EL Rincón de Yanka: COMERCIO

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miércoles, 27 de mayo de 2026

LIBRO "TIERRA ROJA": SUICIDIOS Y VIÑAS ARRANCADAS: 🍇🍷 UN THRILLER ADICTIVO Y TREPIDANTE AMBIENTADO EN EL EXCLUSIVO MUNDO DEL VINO, LAS BODEGAS Y LAS ANTIGUAS DINASTÍAS VINÍCOLAS


 TIERRA ROJA

PEPE MÜLLER

Un thriller adictivo y trepidante ambientado 
en el exclusivo mundo del vino, 
las bodegas y las antiguas dinastías vinícolas.

🍇🍷

Arnault Leclerc, propietario de la legendaria bodega bordelesa Château Marchand, aparece colgado de una soga en su habitación de hotel el día en el que iba a recibir un homenaje por el éxito de sus vinos de parte de toda la comunidad enológica. Aparentemente se trata de un suicidio, pero Cristina Castillo, una periodista especializada, sospecha que hay gato encerrado. Comienza así una investigación que irá atrapando a Cristina en una peligrosa tela de araña que envuelve las miserias y los secretos del mundo del vino.
De Washington a La Rioja, y pasando por Burdeos, Pepe Müller aprovecha todo su conocimiento sobre enología para construir una novela que todo lector aficionado al género disfrutará como el mejor tinto.

Nota del autor

Querido lector:

Este libro te trasladará a los viñedos de La Rioja y de Burdeos. Mientras disfrutas con su intrigante trama, aprenderás mucho sobre el fascinante mundo del vino y podrás descubrir excelentes representantes de ambas re­giones.
Aunque se trate de una novela de ficción, he incluido algunos hechos y personajes reales para darle más verosimilitud.

En primer lugar, el recordado enólogo riojano Ezequiel García, apodado el Brujo, al que me he tomado la libertad de homenajear.
Destacaré asimismo al abogado y crítico de vinos estadounidense Robert
M. Parker debido a su relevancia en la trama y la enología moderna.
Criado en Baltimore y gran aficionado al vino, creó la guía The Wine Ad­vocate para asesorar al consumidor. Saltó a la fama al predecir la excelencia de la añada 1982 en Burdeos, contradiciendo la opinión general de los exper­tos. Poco después, dejó la abogacía para dedicarse en exclusiva a la crítica de vinos.

Para ello, definió un método de valoración, basado en una escala de cin­cuenta a cien puntos, que pronto fue equivalente a las estrellas Michelin en la gastronomía. Si un vino obtenía cien «puntos Parker» aumentaba pronto su categoría y precio.
El impacto inicial fue positivo e impulsó la calidad en muchas bodegas.
Sin embargo, algunas adaptaron sus vinos al paladar de Parker para subir la puntuación y se fue reduciendo la diversidad. Esta «parkerización» ha hecho que el crítico ya no tenga el predicamento de 2006, año en el que se sitúa nuestra historia.

Tienes entre tus manos una novela muy sensorial. Para que puedas disfru­tarla plenamente, te recomiendo acompañarla con una copa de buen vino en la mano y escuchando su «banda sonora»...



Burdeos, al borde del abismo

Suicidios, viñas arrancadas 
y el colapso de un modelo centenario


La crisis del vino de Burdeos ha dejado de ser una abstracción económica para convertirse en una tragedia humana. En menos de un año, tres suicidios vinculados directamente al sector vitivinícola han sacudido a la región más famosa del vino mundial, revelando hasta qué punto la tormenta perfecta que asola al viñedo bordelés ha superado ya el umbral de lo asumible. No se trata solo de cifras en rojo, de excedentes o de mercados perdidos, sino de vidas rotas por la sensación de no tener salida en un territorio donde el vino no es una actividad económica más, sino una identidad.

El último de estos suicidios, ocurrido el 31 de diciembre de 2025, fue el de Guillaume Pétergne, un viticultor del Médoc que había heredado una explotación familiar centenaria. Tras años de ventas inexistentes, deudas acumuladas y participación en programas públicos de arranque de viñas como último recurso, Pétergne decidió abandonar la actividad. En una entrevista concedida meses antes de su muerte, había confesado que la idea de perder la propiedad familiar lo «roería hasta el final de sus días». A Pétergne le habían antecedido en el trance Christophe Blanc, viticultor de Castillon, y Jonathan Mayer, joven productor comprometido con la reconversión ecológica y con un papel activo en los órganos de gobernanza del sector. Tres perfiles distintos —un heredero exhausto, un viticultor tradicional y un reformista convencido— unidos por un mismo desenlace: la ruina económica convertida en derrota íntima.

Tras el tercer suicidio, el sector ha reaccionado con un gesto poco habitual en Burdeos: unidad absoluta. Todas las organizaciones profesionales, sindicatos agrarios y entidades interprofesionales han firmado un documento conjunto dirigido al Gobierno francés en el que reclaman medidas inmediatas para evitar el colapso de la viticultura regional. El diagnóstico es unánime: el sistema ha dejado de ser viable para una parte creciente de los productores.
Las cifras sostienen ese grito de auxilio. Solo en el último ejercicio, el sector habría acumulado pérdidas superiores a los 130 millones de euros. Miles de viticultores venden su uva por debajo de los costes de producción, cuando consiguen venderla. El Gobierno francés ha anunciado un plan de arranque de viñedos dotado con 130 millones de euros para los próximos años, con el objetivo de reducir superficie, aliviar excedentes y sanear el mercado. La medida supone aceptar oficialmente que una parte del Burdeos productivo ya no tiene mercado. Para muchos bodegueros, sin embargo, no es una solución, sino una eutanasia económica diferida.

A ello se suman las demandas de fondos para destilación de excedentes, la revisión de la ley Egalim para proteger los ingresos del productor, una mayor flexibilidad normativa en materia fitosanitaria y la posibilidad de crear organizaciones de productores con mayor fuerza negociadora frente a la gran distribución. La protesta ha llegado incluso a la Cité du Vin, convertida simbólicamente en escenario de «exequias de la agricultura francesa» por jóvenes agricultores que denuncian la paradoja de promover vinos extranjeros mientras el viñedo local se desangra.
Para entender la profundidad de la crisis hay que recordar qué es Burdeos. No se trata solo una región vitícola: es el arquetipo del vino moderno. Aquí se inventó, mucho antes de que existiera el término, el concepto de marca aplicada al vino. Aquí se fijó la idea de jerarquía territorial, de clasificación, de prestigio acumulado. Desde la Edad Media, cuando los vinos de Aquitania abastecían masivamente a Inglaterra tras el matrimonio de Leonor de Aquitania con Enrique II, hasta la clasificación de 1855 impulsada por Napoleón III, Burdeos ha sido sinónimo de orden, poder y comercio.

Durante siglos, el puerto de Burdeos fue una máquina logística al servicio del vino. El estuario de la Gironda permitió una expansión comercial sin precedentes. Los vinos bordeleses viajaban a Inglaterra, Flandes, Alemania y, más tarde, a América. Esa vocación exportadora moldeó el estilo: vinos pensados para largas travesías, para resistir el tiempo, para evolucionar en botella. Burdeos inventó el vino de guarda antes de que el concepto existiera.
También aquí se consolidó la noción de château como unidad simbólica. No era solo una bodega, sino un relato: una propiedad, una familia, un terroir, una continuidad. Nombres como Château Lafite‑Rothschild, Château Latour, Château Margaux o Château Haut‑Brion no solo designan vinos, sino una forma de entender el lujo, la herencia y el savoir faire.

Ese savoir faire era el santo grial al que aspirábamos, en los 90, los aficionados incipientes que ansiábamos descubrir los mejores vinos del mundo, que llegaban a nuestras enotecas y wine-bars primigenios –¡qué recuerdos de El Aloque y el Buen Provecho!– procedentes de un mosaico complejo de territorios y uvas. En la orilla izquierda dominaban los suelos calcáreos y las gravas del Médoc y de Graves, cuna de vinos estructurados y longevos basados en la variedad cabernet sauvignon. En la orilla derecha, las arcillas de Saint-Émilion y Pomerol daban protagonismo al merlot y el cabernet franc, con vinos más redondos y sedosos. A ello se sumaban los blancos secos de Pessac-Léognan, los dulces de Sauternes y Barsac, y un océano de denominaciones genéricas que son las que siempre han alimentado el mercado cotidiano. Ese equilibrio, hoy, está roto.

La campaña de venta a la avanzada (primeur) de la añada 2024 ha actuado como detonante final de una crisis larvada. Pese a rebajas de precios que en algunos casos alcanzaron el 30%, la respuesta del mercado fue el silencio. «Han sido los peores primeurs en 25 años», reconocía un comerciante británico citado por Neil Martin en Vinous, quien no duda en hablar de la mayor crisis de Burdeos desde los años treinta.

Martin describe un panorama devastador: vinos que no vendieron ni una sola caja, teléfonos que no sonaron, correos electrónicos sin respuesta. Incluso entre los grandes nombres —los 1.ers crus del Médoc—, el interés fue tibio. El problema ya no es solo el precio, sino la saturación del sistema. Hay demasiadas añadas anteriores disponibles a precios similares o inferiores. El incentivo para comprar vino que aún no existe ha desaparecido.

Desde el punto de vista cualitativo, la añada tampoco ayuda. William Kelley, en su informe para The Wine Advocate, califica 2024 como la cosecha más floja de la última década. Un año marcado por lluvias persistentes, presión extrema de mildiu, dificultades de maduración y decisiones límite en viña y bodega.
«La madurez, en resumen, fue el factor crítico», resume Kelley. Solo algunos productores, con medios técnicos y financieros suficientes, lograron sortear el desastre. El resto produjo vinos delgados, herbáceos o simplemente mediocres.
En otro contexto histórico, Burdeos habría absorbido una añada mediocre sin mayores consecuencias. Pero el mercado actual es implacable. Consumidores escaldados por la pérdida de valor de cosechas recientes, comerciantes saturados de stock y tipos de interés al alza han convertido 2024 en la prueba definitiva de que el sistema primeur ha dejado de funcionar tal como fue concebido.

Nada de esto es completamente nuevo. Burdeos lleva más de una década acumulando síntomas de agotamiento. El consumo mundial de vino tinto cae de forma estructural, especialmente entre los jóvenes. En Francia, el tinto se ha desplomado en pocos años; en China, uno de los grandes motores del auge bordelés de principios de siglo, la demanda se ha hundido. A ello se suman la competencia de regiones emergentes, el auge de blancos y espumosos, la presión sanitaria sobre el alcohol y un cambio cultural profundo.
Con un viñedo compuesto en un 85% por tintos, Burdeos es especialmente vulnerable. Ya en 2023 los viticultores pedían arrancar un 10% de la superficie. En 2024, el arranque dejó de ser un tabú para convertirse en política pública. Miles de hectáreas están destinadas a desaparecer o a reconvertirse en otros usos agrícolas. Es una cirugía mayor aplicada a un cuerpo histórico.

El ajuste, además, no es equitativo. Los châteaux de mayor prestigio pueden resistir gracias a su fama, su músculo financiero o su integración en grandes patrimonios. Pero el tejido intermedio y popular —los crus bourgeois, pequeños productores, cooperativas— es el que está cayendo. Ahí se concentran las quiebras silenciosas, las transmisiones familiares frustradas y, en los casos más extremos, las tragedias personales.
Desde The Guardian, Tim Dowling apunta a una posible salida cultural además de económica: recuperar estilos más ligeros y frescos, como el clairet de siglos pasados, adaptados a nuevos hábitos de consumo. No olvidemos que aquel tinto bordelés que nos fascinó hace décadas cambió de estilo mirando el modelo de Napa Valley y el gusto del mercado estadounidense, tornándose más oscuro, confitado, alcohólico y estructurado, al tiempo que multiplicaba sus precios por tres y por cuatro.

Solo unos pocos châteaux con vocación ultraclásica (Latour, Leóville-Las Casses, Lafleur) o bien con cierta rebeldía contracultural vinculada a la biodinámica y los vinos naturales (Le Puy, Meylet, Castel Vielh La Salle) se mantuvieron en sus trece. Casi todo el resto cayó, parafraseando a Patricia Highsmith, en la fascinación del amigo americano. Y hoy resulta difícil rectificar, no solo en estilo, sino también en el posicionamiento de precio en el mercado.

«Para una región cuya producción de vino es 85% tinto, esto es una crisis existencial», recuerda Dowling en el diario británico, subrayando que Burdeos produce cientos de millones de botellas que ya no encuentran comprador. Y no le falta razón.
Otros, como Neil Martin, son más radicales: la única salida pasa por asumir una fuerte corrección de precios, abandonar la ficción del vino como activo financiero y reconstruir la relación con el consumidor desde la honestidad. «La respuesta radica en lo que los consumidores están dispuestos a pagar por el vino, no en lo que piensa la bodega», sentencia.

Quizá ambas cosas sean ciertas. Lo que resulta indiscutible es que Burdeos ha llegado al final de un ciclo histórico. El modelo que convirtió al vino en objeto de especulación, que confundió prestigio con inflación permanente y que dio por sentado que el mundo siempre querría beber —y atesorar— sus botellas, ha dejado de funcionar.
Mientras tanto, en los viñedos de la Gironda, hay familias que arrancan cepas plantadas por sus abuelos, bodegas que cierran en silencio y viticultores que ya no ven futuro. Esa es la verdadera dimensión de la crisis. No la de los primeurs fallidos, sino la de un territorio que lucha por no perder su razón de ser.

lunes, 20 de abril de 2026

LOS PRODUCTOS BONOS BASURA O TÓXICOS PREFERENTES FINANCIEROS (HIPOTECAS SUBPRIME) DE LA BASURA DE LOS POLÍTICOS DE MIERDA 🏦💩 EN GALICIA Y EN ESPAÑA


LOS PRODUCTOS BASURA 
DE LA BASURA DE LOS POLÍTICOS DE MIERDA
🏦💩

ME HAN ELIMINADO ENTRADAS 
EN MI BLOG Y EN MIS REDES 
SOBRE EL TEMA DE 
LAS CAJAS DE AHORRO. 
Y EN INTERNET, NO APARECE NADA...
El periodo de crisis financiera y la comercialización de productos financieros complejos y de alto riesgo a clientes minoristas, un fenómeno conocido comúnmente como la comercialización de preferentes y deuda subordinada, considerados activos "basura" o de alto riesgo por su complejidad y falta de liquidez.
Aquí están los puntos clave basados en la información histórica:

Comercialización de productos de riesgo: La entidad, antes de su integración en Novagalicia Banco y su posterior quiebra, comercializó masivamente participaciones preferentes y deuda subordinada a pequeños ahorradores, muchos de los cuales no tenían perfil inversor para este tipo de productos.
Consecuencias y estafa: Estas prácticas llevaron a denuncias por parte de sindicatos (como la CIG) y asociaciones de consumidores, acusando a exdirectivos de la entidad (como José Luis Méndez y Mauro Varela) de estafa y administración desleal, alegando una estrategia para ocultar la situación real de insolvencia de la caja.

Quiebra y saneamiento: Caixa Galicia (integrada en NCG) quebró y tuvo que ser intervenida, resultando en pérdidas millonarias para los contribuyentes (8.000 millones de euros) y en la venta de la entidad al grupo venezolano Banesco por 1.003 millones en 2013.
Situación actual: Tras la reestructuración bancaria, el grupo resultante fue adquirido y el banco original de Caixa Galicia desapareció. Actualmente, las referencias a CaixaBank y "residuos" son de carácter ambiental, enfocadas en programas de recogida de basura en entornos naturales.
En resumen, el concepto de "productos basura" aplicado a Caixa Galicia se refiere a la venta de productos financieros tóxicos que resultaron en la pérdida de ahorros de miles de clientes.


El juez cuestiona la fusión, impulsada por la Xunta 
y que costó al Estado 8.000 millones €s

La sala de lo Penal de la Audiencia Nacional afirma en un auto del pasado día 1 que las ayudas públicas que en 2010 recibió la fusión de las cajas gallegas, que ascendieron a 9.000 millones de euros, fueron motivadas por “la situación económica financiera en la que se encontraba Caixa Galicia antes de la fusión”. “CaixaNova nunca habría sido intervenida si no se hubiera visto obligada a fusionarse con Caixa Galicia, dando lugar a NovaCaixaGalicia (NCG)”, añade.
El auto que citas, dictado el 1 de octubre de 2020 por la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, constituye un documento clave para entender el colapso del sistema financiero gallego. En esta resolución, la justicia establece una distinción clara entre la salud financiera de las dos entidades originales antes de su unión forzosa.

A continuación, se detallan los puntos fundamentales que recoge el auto y el contexto de este rescate:

Conclusiones de la Audiencia Nacional

Culpa de Caixa Galicia: El tribunal afirma que la situación de insolvencia de Caixa Galicia fue la que arrastró a la nueva entidad y motivó el uso de fondos públicos.
Viabilidad de Caixanova: Según el auto, Caixanova era una entidad viable que "nunca habría sido intervenida" de no haber sido obligada a fusionarse.
Fusión Política: Se señala que la fusión fue una decisión impulsada por la Xunta de Galicia y avalada por el Banco de España para evitar la quiebra inminente de Caixa Galicia.
Inyección de capital: La intervención del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) se debió exclusivamente a los riesgos generados por el balance de la caja con sede en La Coruña.

Impacto Económico del Rescate

La cronología del coste para el contribuyente se resume en estas cifras: 
Inyección total: El Estado inyectó aproximadamente 9.000 millones de euros para sanear la entidad resultante (NovaCaixaGalicia).
Venta a Banesco: En 2013, la entidad (ya convertida en NCG Banco) fue vendida al grupo venezolano Banesco por 1.003 millones de euros, dando origen a lo que hoy es ABANCA.
Pérdida neta: El Estado dio por perdidos unos 8.000 millones de euros de dinero público tras la operación.

Consecuencias Judiciales

El auto supuso un giro en las responsabilidades legales, ya que: 
Inhibición del caso: La Audiencia Nacional se inhibió en favor de la Audiencia Provincial de Pontevedra para juzgar operaciones específicas de inversión.
Crítica a la gestión: Subrayó que los riesgos asumidos por Caixa Galicia en el sector inmobiliario fueron determinantes para el "derrumbe" de la caja única gallega.
Dato clave: La Audiencia destacó que las inversiones de Caixanova que estaban bajo sospecha (como una operación en Cangas) solo representaban el 4% de sus recursos propios y no comprometían su viabilidad.

Cómo las CAJAS de ahorro ARRUINARON ESPAÑA - VisualEconomik

MÁS ALLÁ DEL CRASH por SANTIAGO NIÑO BECERRA


LA GRAN ESTAFA 
DE LAS PREFERENTES
Abusos e impunidad de la banca durante 
la crisis financiera en España


El libro pone al descubierto las estrechas vinculaciones entre los abusos bancarios y las características del actual sistema financiero. El libro profundiza en los problemas de la asimetría de la información que preside las relaciones entre bancos y ciudadanos que se encuentran en una clara posición de inferioridad. Los bancos han incumplido masivamente la legislación de protección de los usuarios, entre los que figuraban ancianos, analfabetos, menores y enfermos de Alzheimer. El relato destaca las multitudinarias movilizaciones que fueron determinantes para que muchas personas pudieran recuperar sus ahorros. Las protestas propiciaron la concienciación de los jueces, que han dictado decenas de miles de sentencias condenatorias de los bancos, un acontecimiento sin precedentes en España.
La historia nunca contada sobre el mayor escándalo financiero español Alternativas Económicas edita La gran estafa de las preferentes, de Andreu Missé.

• Las duras quitas impuestas a los clientes atrapados, de hasta el 70% de lo invertido, se aplicaron en España sin una base legal europea específica.
• Las preferentes fueron empleadas por los bancos y cajas españoles como un instrumento de capitalización más barato al eludir el pago de impuestos entre 1998 y 2003. Durante este periodo captaron más de 18.000 millones de euros.
• La legalización de las preferentes se realizó tras una amnistía fiscal en 2003.
• Las pérdidas de los preferentistas redujeron la factura del rescate bancario español en más de 15.000 millones de euros.
• Sólo la presión de las protestas de los afectados mitigó el alcance de las pérdidas.
• Los jueces de lo civil dan la razón a los clientes engañados con decenas de miles de sentencias contra la banca mientras continúa la investigación penal. Barcelona, 7 de septiembre.
La gran estafa de las preferentes, cuyo autor es el periodista Andreu Missé, desvela el papel determinante de los abusos y malas prácticas de la banca durante la gestación, el estallido y los intentos de reparación de la crisis financiera en España.

Las duras quitas impuestas a los clientes atrapados, de hasta el 70% de lo invertido, se aplicaron en España sin una base legal europea que lo permitiera de manera específica, según la investigación periodística de Missé. Los ahorradores españoles se convirtieron de este modo en conejillos de indias sobre los que la Unión Europea asentó en 2012 una nueva doctrina de que los preferentistas participaran, además de los contribuyentes, en el rescate del sector financiero. 
El Gobierno español cedió a las presiones y no defendió lo suficiente a los afectados a sabiendas de que la comercialización de un producto de elevado riesgo se había realizado como si se tratara de un depósito. 

Resultado de ello fue una factura menos costosa del rescate bancario español que ya ha consumido 94.755 millones de ayudas directas de capital. La experiencia española sirvió de base para elaborar la nueva legislación europea a partir de 2013 que no entró en vigor con todos sus efectos hasta 2016. Las multas impuestas a las entidades financieras españolas por estas prácticas abusivas son irrisorias, pues apenas han alcanzado los diez millones de euros en los caso más elevados. 

Mientras que los diez principales bancos de Estados Unidos y Europa que han incurrido en prácticas abusivas han pagado multas que en su conjunto superan los 150.000 millones de dólares. El trabajo de Andreu Missé, director de AlterEco, ha durado más de dos años y maneja una cantidad ingente de documentación y de fuentes informativas, además de retratar decenas de perjudicados que evidencian el engaño. Los perfiles de afectados convierten el libro en lo que el autor define como “una crónica sobre los perdedores de la crisis”. 

La gran estafa de las preferentes ahonda en los orígenes en paraísos fiscales de este producto maldito, que fue empleado por bancos y cajas como un instrumento de capitalización de bajo coste, eludiendo el pago de impuestos. Entre 1998 y 2003 captaron una inversión superior a los 18.000 millones de euros. El pionero en esta práctica fue el antiguo BBV y Bankia ha sido la entidad que ha tenido un mayor número de afectados.

El trabajo expone a su vez la amnistía fiscal que resultó de la legalización de las preferentes hace trece años en España, capitaneada por el ex vicepresidente económico Rodrigo Rato y el entonces secretario de Estado de Economía y hoy ministro Luis De Guindos; se detiene en la popularización de las preferentes entre particulares convencidos de que sus ahorros estaban seguros cuando los inversores profesionales ya habían huido de un producto de alto riesgo entre tibias advertencias del supervisor; y, sobre todo, destaca las elevadas pérdidas impuestas por la UE y el Gobierno a los ahorradores españoles, que fueron más allá de lo previsto en el marco legal vigente en la Unión Europea. 

El libro atribuye a las incansables protestas de los afectados, y no a la actuación de las autoridades, la respuesta que finalmente empezaron a dar bancos y cajas al problema, que no evitaron importantes pérdidas ni lograron recuperación inmediata del dinero. La solución del arbitraje, controlado en todo momento por la banca, resolvió el problema a un número importante de perjudicados per dejó a más de 125.000 excluidos de este mecanismo. 

El autor destaca el rol clave desempeñado por los jueces de lo civil con decenas de miles de sentencias condenatorias a las entidades financieras en un escándalo que ha llegado a colapsar los juzgados y tras el que la banca española ha acabado inspirando la peor valoración ciudadana de un país europeo, sólo por detrás de la irlandesa. Varias investigaciones judiciales en la vía penal siguen abiertas.


Presentación del libro: La gran estafa de las preferentes, de Andreu Missé

VER+:



Los ciudadanos del mundo entero vivimos con inquietud la grave situación económica de nuestros días. Entre esperanzados y desconfiados, oímos las buenas palabras y los anuncios de planes salvadores con que nos bombardean nuestros gobernantes. Pero, mas que frases de aliento y anuncios de milagros que no se cumplen, lo que deseamos es saber la verdad, encontrar respuestas fiables a las preguntas que todos nos formulamos: 
¿Cuál es el origen de la actual situación económica? ¿Se trata de una crisis más, de efectos pasajeros? ¿Ha estallado la crisis, o estamos todavía en sus prolegómenos? ¿Cuál podría ser su alcance? ¿Tiene remedio? 
Santiago Niño Becerra alertó hace tiempo de que los años de vacas gordas estaban llamados a terminar, y advirtió que esta vez íbamos a enfrentarnos a una crisis verdaderamente profunda, a una crisis sistémica, que conduciría a un inevitable y necesario cambio, pues el capitalismo está agotándose. 
En El crash del 2010 desarrolla y profundiza su análisis de la situación, y ofrece respuesta a todas esas preguntas. 
Se trata de una obra valiente, clara y contundente. La crisis no ha empezado todavía, estallará con toda su crudeza en el 2010, y será larga y muy dura, sobre todo en algunos países, como España. Lo dice uno de los pocos expertos mundiales que, en los momentos de plena euforia, se atrevieron a anunciar lo que ahora apenas comenzamos a intuir.




La crisis de las hipotecas "subprime" fue una crisis financiera por desconfianza crediticia que se extendió inicialmente por los mercados financieros de Estados Unidos y fue la alarma que puso en el punto de mira a las hipotecas «basura» de Europa desde el verano de 2007, evidenciándose al verano siguiente con la crisis financiera de 2008. Generalmente, se considera el detonante de la Gran Recesión en el plano internacional, incluyendo la burbuja inmobiliaria en España.
La crisis hipotecaria, hasta octubre de 2008, se había saldado con numerosas quiebras financieras, nacionalizaciones bancarias, constantes intervenciones de los bancos centrales de las principales economías desarrolladas, profundos descensos en las cotizaciones bursátiles y un deterioro de la economía global real que ha supuesto la entrada en recesión de algunas de las economías más industrializadas.


miércoles, 4 de febrero de 2026

LIBRO "LA POÉTICA DEL ESPACIO" por GASTÓN BACHELARD


LA POÉTICA DEL ESPACIO



INTRODUCCIÓN

I

GASTÓN BACHELARD: Un filósofo que ha formado todo su pensamiento adhiriéndose a los temas fundamentales de la filosofía de las ciencias, que ha seguido tan claramente como ha podido el eje del racionalismo activo, el eje del racionalismo creciente de la ciencia contemporánea, debe olvidar su saber, romper con todos sus hábitos de investigación filosófica si quiere estudiar los problemas planteados por la imaginación poética. 
Aquí, el culto pasado no cuenta, el largo esfuerzo de los enlaces y las construcciones de pensamientos, el esfuerzo de meses y años resulta ineficaz. Hay que estar en el presente, en el presente de la imagen, en el minuto de la imagen: si hay una filosofía de la poesía, esta filosofía debe nacer y renacer con el motivo de un verso dominante, en la adhesión total a una imagen aislada, y precisamente en el éxtasis mismo de la novedad de la imagen. 

La imagen poética es un resaltar súbito del psiquismo, relieve mal estudiado en causalidades psicológicas subalternas. Nada general ni coordinado tampoco puede servir de base a una filosofía de la poesía. La noción de principio, la noción de "base", sería aquí ruinosa. Bloquearía la actualidad esencial, la novedad psíquica esencial del poema. Mientras la reflexión filosófica que se ejercita sobre un pensamiento científico largamente elaborado exige que la nueva idea se integre en un cuerpo de ideas experimentadas, aunque ese cuerpo se someta, a causa de la nueva idea, a una elaboración profunda, como sucede en el caso de todas las revoluciones de la ciencia contemporánea, la filosofía de la poesía debe reconocer que al acto poético no tiene pasado, que no tiene al menos un pasado próximo, remontándose al cual se podría seguir su preparación y su advenimiento. 

Cuando más tarde nos retiramos a la relación entre una imagen poética nueva y un arquetipo dormido en el fondo del inconsciente, tendremos que comprender que dicha relación no es, hablando con propiedad, causal. La imagen poética no está sometida a un impulso. No es el eco de un pasado. Es más bien lo contrario: en el resplandor de una imagen, resuenan los ecos del pasado lejano, sin que se vea hasta qué profundidad van a repercutir y extinguirse. En su novedad, en su actividad, la imagen poética tiene un ser propio, un dinamismo propio. Procede de una ontología directa. Y nosotros queremos trabajar en esta ontología. Es, pues, en la inversa de la causalidad, en la repercusión, en la resonancia, tan finamente estudiada por Minkowsky,1 donde creemos encontrar las verdaderas medidas del ser de una imagen poética. 

En esa resonancia, la imagen poética tendrá una sonoridad de ser. El poeta habla en el umbral del ser. Para determinar el ser de una imagen tendremos que experimentar, como en la fenomenología de Minkowsky, su resonancia. Decir que la imagen poética escapa a la causalidad es, sin duda, una declaración grave. Pero las causas alegadas por el psicólogo y el psicoanalista no pueden nunca explicar bien el carácter verdaderamente inesperado de la imagen nueva, ni la adhesión que suscita en un alma extraña al proceso de su creación. 

El poeta no me confiere el pasado de su imagen y, sin embargo, su imagen arraiga enseguida en mí. La comunicabilidad de una imagen singular es un hecho de gran significado ontológico. Volveremos a esta comunión por actos breves, aislados, activos. Las imágenes arrastran —después de surgir—, pero no son los fenómenos de un arrastre. Claro está que en las investigaciones psicológicas se puede prestar atención a los métodos psicoanalíticos para determinar la personalidad de un poeta, se puede encontrar así una medida de las presiones —sobre todo de la opresión— que el poeta ha debido padecer en el curso de su vida, pero el acto poético, la imagen súbita, la llamarada del ser en la imaginación, escapan a tales encuestas. Para iluminar filosóficamente el problema de la imagen poética es preciso llegar a una fenomenología de la imaginación. Entendamos por esto un estudio del fenómeno de la imagen poética cuando la imagen surge en la conciencia como un producto directo del corazón, del alma, del ser del hombre captado en su actualidad.

II

Se nos preguntará tal vez por qué, modificando nuestro punto de vista anterior, buscamos ahora una determinación fenomenológica de las imágenes. En nuestros trabajos anteriores sobre la imaginación, en efecto, estimamos preferible situarnos lo más objetivamente posible ante las imágenes de los cuatro elementos de la materia, de los cuatro principios de las cosmogonías intuitivas. Fieles a nuestros hábitos de filósofo de las ciencias, habíamos tratado de considerar las imágenes fuera de toda tentativa de interpretación personal. Poco a poco, dicho método, que tiene a su favor la prudencia científica, me ha parecido insuficiente para fundar una metafísica de la imaginación. 

La actitud "prudente", ¿no es acaso por sí sola la negación de obedecer a la dinámica inmediata de la imagen? Por otra parte hemos comprobado cuán difícil resulta despegarse de esta "prudencia". Decir que se abandonan los hábitos intelectuales es una declaración fácil, ¿pero cómo cumplirla? Hay ahí, para un racionalista, un pequeño drama cotidiano, una especie de desdoblamiento del pensamiento que, por parcial que sea su objeto -una simple imagen— no deja de tener una gran resonancia psíquica. Pero este pequeño drama de cultura, este drama al simple nivel de una imagen nueva, contiene la paradoja de una fenomenología de la imaginación: 

¿Cómo una imagen, a veces muy singular puede aparecer como una concentración de todo el psiquismo? ¿Cómo, también, ese acontecimiento singular y efímero que es la aparición de una imagen poética singular, puede ejercer acción -sin preparación alguna- sobre otras almas, en otros corazones, y eso, pese a todas las barreras del sentido común, a todos los prudentes pensamientos, complacidos en su inmovilidad? 

Nos ha parecido entonces que esta transubjetividad de la imagen no podía ser comprendida, en su esencia, únicamente por los hábitos de las referencias objetivas. Sólo la fenomenología —es decir la consideración del surgir de la imagen en una conciencia individual— puede ayudarnos a restituir la subjetividad de las imágenes y a medir la amplitud, la fuerza, el sentido de la transubjetividad de la imagen. 

Todas esas subjetividades y transubjetividades no pueden determinarse de una vez por todas. En efecto, la imagen poética es esencialmente variable. No es, como el concepto, constitutiva. Sin duda, la tarea de desprender la acción mutadora de la imagen poética en el detalle de las variaciones de las imágenes es dura, aunque monótona. Para un lector de poemas, la referencia a una doctrina que lleva el nombre tan a menudo mal entendido de fenomenología, corre el riesgo de permanecer oscura. Sin embargo, fuera de toda doctrina, esa referencia es clara. Se pide al lector de poemas que no tome una imagen como un objeto, menos aún como un sustituto de objeto, sino que capte su realidad específica. Para eso hay que asociar sistemáticamente el acto de la conciencia donadora con el producto más fugaz de la conciencia: la imagen poética. 

Al nivel de la imagen poética, la dualidad del sujeto y del objeto es irisada, espejeante, continuamente activa en sus inversiones. En ese dominio de la creación de la imagen poética por el poeta, la fenomenología es, si así puede decirse, una fenomenología microscópica. Por esta razón, dicha fenomenología tiene probabilidades de ser estrictamente elemental. En esta unión, por la imagen, de una subjetividad pura pero efímera y de una realidad que no va necesariamente hasta su constitución completa, el fenomenólogo encuentra un campo de innumerables experiencias; aprovecha observaciones que pueden ser precisas porque son simples, porque "no tienen consecuencias", a la inversa de lo que sucede con los pensamientos científicos, que son siempre pensamientos enlazados. La imagen, en su simplicidad, no necesita un saber. Es propiedad de una conciencia ingenua. En su expresión es lenguaje joven. 

El poeta, en la novedad de sus imágenes es siempre origen del lenguaje. Para especificar bien lo que puede ser una fenomenología de la imagen, para aclarar que la imagen es antes que el pensamiento, habría que decir que la poesía es, más que una fenomenología del espíritu, una fenomenología del alma. Se deberían entonces acumular documentos sobre la conciencia soñadora. 

La filosofía en lengua francesa contemporánea, y a fortiori la psicología, no se sirven apenas de la dualidad de las palabras alma y espíritu. Son por este hecho, una y otra, un poco sordas respecto a los temas tan numerosos en la filosofía alemana, en que la distinción entre el espíritu y el alma (der Geist y die Seele) es tan clara. Pero puesto que una filosofía de la poesía debe recibir todos los poderes del vocabulario, no debe simplificar nada ni endurecer nada. Para dicha filosofía, espíritu y alma no son sinónimos. Tomándolos en sinonimia, se nos impide traducir textos preciosos, se deforman los documentos entregados por la arqueología de las imágenes. La palabra alma es una palabra inmortal. En ciertos poemas es imborrable. Es una palabra del aliento.2 

La importancia vocal de una palabra debe retener por sí sola la atención de un fenomenólogo de la poesía. La palabra alma puede ser dicha con tal convicción que comprometa todo un poema. El tono poético que corresponde al alma debe, pues, quedar abierto a nuestras encuestas fenomenológicas. En el terreno de la pintura misma, donde la realización parece traer decisiones que proceden del espíritu, que encuentran obligaciones del mundo de la percepción, la fenomenología del alma puede revelar el primer compromiso de una obra. Rene Huyghe, en el bello prefacio que ha escrito para la exposición de las obras de Georges Rouault en Albi, dice: "Si hubiera que buscar por dónde hace explotar Rouault las definiciones..., tal vez tuviéramos que evocar una palabra un poco caída en desuso, a saber, alma". 

Y René Huyghe muestra que para comprender, para sentir y amar la obra de Rouault "hay que lanzarse al centro, al corazón, a la encrucijada donde todo toma su origen y su sentido: y encontramos de nuevo la palabra olvidada o reprobada, el alma". Y el alma—la pintura de Rouault lo demuestraposee una luz interior, la que una "visión interior" conoce y traduce en el mundo de los colores resplandecientes, en el mundo de la luz del Sol. Así, se exige una verdadera inversión de las perspectivas psicológicas al que quiere comprender, amando, la pintura de Rouault. Tiene que participar en una luz interior que no es el reflejo de una luz del mundo exterior; sin duda las expresiones de visión interior, de luz interior se reivindican con demasiada facilidad. 

Pero el que habla aquí es un pintor, un productor de luces. Sabe de qué foco parte la iluminación. Vive el sentido íntimo de la pasión de lo rojo. En el principio de tal pintura hay un alma que lucha. Semejante pintura es, pues, un fenómeno del alma. La obra debe redimir a un alma apasionada. Las páginas de René Huyghe nos confirman en la idea de que el hablar de una fenomenología del alma no carece de sentido. 

En muchas circunstancias, debe reconocerse que la poesía es un compromiso del alma. La conciencia asociada al alma es más reposada, menos intencionada que la conciencia asociada a los fenómenos del espíritu. En los poemas se manifiestan fuerzas que no pasan por los circuitos de un saber. Las dialécticas de la inspiración y del talento se iluminan si se consideran sus dos polos: el alma y el espíritu. A nuestro juicio, alma y espíritu son indispensables pata estudiar los fenómenos de la imagen poética en sus diversos matices, para seguir sobre todo la evolución de las imágenes poéticas desde el ensueño hasta la ejecución. 

En particular, estudiaremos en otra obra el ensueño poético como fenomenología del alma. El ensueño es por sí solo una instancia psíquica que se contunde demasiado frecuentemente con el sueño. Pero cuando se trata de un ensueño poético, de un ensueño que goza no sólo de sí mismo, sino que prepara para otras almas goces poéticos, se sabe muy bien que no estamos en la pendiente de las somnolencias. 

El espíritu puede conocer un relajamiento, pero en el ensueño poético el alma vela, sin tensión, descansada y activa. Para hacer un poema completo, bien estructurado, será preciso que el espíritu lo prefigure en proyecto. Pero para una simple imagen poética, no hay proyecto, no hace falta más que un movimiento del alma. En una imagen poética el alma dice su presencia. Y así un poeta plantea el problema fenomenológico del alma con toda claridad. Pierre-Jean Jouve escribe:
3 "La poesía es un alma inaugurando una forma". 

El alma inaugura. Es aquí potencia primera. Es dignidad humana. Incluso si la forma fuera conocida, percibida, tallada en los "lugares comunes", era, antes de la luz poética interior, un simple objeto pata el estudio. Pero el alma viene a inaugurar la forma, a habitarla, a complacerse en ella. La frase de Pierre-Jean Jouve puede tomarse como una clara máxima de una fenomenología del alma.

Puesto quo pretende ir tan lejos, descender a tanta profundidad, una encuesta fenomenológica sobre la poesía debe rebasar, por obligación de métodos, las resonancias sentimentales con las que recibimos más o menos ricamente —según que esta riqueza esté en nosotros o en el poema— la obra de arte. Aquí debe sensibilizarse la duplicación fenomenológica de las resonancias y de la repercusión. Las resonancias se dispersan sobre los diferentes planos de nuestra vida en el mundo, la repercusión nos llama a una profundización de nuestra propia existencia. En la resonancia oímos el poema, en la repercusión lo hablamos, es nuestro. 

La repercusión opera un cambio del ser. Parece que el ser del poeta sea nuestro ser. La multiplicidad de las resonancias sale entonces de la unidad de ser de la repercusión. Más simplemente dicho, tocamos aquí una impresión bien conocida de todo lector apasionado de poemas: el poema nos capta enteros. Esta captación del ser por la poesía tiene un signo fenomenológico que no engaña. La exuberancia y la profundidad de un poema son siempre fenómenos de la duplicación resonancia-repercusión. 

Parece que por su exuberancia el poeta reanima en nosotros unas profundidades. Para dar cuenta de la acción psicológica de un poema habrá, pues, que seguir dos ejes de análisis fenomenológicos, hacia las exuberancias del espíritu y hacia la profundidad del alma. Claro que —¿será preciso decirlo?— la repercusión, pese a su nombre derivado, tiene un carácter fenomenológico simple en los dominios de la imaginación poética donde queremos estudiarla. Se trata, en efecto, de determinar, por la repercusión de una sola imagen poética, un verdadero despertar de la creación poética hasta en el alma del lector. Por su novedad, una imagen poética pone en movimiento toda la actividad lingüística. La imagen poética nos sitúa en el origen del ser hablante. 

Por esa repercusión, yendo enseguida más allá de toda psicología o psicoanálisis, sentimos un poder poético que se eleva candorosamente en nosotros mismos. Después de la repercusión podremos experimentar ecos, resonancias sentimentales, recuerdos de nuestro pasado. Pero la imagen ha tocado las profundidades antes de conmover las superficies. Y esto es verdad en una simple experiencia del lector. Esta imagen que la lectura del poema nos ofrece, se hace verdaderamente nuestra. Echa raíces en nosotros mismos. La hemos recibido, pero tenemos la impresión de que hubiéramos podido crearla, que hubiéramos debido crearla. Se convierte en un ser nuevo en nuestra lengua, nos expresa convirtiéndonos en lo que expresa, o dicho de otro modo, es a la vez un devenir de expresión y un devenir de nuestro ser. Aquí, la expresión crea ser.

Esta última observación define el nivel de la ontología en la que trabajamos. En tesis general, pensamos que todo lo que es específicamente humano en el hombre es logos. No alcanzamos a meditar en una región que existiría antes que el lenguaje. Incluso si esta tesis parece rechazar una profundidad ontológica, nos debe ser concedida, por lo menos, como hipótesis de trabajo bien adecuada al tipo de investigaciones que perseguimos sobre la imagen poética. Así, la imagen poética, acontecimiento del logos, nos es personalmente innovadora. Ya no la tomamos como un "objeto". 

Sentimos que la actitud "objetiva" del crítico ahoga la "repercusión", rechaza, por principio, esta profundidad de donde debe partir el fenómeno poético primitivo. En cuanto al psicólogo, está ensordecido por las resonancias, y quiere describir sus sentimientos. Y en cuanto al psicoanalista, pierde la repercusión, ocupado en desenredar la madeja de sus interpretaciones. Por una fatalidad del método, el psicoanalista intelectualiza la imagen. Comprende la imagen más profundamente que el psicólogo. Pero, precisamente, la "comprende". Para el psicoanalista la imagen poética tiene siempre un contexto. Interpretando la imagen, la traduce en otro lenguaje que el del logos poético. Por lo tanto, nunca se puede decir, con más razón: "traduttore, traditore". 

Recibiendo una imagen poética nueva, experimentamos su valor de intersubjetividad. Sabemos que la repetiremos para comunicarnos nuestro entusiasmo. Considerada en la trasmisión de un alma a otra, se ve que una imagen poética elude las investigaciones de causalidad. Las doctrinas tímidamente causales como la psicología, o fuertemente causales como el psicoanálisis, no pueden determinar la ontología de lo poético: nada prepara una imagen poética, sobre todo no la cultura en el modo literario, ni la percepción en el modo psicológico. Por lo tanto, llegamos siempre a la misma conclusión: la novedad esencial de la imagen poética plantea el problema de la creatividad del ser que habla. Por esta creatividad, la conciencia imaginante resulta ser, muy simplemente, pero muy puramente, un origen. Al desprender este valor de origen de diversas imágenes poéticas debe abordarse, en un estudio de la imaginación, la fenomenología de la imaginación poética.

IV

Limitando de esta manera nuestra encuesta a la imagen poética en su origen, a partir de la imaginación pura, dejamos de lado el problema de la composición del poema, como agrupación de imágenes múltiples. En esta composición del poema intervienen elementos psicológicamente complejos, que asocian la cultura más o menos lejana y el ideal literario de un tiempo, y otros componentes que una fenomenología completa debería tener en cuenta. Pero un programa tan vasto podría empañar la pureza de las observaciones fenomenológicas, resueltamente elementales, que queremos presentar. 

El verdadero fenomenólogo tiene la obligación de ser sistemáticamente modesto. Por lo tanto, nos parece que la simple referencia a poderes fenomenológicos de lectura, que convierten al lector en un poeta al nivel de la imagen leída, supone ya un matiz de orgullo. Sería para nosotros inmodesto asumir personalmente una facultad de lectura que volvería a encontrar y resucitaría el poder de creación organizada y completa que integra el conjunto de un poema. Y menos aún podemos esperar llegar a una fenomenología sintética que domine, como creen lograr ciertos psicoanalistas, el conjunto de una obra. Es, pues, al nivel de las imágenes aisladas donde podemos "repercutir" fenomenológicamente. Pero precisamente este punto de orgullo, este orgullo menor, este orgullo de simple lectura que se nutre con la soledad de la lectura, lleva en sí un signo fenomenológico innegable, si se conserva su simplicidad. 

El fenomenólogo no tiene aquí nada que ver con el crítico literario que, como se ha observado con frecuencia, juzga una obra que no podría crear, e incluso según testimonio de las censuras fáciles, una obra que no querría hacer. El crítico literario es un lector necesariamente severo. Volviendo del revés como un guante un complejo que el uso excesivo ha desvalorizado hasta el punto de penetrar en el vocabulario de los estadistas, podría decirse que el crítico literario, que el profesor de retórica, que saben siempre y juzgan siempre, tienen un simplejo de superioridad. 

En cuanto a nosotros, aficionados a la lectura feliz, no leemos ni releemos más que lo que nos gusta, con un pequeño orgullo de lector mezclado con mucho entusiasmo. Mientras el orgullo suele desarrollarse por lo general en un sentimiento avasallador que pesa sobre todo el psiquismo, la punta de orgullo que nace de la adhesión a una dicha de imagen, es siempre discreta, secreta. Está en nosotros, simples lectores, para nosotros, únicamente para nosotros. Es un orgullo de cámara. Nadie sabe que revivimos, leyendo, nuestras tentaciones de ser poetas. 

Todo lector un poco apasionado por la lectura, alienta y reprime, leyendo, un deseo de ser escritor. Cuando la página leída es demasiado bella la modestia reprime ese deseo. Pero el deseo renace. De todas maneras, todo lector que relee una obra que ama, sabe que las páginas amadas le conciernen. Jean-Pierre Richard, en su hermoso libro Poesía y profundidad, escribe entre otros estudios uno sobre Baudelaire y otro sobre Verlaine. Baudelaire es puesto en relieve, precisamente porque, como dice el autor, su obra "nos concierne". 

De un estudio a otro, la diferencia de tono es grande. Verlaine no recibe como Baudelaire la adhesión fenomenológica total. Y así sucede siempre; en ciertas lecturas que nos simpatizan a fondo, somos "parte interesada" en la expresión misma. En su 77- tán Jean-Paul Richter dice de su héroe: 
"leía los elogios de los grandes hombres con tanto placer como si él hubiera sido el objeto de esos panegíricos".4 De todas maneras la simpatía en la lectura es inseparable de la admiración. Se puede admirar más o menos, pero siempre es necesario un impulso sincero, un pequeño impulso de admiración para recibir el provecho fenomenológico de una imagen poética. La menor reflexión crítica detiene este impulso, situando al espíritu en posición secundaria, lo cual destruye la primitividad de la imaginación. 

En esta admiración que rebasa la pasividad de las actitudes contemplativas, parece que el goce de leer sea reflejo del goce de escribir como si el lector fuera el fantasma del escritor. Por lo menos el lector participa en este júbilo de creación que Bergson da como signo de la creación misma.5 Aquí la creación se produce sobre el hilo tenue de la frase, en la vida efímera de una expresión. Pero esta expresión poética, aun no teniendo una necesidad vital, es de todas maneras una tonificación de la vida. El bien decir es un elemento del bien vivir. La imagen poética es una emergencia del lenguaje, está siempre un poco por encima del lenguaje significante. Viviendo los poemas se tiene la experiencia saludable de la emergencia. 

Es sin duda una emergencia de poco alcance. Pero esas emergencias se renuevan; la poesía pone al lenguaje en estado de emergencia. La vida se designa en ellas por su vivacidad. Esos impulsos lingüísticos que salen de la línea ordinaria del lenguaje pragmático, son miniaturas del impulso vital. Un microbergsonismo que abandonara la tesis del lenguaje-instrumento, para adoptar la tesis del lenguaje-realidad, encontraría en la poesía muchos documentos sobre la vida completamente actual del lenguaje. Así, junto a consideraciones sobre la vida de las palabras, tal y como aparece en la evolución de una lengua a través de los siglos, la imagen poética nos presenta, al estilo del matemático, una especie de diferencial de esta evolución. 

Un gran verso puede tener una gran influencia sobre el alma de una lengua. Despierta imágenes borradas. Y al mismo tiempo sanciona lo imprevisible de la palabra. ¿Hacer imprevisible la palabra no es un aprendizaje de la libertad? 
¡Qué hechizo tiene para la imaginación poética el evadirse de las censuras! Antaño, las artes poéticas codificaban las licencias. Pero la poesía contemporánea ha puesto la libertad en el cuerpo mismo del lenguaje. La poesía aparece entonces como un fenómeno de la libertad.
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1 Cf. Eugéne Minkowsky, Vers une cosmologie, cap. IX
2 Charles Nodier, Dictionnaire raisonné des onomatopées françaises, París, 1828, 3 p. 46. "Los diferentes nombres del alma, en casi todos los pueblos, son otras tantas modificaciones del aliento y onomatopeyas de la respiración."
4 Pierre-Jean Jouve, En Miroir, Mercare de France, p. 1 1.
5 Jean-Paul Richter, El Titán. Berlín, 1800-1803. Bergson, Lénergie spirituelle', p. 23.

¿Qué es La poética del espacio de Gaston Bachelard?

Es una obra filosófica y poética en la que Gaston Bachelard explora los espacios íntimos —la casa, la habitación, el rincón, el nido— como escenarios fundamentales de la experiencia humana. Lejos de entender el espacio como una magnitud geométrica, Bachelard lo concibe como un lugar vivido, cargado de memoria, afecto e imaginación. Cada espacio habitado se convierte en una imagen que estructura la subjetividad y revela cómo la intimidad se construye a partir de refugios simbólicos. La poética del espacio propone una fenomenología de la imaginación, donde habitar no es solo ocupar un lugar, sino soñar en él, recordar en él y reconocerse a través de sus formas silenciosas.


Una media de 1.132 al mes.
Un año muy duro para el pequeño comercio, con cifras récord de bajas, según datos de la UPTA (Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos)
Y no dejo de ver noticias así.
Locales de toda la vida que bajan la persiana.
En barrios, en pueblos, en ciudades.
Es algo que tenemos que tener en cuenta, a nivel individual, a nivel colectivo y a nivel Estatal.

Porque cada vez que cierra un comercio no solo desaparece un negocio.


Muere su historia.
Su vida.
Sus recuerdos.
Su legado.

MY FAMILY MY LOVE por Charlie Peacock



























🎨 El mundo contemporáneo atraviesa un evidente proceso de neutralización estética, en el que los tonos vibrantes están siendo sustituidos por el dominio absoluto del gris, el blanco y el negro. Esta transición refleja una búsqueda del minimalismo y la funcionalidad, pero acaba dando lugar a un entorno visualmente homogéneo que carece de la energía y la personalidad de épocas pasadas.
🏢 En la arquitectura urbana, la preferencia por paletas neutras en las fachadas de las viviendas tiene como objetivo facilitar la reventa y transmitir una idea de sofisticación industrial moderna. Esta estandarización, sin embargo, acaba eliminando la identidad cultural única que los colores específicos aportaban a cada barrio, transformando las ciudades en escenarios monocromáticos que parecen desconectados de la vitalidad local.
🚗 El sector automovilístico refleja esta tendencia global de forma acentuada, donde la oferta masiva de coches negros, blancos y plateados domina las calles por cuestiones de practicidad y reventa. La elección de colores sobrios se ha convertido en el estándar seguro de la industria, dejando el diseño creativo en un segundo plano y estandarizando el paisaje urbano de forma casi imperceptible a la vista cotidiana.
👕 En el mundo de la moda y los artículos de consumo, el estilo «limpio» se ha convertido en el sinónimo aspiracional de estatus y organización personal en todas las clases sociales. Esta reducción cromática se vende como una solución para simplificar la vida acelerada, pero el resultado es una uniformidad estética en la que la expresión individual acaba siendo sofocada por la norma vigente.
✨ Valorar el color es recuperar la capacidad de imprimir vitalidad y humanidad en un mundo que parece cada vez más adormecido por el gris técnico. Romper con este patrón monocromático no es sólo una elección estética, sino un acto de resistencia contra la pasteurización del entorno y una invitación a recuperar la emoción que sólo la diversidad cromática puede proporcionar.

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