR EN CAMBIO, "¡VIVA CRISTO REY!" ✞

Antonio Molle Lazo 
(1915 - 1936) 
Juventud, ideales y martirio


El martirio de Antonio Molle es estremecedor, impresionante, impacta en lo más hondo de cualquier sensibilidad humana no endurecida y llega hasta lo más íntimo del alma cristiana. Me produjo una gran impresión interior la primera vez que lo leí completo y, desde entonces lo medité muchas veces.
Pero ahora, al relatarlo por escrito, he de decir que he llorado y he tenido que detenerme, y lo mismo al repasarlo. Las lágrimas me han brotado, abundantes: por una parte, por compasión hacia el sufrimiento humano del muchacho; pero, por otro lado, también por una bien entendida emoción religiosa.
He sentido de cerca el valor de Antonio y me ha conmovido el estar escribiendo una biografía de alguien ante quien me he sentido profundamente indigno, y he dado gracias a Dios por habernos regalado un joven de su talla, por habernos dado un modelo así a la Iglesia y, en particular, a los españoles.
Padre Santiago Cantera Montenegro, O.S.B.

"ME MATARÉIS, PERO CRISTO TRIUNFARÁ"

Yo era niño cuando mi padre me contaba la muerte heroica de Antonio Molle por negarse a blasfemar y gritar, en cambio, «¡Viva Cristo Rey!». Seguía yo siendo pequeño cuando en mi casa se rezaba a diario, al término del rosario familiar, la oración: «Señor, que dijisteis: a aquel que me confesare en la tierra ante los hombres, yo lo confesaré en el cielo ante mi Padre celestial», pidiendo por nuestra parte la glorificación de Antonio Molle y su intercesión en el cielo.

Pasaron los años y, siendo yo un muchacho espigado, tomé parte en la peregrinación venida a Jerez de la Frontera desde diferentes puntos de España, para asistir al traslado de los restos mortales de Antonio Molle desde ese cementerio a la iglesia del Carmen —también en Jerez—, donde reposan. ¡Cuántas emociones aquel día!

Ahora, ya viejo y caduco, me corresponde estar a la puerta de la autoridad eclesiástica pidiendo la apertura de su proceso de canonización. Siento igual fervor ahora que entonces, el mismo amor y respeto a la Iglesia. Pero con mayor conocimiento de la realidad histórica de la vida y muerte de Antonio Molle; y admiración por la limpieza de su alma, forjada en el amor a Cristo Eucaristía, a María su madre y a la Iglesia perseguida. Me llama la atención cómo Antonio se dejó llevar por la providencia divina. Su corazón generoso —sin duda, sede del Espíritu Santo— sabía marcar los pasos a seguir, sin cálculo o contabilidad de los riesgos y sacrificios.

No le importó sufrir encarcelamiento durante la II República, por lo que, llegado el Alzamiento de julio de 1936, rápido se presentó como voluntario para ir al frente para defender a España de los enemigos de Dios. Así es que, estando en este, aquel 10 de agosto de ese mismo año, 1936, cuando en Peñaflor se conoce que el pueblo va a sufrir un duro ataque de las numerosas fuerzas que vienen de Palma del Río, sus compañeros, requetés y guardias civiles, se retiran estratégicamente a la iglesia y al ayuntamiento, pero Antonio solicita permiso para cuidar personalmente del convento (Hermanas de la Cruz), situado a la misma entrada del pueblo en la dirección del peligro. Su defensa, su caballerosidad, su heroísmo y su muerte son conocidas y mejor explicadas en este trabajo que trae a la luz fray Santiago Cantera. ¡Sigue actuando la Providencia!

Aquella perla que brillaba en el mundo, Dios la escogió para sí, purificándola plenamente con la sangre del martirio.

Ahora, de la paz del claustro de Santa Cruz del Valle de los Caídos, viene la pluma de un monje que habla al mundo: «Escuchad: la paz verdadera está en Cristo, porque nace de su Amor». 
El martirio de Antonio Molle convirtió a alguno de sus verdugos. Hoy, su sangre, en justa memoria histórica, clama ante el Señor: 
«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Con nuestras obras hagamos eco al clamor de Antonio Molle, al morir gritando: «¡Viva Cristo Rey!». 
Que nuestra vida, en este mundo laicista que reniega de Dios, sea la de nuevos soldados de paz y amor, sin mirar los sacrificios.

Leamos las páginas de esta vida de Antonio Molle con la devoción que merecen y, después, dejemos que la Providencia y la mano de María nos guíen en el servicio de España, de una España para Dios.

Domingo Fal-Conde-Macías
Sevilla, 10 de agosto de 2008

A los 70 años de la muerte martirial de Antonio Molle Lazo —que entonces tenía 21 años— en la localidad sevillana de Peñaflor, su figura cobre relevancia hoy de nuevo e incluso un nuevo valor. Adquiere valor de nuevo, porque la grandeza de las almas cristianas más generosas crece con el paso del tiempo. Y es precisamente pasado un tiempo, cuando mejor aún se puede comprender su magnitud ante los hombres como manifestación del Amor providente de Dios y ofrece, además, un nuevo valor, porque, en me- dio de la crisis de valores y de referentes que sufre actualmente la juventud —de un modo particular la juventud española—, el ejemplo de este muchacho andaluz de corazón puro, de pensamiento claro, de alma limpia, delicado con sus compañeros, con sus formadores y con sus padres, 

entregado a unos ideales que consideraba justos, verdaderos y rectos, y, finalmente, muerto por confesar a Cristo tras un durísimo calvario de crueles tormentos, se impone como un modelo ejemplar, digno de imitación para los jóvenes. Asimismo, considerando que Juan Pablo II quiso impulsar de nuevo las causas de los mártires españoles de 1934 y de 1936-39, que deseó proponer modelos de seglares santos y, singularmente, de algunos comprometidos en la acción pública y aun política, la figura de Antonio Molle reúne también las  mejores condiciones. Ante todo, nos parece que se trata de un modelo para los jóvenes: rico en virtudes, entregado a unos ideales y decidido a la hora de dar la vida por confesar su fe. No es un joven ñoño, si bien en los años de su primera educación de infancia, cabría descubrir algunos aspectos que, tal vez, pudieran darnos tal impresión, debido a la enseñanza propia de la época. 

Muestra virtudes vividas en un alto grado: el amor filial a sus padres, el compañerismo, el vencimiento de sí mismo, la diligencia en el trabajo, la honestidad, la guarda de la castidad y la pureza, el patriotismo, la devoción sincera, la fortaleza y la decisión ante la adversidad, la esperanza religiosa… y una fe inquebrantable hasta el martirio. Por otro lado, encontramos también en Antonio Molle la entrega generosa a unos ideales que, siendo fundamentalmente de base religiosa, llenan su vida; y esto es algo propio de una edad juvenil vivida en plenitud. 

Este libro no es —ni pretende ser— una apología del carlismo o tradicionalismo español, ni está escrito con una intencionalidad política. Independientemente de cuál sea el posicionamiento particular de quien escribe las presentes páginas hacia esta doctrina que, como se verá, no solo es política, lo que desea el presente libro es proponer la figura de Antonio Molle como modelo para los jóvenes y promover su conocimiento entre el mayor número posible de lectores, para destacar sus virtudes cristianas y su muerte martirial y, en consecuencia, favorecer en lo que esté en mi mano su proceso de beatificación y canonización. Ahora bien, lo que sí queremos pedir al lector es capacidad para acercarse a comprender, al menos escuetamente como aquí lo hacemos, lo que significaba en los años de Antonio Molle el tradicionalismo carlista. De otro modo, será muy difícil, por no decir imposible, entender del todo bien su figura. 

Presentamos a un joven entregado a unos ideales,  a los cuales no exigimos necesariamente la adhesión del lector: lo que nos importa en esta obrita es el modelo de ese joven, adherido, él sí, a esos ideales que juzgaba verdaderos y justos. De otra parte, cuando aludimos a que Juan Pablo II ha deseado modelos de católicos dedicados a la vida política y elevados a los altares, nos parece que el caso de Antonio Molle reúne bien tales condiciones. Una vez más, advertimos que en el presente libro no tratamos de proponer el tradicionalismo carlista en sí, sino el ejemplo particular de Antonio Molle, quien se adhirió a un pensamiento y un movimiento en nada incompatibles con la fe católica y con la Doctrina Social de la Iglesia; es más, se hallan profundamente inspirados en ellas.

Al cabo de 70 años de su muerte —hoy en día el carlismo no goza en España de la fuerza que en aquellas fe- chas tenía—, parece seguramente, más fácil e imparcial promover su elevación a los altares. Sin duda, ese paso del tiempo ha posibilitado también la glorificación del beato Carlos de Habsburgo, el último soberano del Imperio austrohúngaro, y de los mártires cristeros mexicanos, entre ellos, la impresionante personalidad del beato Anacleto González Flores, fundador de la Unión Popular. 

¿Cuántos reyes santos hay en la Iglesia católica y no son un problema para la acción espiritual de esta? ¿O qué decir de santo Tomás Moro? Por eso, pensamos asimismo que no existen objeciones verdaderas que plantear hoy, en ese sentido, a la beatificación y a la canonización de Antonio Molle. Más aún si se tiene presente que, de los 971 carlistas asesinados entre 1936 y 1939 en las tierras del antiguo Reino de Valencia (provincias de Valencia, Castellón y Alicante) por su fe católica y con frecuencia también por su militancia tradicionalista, de todas las clases sociales y con unas edades de entre 15 y 90 años, son ya 30 (25 varones y 5 mujeres) los que han sido beatificados. 

Ciertamente, nada más comenzar la guerra civil española el 18 de julio de 1936, se dispuso como soldado requeté a defender la religión católica frente a la persecución que sufría. Su entrega fue generosa y decidida. No se le puede recriminar que tomase las armas, por varios motivos: porque la doctrina católica considera positivamente, desde muy antiguo, el concepto de la guerra justa; porque ha habido muchos santos guerreros (san Fernando, san Luis de Francia, etc.) y promotores de las cruzadas y de órdenes militares en la historia (san Bernardo de Claraval, san Raimundo de Fitero, etc.); y porque en 1936 fue el propio episcopado español quien consideró justa la causa del Alzamiento Nacional. En consecuencia, nada se puede recriminar a un joven seglar que actuó conforme a su conciencia y a lo que la Iglesia misma en España dijo.

Aún más, casi recién iniciada la guerra y evitando, con sabia diplomacia, prematuros compromisos políticos, Pío XI no dudó sin embargo en bendecir a tantas personas que, como Antonio Molle, habían salido a defender la fe en los campos de batalla: Sobre toda consideración política y mundana, Nuestra Bendición se dirige de una manera especial a cuantos se han impuesto la difícil y peligrosa tarea de defender y restaurar los derechos y el honor de Dios y de la Religión, que es como decir los derechos y la dignidad de las conciencias, la condición primera y la base segura de todo humano y civil bienestar. Todo ello sin olvidar bendecir asimismo a «todos aquellos otros que también son y permanecen siendo hijos Nuestros», a pesar de sus actos persecutorios contra la religión (Alocución a los obispos, sacerdotes, religiosos y seglares prófugos de España, 14-IX-1936). 

Por otro lado, Juan Pablo II ha elevado a los altares a personas que combatieron y que murieron martirialmente en medio de conflictos que tenían un matiz esencial de lucha en defensa de la religión, como fueron las guerras de la Vendée durante la Revolución Francesa y las guerras cristeras en México en la primera mitad del siglo XX. Movimientos ambos, por cierto, con muchas similitudes respecto del tradicionalismo carlista español. 

En el caso de Antonio Molle Lazo, por otra parte, la muerte martirial es clarísima, nítida, evidente a más no poder. Fue apresado en combate, pero no murió en combate, sino ya en condición de prisionero. Los sufrimientos que padeció en los tormentos que le causaron sus verdugos siguen siendo aterradores a nuestros ojos y los afrontó de lleno, con fe religiosa y por puro amor a Jesucristo Rey; se los infringieron por odio a la fe, porque intentaron que apostatara de ella y él se negó. Y como permaneció firme en su amor a Cristo, le produjeron por fin la muerte, mientras él se identificaba completamente con su amado Redentor y emitía con todas sus fuerzas su último «¡Viva Cristo Rey!». 

El martirio de Antonio Molle es estremecedor, impresionante, impacta en lo más hondo de cualquier sensibilidad humana no endurecida y llega hasta lo más íntimo del alma cristiana. Me produjo una gran impresión interior la primera vez que lo leí completo y, desde entonces lo medité muchas veces. Pero ahora, al relatarlo por escrito, he de decir que he llorado y he tenido que detenerme, y lo mismo al repasarlo. Las lágrimas me han brotado, abundantes: por una parte, por compasión hacia el sufrimiento humano del muchacho; pero, por otro lado, también por una bien entendida emoción religiosa. 

He sentido de cerca el valor de Antonio y me ha conmovido el estar escribiendo una biografía de alguien ante quien me he sentido profundamente indigno, y he dado gracias a Dios por habernos regalado un joven de su talla, por habernos dado un modelo así a la Iglesia y, en particular, a los españoles. Este es, posiblemente, el libro más sencillo de cuantos hasta el momento he escrito, pero creo que, sin embargo, es el que mayor y más profunda impresión me ha causado, debido al martirio del joven requeté. Medito con frecuencia este acontecimiento, a la vez doloroso y glorioso, y se enardece mi fe. Muchas veces lo tengo presente al ir a comulgar: altísimo Sacramento de la Eucaristía, pienso también en Antonio Molle, subido y abrazado con Él en la cruz.

Oda a Antonio Molle Lazo, 
mártir de España

En Hispania inmortal, de María tierra electa, germina una nueva gesta.

De la cristiandad en sus entrañas, esplende del ruedo ibérico, 
de la Fe un gladiador.
Gesta martirial bravía de la Gloriosa Cruzada, 
gestada con ardor en agosto abrasador.
En Peñaflor abrasan las casas blancas, vivas de cal, 
de fuego grana y gualdo arde su corazón.
Desde el lagar martirial bombea al orbe cristiano 
latidos por Cristo Rey de amor apasionado.

Alma del cielo dilecta, sufre con espanto la blasfemia, 
coraje numantino, custodia la Santa Fe.
A altísimo precio la tasó, la savia de su vida en flor, 
en vasija rebosante, por Amor se desbordó.
Pasto tierno de dentelladas fieras, crueldad atroz 
de enemigos de España y de la eternal mansión.
Orejas mancebas mutiladas de un tajo, 
guillotina punzante de acero certero y feroz.
De cuajo le arrancaron los ojos, sangrante zafiro puro, 
verdugos ávidos de sangre virginal.
Con saña descarnaron sus fosas nasales, 
desfigurando las alimañas su fisonomía casta.

No se amilanó un ápice ante la muerte cierta, 
cuál Miura negro, miró de frente al encaste.
Con el capote martirial ensangrentado a Cristo 
brindo su vida por celestial montera.
Gemía de gozo y su voz descuartizada rasgaba 
el cielo turquesa de España: “¡Viva Cristo Rey!”
¿En qué manantial se cultivó en 21 primaveras 
esta perla fina de heroísmo tan señera?
Fusta repujada de excelso talle desde la cuna 
por el Cielo predilecta y amada.
Infante, ramiro fiel y dócil cordero, 
mullido reposa en el redil del Buen Pastor.
En verdes majadas encontró el cobijo santo 
al calor de Cristianas Escuelas.
Sorbió ávido licor, néctar y ambrosía, 
libando del cáliz de la perenne doctrina.
Diamantina caridad, humilde y mansa, 
vereda de hagiografía certera.
Dulce temple de terciopelo exquisito en vasija recia, 
dura como el ruejo.
De amor prematuro con premura por ósmosis 
imantado a congregaciones pías
Se fue forjando en aurero crisol el hombre y
 tejiendo de espinas el cilicio de su vida.

El amor desbordante a Cristo y su realeza 
conquistó la principalía en su corazón.
Carmelita terciario hizo del Escapulario milicia y Tercio, 
coraza invencible del guerrero.
El Santo Rosario, valioso caudal, 
aroma de virginal deleite y fiel camarada.
Émulo de San Juan Berchman, obediente 
cual flamenco jesuita en versión andalusí.
Congregante y colegial modelo, viril e 
intransigente con la malicia montaraz.
Flagelo del blasfemo fiero, protector del débil, 
guardián del pobre y centinela.

Becario ferroviario, arduos sudores bajo el sol de metal, 
a Dios propicio y escaso el pan.
Ambiente hostil de hordas rojas, pureza de armiño, 
entre lobos carniceros.
De bruces en la calle y sin trabajo, 
escribiente en vinícola penumbra de bodega añeja.
Taquillero en el teatro de los sueños, 
ensoñación de mansiones celestes.
Apóstol de la Sagrada Eucaristía, 
adalid de las sanas costumbres.
Su mirada fontana de rocío cristalino, 
deportista audaz, patrón de santa eutrapelia.

Idilio tempranero con la Hispana Tradición, 
presto se afilió a las carlistas huestes.
Mesnada de Cristo hizo de la Cruz de Borgoña 
estandarte y de la Patria blasón.
Privado de Santa Misa, su bálsamo el Rosario, 
los libros devotos su panacea.
Leía hazañas de mártires para cincelar 
con su sangre joven a pulso página nueva.
Sublimada su inocencia, se fue en su adolescencia, 
caballero para la eternidad.
Vestiduras radiantes como el sol, 
de la sangre del Cordero batanero.



Antonio Molle Lazo, breve biografía. Por el Prof. Miguel Ayuso Torres

sábado, 21 de marzo de 2026

PELÍCULA "CERCA DE TI" (NOWHERE SPECIAL) 2020 BUSCANDO A ALGUIEN MUY ESPECIAL 👨💞👦


CERCA DE TI 
(NOWHERE SPECIAL) 2020
BUSCANDO A ALGUIEN 
MUY ESPECIAL

👨💞👦

"Mientras tratamos de enseñar a nuestros 
hijos todo acerca de la vida, 
nuestros hijos nos enseñan de qué trata la vida". 
(Angela Schwindt)

A sus 35 años, John, un limpiador de ventanas, cría solo a su hijo de cuatro años Michael. Su vida es simple y está en orden, pero todo su amor no será suficiente para evitar que le queden unos meses de vida. Durante el tiempo que le queda, intentará encontrar una familia que adopte a su niño para que este tenga una oportunidad.

Umberto Pasolini nos presenta su tercer largometraje basado en una historia real, la de un padre en fase terminal con un niño de cuatro años. El mismo ha escrito el guion. En su anterior película "Nunca es demasiado tarde" ya tocaba el tema de la muerte. La cinta nos llega con bastante retraso a la cartelera, después de formar parte de la Sección oficial del Festival de Cine de Valladolid (Seminci) en la edición del año pasado, donde obtuvo el Premio del Público.

Nos cuenta la historia de John, un limpiador de cristales sin más familia que su pequeño, cuando se entere que padece una enfermedad terminal, hará todo lo posible para buscar un hogar para su hijo. John durante la película pasa por varias etapas en su búsqueda, un de ellas son las breves entrevistas a posibles familias adoptantes sin que su hijo sepa qué ocurre y con la ayuda de un asistente social.

El padre se pasa toda la película preparando a su hijo para el fatal desenlace, le hace una caja de recuerdos para que la vea cuando él no este. A pesar de que la situación donde se ubican los protagonistas es muy dramática, el director intenta en todo momento evitar el melodrama y el sentimentalismo, mostrándonos todo de una manera sutil y directa. La película desprende una belleza descomunal, la relación entre padre e hijo es espectacular y los dos nos regalan unas interpretaciones inmensas. El niño lo interpreta el actor Daniel Lamont y el padre es interpretado por James Norton.



VER+:



domingo, 8 de marzo de 2026

DON VENERABLE BALTASAR PARDAL VIDAL Y LA GRANDE OBRA DE ATOCHA DESDE LA CORUÑA AL MUNDO 🏫💕👦👧


DON BALTASAR PARDAL VIDAL 
 Y LA GRANDE OBRA DE ATOCHA
DESDE LA CORUÑA AL MUNDO

Don Baltasar Pardal Vidal nace en Santa Cristina de Fecha (A Coruña), el 18-08-1886, en el seno de una familia humilde pero firmemente basada en los valores cristianos, vividos con una fe sencilla. Era el tercero de cuatro hermanos. Su padre tuvo que emigrar a Buenos Aires para sostener a la familia. Su madre fue la responsable de la educación de sus primeros años.

D. Baltasar decía de su madre: “Mi primera maestra, que sin saber de letras, me ha enseñado una ciencia que en ningún libro he podido hallar”. Al calor de este Hogar nació su vocación al sacerdocio. Ayudado por su Familia y por su Párroco, ingresó en el Seminario de Santiago de Compostela en 1900. El joven Baltasar debía hacer a pie el camino que separaba su casa del Seminario… muchas de las veces, con los zapatos en la mano para no gastar las suelas.

El 17 de diciembre de 1910 es Ordenado Sacerdote, (su padre acababa de fallecer) y celebró su Primera Misa al día siguiente ofrecida por él. El día de su ordenación expresa: “Madrugué y me dirigí al Sagrario, donde, postrado me entregué al Señor, como un niño que se ve ante algo muy grande que le asombra y no sabe qué decir, sino creer y confiar en Él”.
El 1 de Junio de 1912 es nombrado Coadjutor de la parroquia de Sta. María del Azogue de BETANZOS (A Coruña). Allí descubre el valor del “trabajo en equipo” y “se acrecienta su vocación por el Catecismo”. 
El 12 de Febrero de 1913, es nombrado Coadjutor de la Parroquia de S. Nicolás de A Coruña, en la que se encargará de la catequesis de niñas en la Capilla de Atocha, germen de sus fundaciones: La Grande Obra de Atocha -fundada el 30 de agosto de 1923- y el I.S. Hijas de la Natividad de María.

El Carismático catequista de multitudes, fue nombrado Moderador del Catecismo y Visitador de la Doctrina Cristiana para la Archidiócesis Compostelana, el 5 de abril de 1933.
Durante cuarenta y cinco años desempeñó también el cargo de Magistral de la Real e Insigne Colegiata de Sta. María del Campo de A Coruña.

Fallece el 3 de marzo de 1963 y es enterrado en el Salón-Capilla de su querida Grande Obra. En la lápida de su sepultura pueden leerse sus palabras: “Mi deseo es quedar entre los niños para continuar haciendo con ellos las Visitas a Jesús Sacramentado”.
El día de su funeral el Cardenal-Arzobispo de Santiago, Mons. Quiroga Palacios, expresó: “Como corriente de agua suave y silenciosa, así pasó su vida Don Baltasar Pardal. No nos hubiéramos dado cuenta de que él pasaba si no fuera por la vegetación exuberante que iba produciendo en las riberas; por los frutos granados de su paso por la vida. Él, callado y silencioso; él, humilde y recatado. Pero sus obras estaban allí. Unas obras que eran hijas de él ciertamente, pero que eran hijas ante todo y sobre todo de Dios nuestro Señor, con el cual él se había unido y que fecundaba maravillosamente sus actuaciones…”


La causa de canonización de Don Baltasar se inició en octubre de 1996 y el 30 de noviembre de 2001 tuvo lugar el acto de clausura de la FASE DIOCESANA del PROCESO, presidido por nuestro Arzobispo Don Julián Barrio.
En 2005, es firmada, en Roma, la POSITIO, con la que queda cerrada y aprobada la CAUSA de BEATIFICACIÓN por la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos.
El 10 de mayo de 2012 es declarado Venerable por el Papa Benedicto XVI.

Estamos a la espera de la confirmación de un MILAGRO para su beatificación, cuya documentación fue enviada a Roma en enero de 2023.


"Dios Todopoderoso, que has dotado a tu siervo Baltasar, 
Sacerdote, de dones especiales en la enseñanza del Catecismo, 
Fundador de La Grande Obra de Atocha, 
y del Instituto Secular Hijas de la Natividad de María. 
Glorifica a tu siervo que dedicó su vida 
al servicio de los más humildes, 
y a la educación de la infancia y juventud. 
Haz que seamos, como él, 
testimonio de amor ardiente a la Eucaristía, 
a María, a la Iglesia, a los pobres, 
y de entrega gozosa al anuncio del Evangelio. 
Concédenos por su intercesión el favor que te pedimos 
(aquí se menciona la petición). 
Por Jesucristo, nuestro Señor".



“Todos hemos nacido para glorificar al Señor”.
“Sean santos muy alegres como aleluyas de Resurrección”.
“San Pablo dice que debemos llevar el buen olor de Cristo por todas partes: ¡llenad el mundo de alegría!”.
“Sed aleluyas de Resurrección, portadoras de esperanza, de buen humor, de optimismo e ilusión”.
“Dios se vale de la pequeñez, para hacer cosas grandes”.
“Nunca Dios apareció tan grande y admirable como cuando apareció más pequeño”.
“El Señor infunde el espíritu de fe en los sencillos y humildes, en los que se hacen como niños”.
“Nada hay tan grande en el mundo como el corazón de los niños”.
“La oración todo lo alcanza”.
“El mundo se salvará por la Eucaristía”.
“No hay fortaleza como la confianza”.
“El amor es la llave prodigiosa que abre los corazones”
“El amor no sabe vivir sino comunicándose”.
“La Eucaristía es nuestro norte, Jesús Sacramentado es nuestro ideal; vivir en Él y por Él mediante la Comunión es nuestra dicha”.

HISTORIA DE LA GRANDE OBRA DE ATOCHA 


Los inicios 

Para entender todo lo que rodea a La Grande Obra de Atocha, es necesario situarla geográfica y temporalmente. Su nacimiento en 1923 viene precedido de las circunstancias históricas de la época. Se desarrolla en un país sumergido en las desigualdades sociales que vienen marcadas tanto a nivel interno, con el desigual desarrollo de las distintas zonas, como a nivel externo, comparando con el resto de Europa y América. Todo esto da lugar a movimientos migratorios del campo a la ciudad y de España a América, generados todos ellos por buscar un futuro mejor. Estos cambios van a tener como consecuencia nuevas estructuras sociales marcadas generalmente por las nuevas formas de vida de las ciudades, que han acogido a gran cantidad de individuos en poco espacio de tiempo. Dentro de este panorama, la instrucción elemental no era un problema prioritario, y aunque ya venía arrastrado desde el siglo pasado, es ahora cuando se le intenta poner remedio. 

Con la llegada del siglo XX llegan tentativas de mejorar la situación, comenzando con la aparición del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1900 y siguiendo con nuevos planes; que aunque con buenos propósitos, con poca repercusión en la mayoría de la población que está sumida en la pobreza e incluso en el hambre. Pese a que con la instrucción de la población se busca una mejora en la sociedad, hay dos estamentos como son la Iglesia y el estado que buscan este fin, pero por caminos paralelos y muchas veces enfrentados. Dependerá del gobierno de turno que tenga más peso uno u otro, dando lugar a diferentes modificaciones legislativas que buscan el mismo fin pero con distinto enfoque. Esta situación que ya venía dándose al entrar en el siglo, seguirá repitiéndose durante toda la historia de la Grande Obra de Atocha, haciéndose especialmente visible en los años de la II República y en los posteriores con la dictadura. 

Centrando el estudio en La Coruña, que es el lugar dónde surge la Grande Obra de Atocha, el panorama es semejante al del resto del país. La ciudad ha recibido masas de población procedentes del campo, la vida del asalariado no le permite pensar en la educación como algo prioritario, los centros educativos son escasos y los locales y la formación de los maestros bastante precarios. 
La ciudad tiene un gran número de niños sin escolarizar y aun así el número de plazas es escaso. Desde la corporación municipal se pretende poner arreglo al problema del analfabetismo, pero los intentos, aunque loables, son escasos y se centran en la instrucción elemental de la población en edad escolar. En 1913 llega a la ciudad un joven sacerdote, Baltasar Pardal Vidal, procedente de Betanzos donde ha pasado solamente un año y que fue su primer destino después de salir del seminario compostelano. 

Llega concretamente a uno de los barrios menos afortunados a nivel económico, cultural, etc. y abundante en cuanto a desestructuración familiar, precariedades: es el barrio de Atocha. En este barrio, la instrucción era uno de los menores problemas para sus habitantes, ya que tenían necesidades más básicas que cubrir, como el comer Pardal está encargado de la catequesis de un grupo de niñas en una pequeña y casi derruida capilla, la Capilla de Atocha. Son estás vivencias las que le hacen pensar en buscar una solución que ayude a ese barrio a progresar. Desde el catecismo, funda una biblioteca para enseñar a leer y escribir a la vez que pueda proporcionar cultura. 

Después le rondará la idea de hacer algo más grande para poder atender también a las mujeres adultas que tienen aun más difícil que las niñas el acceso a la instrucción. No con pocos inconvenientes, planifica lo que será luego La Grande Obra de Atocha, Institución Benéfica dedicada a los niños, niñas y mujeres con pocos recursos. Aunque con escasez de medios económicos logrará fundar la Institución el 30 de agosto de 1923. A partir de ahora ya comienza la historia de la Grande Obra de Atocha, Institución de carácter católico, que tendrá más o menos facilidades o dificultades para caminar dependiendo de la ideología del gobierno o del régimen de cada momento. Su fundación en los años 20 le ayudan a tener una trayectoria floreciente, pero una vez llegada la II República pasará por grandes obstáculos e incluso será clausurada, hasta que de nuevo abre sus puertas en enero de 1935 y así continúa hasta nuestros días. 

De La Grande Obra de Atocha a las Hijas de de la Natividad de María. La Grande Obra de Atocha es una obra benéfica nacida en La Coruña en 1923 en uno de los barrios, por aquel entonces más desfavorecidos. Obra soñada y fundada por Baltasar Pardal Vidal, un sacerdote diocesano, con el fin de educar y promocionar socialmente a la población y en especial a la mujer. 

Se llama Grande Obra de Atocha “porque es de los pobres y porque es de Dios” (Pardal, 1919) En esta obra, se empieza trabajando con las niñas y mujeres y es alrededor de la promoción de la mujer de donde surgen necesidades que luego verán soluciones. De esta manera crece el proyecto hasta llegar a los niños, jóvenes, etc., combatiendo con comida al hambre (tiene comedor gratuito), con instrucción al analfabetismo (imparte clases de adultas de primera enseñanza), con formación al desempleo (crea dentro del La Grande Obra, una sección denominada Universidad Popular Femenina con clases de costura, mecanografía, etc.), con cuidado a la falta de tiempo (abre grupos de niños pequeños con carácter asistencial )… y así como si de las obras de misericordia se tratara, atajando las dificultades sociales del barrio y la ciudad. 

Se comienza este sueño sin ningún tipo de recurso, don Baltasar era capellán de una pequeña capilla, ahora inexistente, situada en el barrio; que más que ingresos le daba problemas por las carencias que tenía. Fue la misma gente por la que luchaba, la que se unió a él para sacar adelante el proyecto. Los terrenos le son donados, los niños dan y buscan donativos para los materiales de construcción, los obreros cobran cuando pueden, etc. 
Después las niñas que tenía en catequesis en la vieja capilla, se embarcaron en su obra para llegar así más lejos, a más lugares y a más personas. 
Ellas son catequistas en la iglesia, maestras en la escuela, cocineras en el comedor y madres y hermanas en la calle. Y es precisamente en la calle donde las quiere Baltasar, entre la gente y con la gente y por eso cuando estas niñas, ya mujeres, deciden vivir en comunidad para seguir la obra de Pardal, este al que se dirigen como padre, no encuentra ningún tipo de institución eclesiástica en el que puedan encajar. 
Ya que los institutos seculares no se aprobarán hasta 1947 con la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia. Por lo tanto son un grupo de mujeres a las que se les conoce como señoritas de Atocha y que hoy conforman el Instituto Secular Hijas de la Natividad de María. 3. La Grande Obra de Atocha. La fundación de la Institución en La Coruña viene generada seguramente por las circunstancias del momento, Pardal se encuentra en ese lugar, y allí hay unas necesidades que él quiere remediar. Existía un solar en el barrio por el que se siente interesado, para levantar allí unos locales dedicados a la enseñanza y la promoción de los habitantes. 

Los recursos del sacerdote eran pocos, y los dueños del mismo se lo donan, con lo que a finales de 1918 se comienzan las obras. Estas avanzan como pueden ya que dependen de la generosidad de los benefactores. Al fin el 30 de agosto de 1923 se abre la Institución con un primer piso. Ya está abierta la Gran Iglesia, en el mes de octubre comienza a funcionar lo que se denominará Gran Escuela, luego la Gran Cocina y por fin el Gran Taller. Estos son los cuatro pilares fundamentales de la Grande Obra de Atocha, los que proporcionan un crecimiento integral ya que cubren tanto lo físico, como lo intelectual o espiritual. Este proyecto tiene una gran repercusión mediática y en dos años alcanza más de 1000 matrículas. Además crea una sección especial para adultas con diversas enseñanzas tanto de alfabetización como de formación profesional. 

Es visitada por Jefes de Estado y Gobierno además de otras autoridades y recibe donaciones y premios por la labor social que está haciendo. En 1931, con el cambio de régimen político, padece las consecuencias de la república, es desalojada, sufre intentos de incautación, sus miembros son perseguidos, etc. y aunque hay voces que reclaman su apertura, al final es clausurada hasta 1935. En enero de este año, reabre sus puertas con el mayor número de matrículas hasta la fecha, tanto en la escuela de párvulos y niños, como en las enseñanzas de adultas. A partir de este momento y con el nuevo régimen tendrá el apoyo gubernamental y estará a pleno rendimiento. Paralelamente al desarrollo histórico de la Institución fueron surgiendo los edificios que la albergan y las modificaciones llevadas a cabo para adaptarse a las nuevas demandas. Se encuentra ubicada la Grande Obra de Atocha en la denominada ciudad vieja, concretamente en el barrio de Atocha, situada entre las calles Campo de la Leña, San Juan y Atocha Baja.

En 1918 el fundador presenta el proyecto de obra al Ayuntamiento de La Coruña, en éste se plantea una edificación de escuelas que constaran de sótano, pisos de salones y vestíbulo, pabellón de aseos, cobertizos y un cierre exterior. Es aprobado el proyecto y se le condonan los pagos de derechos municipales por los fines que acoge. Comienza a trabajarse en las obras el 29 de diciembre del mismo año. Para la construcción se asesora también Pardal de Manjón, y así hace algunas adaptaciones a las ideas iniciales de edificación para adecuarse a la climatología de Galicia. 

A mediados de 1923 el edificio ya está preparado para poder ponerse en funcionamiento y es inaugurado el 30 de agosto, con una gran sala con capacidad para 2000 personas destinado a usos múltiples, con clases, salón de actos y capilla. A finales de año se termina el sótano, en el que se alberga un nacimiento que reproduce los lugares más significativos en la vida de Jesús con el fin de enseñar sagrada escritura y que desde entonces se mantiene permanentemente. 

En el año 1925 se lleva a cabo una ampliación, ya entraba dentro de los planes iniciales de Pardal, pero no es hasta ahora cuando se inaugura. Así a las dependencias del primer piso, se le suman cinco secciones que albergarán cuatro departamentos para estudios superiores y una sala de música. 

En 1928, de nuevo, se amplía el edificio con un pabellón que se une al principal y que se inaugura en el aniversario de la apertura del primer edificio, el 30 de agosto de 1929. Con posterioridad se seguirá agrandando, en 1940 adquiere cuatro inmuebles y un huerto que une a la edificación y en 1955, se construye un nuevo pabellón destinado a teatro. Después a mediados de los ochenta se construye un nuevo edificio. Para poder financiar las obras, Pardal edita un boletín mensual, la revista La Grande Obra de Atocha¸ que tiene como objetivo recaudar fondos. 
A través de esta publicación informa a los lectores de los avances en la construcción y de los donativos recibidos. 

La escuela. Baltasar Pardal, era un sacerdote, no un experto en pedagogía, pero despertó su interés por esta disciplina el hecho de tener un grupo de niñas de catecismo a las que tenía que transmitir además de valores cristianos, conocimientos. En la catequesis del momento, se seguía el método de Munich, semejante a la escuela activa de Dewey, que se difundió a través de los Congresos Catequéticos. Pero la realidad era que el niño seguía estando en un segundo plano en la transmisión del saber. Pardal estaba influenciado por los movimientos catequísticos del momento y en particular por Daniel Llorente y Andrés Manjón. Especialmente este último influyó en las maneras de hacer de Pardal, ya que se puede afirmar que fue su maestro en materia de maneras de enseñar. Antes de inaugurar la Grande Obra de Atocha, el sacerdote coruñés viajó hasta Granada para aprender del Manjón. Experiencia que luego repetiría con algunas de sus maestras después de abierta la institución.

El modelo pedagógico de La Grande Obra de Atocha, tiene su base en las escuelas del Ave María y los principios fundamentales son los mismos, centra el proceso en el niño, busca el aprendizaje activo, transmite conocimientos de manera lúdica, etc. Existen documentos que evidencian la relación entre ambos fundadores, pero es de especial importancia un manuscrito de Manjón dirigido a Pardal, a petición de este último, que se titula “Testamento de un maestro de maestros”. Esta carta, publicada en el Volumen II de las Obras Selectas de Andrés Manjón está compuesta por unas recomendaciones sobre educación, ciertamente con los tintes del catolicismo del momento. 

La visión del maestro, del niño y de la educación es semejante en los dos. La pedagogía pardaliana se basa en la enseñanza activa e intuitiva con un aprendizaje significativo e integral. Sigue además la misma ley de continuidad que Manjón en cuanto a formación; comenzando muy pronto, acabando muy tarde, siguiendo sin cesar, ascendiendo por grados, armonizando las fuerzas y aspirando a un fin. Para poder conseguir esto necesita tener unos maestros formados y comprometidos con el ideario que propone, por eso para su fundación, no busca solamente personas formadas, sino vocacionadas. 

La pedagogía pardaliana, por lo tanto podría resumirse como integral, eucarística, activa, creativa, innovadora, de la alegría, del hogar, personalizada, del testimonio, de la vida y para la vida, espiritual, eclesial y misionera, de los símbolos y de la presencia de Dios. La metodología que utiliza está basada en el juego, siempre que puede enseña de manera lúdica, algunos ejemplos cogidos de Manjón son la Rayuela para aprender historia, o el mapa de España para aprender geografía, que sitúa en el patio de recreo. Además de los estandartes, recursos visuales que le ayudan en las explicaciones. El carácter festivo, dentro de la pedagogía pardaliana tiene un espacio relevante, tienen lugar a lo largo del curso multitud de actos celebrativos, y dado el carisma católico de la Institución tienen especial importancia aquellos otros marcados por el calendario litúrgico. 

La organización, dentro de esta pedagogía, también es un punto fuerte. En todos los proyectos de Pardal existe un reglamento de funcionamiento que no deja lugar a actuaciones improvisadas, y en su pedagogía tampoco. Esta organización, como su obra, nacen del catecismo, así en su escuela rige el mismo reglamento que publica en 1933 para el catecismo en la revista que edita Daniel Llorente y que lleva por título “El A-Z” de la catequista. 

La Grande Obra de Atocha y la mujer. El fin principal de La Grande Obra de Atocha, es la promoción social de la mujer, que será según Baltasar Pardal, la base para promocionar la familia y la sociedad. El motivo por el cual Pardal se preocupa especialmente de la mujer no se conoce, pero seguramente parta de las carencias que veía en las niñas del catecismo.

El primer intento que tiene de solucionar el problema es por medio de la biblioteca del catecismo. Allí enseña a leer y a escribir, además de ofrecer lecturas adecuadas para contrarrestar las poco piadosas que aparecían en folletos gratuitos que se repartían por el barrio. Las ideas de Pardal van evolucionando progresivamente hasta dar cabida en la institución a niñas, mujeres y varones. La asistencia de las niñas a clase depende de las obligaciones que tienen, y una importante es cuidar de sus hermanos o hijos, cosa que les impide disponer de un tiempo que dedicar a su formación. 

Este es el motivo por el que el fundador abre grupos de niños pequeños que el único requisito que deben cumplir es expresar sus necesidades físicas, por lo que sobre el año y medio de edad ya asisten al centro. Mientras los niños pequeños están atendidos, las niñas y jóvenes pueden asistir a las clases. Otra dificultad para acudir es la incompatibilidad con la jornada laboral, en el caso de las mujeres más adultas. Para paliar esto se crean las clases de adultas, enseñanzas impartidas en horario nocturno con el fin de ayudar a la alfabetización en algunos casos y de dar una formación profesional en otros. Así en los espacios destinados por el día a atender a las más jóvenes, se atiende por la tarde a las adultas, creando con ello todo un sistema de educación adaptado a las necesidades del barrio. 
En el curso 1927/28, se inaugura lo que Pardal denomina Universidad Popular Femenina. Dentro de estas enseñanzas entran todas las destinadas a adultas y comprenden: alfabetización, costura, mecanografía y taquigrafía, preparación para acceder a la Normal de maestras, música, comercio, etc. con el fin de preparar a la mujer para que pudiera acceder a encontrar un trabajo y mejorar su calidad de vida.

Objetivos iniciales de La Grande Obra de Atocha.

Partiendo de las necesidades del barrio, Pardal se marca unos objetivos prioritarios en su obra que podemos concretar como: - Promocionar socialmente a la mujer - Disminuir el analfabetismo femenino. - Repercutir por medio de la mujer en la sociedad. - Y hacer de La Grande Obra de Atocha una institución dedicada principalmente a la mujer.
Promocionar socialmente a la mujer. En el libro de registro de matrícula de la universidad popular femenina de La Grande Obra de Atocha aparecen matriculadas 2611 alumnas con edades entre los ocho y los sesenta años. La mayoría asisten para aprender una profesión como costura, bordado, mecanografía, magisterio, etc.

Disminuir el analfabetismo femenino.

A principios del siglo XX el analfabetismo llegaba a la mayor parte de la sociedad, pero sobre todo a las mujeres; es por esto que Pardal pretende equipararlas al hombre ofreciendo instrucción primaria. Hay estudios que demuestran que en los años de actividad de instrucción primaria para adultas en el centro, el analfabetismo en el barrio de Atocha disminuyó hasta niveles superiores a la media de la ciudad y el país. 
Repercutir por medio de la mujer en la sociedad. La información más antigua que se ha encontrado es la que aparece en un calendario de 1929, en la que se hace balance del movimiento escolar desde la apertura de La Grande Obra de Atocha en 1923. Aquí podemos apreciar el número de clases y de matrículas, pero no se distingue entre niños y niñas.

«Don Baltasar: 
la mirada de un niño con sueños de sacerdote, catequista y educador» 
conferencia impartida por el sacerdote D. Luis Alejandro Salas Araque, antiguo alumno de la Grande Obra en Venezuela.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

EL MÁRTIR ANTON SCHMID: "YO SOLO ACTÚO COMO UN SER HUMANO QUE NO QUIERE HACER DAÑO A NADIE"

El sargento Anton Schmid 
(9 de enero de 1900 - 13 de abril de 1942).
Anton Schmid era un devoto pero apolítico católico romano y electricista de profesión, que fue reclutado en el ejército austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial y en la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial, pero no se esperaba que sirviera en el frente debido a su edad.
Al principio estuvo destinado en Polonia y Bielorrusia. A finales de agosto de 1941, después de la invasión de la Unión Soviética, fue transferido al Batallón Landeswehr 898 en Vilna, entonces parte de la zona de ocupación alemana del Reichskommissariat Ostland. Schmid fue reasignado a una oficina llamada Feldkommandantur 814, cuyo personal se encargó de recoger a los soldados alemanes que habían sido separados de sus unidades y reasignarlos. Aunque el sargento Schmid interrogaba a los soldados estrictamente, simpatizó con ellos (muchos de ellos sufrían de fatiga de combate) y evitó acusarlos de delitos bajo la ley militar alemana, como la deserción o la cobardía frente al enemigo, lo que hubiera tenido como resultado una corte marcial y la pena de muerte.

Comenzó a ayudar a los judíos después de ser abordado por dos suplicando su intercesión. Schmid escondió judíos en su apartamento, obtuvo permisos de trabajo para salvar a los judíos de la masacre de Ponary, transfirió judíos en camiones de la Wehrmacht a lugares más seguros y ayudó al gueto de Vilna. 
Se estima que salvó hasta 300 judíos antes de su arresto en enero de 1942. Schmid fue sometido a un consejo de guerra por proteger activamente a los judíos, condenado a muerte y fusilado el 13 de abril de 1942.
Fue uno de los tres únicos soldados de la Wehrmacht que fueron ejecutados por ayudar a los judíos.

El escritor y cazador de nazis Simón Wiesenthal ha reproducido declaraciones de judíos de Vilna en las que se refirieron al cabo Anton Schmid:

"Bajo un riesgo absoluto entraba en el ghetto para llevar alimentos a los hambrientos judíos. En sus bolsillos escondía mamaderas con leche para los bebés. El sabía que en los bosques había judíos escondidos y se preocupó por hacerles llegar alimentos y medicamentos así también como armas de la Wehrmacht para que defendieran sus vidas. Hasta prestó su casa para refugiar a perseguidos”. Judíos de Vilna

En un documento de judíos perseguidos se informa que:

“Anton Schmid hizo todo sin esperar agradecimiento. Lo hacía de pura bondad. Para nosotros, ese hombre alto, delgado, tranquilo, en su uniforme de soldado alemán era algo así como un santo”. 
En las cartas que escribió a su mujer Steffi y a su hija Grete esperaba ya su rápido fin, pero lo explicaba diciendo que no podía de otra manera, que poseía un “corazón demasiado blando”. Judíos perseguidos

Sargento de la Wehrmacht (nombre de las fuerzas armadas alemanas por el régimen Nazi, encuadraba las Waffen-SS), fue testigo de la persecución y hacinamiento de los judíos en Ghettos, y del asesinato de cientos de ellos. Schmid, escribió una carta a su mujer, describiendo su horror ante la visión de los crímenes en masa; ¿Sabes lo que es eso para mi corazón?, no puedo pensármelo, debo ayudarles. Salvó la vida de miles de judíos y solo proclamaría:
"Yo solo actúo como un ser humano que no quiere hacer daño a nadie". Anton Schmid

Alemania rebautizó, la base militar de Feldwebel, con el nombre de Anton Schmid, en honor a su valentía. En Viena hay una calle con su nombre.
En 1964, más de 20 años después de su muerte, el estado de Israel y el Yad Vashem, le otorgaron el titulo de Justo entre las Naciones, por su conducta humanitaria, por su heroísmo, y por su valentía. Nunca se hubiera conocido la historia de Anton Schmid, de no ser por los que le deben sus vidas.

Anton Schmid usó su uniforme para salvar 300 vidas 
en el gueto de Vilna sabiendo que le costaría la suya. 
Una historia real de coraje imposible.