EL Rincón de Yanka: MISANTROPÍA

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jueves, 13 de abril de 2017

ÁLEX LACHHEIN: LA IDEOLOGÍA ANIMALISTA MARXISTA ES MISÁNTROPA


El naturalista Álex Lachhein explica en La Contra TV qué hay tras esta ideología. El animalismo, de origen marxista, otorga «derechos a los animales» y se los niega a ciertos humanos. Este naturalista explica en La Contra TV la relación entre el animalismo y el marxismo


El mensaje de que los animales tienen derechos y que deben ser tratados a este respecto como si fueran seres humanos va calando en la sociedad tras años de bombardeo ideológico. Unos por sentimentalismo, pues ya no es infrecuente que las mascotas estén empezando a sustituir a los hijos y sean tratado como tales, y otros por ideología. Pero el objetivo final es “socavar los cimientos de esta civilización” a través del marxismo cultural que se esconde detrás.

Quien hace esta denuncia es el naturalista Álex N. Lachhein, que lleva toda su vida con animales y dedicándose a la divulgación de la naturaleza, siguiendo los pasos del pionero en España, Félix Rodríguez de la Fuente. Pero su amor por los animales es tan firme como su lucha contra la politización de esta causa y por ello denuncia lo que él denomina lo “políticamente correcto” que impide decir ciertas cosas.



Empeñado en despolitizar la defensa de la naturaleza



Y para ello denuncia en una interesante entrevista con La Contra TV la profunda carga ideológica y el objetivo de controlar el presupuesto público que intenta conseguir el ecologismo político y el animalismo. Y para esta causa titánica tiene como altavoz el programa Cuarto Milenio, dirigido por Iker Jiménez, otro enemigo de la corrección política.

Como colaborador del programa ha ido desmontando los principios de estas ideologías, lo que le ha granjeado grandes enemigos, motivo por el cual ha recibido numerosas amenazas.

El eugenista Peter Singer, referente del animalismo

Explicando la creciente influencia, al menos en los medios, del animalismo, Álex Lachhein explica en esta entrevista que el principio básico es que “los animales tienen derechos”. Y puso como ejemplo a Peter Singer, filósofo utilitarista y referente del movimiento animalista, al que “tienen en un altar” pese a que “hace apología de hasta la eugenesia”. De hecho, una de sus citas más conocidas es que “no parece muy sensato aumentar el consumo futuro de recursos limitados permitiendo que aumente el número de niños con deficiencias”.

Viendo cuál es el referente del animalismo se puede entender mejor un vídeo que se hizo viral en el que una simpatizante del partido animalista PACMA criticaba que nadie le hubiera dado el pésame por la muerte de su mascota mientras si se lo daban a la familia de Víctor Barrio, torero que murió corneado.

"Los animales no tienen derechos porque no pueden tener obligaciones"

Aclarando esta cuestión, este naturaliza explica a La Contra TV que “los animales no tienen derechos porque no pueden tener obligaciones”. Para que esto pueda ser entendidos por todos afirma que “los derechos son una cosa de la sociedad humana y creada por humanos. Tú no puedes decir a un león que no puede comerse a una cebra ni que vaya a decirle esto a sus leoncitos”.

Para seguir mostrando la incoherencia de esta ideología, Lachhein cuenta que el animalismo dice “que el animal sufre pero ellos hacen distinciones entre animales” pues “cuando el hijo de un animalista llega a casa con piojos, estos se matan”.
Las feministas radicales, representantes de este marxismo cultural, son también parte del movimiento animalista
El marxismo cultural, base de este movimiento

Como consecuencia, considera que “el discurso es anómalo y descerebrado” y avisa de que “el caballo de batalla en nuestro país para socavar nuestros cimientos es el toro de lidia. Y poco a poco van ganando terreno”.

Para Lachhein la base de todo el problema viene en cómo el “marxismo cultural” ha ido poco a poco calando en los distintos estratos de la sociedad. De hecho, relata que el ecologismo político llegó a España proveniente de la entonces República Democrática Alemana (RDA) a través de la Stasi, que “empieza a socavar los cimientos de nuestra civilización”.

La estrategia para este naturalista está clara. Los ideólogos marxistas al ver que el comunismo económico estaba fracasando en muchos países apostó entonces por “derruir los cimientos”, y desde abajo “ir imponiendo el marxismo cultural, que es sinónimo de lo políticamente correcto”.

El ecologista, un político

Y así es como surge el ecologista activista, que según Lachhein “es un político. Me refiero al ecologista profesional, activista, al que organiza manifestaciones”. Éste es, en su opinión, “un político que no tiene nada que ver con el ecólogo”, que es un personaje que “aplica la ciencia y está al margen de todo elemento político”.

“El ecologista quiere llegar al asiento político y así legislar a su favor, controlando el presupuesto”, sentencia el colaborador de Cuarto Milenio.

La influencia del universo Disney

Durante la entrevista habló también, entre otras muchas cosas, de la influencia de que ha tenido Walt Disney en este ámbito. Para Lachhein, “el mundo Disney es la humanización total de los animales y la naturaleza y las personas se forman creyendo que es la vida real y cuando crece que los sentimientos de la naturaleza son así. Y la realidad es que aquí impera la ley del más fuerte, comer y no ser comido”.

“La muerte está presente en la transmisión de la energía y Disney jamás enseñó esto. La gente tiene una mala formación de lo que es el medio ambiente y sigue viviendo en el universo Disney”, afirma convencido.




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El entramado de falsedades, manipulaciones, perversidades y oscuros intereses que se esconden detrás del movimiento animalista y detrás de la guerra sucia desarrollada contra la tauromaquia ha llegado a extremos aberrantes y desconocidos para la mayoría. Recogiendo las aportaciones de periodistas, escritores, filósofos e intelectuales, este blog pretende denunciar los sucios entresijos del movimiento animalista-antitaurino, y a la vez profundizar en la verdadera realidad del fenómeno taurino.

SERGIO RAMOS TORRES DE PODEMOS LEY ANIMALISTA

lunes, 12 de septiembre de 2016

ESQUIZOCRACIA Y PSICOPATOCRACIA: GOBERNADOS POR MISÁNTROPOS PELIGROSOS



Gobernados por locos peligrosos
Millones de ciudadanos en todo el mundo no entienden la deriva de la política ni el comportamiento de los políticos. Se sienten confundidos ante la falta de bondad, lucidez y espíritu de servicio de los políticos y sienten rechazo ante su arrogancia y ansia de privilegios y ventajas. Les gustaría que los líderes lucharan por el bien común y por una sociedad mejor, no por su propio poder y sus privilegios. Piensan que tal vez la política es así y que los políticos tienden a ser malvados. Sin embargo, la verdad es que muchas veces estamos gobernados por locos peligrosos. Los psicópatas han tomado el poder y hay cientos de estudios y análisis científicos que lo demuestran. 
El político y psiquiatra David Owen, que fue ministro de Sanidad y de Exteriores británico, afirma que muchos de los que hoy nos gobiernan son peligrosos enfermos mentales. La enfermedad explicaría muchos de lo que al pueblo le resulta inexplicable, incluyendo la corrupción, la injusticia, las mentiras, los fracasos, los privilegios de los políticos, la arrogancia, los abusos y las numerosas medidas contra el ciudadano. 

La decisión calculada de que los españoles voten el 25 de diciembre, día de Navidad, si tuvieran que hacerlo por tercera vez en un año, es de una perversión tan estúpida, arrogante y sucia que sólo puede surgir de mentes enfermas. Contaminar la fiesta más familiar y entrañable del año con la sucia política sin otra intención que poner contra las cuerdas al adversario y desatar contra él la furia de los ciudadanos es de una maldad que sólo se explica desde la demencia. 

Abrir un periódico en España obliga a admitir que estamos gobernados por locos. 

Algunos idiotas creen que ser un buen político significa poder adoptar medidas dolorosas sin que les tiemble el pulso, sin que esas decisiones les afecten, por muy duras que sean. En realidad debería ocurrir lo contrario: el mejor político es el que siente dolor con sus administrados y el que duda, medita y sufre antes de adoptar decisiones graves que conllevan sufrimiento humano. Los insensibles ante el dolor ajeno y aquellos a los que no les tiembla el pulso arruinando vidas y empujando a millones de ciudadanos hacia la pobreza, mientras ellos nadan en la abundancia y la seguridad, son enfermos que, por desgracia, han llegado al poder. 

¿Por qué ese comportamiento extraño e insensible de los políticos ante el sufrimiento que ellos mismos provocan o que no saben mitigar? La respuesta es que muchos de los políticos que hoy gobiernan son auténticos enfermos mentales, necesitados urgentemente de tratamiento psiquiátrico intenso. Lo que Zapatero definía en su entrevista como signos de salud (duermo bien, no tengo problemas y tengo la conciencia limpia), son, precisamente, los síntomas más claros del "Síndrome de la Arrogancia", la enfermedad mental que David Owen define y que reclama sea incluida, con un número propio, en el Código Internacional de Enfermedades (CIE). 

Tras desempeñar cargos como el de ministro de Sanidad (1974-1976) y el de Asuntos Exteriores (1977-1979) en el Reino Unido, Owen, médico de profesión, se ha concentrado en los últimos años en la medicina y en la investigación del cerebro humano. Durante este tiempo, el inglés ha desarrollado una tesis sobre este "síndrome de 'hybris'", para él un desorden de personalidad cuyos síntomas serían el aislamiento, el déficit de atención y la incapacidad para escuchar a cercanos o a expertos. David Owen (In Sickmess and in Power, 2008) explica que el dominio del poder ocasiona cambios en el estado mental y conduce a una conducta arrogante, por lo que las enfermedades mentales necesitan una redefinición que incluya el Síndrome de la Arrogancia en el elenco mundial de enfermedades mentales. 

A algunos políticos, el poder les hace perder la cabeza, los convierte en arrogantes y soberbios y les aleja de la realidad, situándolos en una peligrosa alienación que les hace perder la noción de la realidad. Pero a otros los convierte en verdaderos y peligrosos enfermos mentales, incapacitados, según Owen, para tomar decisiones y gobernar. Cuando acceden al poder se creen dioses o sus enviados en la Tierra, propician el culto a la personalidad y muchas veces se tornan crueles. Algunos creen que esa enfermedad se da únicamente en las tiranías, pero lo cierto es que también se desarrolla en las democracias, afectando a personas que han sido elegidas en las urnas. El síndrome, en los dirigentes que gobiernan las democracias, al no poder comportarse como dictadores crueles, tiene otros rasgos y manifestaciones: se sienten eufóricos, no tienen escrúpulos, no son conscientes de sus errores y fracasos y son capaces de dormir a pierna suelta (como Zapatero) sin que ni siquiera les afecte el rechazo masivo de los ciudadanos o su inmensa y aterradora cosecha de fracasos, dramas y carencias que, para cualquier persona con salud mental, resultarían insoportables. Su alienación es de tal envergadura que cometen un error tras otro, porque la capacidad de análisis no les funciona y sus decisiones y medidas son producto del desequilibrio, la soberbia y la confusión extrema. 



Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar, Zapatero y Rajoy han sido víctimas de lo que en España llamamos el "Síndrome de la Moncloa", un mal que aliena, atonta y aleja de la realidad a los mandatarios. Es probable que ese síndrome sea el mismo "Síndrome de la Arrogancia", descrito por Owen o producto de aquella maldición popular entre los griegos clásicos, ssegún la cual "Cuando los dioses quieren castigar o destruir a un hombre, primero lo vuelven loco". 

Es evidente que un político que no tiene remordimientos a pesar de los estragos que causa, como han declarado Zapatero y Rajoy, entre otros, sin conciencia alguna de culpa y sin arrepentirse de nada, a pesar del sufrimiento y del rechazo masivo de sus conciudadanos, sin que su conciencia se conmueva ante los millones de desempleados, pobres y gente infeliz que ha generado su gobierno, ha debido perder la razón y estar gravemente enfermo. 

Owen dice que los enfermos que padecen el "Síndrome de la Arrogancia" no están capacitados para gobernar y ponen en grave riesgo a los países que controlan. 

Los síntomas de la enfermedad mental son claros en muchos de nuestros dirigentes políticos, que no sólo no sufren ni sienten dolor ante los dalos y desgracias que causan, sino que se sienten poco menos que héroes y sacan pecho en televisión, vanagloriándose de falsedades inexistentes, recurriendo una y otra vez al engaño como eje central de su estrategia de gobierno. Rajoy, Sánchez, Pablo Iglesias y, aunque con síntomas más leves, también Rivera, son candidatos aventajados de padecer la locura del poder, esa que te convierte en imbécil sin que te des cuenta, la que te impide ver el daño que causas y a vivir en la alienación, rodeado de palmeros y pelotas, ajeno a los dramas de un ciudadano que debería ser el soberano del sistema democrático y es tratado como basura. 

Zapatero, a pesar de haber sido el político español más rechazado por el pueblo desde Fernando VII y de encontrarse en la tumba política, se resiste a perder el protagonismo y, enfermo grave de la demencia del poder, interviene y da codazos para copar portadas de la prensa, sin la más mínima conciencia de ridículo y sin pedir perdón por haber conducido a España y a millones de españoles hasta el borde del fracaso y la ruina. 

¿Están locos nuestros políticos o carecen de principios? Probáblemente las dos cosas, a juzgar por el aquelarre de insensateces y majaderías que ofrecen al ciudadano. 

Si esos políticos enfermos estuvieran en su sano juicio, dimitirían inmediatamente, ante la evidente incapacidad psicológica para gobernar a un pueblo de hombres y mujeres libres. Ante lo que revelan las encuestas, que plasman con claridad el rechazo ciudadano a los políticos y sus partidos, así como el creciente desprestigio de la misma democracia, deberían asumir (pero la enfermedad se lo impide) que, en democracia, el rechazo del pueblo equivale a deslegitimidad y que por sus errores y fracasos, la profesión de político es la más desprestigiada y odiada del país. 




El Dr. Paul Babiak y la Dra. Mary Ellen O"Toole, describen la psicopatía de este modo:

Debajo de la inteligente fachada - típicamente creada por los psicópatas para influenciar a sus víctimas - existe un lado oscuro del cual las personas eventualmente pueden sospechar. Ellos pueden ser mentirosos patológicos que estafan, manipulan y engañan a otros con fines egoístas. Algunos psicópatas corporativos prosperan buscando emociones fuertes, se aburren fácilmente, buscan estimulación y juegan juegos mentales con un desproporcionado deseo de ganar. A diferencia de un atleta profesional que es impulsado a mejorar su rendimiento y superar sus marcas personales, los psicópatas son impulsados por lo que ellos perciben como las vulnerabilidades de sus víctimas. Existen pocas investigaciones sobre lo que psicológicamente experimenta internamente el psicópata; a pesar de ello, todo indicaría que parecen obtener un pervertido placer al herir y abusar de sus víctimas

Investigaciones usando imágenes tomadas por resonancia magnética (FMRI del inglés "Functional Magnetic Resonance Imaging") indican que los psicópatas son incapaces de experimentar emociones humanas básicas y sentimiento de culpa, remordimiento o empatía. Esta pobreza de emociones, a menudo, se hace visible en sus sentimientos superficiales. Ellos muestran emociones sólo para manipular a los individuos a su alrededor. Imitan las respuestas emocionales de otras personas. Algunos carecen de objetivos realistas a largo plazo, aunque pueden describir grandiosos planes. Los psicópatas, impulsivos e irresponsables, viven como parásitos y se comportan como depredadores en constante búsqueda de víctimas, usando a las demás personas, quizá para obtener dinero, comida, techo, sexo, poder o influencia. Esto suena como una descripción exacta de nuestros políticos y líderes financieros mundiales, ¿no? Después de todo, la identificación de las vulnerabilidades de aquellos a los que planeas explotar es fundamental para explotarlos exitosamente. Así que si los que están en la cima son psicópatas, o al menos son impulsados a ver a los "otros" de un modo psicopático, su completa falta de moralidad o conciencia los haría capaces, teóricamente, de elaborar un plan para controlar, e incluso diezmar, a la población mundial. Pero ¿puede la sola falta de conciencia proporcionarle a la "élite" psicopática la habilidad necesaria para librar una extensa guerra de desgaste contra las masas de gente normal?

Las últimas investigaciones sobre psicopatía sugieren que probablemente no. En primer lugar, los psicópatas tienen su propia concepción de la realidad. Ellos creen que la realidad puede ser declarada por decreto, por el poder de sus palabras. El psicólogo Amos Gunsberg escribió una desagradable evaluación técnica de los psicópatas llamada "Más allá de la locura". Allí, refiriéndose a los psicópatas como "humanoides", los describe del siguiente modo:

"Hacen declaraciones sin sustento. Para ellos, esas declaraciones representan lo que la realidad es... declaración por declaración. La declaración actual puede contradecir lo que dirán un momento después. Esto no significa nada para ellos. No intentan lidiar con las contradicciones.

Demuestran una absoluta carencia de entendimiento de lo que nosotros entendemos por un "hecho". En sus escritos y en sus discursos, no usan esta palabra. Nosotros, los humanos, encontramos esto muy difícil de creer. El uso de hechos es en sí una parte básica de nuestras vidas. Nosotros basamos nuestras conclusiones y nuestras acciones en ellos. Partimos de hechos para experimentar cosas y establecer nuevos hechos. Cuando debatimos, presentamos hechos y demostramos como derivamos nuestras observaciones y nuestra posición a partir de ellos...

Para ellos [los psicópatas], lo que sea que "declaren" es real. Lo que NOSOTROS llamamos realidad no lo es para ellos. ELLOS "pronuncian" lo que ha de considerarse real".

Amos M. Gunsberg


PSICOPATOCRACIA

PEDRO SÁNCHEZ, PSICÓPATA DE LIBRO


martes, 12 de abril de 2016

ANIMALISMO: UNA ENFERMEDAD MENTAL DESCONOCIDA Y MISÁNTROPA



ANIMALISMO: 
UNA ENFERMEDAD MENTAL DESCONOCIDA


El animalismo es una enfermedad mental que afecta a una gran parte de la población haciendo que confundan a los humanos con el resto de animales y viceversa; un animalista (persona que sufre de animalismo) creerá que un gato tiene más derechos que un niño y será capaz de equiparar la muerte de pollos en las granjas con la de presos en los campos de concentración. De hecho, para ellos el holocausto fue un montaje para que no se hable del genocidio animal y de las violaciones de las vacas en las granjas, las cuales son vejadas, tocando sus partes íntimas, para robarles la leche. Antes se hacía de forma manual pero, tras tanto manga en el que las mujeres son violadas por máquinas y robots, se optó por el mismo sistema para las mujeres bovinas.


Desde salud mental me dicen que si te excita la primera imagen tienes 15 años; si te excita la segunda imagen, has confundido animalismo con zoofilia; si te excita la combinación de ambas, eres Fernando Sánchez Dragó.

Hay que llevar cuidado con las diferencias entre animalista y zoofílico; el primero ama a los animales como tú quieres a tu amigo el pagafantas; el segundo los ama como tú quieres al tío que no paras de favear en twitter. La expresión “montar un pollo” fue por un animalista que no entendió muy bien a qué se refería con lo de amar a los animales… También fue el precursor de cocinar un pollo insertándolo en un palo, como vemos cuando compramos pollo asado.

Los animalistas defienden una dieta estrictamente vegana (no necesaria para curarse; para eso hay que tomar limón, que también cura el cáncer, el insomnio, la gonorrea y limpia la plata) y son capaces de ponerse muy violentos con la gente (personas humanas) si comen animales (personas no humanas); de hecho, los animalistas son conocidos por sus asaltos a las cadenas de comida rápida al grito de “Asesino, come sólo pepino”, “Haz el amor y no la hamburguesa” o “Un segundo en tu paladar toda la vida en tu conciencia”. Para ellos, la muerte de un animal como alimento es equiparable a la muerte de cualquier persona por asesinato. A pesar de ello, hasta ahora ningún animalista se ha ofrecido voluntario como comida para leones y salvar así a alguna gacela…

El animalismo es una enfermedad mental que afecta a la percepción de la realidad discriminando entre lo bonito y lo feo; para ellos, los animales (personas no humanas) que merecen ser salvados son los que tienen una apariencia bonita, mientras que cuando tienen piojos van corriendo a la farmacia a comprarse productos para eliminarlos (eufemismo de asesinarlos salvajemente) en vez de dejarlos en sus cabelleras para que tengan un hábitat cómodo; la comunidad pioja no ha tenido un hábitat confortable desde que Melendi se cortó las rastas y empezó a ducharse.

A raíz de twitter, y el resto de redes sociales, esta enfermedad mental ha tenido más publicidad provocando a su vez más contagios por culpa de la wifi (la cuál también da cáncer a no ser que plantes un limonero junto a la antena), extendiendo esta locura generalizada a otros ámbitos como los animales domésticos. Para muchos animalistas tener un animal de compañía es esclavizar a los animales (personas no humanas) y los comparan con los esclavos de las fábricas textiles, aunque a mí mi perro nunca me ha hecho un punto doble ni sabe decir “Ni hao”. De hecho, esto ha hecho que muchas mujeres solteras de más de 35 años no desarrollen la enfermedad al no poder desprenderse de su colección de gatos. También algunos hombres no se han hecho animalistas al no poder desprenderse de los cerdos que ellos llaman colegas.

Otra de las facetas donde se demuestra la enfermedad es en el tema de experimentación con animales (personas no humanas que no controlan sus propios esfínteres; no confundir con bebés). Los animalistas están en contra de utilizarlos como sujetos para experimentos y proponen que sean sustituidos por humanos (animales que sí saben usar un wc; casi todos saben…) y que sean recompensados económicamente por ello; esto es apoyado por los racistas, xenófobos y clasistas, ya que los que se presentarán como voluntarios serán personas con pocos recursos económicos (inmigrantes, indigentes, personas con adicciones caras como drogadictos, alcohólicos) y, entre los fallos y los efectos secundarios, morirán muchos. A Hitler le gustaría esto; tal vez por eso era vegano y animalista…

Los animalistas, en su lucha por salvar a los animales pero condicionados por la enfermedad mental que padecen, son capaces de sacar de su cautiverio a animales de granjas, zoos, refugios, etc, dejándolos libres; muchos de esos animales no saben desenvolverse solos y son atropellados por coches, mueren de hambre/frío, son devorados por otros animales del nuevo hábitat o eliminan ellos a otras especies para subsistir. Pasaría lo mismo si todos los padres echaran a sus hijos de casa.

Desde la OMS recomiendan los siguientes consejos si una persona de su entorno padece animalismo:

  • Bloquéela en redes sociales.
  • Bloquee su número de teléfono.
  • Mejor cambie de número de teléfono.
  • Cambie de dirección.
  • Si va a comprar al mismo supermercado, disfrácese para que no le monte una historia por coger un paquete de salchichas frankfurt.
  • Evite los restaurantes que sirvan tofu, seitan o cualquier otro derivado del petróleo.
  • Si lo ve aparecer, corra en dirección opuesta. Su vida está en peligro.
Este artículo es fruto de la ironía y la inventiva. En caso de indignación y asociación con la realidad, consulte con su psiquiatra. Si cuando lo ha leído ha pensado, “animalismo, un huevo colgando y otro lo mismo” choque esos cinco.
*Raquel Sastre es murciana. De entre 15 y 90 años. Ojos azules. Color de pelo castaño (puede variar según el tinte). 1,75 con tacones. 120 kg de peso si no se quita el traje de buzo. Era funcionaria, pero lo dejó para empezar a trabajar. En el mismo momento en el que escribimos esto, es guionista de "La Que Se Avecina". En el momento en el que tú lo lees, puede que ya no sea así. 

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LA VERDAD DEL ANIMALISMO: ES UN BESTIALISMO FASCISTA MISÁNTROPO





viernes, 14 de noviembre de 2014

LA VERDAD DEL ANIMALISMO: ES UN BESTIALISMO FASCISTA MISÁNTROPO

LA VERDAD DEL ANIMALISMO

EL ANIMALISMO ES UN BESTIALISMO


Peter Singer publicó un libro risible en 1975 (Animal Liberation) cuya repercusión sobre mentes sensibles y sentimentales puede medirse con el actual clima de intransigencia mediática que sufrimos quienes disponemos de un uso animal que no depende de la idolatría, la estupidez o la zoofilia. (La obra fue el punto de partida del movimiento animalista, su influencia alimentó la creación de movimientos radicales o armados, que pasaron de la teoría a la acción y que comprometieron asesinatos de humanos y sabotajes y persecuciones e intolerancia frente al uso animal –consumo de queso, tauromaquia, abrigos de piel, laboratorios, hípica, consumo de filetes y conductas similares, donde se implica al animal y al hombre en una relación donde el último preceptivamente obtiene más beneficios que la bestia.-) 
Un sistema de pensamiento sin lógica no es un sistema de pensamiento, es una equivocación. Cuando la equivocación triunfa, a fuerza de montajes, desmentidos y propaganda, se tienen los grandes movimientos de intolerancia de la historia, como el animalismo.
Ya en el centro, Singer o el animalismo no explican de manera suficiente el sistema de pensamiento de la liberación animal, es más, no pudiendo, se apoyan en fenómenos de la historia humana para justificar la igualdad entre hombres y bestias, lo cual resulta, además de contradictorio, decepcionante: según Singer, si aceptamos como justa la lucha en contra de la discriminación racial, de género o sexual, inmediatamente deberíamos aceptar que también la lucha en contra de la discriminación a los animales que comemos es justa y necesaria. Error donde se le mire. Si hablásemos de animales, sus derechos y la manera correcta de tratarles, los ejemplos humanos sobran, a menos que queramos hablar de humanidad, y no de animalidad. Siendo cosas harto distintas, necesitamos que nos demuestren la pertinencia del animalismo, sin necesidad de recurrir a la pertinencia del humanismo, ya que, como veremos a continuación, una cosa riñe a la otra.

Vamos analizar la didáctica y lisa premisa de Singer “si no discrimino a los negros, entonces no debo discriminar a las vacas comiéndomelas”.

Para empezar, la lucha contra el racismo se basa en un reclamo sencillo: que hombres negros fuesen considerados como humanos iguales a los hombres blancos. Lo dicho demuestra que la lucha de Luther King consistía en poder lograr para los afros el reconocimiento de HUMANIDAD, esto es, humanizarlos (recuérdese que se decía desde la teología y lo social que los negros no tenían ni alma ni derechos, y que no eran humanos por ello, razón la cual justificaba la esclavitud en épocas de desgracia); el triunfo contra el racismo implicó que los afros fuesen considerados como HUMANOS, iguales al resto de nosotros: ¿Cómo puede esto emparentarse con el animalismo, si las luchas por los derechos y contra la discriminación fueron intentos justos por acercar al negro, la mujer y al homosexual hacia la humanidad aceptada? ¿Puede la vaca llegar a ésta humanidad aceptada?). El humanismo es lo contrario al animalismo. No hay lógica en la pretensión de Singer o el animalismo, la lucha por los derechos de los humanos no son antecedentes de la lucha por los derechos de las bestias, son todo lo contrario. La reivindicación humana en todo sentido es precisamente lo contrario a la lucha animal. Que la historia, con justicia, haya acercado al afro o al homosexual hacia la humanidad aceptada, apunta precisamente en dirección contraria al animalismo, pues acentúa la diferencia entre humanos y bestias, al delimitar el terreno de lo humano a límites específicos de condiciones y derechos. Decir que la lucha de los afros por alcanzar el reconocimiento en los estados de derechos es equivalente a la ficticia lucha de las vacas para que no las comamos, resulta además de torpe una nueva forma de discriminación contra los afros, pues se les pone al nivel mismo de las vacas, por ejemplo.

Así, alógicamente, se maneja el animalismo: alogicidad al hablar, al argumentar, al actuar.

Siendo otro ardid recurrente el de igualar al hombre y al animal: no pudiendo demostrar que los humanos somos iguales al resto de los animales, pues no comemos directamente lavazas o pelmazos en el suelo, ni los cerdos escribe tan bien como Proust, entonces se toma la vía contraria: humanizar o antropologizar al animal, añadirle características físicas y psicológicas exclusivas del hombre. No es siquiera Andrea Padilla hablando de las aspiraciones empresariales de los pollos en las avícolas como se demuestra que la tesis demencial de Singer puede llegar a límites de estulticia e idiotismo insospechados, también tenemos el siguiente silogismo de Mupra (México unido por el respeto a los animales): 

YO AMO A MI MAMÁ, Y NO ME LA COMO; ENTONCES, SI AMAMOS A LOS ANIMALES, NO DEBEMOS COMERLOS.

Yo tengo un silogismo, igual de pedestre o corto: Salí del vientre de mi madre, y por ello la amo; si amo a las vacas, entonces salí del vientre de una vaca.

Humanos y bestias no somos iguales: el mismo Singer hace la distinción, pues habla recurrentemente de “animales humanos” y “animales no humanos”, entendiéndose por un “animal humano” al hombre, y por un “animal no humano” a la vaca. Si fuésemos iguales, Singer no haría esta distinción, más real que gramática. Tenemos otro ardid inocente: que con la vaca compartimos el sistema nervioso, lo cual es una inviolable ley moral para los animalistas, aun cuando se refiere a una masa de células, que no a valores éticos y morales. Si, como en efecto pasa, compartimos un sistema nervioso similar al del resto de animales, ello no implica de inmediato que seamos iguales: el sistema nervioso es apenas el receptor del dolor, siendo que el dolor se procesa según las facultades neurológicas de cada especie; ésta capacidad de procesar el dolor reside, además de las cotas del umbral de dolor (que en el toro de lidia es cientos de veces mayor al del humano), en el diencéfalo, que los animales tienen poco desarrollado, por no decir primitivo: una vaca puede sufrir un dolor insufrible, y olvidarlo a los cinco minutos, ya que no posee consciencia reflexiva. ¿Implica esto pues, que seamos iguales a las bestias?¿Por qué debemos aceptar las premisas de Singer o el animalismo, que disparan a todas partes pero no apuntan a una demostración fehaciente de la igualdad entre el hombre y la vaca o el toro? No demostrando esta igualdad, Singer ahora intenta de una manera más carnicera establecer relación entre un bebe recién nacido y una vaca o un mono, con la santa y animalista pretensión de sensibilizar a la mente débil.

La premisa se explica así: “comerse una vaca es igual a comerse a un recién nacido, pues todavía el recién nacido no habla ni tiene sueños ni escribe, al igual que una vaca…por ello, si comes carne de vaca, estás haciendo tanto mal como si comieras a un bebé recién nacido”.

La formulación misma de la anterior premisa tiene una estupidez velada, que el lector achacará al autor de estas líneas; por ello, propongo un ejemplo del mismo Singer:

“Cuándo están justificados los experimentos con animales? Al enterarse de la naturaleza de muchos de los experimentos realizados, algunas personas reaccionan diciendo que deben prohibirse todos inmediatamente. Pero si formulamos nuestras exigencias de una manera tan absoluta, los experimentadores disponen de una rápida respuesta: ¿Estaríamos dispuestos a dejar morir a cientos de humanos si se pudieran salvar mediante un solo experimento con un solo animal? Desde luego, esta pregunta es puramente hipotética. Nunca ha habido, 

ni podrá haberlo, un solo experimento que salve miles de vidas. La respuesta adecuada a esta pregunta hipotética es otra pregunta: ¿Estarían dispuestos los experimentadores a realizar el experimento con un huérfano humano menor de seis meses si ése fuera el único modo de 



salvar miles de vidas? Si los experimentadores no estuvieran dispuestos a utilizar una 

criatura humana, su disposición a utilizar animales no humanos revela una forma injustificable de discriminación sobre la base de la especie, ya que los gorilas adultos, monos, perros, gatos, ratas y otros animales son más conscientes de lo que les sucede, más capaces de autodirigirse y, por 

lo que sabemos, al menos igual de sensibles al dolor, que una criatura humana. (He especificado que el niño fuera huérfano para evitar las complicaciones de los sentimientos de los padres.”… “Por lo que sabemos, los bebés no poseen ninguna característica moralmente relevante en mayor medida que los animales no humanos adultos, a menos que vayamos a considerar el potencial del niño como una característica que convierta la experimentación con él en un acto condenable…” PETER SINGER, Animal Liberation, pág. 116-117.

Se responde: NO SE PUEDE IGUALAR UNA VIDA HUMANA A UNA VIDA ANIMAL. ¿Por qué? PORQUE FÍSICA Y PSICOLÓGICAMENTE SOMOS DISTINTOS AL RESTO DE LOS ANIMALES (Singer acepta la diferencia entre especies para establecer categorías éticas sobre qué muerte es buena y qué muerte es mala: según su implacable sabiduría de la ética, no es inmoral matar a un pescado, pues éste carece de sistema nervioso y “sueños”; se aduce de nuestra parte que es cierto que haya diferencias entre las vidas y los valores del hombre y el resto de los animales, apoyándonos en la tesis de Singer.)

Se necesita la sangre fría de un matarife de carnicería para atreverse a escribir las líneas citadas, ya no decir de manera sistemática, pues desde 1975, Singer plantea en cada espacio posible que matar a una vaca es equivalente a matar a un bebé recién nacido, a un ciego, un paralítico o un retrasado mental, por cuanto carecen todos de capacidades facultativas. Obviamente esto tiene una respuesta, que es necesaria darla a Singer o el animalismo: el dilema práctico consiste así: no se mata a la vaca porque ésta carezca de voluntad para aprender aritmética, o porque no recite versos de Shakespeare, al igual que los bebés o el tullido, sino que se le mata para obtener su carne, de alto valor proteínico y exquisito sabor, lo cual, presumiblemente, no pasa con la carne del tullido, el ciego, o del bebé recién nacido.

Además, y obviando en primera medida, sí hay experimentos que salvan cientos de millones de vidas, siendo singulares y usando animales: la vacuna contra la malaria, que precisó el uso de moscas y ratas, ha salvado a millones de vidas humanas, especialmente en zonas deprimidas, como en África; luego, Singer miente cuando habla de una “pregunta hipotética”. Pero volviendo al salvaje planteamiento del autor, -repetido hasta el vértigo por los animalistas-, esto es, que asesinar a un niño es equivalente a matar a una vaca en un rango moral insignificante, Singer obvia que la moral contempla a la muerte como crimen o inmoralidad dependiendo de la parte motiva, pues, como se sabe, la muerte es absoluta y llegará a todos los vivos: lo inmoral no es matar, sino el por qué, el cómo, y el dónde (motivos o principios eminentes, jurídicamente especificados como homicidio culposo, homicidio premeditado, homicidio accidental; moralmente especificados como muerte necesaria, muerte justa, muerta inmoral; físicamente especificados, como violentación física, muerte accidental o fortuita, muerte coincidencial, muerte natural o muerte inducida) así las cosas, lo que obvia Singer es que no se mata a los bovinos por un ejercicio gratuito de crueldad, ni en el matadero ni el ruedo, sino que aquellas muertes comprenden una trama de significaciones que no puede ser relacionada con una muerte humana: el toro muere para alimentarnos, o para crear un fenómeno estético dentro de un drama, que es la tauromaquia, y no por un ejercicio maligno de inmoralidad, pues los motivos no coinciden con los motivos ciertos de asesinar a un bebé (al que se le asesina no para comer su carne, usar su cuero, o recrear el drama taurino, al ser imposible físicamente que el bebé produzca carne consumible o embista a una muleta). Asesinato u homicidio, son categorías de la amoralidad eminentemente humanas (ambas significan, matar a un hombre y matar a un hombre, en el árabe y el latín originales) y explicar con ellas al animalismo es recurrir a la falta de consistencia en las teorías propias: ¿Por qué se debe apoyar Singer en lo humano, para echar luces en lo animal, si lo que intenta es probar la inconveniencia de matar animales precisamente, y no humanos?

Se vuelve al círculo idéntico de la redundancia, si es que esto significa algo (lo mismo vale para el animalismo): ¿No se debe matar animales, basado esto en hipótesis sobre los humanos? La paradoja es mucha: Singer establece la diferencia moral entre animales (“es menos condenable matar una ameba o un pescado que a un bovino”, dice en Animal Liberation), pero al mismo tiempo concluye que matar a un bebé es igual a matar una vaca o un pescado: contradicción es una palabra que se queda corta para explicar la actitud de Singer.

Se anota además que Singer establece la igualdad entre la vaca y el niño tullido o el ciego con retardo mental, con lo cual, de una manera directa pero no sospechada por los animalistas, el mismo Singer nos dice que un humano en sus plenas facultades NO ES IGUAL A UNA VACA. Cosa evidente por sí sola, que humanos no somos iguales a las bestias, le ha tardado a Singer una penosa comprobación, donde ha discriminado a los ciegos y a los bebés huérfanos para llegar a ella.

Vamos a analizar un poco más la cita de Singer: establece la igualdad entre bebés huérfanos y bovinos destinados al matadero, basado en las muy abstractas categorías de “conciencia animal” y “autodirección”…la cita completa es: “ya que los gorilas adultos, monos, perros, gatos y otros animales son más conscientes de lo que les sucede, más capaces de autodirigirse y, por lo que sabemos, al menos igual de sensibles al dolor, que una criatura humana…”(Animal Liberation, pág. 116)

Se anota que lo que Singer llama “autodirección” es un eufemismo cobarde donde él no se atrevió a decir “voluntad”….los animales no poseen voluntad, el hombre sí; siendo el terrible crimen del recién nacido o el hombre que sufre retardo mental el no tener voluntad, quedan de ipso facto al mismo nivel de las cabras o los perros; sin embargo, ni cabras ni perros son recién nacidos, ni sufren de retardo mental. Lo anterior es una comprobación lógica, figura casi retórica que no demuestra nada, al igual que la comprobación según la cual, al poseer sistema nervioso las vacas, es un crimen consumir su leche. La relación de ésta clase de lógica animalista vegana suele ser simpática: las fresas, al igual que el ternero, no poseen voluntad, ni constantes aspiraciones para superarse; no tienen las fresas consciencia de la muerte, al igual que el ternero; sin embargo, las fresas, al igual que los terneros, son embriones de posibilidades, pueden crecer y ser árboles vivos, y también, al igual que el ternero, las fresas silvestres poseen una vida y una historia particular, consumen la luz solar y expelen dióxido de carbono como todo lo que tiene pulmones, y, al igual que el ternero, suelen inspirar indescriptibles sensaciones de ternura, especialmente entre las señoritas….¡¿CÓMO PODEMOS COMER FRESAS ASÍ, SI ESTÁN VIVAS Y RESPIRAN, Y PUEDEN LLEGAR A SER UN GRAN ÁRBOL DE FRESAS, O UN FRESAL FRESCO? ¿NO ES LO MISMO QUE PASA ENTRE EL CIEGO Y EL TERNERO, ESTO ES, QUE MEDIANDO LAS SIMILITUDES, ES IGUAL DE CRIMINAL MATAR A UNA FRESA QUE A UN TERNERO SI VAMOS A COMERLOS? Las fresas, los vegetales, no poseen sistema nervioso, pero son sensibles a la música clásica, y mueren de manera irremediable si son mal arrancadas. Las lechugas no poseen sistema nervioso, pero su proceso degenerativo no sólo se produce por causas físicas; estudios científicos han demostrado que las plantas que son mimadas con arrullos tiernos y caricias crecen más rápidamente que las plantas que son dejadas a su buena suerte, sin apoyo afectivo o emocional. Con obviedad, todo esto, desde el momento en que empezó el animalismo, ha perdido toda importancia.

¿EL AMOR DE LOS ANIMALISTAS HACIA LOS ANIMALES ES UN AMOR ILIMITADO?
Lo que sienten los animalistas por los animales no es amor, es lástima.

El axioma es casi fundamental para entender al animalismo que desde Singer nos asfixia con su propaganda; es irrisorio suponer que amar a la totalidad de los animales sea posible, o que el humano racional coma carne por no poder amar al animal que nunca ha visto, ni imaginado: inventar la palabra amor donde las cosas deforman hacia el fanatismo o la zoofilia, en los mejores de los casos:

- PETA mata al 95% de los animales que dice rescatar de las fauces de la explotación humana, al carecer de los recursos que se necesitan para sostenerlos. Las muertes han sido debidamente documentadas: desde las listas de animales sacrificados, a los que antes de la muerte les ponen un nombre (doolye, Star of my heart, poonkimoon), hasta las cantidades de Eutanal y jeringas necesarias para el sacrificio de los animales (Coetzee en su novela "Desgracia" narra el “infierno personal” que sufre un animalista al sacrificar a un animal que ha rescatado, ante la imposibilidad de poderle sostener con vida.)

- Houellebecq nos proporciona una anécdota que sirve para ilustrar: animalistas que decidieron librar a las ovejas y cabras de la explotación a la que eran sometidas para la producción de queso en el sur de Francia, no encontraron una manera más moral y justa para quitarles el yugo que liberando hordas de lobos para que las devoraran. Faltando una finca productora, el dueño vio con estupor la llegada de un camión, y cómo sus ocupantes liberaron a lobos en los hatos donde pastaban los caprinos y los ovinos; está claro que los lobos devoraban a las ovejas y cabras; al ser detenidos por las autoridades, los ocupantes del camión confesaron pertenecer al ALF. La noticia salió en toda Niza, pero la maquinaria mediática animalista impidió que se conociera en Paris.

Coincide esto con las múltiples declaraciones de antitaurinos que traslucen indolencia hacia el futuro del toro de abolirse la fiesta: Álvaro Múnera, en el concejo de Medellín declara que “el toro de lidia puede extinguirse sin que se afecte el equilibrio del medio ambiente”; similar afirmación a la de Andrea Padilla, quien declara que “es preferible que se extingan los toros de lidia a que sigan siendo explotados para la tortura; en este caso, se evita el sufrimiento del individuo y no el de la especie”.

En ninguno de los casos expuestos, se deja ver ni de perfil el AMOR que se dice tienen por los animales. Amar es una actitud meramente humana; no se ama principios abstractos, ni ideas, sino que se cree en ellas: al chocar con la realidad, el AMOR no es suficiente para sostener una coherencia con la situación REAL, esto es, cuando se tiene miles de animales en el patio de la casa, pero ni un pan para alimentarlos: el AMOR no alcanza a ser cierto cuando se dice sentir tan noble sentimiento y se empuña al tiempo la jeringa de eutanal, o se llena de saliva negra la boca (bilis, asco) cuando se dice que no importa la extinción del toro de lidia, pero se protesta cada tarde porque 6 toros mueren.

¿SON LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES ALGO VÁLIDO? ¿DEBEMOS RESPETAR LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES?

No, ni los animalistas mismos los observan o respetan:
Dice la declaración universal de los Derechos de los Animales lo siguiente:

“Artículo 4

A) Todo animal perteneciente a una especie salvaje tiene derecho a vivir libremente en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo o acuático, y a REPRODUCIRSE.”

Se dirá de manera clara: los mismos animalistas violan el artículo 4 parágrafo A de la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, al someter forzosamente y de manera masiva y general a las especies de animales salvajes o domésticas a la ESTERILIZACIÓN (violando el derecho fundamental de las bestias a reproducirse según lo dicta su ciclo natural, además de sus Derechos.)

Perros, gatos, canguros, lobos esteparios y bisontes polacos y un sinnúmero de especies son esterilizados por organizaciones animalistas cada año con una fruición de nazi que asusta. Se puede permitir asegurar que los animalistas violan los derechos de los animales, que es otra forma de ridículo de esta secta.

¿Qué validez le espera a un circo jurídico, irrespetado por sus propios creadores? Ninguna. El caso es comprobable, dada la inutilidad y hasta la imposibilidad de hacer valer estos derechos; según el articulado, películas como King Kong, El Planeta de los Simios, Liberen a Willy ó 101 Dálmatas están prohibidas, amparada la prohibición en el siguiente artículo:

Artículo 13 B) “Las escenas de violencia en las que los animales son víctimas deben ser prohibidas en el cine y la televisión..”

Todo el animalismo carece de realidad.

¿ES LA ANTITAUROMAQUIA UN AVANCE MORAL?

No. La antitauromaquia no es una evolución moral; actúan diversos motivos, más allá de lo obvio que resulta el principio eterno de la moral: un animal no puede ser objeto de la ética, lo mismo que un lápiz o una piedra del desierto, puesto que no puede ejercerse la serie de categorías morales sobre seres que no entienden ni compaginan en tal moral (no se siente impiedad por el lápiz al romperlo, ni impiedad por una vaca que nunca conocimos, al comer una salchicha, es imposible imaginarlo…) Siendo el caso, nos centraremos en la antitauromaquia:

No se puede hablar de una evolución moral en el siglo XXI con respecto a las bestias, cuya una de sus simpáticas manifestaciones es la “sensibilización hacia el dolor de los animales sintientes” (horribilus dictus) o la antitauromaquia:

Nuestra historia actual NO demuestra que haya un avance moral hacia el trato con los animales:

- Precisamente es el siglo XXI el que más animales explota, somete, sacrifica, destaza y come. No hay tal evolución, cuando la humanidad consume carne como nunca, llegando incluso a concentraciones de más de 500mil reses de engorde en menos de 5 metros cuadrados por cabeza, y cuando al año se sacrifican cientos de millones de animales para consumo humano; con todo, la ONU contempla que para el 2050 la producción de carne bovina va a aumentar en un 50%- …así, históricamente cabría preguntar ¿Cuál evolución moral? La tauromaquia es apenas una arista pequeña del uso animal, uso sin el cual la humanidad colapsaría (lo cual sí sería una inmoralidad, cuando no la peor).

Tampoco, siendo inexistente aquella moral, su dizque portador –el antitaurino- se comporta como un ser ético: no hablaremos de la urgente intolerancia que sufren los antitaurinos, reflejada en su odio, persecución, vulgaridad y violencia verbal sistemática hacia los taurinos (nos resulta difícil imaginar a Gandhi persiguiendo a los ingleses con tantas groserías, montajes y canalladas como torpeza, que es lo hecho por la antitauromaquia), puesto que es mejor hablar de hechos concretos:

- Un ser moral, ético o humanizado prohombre del siglo XXI, no profanaría la tumba del torero Julio Robles: al profanarla, en septiembre del 2008, los antitaurinos estuvieron a punto de robar los restos mortales del torero: rompieron la loza, la pintaron con un bajonazo (ASESINO, EN LETRAS NEGRAS), amenazaron a sus familiares de muerte y prometieron profanar tumbas de otros matadores: ¿Es moral esto? ¿Se puede considerar como moral una profanación, si me digo que soy antitaurino, evolucionado moral, ético y que rechazo cada forma de violencia por esa moralidad? (el hecho, cinco años después, no ha sido condenado por antitaurino alguno, todo lo contrario: lo celebran dando palmas).

- Un ser moral, ético o humanizado prohombre del siglo XXI, no intentaría quemar vivos a los familiares de un crítico taurino: antitaurinos prendieron fuego a la residencia del crítico francés André Viard, en Vieux Boucau; los facinerosos amenazaron de muerte durante semanas a la familia del taurino, llegando incluso a asegurar de manera carnicera que lidiarían a una bebé, sobrina de Viard, de la misma manera que se lidiaba a los toros en la plaza; la irracionalidad desembocó en el incendio de la casa del crítico, en la madrugada, mientras los familiares de Viard dormían adentro y se oían afuera gritos de Olé. Por fortuna no hubo víctimas, pero las amenazas y las mofas por la casa quemada del crítico taurino aún hoy continúan: ¿Es moral esto? ¿Se puede considerar como moral el quemar a seres humanos por ideas radicales? ¿Es un ser moral quien a punta de gasolina y fósforos intenta imponer su idea de la ética? (el hecho, dos años después, no ha sido condenado por antitaurino alguno, todo lo contrario: se celebra con burlas).

- Los antitaurinos sienten una extraña sensación de placer al ver la muerte o el sufrimiento por heridas de un torero. La actitud inmoral se explica sola. Prometen que a quienes vamos a la plaza de toros, nos harán morir de manera lenta y dolorosa (he recibido la misma amenaza por más de 70 veces desde que públicamente soy taurino; lo mismo le ocurre a todos mis conocidos, que son aficionados al toro).

Bien: ¿qué extraña moral es esta, que admite la violencia contra los humanos por razón de sus creencias culturales, al mejor y más inolvidable estilo nazi? ¿Por qué esta moral encuentra repugnante que se maten toros, pero hace y desea y empuja por la muerte de los taurinos, como si de un credo se tratara? ¿En qué moralidad cabe la muerte del hombre, si no en una moralidad inhumana, y por ende inmoral?

Sería necesario ahorrarse los millones de comentarios insultantes, montajes, deseos de muerte a nuestros familiares, acciones de violentación física y verbal cotidianas, para no hacer de ésta “moralidad” antitaurina un chiste, una contradicción infantil, un monstruo.

¿ES EL ANIMALISMO UNA MORALIDAD?

No. El animalismo es un sistema contradictorio que desemboca de una u otra manera en la zoofilia, la idolatría, el sectarismo armado y la intolerancia, cosas que no guardan una relación ni con la moral más baja, pues se entiende por estas actitudes (zoofilia, sectarismo armado, fanatismo) desde el punto de vista psicológico, jurídico y social, que son aberraciones graves.

- Peter Singer admite, apoya y recomienda la zoofilia. Glosando un artículo titulado Dear Pet, Singer afirma: “las relaciones de satisfacción mutua de naturaleza sexual entre hombres y animales, no producen ni rechazo ni horror”.

Debe entenderse por “las relaciones de satisfacción mutua de naturaleza sexual” a las prácticas que engloban las relaciones sexuales de violentación entre hombres y perros, mujeres y caballos, perros y mujeres, hombres y gallinas, mujeres y cerdos, etc. Esto es, la zoofilia. Incluso, PETA apoyó la declaración de Singer, actitud que se suma a el escándalo producido en el año de 1999, cuando la central de PETA en Washington fue allanada en un proceso de indagación por terrorismo, hallando las autoridades federales en tales instalaciones copioso y abundante material zoofílico, donde participaban activistas animalistas y animales rescatados que, además de ser usados para la propaganda hostigante del animalismo, servían como esclavos sexuales a los militantes de PETA. El crimen es inexplicable dentro de la lógica animalista, pues la zoofilia es un acto donde no solo obra el desgarramiento anal (que, es obvio, producirá dolor al animal) que sufren las bestias, sino además la violentación de principios básicos de moralidad, cuando se somete a seres sin voluntad a la esclavitud sexual, creyéndola preceptivamente mejor que un destino de engorde para la producción de carne o la lidia. En palabras blancas, es un crimen doble, pues es perpetrado por los supuestos defensores de los animales.

- ALF (Animal Liberation Front) es un movimiento armado, declarado como terrorista por el FBI y el Departamento de Estado norteamericano, inspirado en el libro de Singer y la obra incendiaria de un ganapán inglés que sentía debilidad por quemar humanos vivos para vengar a los animales usados en las industrias de la leche y el cuero; ésta organización ha computado más de 700 acciones terroristas en el mundo; sus detonar consiste en el asesinato de científicos (iniciado por PETA en los años noventa, cuando se le denominó PETATERRORISMO o PETATERRORIST), guardias de seguridad, propietarios de peleterías e industrias lácteas; otra penosa actitud del ALF consiste en la irresponsable “liberación” de miles de animales que dejan a su buena suerte en el campo (recordemos que son animales domésticos, esto es, no sabrían vivir en un medio salvaje), cuando no que mantienen hacinados en las escasas propiedades de fanáticos animalistas (recordemos que PETA ha sido denunciada por desaparecer al 95% de los animales que “libera”, al no poder mantenerles ni con vida, ni con buena salud y alimentación, ante la escasez de recursos), el sabotaje de industrias de uso animal mediante el incendio de las instalaciones o la persecución diaria a los trabajadores de dichas industrias, campañas de desprestigio mediando los montajes (como en la antitauromaquia) y múltiples amenazas de muerte y destrucción (como en la antitauromaquia).

Explicar por qué ALF, esto es, un movimiento animalista salido de la entraña misma de Singer, es inmoral, resulta menos que innecesario, teniendo en cuenta los hechos.

-El animalismo sufre un fuerte influjo de producciones fantasiosas que pervierten la idea que debemos tener de los animales: son innumerables las veces que hemos visto en la propaganda animalista, como leones y cebras se abrazan fraternalmente, o como tigres y gacelas se besan con intenso cariño, cuando sabemos que en la realidad, los depredadores devoran sin piedad (pues lo animales son amorales) a sus presas. Dentro de la amplia chismografía antitaurina y animalista, desvirtuar la naturaleza de los animales haciéndoles objeto de lástima o de ternura, es común, pero por desgracia falseador de la realidad. La actitud se explica: se hace del toro de lidia un animal que inspire ternura y no miedo, cariño y lástima en lugar de respeto ante su imponencia combativa; con ello, se observa como criminal que se pueda matar a tan inofensiva criatura. Volver a los animales objetos miserables de la moral, consiste en luchar hasta en contra de las leyes mismas de la naturaleza y la realidad. Lo que combate a la realidad misma es una blasfemia, una execración, una inmoralidad.

El ANIMALISMO ES UN BESTIALISMO

El animalismo desvirtúa el trato realista que debemos tener con los animales; se entiende por trato realista el que se ajusta a las leyes de la naturaleza, donde los animales se matan unos a otros con propósitos que van desde la satisfacción alimentaria de las dietas (o carnivorísmo) hasta el inocente pero letal juego de un cachorro lobo que mata por diversión a las ovejas viejas que se extravían de los Landers escoceses; la realidad no hace de la alimentación carnívora un uso exclusivo de la muerte entre especies, esto es, no necesariamente la realidad dicta que la única muerte justificable o necesaria es aquella tendiente a alimentarnos con los restos de otro animal, al cual debimos matar por y para ello. En caso contrario, incluso podemos prescindir el uso de carne, adoptando dietas desabridas y amargas como la vegetariana y sus variantes conocidas; la no adopción del veganismo, y del sistema moral del animalismo, implica una demostración de éste principio más allá de las leyes naturales, pues incluso el hombre puede pasar por encima de su remordimiento moral al matar a un animal para comerlo, a sabiendas que puede alimentarse con lechugas, nabos o brócolis por el resto de sus días: se come carne con un fin meramente hedonista, esto es, por el placer producido al degustar un buen trozo de carne, mas no por una necesidad bilógica. El derecho al placer o el bienestar es realmente el único derecho inalienable para la totalidad de la naturaleza, y más que derecho, se manifiesta como un principio perseguido por todos los actores de los ecosistemas. El toro de lidia, mimado en su inmejorable calidad de vida, tiene satisfecho el principio de bienestar necesario, al ser criado con denodados cuidados por 4 años en su hábitat natural, con su alimentación natural y sin hacinamientos, en un régimen extensivo que garantiza que no se desvirtúa ni su naturaleza combativa ni su derecho al placer, ya que ni siquiera los 15 minutos de la lidia en la plaza son contrarios a la naturaleza agresiva del toro, que tanto en la dehesa como en la calle o el ruedo, ataca al desconocido. Contrario a esto es la zoofilia de Singer, PETA, Animanaturalis y demás organizaciones y personajes que trasgreden sexualmente a los animales, negando los principios de la naturaleza (hombres y caballos no tienen sexo en la naturaleza, por ello la zoofilia se denomina como aberración, al igual que el sadomasoquismo o la coprofilia) de las bestias, y su mínimo derecho al placer, al producirles sufrimiento por actos sexuales abusivos. Lo mismo vale para el resto de actitudes que, mediando la fanatización del animalista, alejan al animal de su real naturaleza, al volverles seres zopencos en una puesta en escena, donde, como se ha visto, los leones castrados desde el nacimiento juguetean desprevenidos con perros o gatos, también castrados o esterilizados, en un prado florecido y bobalicón, mientras un animalista semidesnudo corretea alrededor para demostrar que el amor a los animales existe. Por ello, actitudes bestiales o tendientes a desvirtuar a la naturaleza o la realidad misma no merecen el título de animalismo, demasiado noble para actitudes tan singerianas como la zoofilia, la esterilización o la eutanasia masiva para animales con fracturas óseas; el animalismo no es tal: es un bestialismo de la razón.

(Queda sí, sin embargo, una última queja, que cualquiera sin ser necesariamente animalista puede formular: ¿tenemos derecho a someter a los animales al sufrimiento o la muerte? La conducta humana que se aprovecha de los animales no es en ningún caso un acto de dominación arbitrario o antinatural, puesto que la realidad permite aquel margen donde el más fuerte domina y mata al más débil; no puede considerarse eso como una inmoralidad, a menos que se piense que la realidad misma es inmoral; puede actuar un sentimiento de remordimiento, pero no es objetivo hacer de este remordimiento una ley general para los humanos, al ser, precisa y simplemente, un sentimiento, una sensibilidad. Se puede apelar a un trato en el cual los animales reciban tantos beneficios como los humanos que se aprovechan de ellos: el toro de lidia, al recibir 4 años de vida palaciega, a cambio de 15 minutos de lucha leal, tiene la balanza a su favor en la relación de sus beneficios adquiridos (4 años de vida) con respecto a los beneficios dados (15 minutos de lucha, con la posibilidad de triunfar con el indulto).)

El régimen Nazi: grandes animalistas


En 1933 Hitler anunciaba que en el nuevo Reich no se permitiría de ninguna manera la crueldad hacia los animales, marcando el inicio del proteccionismo animal en Alemania.

Los Nazis fueron los primeros en legislar leyes contra la vivisección, contra la caza y por el bienestar animal. Las leyes nacionalsocialistas se elaboraron en los tres primeros años del régimen, la primera es de 1933 y se denomina Ley de Protección de los Animales, un año después se aprueba la Ley del Reich de la Caza y en 1935 entra en vigor la Ley de Protección de la Naturaleza, que entre otros tópicos creó una legislación especial para transportar animales en automóviles, prescribió la manera menos dolorosa de herrar a los caballos y buscó hacer menos dolorosa el modo de cocinar una langostas evitando que se cocieran vivas. Pero hay más, el gobierno de 

Los nazis eran muy buenos | mundotoro.com
Adolf Hitler sería el primer animalista en prohibir la práctica de la vivisección.

Los temas de la naturaleza tenían gran importancia dentro del partido NAZI socialista. Muchos de sus principales dirigentes eran vegetarianos. Las leyes actuales de bienestar animal y ecología en Alemania y otros países son variaciones de las leyes introducidas por los nazis. La tierra madre, sus bosques, ríos, flora y fauna, debían ser preservados para salvar el refugio y sostén de la raza aria que era un deber ineludible.

Es de conocimiento público que Hitler amaba a su perra Blondi, pero además -según sus biógrafos- no admitía que se fumara en su presencia, y cuando compartía la mesa con personas que comían carne, les describía con lujo de detalle los horrores del matadero. De hecho, él mismo declaró que “En el nuevo Reich no debe haber cabida para la crueldad con los animales. 

El nazismo asesinó 6.000.000 
de seres humanos 
(es que no eran perritos)


SERGIO RAMOS TORRES DE PODEMOS LEY ANIMALISTA


VER+:ZOOFILIA EMOCIONAL NO BESTIALISTA HUMANIZACIÓN ANIMAL Y MISANTROPÍA



VER+:

El entramado de falsedades, manipulaciones, perversidades y oscuros intereses que se esconden detrás del movimiento animalista y detrás de la guerra sucia desarrollada contra la tauromaquia ha llegado a extremos aberrantes y desconocidos para la mayoría. Recogiendo las aportaciones de periodistas, escritores, filósofos e intelectuales, este blog pretende denunciar los sucios entresijos del movimiento animalista-antitaurino, y a la vez profundizar en la verdadera realidad del fenómeno taurino.