HABÍA UNA VEZ UN NIÑO QUE NACIÓ
GUILLERMO DE LEÓN CALLES
“Daría la vida por no morir”.
Si la Tierra fuera
GUILLERMO DE LEÓN CALLES
Que linda sería la Tierra
si la Tierra, Tierra fuera
con su fauna piel de monte
y una flor en la conciencia.
Que dulce sería este mundo
si al manto de ozono fresco
le remendaran la vida
con hilos de caramelo.
Y que libres los turpiales
si sus vuelos consiguieran
el camino limpiecito
barrido por las estrellas.
Y que libre el ser humano
Si el latido regresara
al pecho de los cocuyos
y al canto de las cigarras.
Que puro sería el planeta
si los ríos le regalaran
un océano azul cielo
donde lavarse la cara.
Que niño sería este globo
si los sueños permitiera
que haya un Dios de comiquitas
entreabriéndole la puerta.
Hay hombres que no solo habitan una tierra, la convierten en poesía.
Guillermo de León Calles no solo caminó Falcón. Nos enseñó a escuchar su luz.
Poeta de la ternura y cronista del alma paraguanera.
En cada calle de Punto Fijo, dejó una historia, y en cada atardecer de Carirubana, un verso suspendido en la mar.
Sembró refugios para el arte. Fundó espacios para la cultura. Y elevó nuestra identidad hasta la eternidad de los libros.
Su pluma siempre fue refugio, canto y memoria viva.
Hoy su voz no se apaga, sigue latiendo en el viento paraguanero.
Guillermo de León Calles, la palabra que se quedó para siempre...
¿Quién fue este gigante de nuestra cultura?
Hay hombres que no solo habitan una tierra, sino que la nombran hasta convertirla en poesía.
Nacido en Pedregal y sembrado en el corazón de Paraguaná, Guillermo fue mucho más que un escritor: fue el guardián de nuestra identidad.
Cronista Oficial de Carirubana: Rescató y protegió la historia viva de Punto Fijo, sus calles, su gente y sus atardeceres.
Pilar de las Artes: Fundador y primer director del Ateneo de Punto Fijo en 1966.
Voz Académica: Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua y Doctor Honoris Causa (UDEFA y UNEY).
Pluma Inmortal: Autor de más de 20 libros de poesía, ensayo y dramaturgia. Su poema "El canto de Bolívar" le valió el Premio Internacional Simón Bolívar (1983).
Guillermo nos enseñó que "la tierra árida florece cuando se le escribe con el alma". Hoy su voz no calla; vibra en el viento paraguanero y en cada página que nos dejó.



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