EL Rincón de Yanka: EGOCRACIA

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jueves, 16 de julio de 2026

LIBRO "LA MUERTE DEL PRÓJIMO" 👥 por LUIGI ZOJA y "EL NUEVO NÓMADA" por E.W. HEINE

LA MUERTE DEL PRÓJIMO


Ama a Dios y ama a tu prójimo como a ti mismo es el doble mandamiento que rigió la moral judeocristiana durante milenios. El mundo occidental se ha sostenido sobre estos dos pilares y con ellos ha conquistado el resto del mundo por la fuerza de sus armas y de su economía. 
A fines del siglo XIX el terrible grito de Nietzsche se esparció por todo el planeta: Dios ha muerto. La muerte de Dios vació el cielo, que se llenó con las divinidades de la ciencia y de la economía. 
A comienzos del siglo XXI la globalización y la revolución informática favorecen nuestra solidaridad con personas lejanas. El amor por quien está distante se convierte rápidamente en una abstracción y, como en un círculo vicioso, esa tendencia se enlaza con la indiferencia hacia quien está cerca, nuestro vecino, como producto de la cultura de masas y la descomposición de los valores tradicionales. 
El hombre de las ciudades se siente, cada vez más, rodeado de extraños. 
Luigi Zoja se pregunta si ha llegado el momento de aceptar abiertamente lo que todos vemos y experimentamos: también el prójimo ha muerto. Después de la muerte de Dios, la muerte del prójimo representa la desaparición de la segunda relación esencial para el hombre. 
El hombre cae en una soledad esencial. Es un huérfano sin precedentes en la historia. Lo es en un sentido vertical ha muerto su Padre Celestial , pero también en un sentido horizontal: ha muerto quien estaba cerca de él. Es un huérfano mire hacia donde mire.
***
EL DESAMPARO, LA FALTA DE SOLIDARIDAD, LA DESAPARICIÓN DEL "OTRO" Y UNA TECNOLOGÍA QUE FUNCIONA COMO UNA MAQUINARIA DE FABRICAR DISTANCIA, SON LOS NÚCLEOS DEL NUEVO LIBRO DEL ESCRITOR ITALIANO LUIGI ZOJA: LA MUERTE DEL PRÓJIMO, QUE EL ESTUDIOSO ANUDA AL CONCEPTO VERTIDO A FINES DEL SIGLO XIX POR NIETZSCHE: "DIOS HA MUERTO".

Del latín proximus, el término prójimo tiene que ver con cercanía (el paso del darse la mano al abrazo), vecindad, reciprocidad, "apariencia visible", lo fraterno, intereses mancomunados, lo compartido que ha sido reemplazado por "individuos que hablan por celular o escuchan sus auriculares" –señala Zoja- en un nuevo tiempo "posthumano". 

El nuevo ensayo de este escritor y psicoanalista nacido en Italia en 1943, editado por el Fondo de Cultura Económica, se suma a otros títulos suyos -La voz de Filemón. Estudios sobre El libro rojo de Jung; Drogas: adicción e iniciación, La búsqueda moderna del ritual y Paranoia. La locura que hace la historia- y se ubica en la línea de otros análisis sobre un individuo seriado y globalizado, como Amor líquido del ensayista polaco Zygmunt Bauman; en el que explicita el temor a establecer relaciones duraderas. En el plano local, posee puntos comunes con Fugas. 

El fin del cuerpo en los comienzos del milenio, en el que el escritor Daniel Calmels evidencia los efectos de hábitos que empobrecen manifestaciones corporales como aceleramiento, mecanización, indiferencia. Otro título en esta línea es La era de la desolación, donde el filósofo Dardo Scavino, señala los modos en que el poder ha desarticulado los lazos sociales reemplazándolos por "la competencia salvaje, el individualismo y la percepción del semejante como enemigo".

Zoja enfoca seres modelados desde la televisión o publicidades viales adaptadas al perfil de ese consumidor: "que se siente inesperadamente halagado, pero definitivamente solo", frente a la pantalla del celular, la pantalla de la computadora portátil y también el cartel publicitario, que, agrega, "aprendió a seguirnos; juntos son 'nuestra familia'". 

Señala que la alienación viene de la mano de una curiosidad reprimida, una "artritis de la psique" que tiene que ver con "el hábito de encontrar imágenes que no son verdaderas (lo) que vuelve normal el no experimentar sentimientos ante nuevas figuras… que sí son auténticas… cuando salimos en la calle estamos acostumbrados a considerar todo como una puesta en escena comercial". 

El temor también formaría parte de este individuo enajenado merced, según Zoja, a "la inflación de las crónicas policiales", todo alentado por el negocio de "una nueva generación de sistemas de alarma y compañías de seguros" a los que podríamos agregar otros intereses como policía privada, cámaras de seguridad, etcétera. Entre los ejemplos con que refuerza su idea del individuo aislado en el "invencible mercado de la distancia", cita a un jefe indígena de la tribu estadounidense crows, hablando de la muerte espiritual de su pueblo, ya que al desaparecer el bisonte de sus campos: "las manos no tocaban más a los bisontes que la naturaleza les había asignado como prójimo; a tal punto que sus ritos se centraban en ellos". 
En un contexto humano "cada vez menos próximo", "desaparece la comunidad", "nadie está cerca de nadie" y "nadie es prójimo de nadie"; es así que toman el timón grandes consorcios empresarios que recurren a un lenguaje militar: "cadenas de mando", "escudos internos", "cavan trincheras, lanzan campañas y contraataques". Al punto de que ya se estudian las perturbaciones psicológicas del empresario de hoy -irresponsable, inadaptado, cínico, irritable, manipulador, inestable, inmoral- que, sin sentimientos de culpa y con tendencia a mentir y a sacar ventaja rápidamente, se emparenta con peligrosos psicópatas.

Zoja no deja por fuera otros aspectos ubicados en la cotidianidad como los "video games" donde se juega "a matar sin escrúpulos" poniendo la excitación por sobre el compartir, el voyerismo de quienes filman a grupos de alumnos golpeando a un compañero (podría agregarse a los militares que filman el suplicio de sus víctimas) y el snuff films en los que los asesinatos son reales. 

El libro se completa con la mención de otros símbolos de la distancia como muros y alambradas que dividen poblaciones, los cientos de miles de refugiados a la deriva estigmatizados como "invasores" y la riqueza concentrada en pocas manos a una velocidad sin precedentes. Uno de sus capítulos los dedica Zoja al joven que "ni trabaja, ni estudia, ni recibe formación" (los "neet" en inglés, los "hikikomori" en Japón), especie de eremita urbano que vive por fuera de la realidad encerrado con llave en su habitación, que duerme de día –"su madre le deja un plato de comida frente a su puerta" y solo lo conecta al mundo una computadora conectada a Internet. 

Si bien resulta por demás interesante el ensayo de Zoja sobre "la construcción de distancia" que convierte al prójimo en algo remoto, decae en su parte final donde coloca al deseo como apetito animal que encarna pulsiones sociales de cambio y emancipación que rotula -sobre todo desde los '60- como contracultura narcisista. Convierte así un legítimo y madurado deseo social (contraparte, por otro lado, de la inmediatez consumista) en factor de provocación frente al poder de turno y, por consiguiente, en responsable del accionar represivo, dando como ejemplos de este "hedonismo" utopista, que denomina "romanticismo inconsciente", tanto al Che Guevara como a los Beatles y el movimiento estudiantil del Mayo Francés.

Introducción

Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor. 
Levítico, 19:18
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, 
con toda tu alma, con todas tus fuerzas 
y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
Lucas, 19:27 (Mateo, 22:36-40; Marcos, 12:28-31)

Durante milenios un doble mandamiento rigió la moral judeocristiana: ama a Dios y ama a tu prójimo como a ti mismo. A fines del siglo XIX, Nietzsche anunció: Dios ha muerto. Terminado el siglo XX, ¿acaso no ha llegado el momento de decir lo que todos vemos? También ha muerto el prójimo. Perdimos también la segunda parte del mandamiento porque cada vez sabemos menos a qué se refiere. 

“Tu prójimo” es algo muy simple: la persona que ves, que oyes, que puedes tocar. La palabra hebrea réa, en el Levítico, y la griega plesíos, en el Evangelio de Lucas, quieren decir exactamente eso: el otro que está a tu lado. Tanto el Antiguo Testamento como los Evangelios sinópticos no se refieren a un prójimo abstracto, sino a tu prójimo: el que está próximo a ti, cerca de ti, aquel sobre quien puedes apoyar tu mano. 
Santo Tomás no cree que Jesús haya resucitado: primero quiere verlo y tocarlo (Juan, 20:25). 

La cercanía siempre ha sido fundamental. Por este motivo, el acercamiento estaba protegido por ritos casi sagrados: el paso del “usted” al “tú”, el paso de estrecharse las manos a abrazarse. 
A menudo los inmigrantes nos dan miedo porque, como hablan mal nuestra lengua, nos tutean de inmediato: nos parecen invasivos, que se acercan demasiado. 

En el siglo XXI predominan la distancia y las relaciones mediadas de la técnica, por lo cual la búsqueda de la intimidad reaparece en formas tortuosas. La necesidad de proximidad, re­primida, se disfraza de sexualidad o de otros impulsos hoy formalmente permitidos. Cristo no modificó el mandamiento veterotestamentario, sino que vinculó a Dios y al prójimo, convirtiendo en absoluto también el amor hacia este último. El Antiguo Testamento se dirigía a los fieles de Yahvé, no a los demás pueblos. 

La novedad del cristianismo, generosísima pero abstracta, consiste en transformar en prójimo hasta al más lejano habitante de la Tierra. Se le debe amor en cualquier caso: he aquí la antigua raíz de ideas modernas como los derechos universales del hombre o las affirmative actions. 
El evangelista Lucas sabe que no dice algo incomprensible cuando traduce al griego (es decir, desnacionaliza) la verdad hebrea: ya desde setecientos u ochocientos años antes, la Odisea expresaba algo similar (vi, 207 y 208). 
“Todos los forasteros y pobres son de Zeus —es decir, para los griegos, el equivalente de Dios Padre—, y un exiguo don que se les haga le es grato”, había dicho Nausicaa, antecesora de María Magdalena por su sensibilidad y dulzura. En la Odisea, “don” es dòsisLa raíz indoeuropea do- significa “dar” pero también “tomar”: señala tanto la universalidad como el equilibrio de la relación entre prójimos. No es casual, por lo tanto, que en las lenguas europeas “dosis” signifique todavía hoy en día la “justa cantidad”. 

Al dar al prójimo, al amar al prójimo, le damos también a Dios lo que le es debido. El hombre justo hace cada día sus ofrendas a Dios y al prójimo. Durante milenios, el mundo judeocristiano se ha sostenido sobre estos dos pilares. Este mundo conquistó al resto del mundo por la fuerza de sus armas y de su economía: si el resultado no ha sido un genocidio general sino una globalización, esto se debe también a la fuerza —inmensa y global— de este doble mandamiento. Pero la sociedad actual es laica. A fines del siglo XIX, el terrible grito de Nietzsche se esparció por toda la tierra: “Dios ha muerto”. 

Incluso quienes no le tienen simpatía a Nietzsche deben reconocerlo como profeta: durante el siglo xx, en el mundo judeocristiano las personas religiosas pasaron de ser mayoría a ser minoría. Y también para esta minoría, la fe se ha convertido en una cuestión privada, como la elección de una filosofía, de una convicción política, incluso de un amor. La sociedad que se apoyaba en dos pilares no conservó el equilibrio desde que uno de ellos se desmoronó. 

La muerte de Dios ha vaciado el cielo. Pero nada resiste la succión del vacío. El espacio celestial se ha llenado con la admisión entre las divinidades de los milagros de la ciencia y de la economía, con la elevación a las estrellas de los deseos personales. Demasiado a menudo se olvida que desiderare [desear] significa justamente eso: dejar de (de-) confiar en los astros (sidera), prescindir de ellos, para ponerse uno mismo en su lugar en el cielo. Continuamos teniendo necesidad de adorar a alguien, pero el lugar de Dios ha sido tomado por el hombre y sus obras. Se elevan conjuntamente como modelo y meta para los demás hombres. El hombre ideal se transfigura, se diviniza. En consecuencia, ya no es un hombre cercano. Ya no tiene una apariencia visible: ahora es una visión. 

Surge entonces el culto de las personas famosas, de las celebrities. Naturalmente, las personas cercanas siguen existiendo, pero sus banales imperfecciones las vuelven más lejanas que un tiempo atrás. No es casual que a fines del siglo xix Freud inventara el psicoanálisis, que se difunde inconteniblemente en el siglo xx. El aislamiento aumenta. Un mal al que se le asigna el nombre de neurosis afecta a las personas más sensibles. 

A través del psicoanálisis reconstruirán una relación humana, no con el prójimo sino con un profesional. Su necesidad de cercanía es tan violenta que se crea un exceso de intimidad con él que se llama transferencia y se considera, a su vez, un estado neurótico. Freud sugiere técnicas para contenerla. Hace acostar al paciente en un diván para evitar su mirada. 
Con el paso del siglo XX al XXI, cede de modo irremediable también el segundo pilar del mandamiento: el hombre de las ciudades se siente, cada vez más, rodeado de extraños. 

Es tiempo, entonces, de pensar en las secuelas de Nietzsche, y decir abiertamente que también ha desaparecido el prójimo. 
Los tiempos que siguen a la “muerte de Dios” se han llamado alguna vez posteológicos o posreligiosos. Para el tiempo presente, todavía no se ha encontrado un nombre. Una posibilidad desagradable sería “posthumano”.

VER+:

El progreso se basa únicamente en el saber grupal, así lo entiende
E.W. Heine, arquitecto y escritor alemán, en su obra "El nuevo nómada":
"Un individuo aislado es incapaz de construir un automóvil o un televisor. Ni siquiera podría producir corriente eléctrica. No somos más que simples células de un gigantesco organismo, del que dependemos pase lo que pase. Si dicho organismo acabara descomponiéndose, los supervivientes vegetarían al cabo de una generación en un nivel existencial inferior incluso al de los primitivos cavernícolas".

10- Luigi Zoja - La Muerte Del Projimo by Denise Tardí


lunes, 23 de marzo de 2026

DOCUMENTAL "EL SIGLO DEL YO (INDIVIDUALISMO)" The Century of the Self) 👉👈

EL   SIGLO   DEL   YO
(INDIVIDUALISMO)

The Century of the Self)

Es un documental de la BBC que consta de cuatro capítulos, fue realizado por Adam Curtis documentalista y escritor británico. Muestra y analiza cómo Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud utilizó las teorías psicoanalíticas del inconsciente y el deseo, ofreciendo sus servicios a corporaciones, políticos y empresarios con el objetivo de manipular la opinión pública, la política, y la economía con fines propagandísticos y fomentar el consumo en la sociedad norteamericana.

El Siglo del Individualismo (YO) (en inglés The Century of the Self) es un documental británico realizado en 2002 por Adam Curtis que se centra en cómo el trabajo de Sigmund Freud, Anna Freud y Edward Bernays ha influido en las corporaciones y gobiernos para poder analizar y controlar a las personas a través de la psicología de masas y la creación de la sociedad de consumo. 
  1. Máquinas de felicidad: Se maneja una idea principal acerca de la psicología de masas y la influencia que tuvo el sobrino de Sigmund Freud, Edward Bernays, y como esto influyo para que se diera un cambio social y económico significativo después de la Primera Guerra Mundial. Bernays se centra en los escritos de su tío acerca del subconsciente y decide trabajar en aquello, pero no en el ámbito del psicoanálisis sino más bien en la publicidad y el mass media que influye en demasía, dándose cambios sociales significativos. Lo que realizó Bernays fue crear estímulos que determinaban el accionar de los individuos alterando el comportamiento que estaban llevando, esto se pudo realizar bajo la teoría de Freud que sostiene que el ser humano era malo por naturaleza y se rige bajo sus instintos animales, irracionales y sobre todo sexuales. Es de esta forma que las masas sociales de ese entonces se vieron influenciadas y manipuladas por las personas ostentosas del poder, sobre todo por empresarios, que buscaban que se creara una sociedad de consumo para así mantener una economía constante y que se diera una gran demanda de ciertos productos, como los cigarrillos por parte de las mujeres. Las máquinas de felicidad hacen referencia a los individuos que fueron trabajados con su inconsciente para comprar cosas que simplemente satisfacen su imagen o su deseo de realización, mas no sus necesidades. Si bien podría hacerse referencia a que en ese momento esto se convirtió en necesario dado que se comenzó a dar el proceso de industrialización y el levantamiento de un conflicto mundial, esto también significó que los sistemas de generación masiva de opinión en la historia política e ideológica sean de suma importancia, hasta la actualidad.
  2. La ingeniería del consentimiento: se muestran las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial resaltando lo irracional del sentido humano tomando en cuenta todas las violaciones dadas durante el Holocausto, esto confirmaría y mantendría en pie la teoría de Freud acerca de la existencia de estas fuerzas irracionales bajo la capa de aparente normalidad de la mente. Esto se vio exponenciado con la cantidad de soldados que regresaban con experiencias traumática después de este gran enfrentamiento mundial, los mismos necesitaban de cierta forma poder sobrellevar aquello y es en ese momento en donde la hija de Freud, Anna se convierte en uno de los mayores exponentes del psicoanálisis concentrándose sobre todo en esta temática de los soldados anteriormente mencionada. Después de la Segunda Guerra Mundial con las teorías de Anna se comenzó a buscar la creación de un individuo perfecto, pero las sociedades y sobre todo los grupos de poder, buscaban crear un consumidor modelo. Conjugaron las teorías hasta ahora conocidas de Freud, su hija y Bernays para estudiar al consumidor. Durante esto también se dio la guerra fría y era necesario manipular a los individuos parte de esta guerra, en este caso a la sociedad estadounidense, Bernays propuso hacerlo mediante el miedo, y el mismo se aumentó. Es sorprendente como las estrategias planteadas por Bernays funcionaron incluso para derribar un gobierno guatemalteco y mantener una guerra civil que duraría aproximadamente 30 años. Durante estos años, como se muestra en el documental, el psicoanálisis fue tomando fuerza, sobre todo en el ámbito político, pero se desmorona en el momento en el que se busca manipular las mentes y recuerdos de personas utilizadas para la experimentación, así también con el suicidio de Marilyn Monroe quien estaba siendo tratada por Anna Freud, desmorona esta teoría y sorprende a la opinión pública, la misma que se pregunta acerca de la eficiencia de la misma o si tan solo es una forma de mantener cierto control social. Se evidencia en esa época, que el psicoanálisis había sido utilizado como un medio para un fin corrupto y de manipulación de los individuos y de la sociedad, comienzan a aparecer detractores de esta teoría que plantean que pudo haberse utilizado de la manera incorrecta y que están manejando emociones y sentimientos que son la esencia del ser humano.
  3. Un policía en nuestras cabezas que debe ser destruido: centra sus ideas en lo planteado por Wilhelm Reich, antiguo alumno de Freud pero que comenzó a plantear que el hombre por naturaleza era bueno pero que la sociedad lo reprimía y distorsionaba. Si bien sus ideas fueron rechazadas en un principio, en la década de los 60 y 70, justamente en la caída del psicoanálisis sus ideas fueron tomando fuerza y defendidas por grupos liberales de la sociedad estadounidense. Las ideas se centraron en derrocar al Estado, a las grandes corporaciones e instituciones, al ver que esto no se podía realizar debido a la represión se fundamento la idea de que el individuo debe de reprimir este “policía dentro de su cabeza”. Se comenzó a dar el desarrollo del “yo” y esto se pudo ver reflejado para las grandes compañías, ya que no tenían la posibilidad de predecir a su consumidor. El capitalismo tuvo que adecuarse a esto tanto a nivel económico, así como a nivel político ya que los individuos eran impredecibles y no existía un solo “yo”. En los 70 se da una caída económica y quien se preocupa de la reconstrucción de esta son las personas que protestaban contra el Estados y las instituciones. Las corporaciones y las instituciones decidieron darles la importancia necesaria y promover la idea de la individualidad y de ser únicos. Los individuos se dieron cuenta de que era una gran oportunidad de hacer negocios, así como también de expresar su individualidad por lo que podría decirse que es en este punto en donde el siglo del yo comienza a afianzarse, tomar forma y ser un paradigma fuerte a lo largo de los siguientes años hasta la actualidad.
  4. 8 personas brindando: dentro de este, la idea principal que gira en torno a la problemática es la de un yo consumista. Esto se ve expresado en un principio en la economía con las empresas y su marketing para unas adecuadas relaciones públicas, pero pronto comienza a expresarse fuertemente en la política, su mayor ejemplo sería Margaret Thatcher. Ella lideró estas ideas acerca de individualismo y la expresión del individuo, esto no solo favoreció en la parte política ya que la votante tenía en la actualidad otro perfil, sino que las empresas comenzaron a florecer mediante el marketing que tuvo un empujón gigantesco, creando productos para ayudar al individuo a expresarse y ser singular. El concepto de relaciones públicas comenzó a ser fundamental y a ser parte de mundos sumamente grandes como el del periodismo, en donde el marketing dictaba que se debía de dar un espacio a celebridades y políticos si es que ellos a cambio del espacio, publicitaban productos, pero productos que se originaran en los deseos y satisfacciones individuales. Solo de esta manera se podría tener éxito, esto funcionó tanto en el periodismo como en la política, ya que primeramente se averiguaba los deseos individuales de las personas para luego buscar un candidato que se adecuara a las mismas.

El Siglo Del Individualismo 1º Máquinas De Felicidad 1 de 4 DOBLADA ESPAÑOL

viernes, 23 de mayo de 2025

LIBROS "EL SUICIDIO DE ESPAÑA": LA AUTOCRACIA DE PEDRO SÁNCHEZ y "EL SÍNDROME DE NARCISO": DE LA DEMOCRACIA AL SOCIALPOPULISMO AUTÓCRATA por LUIS HARANBURU ALTUNA

 EL SUICIDIO DE ESPAÑA

LA AUTOCRACIA
DE PEDRO SÁNCHEZ

España en la cuerda floja: ¿reacción o rendición? 

LUIS HARANBURU ALTUNA

España atraviesa un proceso de transformación profunda que amenaza con socavar los principios de la democracia liberal construida tras la Transición. En este ensayo provocador y meticulosamente documentado, Luis Haranburu Altuna analiza cómo la deriva autoritaria del gobierno de Pedro Sánchez ha debilitado las instituciones democráticas, impulsando una mutación política de consecuencias imprevisibles. A través de un recorrido histórico y filosófico, el autor establece un paralelismo entre la teoría de la servidumbre voluntaria, formulada por Étienne de La Boétie, y la creciente aceptación de medidas autocráticas en España. Desde el abuso del Decreto Ley hasta la manipulación del lenguaje político y la subordinación de los poderes legislativo y judicial, Haranburu Altuna expone las estrategias que han permitido a Sánchez consolidar su poder. 
El libro plantea cuestiones fundamentales: 
¿Cómo una sociedad puede aceptar voluntariamente la erosión de sus libertades? ¿De qué manera el socialismo del siglo XXI ha permeado el PSOE hasta convertirlo en un instrumento de dominación ideológica? ¿Estamos ante una transformación irreversible o aún es posible revertir este proceso? 
El suicidio de España es un ensayo imprescindible para quienes buscan comprender el rumbo político del país y las claves de un fenómeno que trasciende fronteras. Una advertencia contundente sobre los peligros del autoritarismo encubierto bajo el disfraz de la democracia. 
«Cuando un gobierno convierte a la mitad de su pueblo en su enemigo, la democracia se tambalea. Este ensayo disecciona la autocracia del sanchismo y su peligrosa mutación de España hacia la servidumbre voluntaria». José María Múgica Heras, abogado y víctima de ETA.

“La actitud pasiva de la sociedad civil 
ante el progreso del autoritarismo sanchista 
raya con la colaboración servil”

Luis Haranburu Altuna, nacido en Alegría de Oria (Guipúzcoa) en 1947 ha compaginado a lo largo de su vida las tareas de escritor y editor. Es autor de una amplia obra literaria que supera la treintena de títulos. La mayor parte de su trabajo, que abarca tanto la narrativa como el teatro y el ensayo, la ha escrito en euskera. De entre sus trabajos publicados en castellano destacan los ensayos Cartas de Agosto al Lehendakari Ibarretxe, Duelos y quebrantos del euskera, El Dios de los Vascos (2008), Historia alternativa de la literatura vasca, El Crepúsculo de Dios, Historia cultural del cristianismo en Vasconia. Recientemente, ha publicado Odiar para ser. Nacionalismo vasco y Pedro Sánchez o el síndrome de Narciso. También ha desarrollado una intensa labor periodística en periódicos y revistas como Triunfo, El Mundo, Zeruko Argia, Anaitasuna y Berriak. Acaba de publicar El suicidio de España (Editorial Almzaara, 2025).
¿Qué le llevó a escribir "El suicidio de España" en este momento político concreto? El 2024 publiqué mi ensayo sobre el perfil psicológico y político de Pedro Sánchez (Pedro Sánchez, el síndrome de Narciso) donde aventuraba un diagnóstico político sobre la ruta seguida por el sanchismo, “desde la democracia al socialpopulismo autócrata”. En este libro he llegado a la conclusión de que el régimen actualmente establecido en España es ya una autocracia. 

¿Cómo definiría en una frase el objetivo último de su libro? 
Tratar de despertar a quienes desde su silencio y anuencia han hecho posible el colapso del régimen democrático de 1978. 

¿Esta obra es una advertencia o una acusación? 
Es una mezcla de ambas cosas, pero sobre todo pretende ser una llamada a la libertad. No en vano dedico el libro a los “amantes de la libertad”. En el libro habla de un “desmantelamiento institucional planificado”. 

¿Sobre qué elementos sostiene esta afirmación?
En política es, a veces, necesario que el tiempo transcurra para poder calibrar los acontecimientos que nos afectan. Dos décadas no permiten hablar de una conspiración antidemocrática plena, pero si constituyen un lapso suficiente para identificar una voluntad destituyente de la España de 1978. El relato inspirado por Zapatero e instaurado por Sánchez denota una intencionalidad de ruptura con el sistema democrático instaurado en la Transición. 

En su opinión, ¿puede una democracia sobrevivir al abuso del Decreto Ley como herramienta habitual de gobierno? 
Nuestra democracia es parlamentaria y todas las políticas que contravengan o traten de ignorar al Parlamento mediante el abuso del Decreto Ley conllevan un grave deterioro de las formas parlamentarias. La democracia plena lo ha de ser en sus contenidos y en sus formas, pero el sanchismo elude y burla la balanza del poder al sustraerse al control del Parlamento. Sánchez afirmó que gobernaría incluso sin el apoyo del Parlamento y con ello definió su designio autocrático. Dicha afirmación fue aplaudida por el órgano de control del PSOE. 

¿Qué papel juega la sociedad civil en esta aparente “normalización” de prácticas autoritarias?
Es fundamental el silencio y el `laissez faire´ de la mayoría que sustenta al actual gobierno de España. Desgraciadamente, la sociedad civil en su conjunto no es consciente del deterioro democrático que Sánchez ha acarreado con sus políticas. En mi libro establezco un paralelismo entre el diagnóstico que Éttiene de La Boétie estableció en su “Discurso sobre la servidumbre voluntaria” y el fenómeno del sanchismo. Es relevante la actitud pasiva de la sociedad civil española que raya con la colaboración servil ante el progreso del autoritarismo sanchista. 

¿Cómo ha influido el pensamiento de autores como Arendt, Schmitt o Tocqueville en su análisis? 
Tocqueville y Arendt, en sus análisis, aportan luz y criterio a la hora de escudriñar la cualidad política de nuestra decreciente democracia, mientras que Carl Schmitt nos permite identificar los vicios estructurales de la llamada “izquierda reaccionaria” representada por el gobierno de progreso que nos desgobierna. La creación de la figura del enemigo (fachosfera) realizada por el sanchismo es el principal aporte teórico de debido a Carl Schmitt, inspirador jurídico del nacionalsocialismo y temprano admirador de Mussolini. 

En el libro habla de la “neolengua del sanchismo”. ¿Puede darnos ejemplos concretos y explicar su función política?
Pedro Sánchez con su proverbial capacidad de disimulo y mendacidad es un lector aventajado de George Orwell. El relato iniciado por Zapatero y culminado por Sánchez se sostiene sobre una retórica que falsea la verdad y niega las evidencias históricas. Se trata de un falso relato, que incluso una parte de la oposición democrática ha dado por bueno y se nutre de términos manipulados como “democracia real”, “pueblo”, “progreso” o “nación de naciones”. 
En el libro se establece un léxico de urgencia para entender el neolenguaje del sanchismo. Su función es la construcción del falso relato para justificar el gobierno autocrático. 

¿Estamos ante un populismo de izquierdas o ante una nueva forma de autocracia / tecnocracia? 
La Historia pondrá nombre al régimen que nos ha tocado vivir, pero creo que el término de populismo de izquierdas se queda corto. Mas bien, nos encontramos ante una autocracia que bajo la superstición ideológica del “progresismo” ha desembocado en un régimen personalista y patrimonial que identifica autocracia con cleptocracia, arbitrariedad y narcisismo. 

¿Ve posible una regeneración democrática sin una profunda reforma institucional?
Es muy complicado. Sin embargo, tenemos la salvaguarda de Europa que si bien hasta ahora nos ha mirado con cierta perplejidad, parece que comienza a desenmascarar la tramoya sanchista. Es muy ilustrativo todo lo ocurrido con la necesidad del rearme solicitado desde la UE y la OTAN. No obstante, echo de menos la existencia de una plan alternativo, bien estructurado y eficiente, que debería rehacer los rotos producidos por el sanchismo y reparar los desperfectos estructurales provocados por el sesgo autocrático de Pedro Sánchez. Hecho de menos a las élites de la sociedad civil que aporten luz, ilusión e ideas para solucionar el entuerto que padecemos y lamento, sobre todo, la deficiente calidad intelectual y la falta de autoridad moral de nuestra clase política. 

¿Qué responsabilidad tienen los medios de comunicación en la erosión de la calidad democrática? 
Importante. Los medios, por desgracia, son siervos de la contingencia económica, pero la irrupción de las nuevas tecnologías ha hecho posible la existencia de nuevos medios que han posibilitado una democratización de la información. Lo cual ha enfurecido a quienes disfrutaban del monopolio sobre el relato y la información. Los medios tradicionales han tendido a la servidumbre respecto al poder político y ello con grave menoscabo de la libertad informativa y política. La digitalización de los medios ha abierto una ventana de oportunidad a la libertad. 

¿Qué mensaje espera que cale en el lector tras cerrar la última página de El suicidio de España? 
Concluyo mi ensayo con la imagen de Ulises que al regresar a Ítaca vislumbra el humo que emerge de su hogar. Desearía que el lector añore el regreso al hogar democrático que supuso la Constitución de 1978. Un regreso que haya somatizado el peligro tanto del populismo como de la autocracia personal del Uno. Una añoranza de la libertad y de la igualdad, que nos constituye en ciudadanos libres e iguales.

SUICIDIO COLECTIVO 
ENDOFOBIA 
ESPAÑICIDIO EUROPICIDIO BARBARIE ESPAÑA EUROPA 


PEDRO SÁNCHEZ 
Y EL SÍNDROME DE NARCISO 

DE LA DEMOCRACIA 
AL SOCIAL POPULISMO AUTÓCRATA

En la personalidad política de Pedro Sánchez convergen signos y rasgos que sugieren un síndrome narcisista, que influye y condiciona su particular estilo de gobernanza. Si bien el narcisismo en su medida adecuada puede fortalecer la autoestima personal, en exceso puede tornarse perjudicial. El autor de este ensayo sostiene que la personalidad del presidente Sánchez está estrechamente ligada al fenómeno del socialpopulismo que actualmente define el panorama político español, caracterizado por una polarización política promovida desde el gobierno. En el socialpopulismo, la voluntad del líder se erige como la única fuente de legitimidad, sin estar sujeta ni a la ley ni al interés general. El entramado político concebido por Pedro Sánchez y su círculo cercano constituye un artefacto políticamente eficaz pero democráticamente perjudicial. Este ensayo busca indagar en las causas y motivos que han llevado a la involución democrática del peculiar Gobierno de España. El uso del «escudo social» como encubrimiento de políticas clientelistas y populistas es el núcleo del socialpopulismo, cuyo principal propósito es la perpetuación en el poder. La evitación de la alternancia política es la meta de este régimen, empleando como principal estrategia la creación de un enemigo (denominado «la fachosfera») desprovisto de virtudes y marcado por su ilegitimidad original, basada en una falsa narrativa histórica sobre la transición política de España. Luis Haranburu Altuna sostiene, en estas páginas, que el actual deterioro democrático de España está estrechamente vinculado a la personalidad de su presidente: una personalidad narcisista con un evidente sesgo autocrático.

"En realidad, el hombre no tiene derechos en una democracia.
No los perdió en beneficio de la colectividad nacional ni de la nación, sino de una casta político-financiera de banqueros y agentes electorales. 
La democracia masónica (globalista), a través de una traición sin igual, se disfraza de apóstol de la paz en esta tierra y al mismo tiempo proclama la guerra entre el hombre y Dios.
"Paz (Pacifismo) entre los hombres y guerra contra Dios". oCorneliu Zelea Codreanu

Prólogo

TEO URIARTE

Este ensayo que prologo, lo digo sin rodeos, trata de entender la personalidad del presidente Sánchez, al dedicar su autor un profundo estudio de su personalidad que recuerda, aunque este sea más extenso, el que dedicara Marx a Luis Bonaparte en su "El dieciocho Brumario", personaje al que con toda justeza no dejó de llamarle crápula, y donde el autor de los grandes sistemas filosóficos nos indica que la política pasa por el carácter de sus dirigentes y hasta por cómo hacen la di­ gestión sus protagonistas.

Posiblemente nunca conozcamos las razones que llevaron a Pedro Sánchez a romper traumáticamente con la postura que España, con sus diferentes Gobier­nos de derechas e izquierdas, había mantenido con respecto al Sahara occidental, rompiendo con uno de los referentes identitarios más sólidos de la izquierda y con la resolución de una institución tan cara en sus discursos como es la ONU. Fue sorprendente que lo hiciera sin causa conocida por la opinión pública, sin ni siquiera rumor periodístico que pudiera avanzar la decisión que se iba a tomar y sin ninguna solvente explicación.
Este giro en la política exterior fue llevado de forma radical, de la noche a la mañana, sin pasar por el Consejo de Ministros y mucho menos por las Cortes. La decisión parecía surgir de la voluntad de un déspota del Antiguo régimen. 
¿Hubo chantaje del reino de Marruecos o de alguna otra potencia? Probablemente nunca lo sabremos. Pero el ensayo que nos presenta Luis Haranburu Altuna nos puede sugerir fundamentadas hipótesis y razones de por qué nuestro presidente actúa de tan arbitraria manera.

No fue el caso del contencioso marroquí con el Sahara el único en el que nos viéramos sorprendidos, recordándonos a los viejos del lugar cómo tomaba mu­chas decisiones el dictador Franco, el cual, como deben saber, acaparaba todos los poderes. Con Sánchez las formas democráticas que hasta la fecha habían regido en la corta democracia española desde su «no es no», que paralizó la vida política, estaban cambiando en un sentido autoritario amén de agresivo, pues no se puede empezar el primer debate al que asiste llamando «indecente» a su oponente. Lo que no es óbice para recurrir al victimismo cuando él se considera el insultado. Resultó de una prepotencia desmedida las dos veces que anuló derechos fundamentales de la ciudadanía, y cerró las Cortes mediante un decreto de alarma a causa del covid-19 (declarado inconstitucional), o que gobierne escandalosamente mediante el decreto ley, o que repetidamente haya llevado a cabo decisio­nes que anteriormente proclamara no realizar, sea el acuerdo de formación del «Gobierno Frankenstein», los pactos con Bildu o el indulto a los condenados por sedición y malversación en Cataluña. O que se haya atrevido recientemente a promover una amnistía, cuando en varias ocasiones él y su Gobierno la habían calificado de inconstitucional en un ejercicio de constructivismo jurídico execra­ ble, y negociar la presente legislatura con el prófugo Puigdemont en Suiza me­ nospreciando al legislativo, al poder judicial y al propio rey.

Llama la atención la sensibilidad de su partido al denunciar como delito de odio la rechazable acción, por parte de manifestantes, de destrozar una piñata que re­ presentaba su figura, cuando desde el Gobierno se ha obviado todo tipo de actos contra la figura del rey y de otros políticos, y se ha permitido homenajes a presos deeta, lo que pudiera indicar un culto a la personalidad digno de otros regímenes e impropios de nuestro sistema democrático.
Pues bien, sobre estos comportamientos descubrirán sugerentes reflexiones en este libro, en el que su autor se cuida mucho de denominar autócrata al personaje que analiza, aunque lo compara con todos los que sí responden a este calificativo y que han pasado o están presentes en la política internacional. Y lo hace sesudamente, con todo tipo de referencias, mostrando una gran preocupación ante las consecuencias que puede producir el comportamiento de este líder. 
«Es muy posible -escribe- que el presidente Sánchez pase a la historia como el campeón del bibloquismo y de la polarización política. España se encuentra dividida, como jamás lo estuvo desde la época que precedió a la guerra civil. Se trata de una divi­ sión impostada de manera artificiosa que tiene por finalidad la perpetuación en el poder del llamado "bloque progresista"». Y añade: «¿Es normal que el interés personal de uno prevalezca sobre el interés general de toda una nación?».

Y para conseguir tal polarización el autor considera, siguiendo a Félix Ovejero, que ha logrado mutar a la izquierda en una ensoñación romántica del progreso como nueva religión civil, con el triunfo del sentimiento frente a la razón, y donde «el personalismo cesarista de su dirigencia constituyen el basamento de esta nueva iglesia que nos considera creyentes o descreídos antes que ciudada­ nos. 
La izquierda ha desaparecido al amortizarse la razón, la igualdad, la libertad y el esfuerzo que siempre figuraron en el blasón de la izquierda política».
Haranburu Altuna sostiene sus opiniones sin caer en el insulto, basándose en el carácter narcisista del actual líder del socialismo español, narcisismo surgido de un evidente resentimiento. Para ello se apoya en un largo listado de psicólogos, sociólogos y politólogos: Freud, Otto Kernberg, Heinz Kohut, Christopher Lasch, Robert Jay Lifton, Amando de Miguel, Marie-France Hirigoyen, Joaquín Sama y Melanie Klein (autora del ensayo "Envidia y Gratitud"), y otros más cercanos a nosotros como Unamuno, Félix de Azúa o Fernando Sabater. No cabe duda de que la osadía del autor al someter a su análisis a tan encumbrado personaje cuenta con muchas referencias de autoridad, lo que pudiera entorpecer la rapidez de lectura y exigir una cierta dedicación.

«¿Qué humillaciones no habrá sufrido Sánchez para tener tan frenética sed de venganza personal?». Lugar de donde parte el tratamiento del personaje para conectar con la argumentación de Nietzsche sobre este trauma. En palabras del autor: 
«El resentimiento, cuna del narcisismo, es el motor que ha acelerado la eclosión identitaria contemporánea. El nativismo, el progresismo reaccionario, el feminismo woke o los nacionalismos insolidarios tienen en el resentimiento la herida narcisista que los impulsa».
En general, todas las cualidades de nuestro presidente (su contumaz uso de la mentira, cuyo caso más reciente y llamativo es recordarle al portavoz de upn, en el debate de investidura, que gobernaban en Pamplona gracias a su partido cuando ya había pactado entregar la alcaldía a Bildu; la falta de piedad con sus oponentes, como lo demostrara en la persecución de Tomás Gómez; o la carencia de escrúpulo utilizando alas personas como clínex) quedan englobadas en el aná­lisis del profundo narcisismo del que adolece.
Concluyo con el autor: «Las cosas solo pueden ir a peor mientras seamos gober­ nados por hombres y mujeres que solo tienen la perversa obsesión de quererse a sí mismos».
Vitoria, 8 de enero de 2024

Introducción

El escenario político que se ha abierto con la investidura de Pedro Sánchez, gracias al apoyo de todos los que desean derruir nuestro hábitat democrático, es imprevisible además de problemático e inseguro. Es por ello que cabe preguntar:
¿Por qué y cómo hemos llegado al escenario actual? ¿Qué oscuras fuerzas inciden en la actual deriva política de España? ¿Es acaso un problema derivado de la coyuntura política española? ¿Es debido al extravío de un partido político que ha perdido el norte del sentido de Estado? ¿O es tal vez la personalidad de nuestro presidente la que determina esta situación compleja y opaca donde la libertad y la igualdad se muestran problemáticas?
En la historiografía existen diversas corrientes a la hora de señalar a los prota­ gonistas de la historia. Una de ellas sostiene que la historia es el resultado de las acciones y decisiones de los individuos que, con su voluntad, carácter y talento, influyen en el curso de los acontecimientos. Autores como Plutarco, Carlyle, Nietzsche,Gregorio Marañón y Ortega y Gasset apoyan la tesis de la importancia de las individualidades en la historia. Otros como Marx, Engels, Lenin y Gramsci, en cambio, afirman que la historia es el producto de las condiciones materiales, sociales y culturales que determinan el comportamiento de los individuos y los grupos humanos.

Posiblemente, ni los partidarios de las individualidades, ni los que valoran las relaciones sociales de los colectivos poseen toda la razón, y es la concomitancia de individuos y de contextos históricos lo que determina el devenir de la historia. Si miramos al presente nos encontraremos con instituciones que tienen un carácter neutro, donde las individualidades carecen de protagonismo y este corresponde a colectivos burocráticos. Como ejemplo de una institución de este tipo, podríamos mencionar ala Unión Europea, que carece de personalidades destacadas. Muy por el contrario, nos encontramos con naciones y Estados fuertemente marcados por sus dirigentes, que reúnen las características de una personalidad narcisista.

Actualmente vivimos una eclosión de personalidades narcisistas que, al modo de Putin, Erdogan, Trump,Xi Jinping o Macron imprimen su sello personal a los Gobiernos que presiden, de modo que es del todo obligado estudiar sus biografías y actuaciones públicas para tratar de entender y, tal vez, predecir sus políticas. Es una obviedad que en la España actual tenemos a una individualidad desco­llante, que durante su presidencia al frente del Gobierno ha marcado de manera determinante la política española. Nos estamos refiriendo, por supuesto, a Pedro Sánchez Castejón, secretario general del psoe y presidente del Gobierno de Es­ paña. Como bien apunta Ignacio Varela: «No hay duda de que Pedro Sánchez es el político español más importante de la década. Nada de lo sucedido en España desde el verano de 2014 se explica sin él».

Para bien o para mal, lo que Varela afirma es una evidencia. La personalidad de Pedro Sánchez ha marcado la historia política de España en la última década. Este marcaje, sin embargo, no es ajeno a la manera de ser de Pedro Sánchez ni al perfil psicológico de nuestro presidente. Su personalidad narcisista nos ayudará a entender los porqués de algunas de sus actuaciones y nos aclarará algunos de los resortes psicológicos que explican su manera de proceder. Nada se entiende en la política española de la última década sin tener en cuenta la peculiar personalidad del presidente que lo impregna todo.

En la segunda parte de las memorias de Pedro Sánchez que lleva por título "Tierra firme", se cantan las excelencias de nuestro presidente y se glorifica su manera de ejercer el poder, sin atisbo alguno de autocrítica. Sánchez se nos presenta como el avezado piloto que ha traído a buen puerto la nave que es España. La exitosa singladura, sin embargo, no ha acabado aún, ya que se propone navegar «de la resistencia a la tierra firme que llegará cuando culminen las transformaciones en marcha». Las transformaciones en marcha son varias y todas ellas afectan, negativamente, a la estabilidad política de la nación, a la unidad de su territorio y a la concordia de la sociedad española. Pero de entre la profusa y reiterada na­ rración de los supuestos éxitos de Pedro Sánchez, llama la atención una reflexión del presidente que lo retrata, tal vez sin proponérselo. Casi al final de su libro Sánchez realiza la siguiente consideración sobre Vladimir Putin: «La forma de ser de Putin, determina su forma de ver el mundo y ha tenido un papel decisivo, como dirigente de un país autocrático».

Si el nombre de Vladimir Putin lo sustituyéramos por el de Pedro Sánchez, posiblemente obtendríamos una foto fija de lo que acontece en esta España presidida por el autor de la frase. Efectivamente la forma de ser de nuestro presidente determina su forma de ver el mundo, y ha tenido un papel decisivo como diri­gente de este país (cada vez más) autocrático. Es decir, Sánchez es consciente de que la personalidad de un dirigente determina su cosmovisión y ejerce un papel decisivo en su manera de gobernar. Lo que no dice el presidente es que él, al igual que Putin, padece de un trastorno de personalidad narcisista que determina su forma de ver el mundo y condiciona sus políticas. Es de esto de lo que trata el pre­sente ensayo.

Escribir sobre la personalidad de alguien es una tarea azarosa, en tanto en cuanto la privacidad de cada cual impone límites infranqueables al cuestiona­ miento de las personas. Pero las cosas cambian cuando la persona en cuestión posee una proyección pública e incide en la vida de cada cual. Pedro Sánchez ha actuado en política con alguna opacidad e incluso, a veces, de espaldas a quie­ nes están legitimados para juzgar y, en su caso, corregir sus actuaciones, pero ello no obsta para que los ciudadanos tengamos el derecho de opinar sobre su actividad pública. Las actuaciones de nuestro presidente afectan a nuestras vidas y tenemos el legítimo derecho para observar y tasar su actividad. En democracia, la ciudadanía está habilitada para emitir juicios morales y políticos sobre sus dirigentes y no solo en las elecciones habilitadas para ello, sino que es un derecho inherente a la participación democrática. Es, por lo tanto, en el uso del derecho de todo ciudadano a juzgar y a criticar al gobernante, por lo que nos hemos «entrometido» en la vida y milagros de nuestro presidente Sánchez para tratar de com­ prender y, en su caso, apoyar o no sus políticas que tanto nos conciernen.

Este no es un ensayo de índole meramente psicológico, sino que pretende ir más allá de los rasgos característicos de alguien para realizar un análisis político de las causas que intervienen en nuestro devenir político como sociedad y como ciudadanos. Existen suficientes evidencias para aventurar que la personalidad de Pedro Sánchez ha determinado y determina sus políticas, que tienen una repercusión directa en nuestras vidas. Es por ello que nos hemos propuesto indagar sobre su personalidad, tratando de hallar la razón última de algunas de sus políticas.

La Psiquiatría ha habilitado instrumentos y patrones de conducta que ayudan a rastrear y entender algunas constantes de la personalidad narcisista. Dichos instrumentos pueden ser correctamente utilizados, sin recurrir al examen clínico y pormenorizado de las personas objeto de estudio, cuando se trata de identificar y calificar actuaciones de orden político que son públicos y notorios. Lo que pretendo decir es que no es preciso reclinar en un diván a Putin ni a Sánchez para darse cuenta de que sus acciones políticas pueden ser objeto de observación y análisis. Hace dos mil años quedó sentenciado que «por sus frutos los conoce­réis» (Mateo, 7) y es que al árbol se le conoce por sus frutos. Es desde esta eviden­cia empírica como podemos aproximarnos, con tiento y buena fe, a analizar los frutos cosechados durante la última década en el huerto de Sánchez. Un huerto donde hallaremos frutos similares a los cosechados por personajes emblemáticos con nombres tan sonoros como Donald Trump, Boris Johnson, Vladimir Putin o Silvio Berlusconi. Pedro Sánchez se ha ganado a pulso el derecho a figurar en la nómina de los ilustres personajes que acabamos de enumerar.

La pregunta que cabe formular sin ningún tipo de cortapisas es la siguiente: ¿es Pedro Sánchez narcisista? La respuesta es afirmativa en la medida en la que todos los humanos lo somos en un grado u otro, por lo que habría que reformular la cuestión en otros términos: ¿es Pedro Sánchez un narcisista patológico? El autor de este ensayo es incapaz de responder a semejante pregunta, ya que no cuenta con una cualificación académica al respecto. Sin embargo, quien esto escribe se ha preocupado de realizar algunas lecturas e indagar sobre casos clínicos, que le permiten calificar de plausible y verosímil la hipótesis de un trastorno de personalidad narcisista. Es un trastorno muy corriente, tanto en la clase política como en la financiera y la empresarial. No obstante, no seré yo quien pontifique sobre si Pedro Sánchez padece un trastorno de personalidad, dejo al lector que se haga su propia composición de lugar, y mi tarea se limitará a indicar comportamientos, indicios y síntomas para que el lector se sitúe. El lector adulto y avisado sabrá hacerse una idea al respecto y concluir sobre si Pedro Sánchez se ajusta al patrón de comportamiento de un trastorno de personalidad o no. Por mi parte, me limi­taré a mostrar los frutos para que desde ellos se pueda identificar al árbol.

Vayamos, pues, a los frutos. Y a los hechos.

El primero y más destacado de los frutos de la gobernanza de Sánchez es la construcción de una trinchera política entre dos bloques antagónicos. En un lado está la España reaccionaria e históricamente perversa que PP y VOX representan, y frente a ella se alza la España progresista, feminista, ecologista y solidaria que representan la veintena de partidos soberanistas o de izquierda extrema, amalgamados en tomo a Sánchez. Poco importa el que en el bando de la España progresista se sitúen partidos de signo racista o directamente partidarios de la liquidación del espacio político que constituye la nación española. Es típico de la mentalidad narcisista la percepción de la realidad en términos maniqueos, donde el bien y la virtud se residencian en el lado del narciso (lado correcto de la historia), mientras que la maldad, el vicio y la corrupción anidan en el bloque opuesto. 
En la sesión de investidura del día 15 de noviembre de 2023, Sánchez proclamó en el Congreso que su meta política era la construcción de un muro «democrático» para hacer frente a la extrema derecha. «Conmigo o contra mí» es la personal visión narcisista de Sánchez. Es este un fruto ya cosechado por Sánchez, y en su virtud España ha recobrado el fantasma de las dos Españas enfrentadas, retrotrayéndonos a los tiempos que precedieron a la tragedia de 1936.

El segundo de los frutos cosechados por Pedro Sánchez consiste en la mayor acumulación de poder, desde la muerte de Franco, en su persona. La posesión del poder, de todo el poder, es la meta ambicionada de todo narciso, y Sánchez se ha empleado a fondo para anular los contrapesos típicos de toda democracia. Comenzó clausurando el Congreso durante la crisis sanitaria del covid-19, clausura que el Tribunal Constitucional declaró ilegal y continuó eludiendo al Congreso en su tarea legislativa. Los decretos leyes se convirtieron en norma, y los controles del Consejo de Estado y la tutela de la abogacía del Estado se convirtieron en papel mojado. 
La gota que ha colmado el vaso, en el afán de colonizar todos los aparatos del Estado, lo ha supuesto la acusación de lawfare al conjunto de la judicatura según el acuerdo de investidura alcanzado por el PSOE y Junts en Bruselas. Es decir, Pedro Sánchez ha dado por buena la imputación de prevaricación a losjue­ ces españoles. Sánchez está a punto de acumular todo el poder en sus manos.

El tercero de los frutos obtenidos por Pedro Sánchez consiste en la parcial anulación de las prerrogativas del rey. Desde la cancelación de la presencia del rey en actos oficiales celebrados en Cataluña, hasta la expresa desautorización de la figura del rey mediante la ley de amnistía pactada con Puigdemont a cambio de sus siete votos, supone un claro ejemplo de personalidad narcisista, al no tole­ rar que nadie esté por encima de su persona. La pulsión narcisista se evidencia cuando el histórico mensaje institucional del rey, del día 3 de octubre de 2017, es desautorizado al asumir Sánchez el relato político del secesionismo catalán, en virtud del cual se legitima el procés, con grave menoscabo de todas las instancias legales y políticas que se opusieron al golpe soberanista contra la democracia.

El cuarto fruto cosechado por Pedro Sánchez Castejón es el de su soberana arbitrariedad al proclamarse por encima de la ley y de la moral políticas. Narciso no reconoce una instancia superior a la de su ambición de poder. Es por ello por lo que recrea una realidad paralela presidida por su particular y egoísta interés, y guiada por una axiología propia. Ya nos avisó Nietzsche de la capacidad del resentido para generar una nueva realidad, tras subvertir la tabla de valores al uso. El narciso es, en definitiva, un resentido que trata de vivir con su herida narcisista y no concibe ninguna ley que contravenga sus intereses. No es que el narciso mienta y cambie constantemente de opinión. No. El narciso se orienta tan solo por lo que en cada momento indica la brújula de su ambición. No es que sea arbitrario o mienta, sino que desde su mendacidad orgánica (realidad virtual e interesada), el narciso es plenamente coherente con lo que el propio interés le dicta. El cambio de opinión sobre el Sahara, por ejemplo, o la sustitución de los relatos encaso del procés catalán o del terrorismo de ETA, obedecen a la pulsión úl­ tima de su interés particular, dictado por su ambición.

El quinto y más reciente de los frutos producidos por el árbol sanchista es de la ley de amnistía cosechada entre el PSOE y Junts. Si es cierto que por sus frutos se conoce al árbol, la fruta que ha madurado con el nombre de amnistía para todos los implicados en el procés catalán revela con meridiana claridad el tipo de árbol que lo ha producido.

Es un hecho que la investidura de Sánchez es la culminación de un fraude en el que la manipulación y la mentira han jugado un papel determinante. Fraude con respecto al espíritu de las leyes,manipulación del contexto cognitivo de la ciudadanía y mentira basada en la mendacidad orgánica de un presidente disociado de la realidad. Decía Max Scheler que la mendacidad orgánica era una de las notas específicas del resentimiento y de la distorsión de los valores. El narcisista resen­ tido subvierte la tabla de valores al uso, para construir una axiología propia cuya finalidad es servir a su desmesurada ambición.

La democracia parlamentaria se rige por las mayorías, pero estas han de ser coherentes y racionales con la vista fija en el interés general. La mayoría que ha hecho posible la investidura de Sánchez es un conglomerado guiado por intereses espurios que tienen en común la obscenidad de sus propósitos. Porque obsceno es mercadear con lo que es de todos,a cambio de satisfacer la ambición personal de alguien, y obsceno es el propósito de unas minorías empeñadas en subvertir el orden constitucional del que España se dotó en la Transición.

La clave de bóveda de la investidura de Sánchez no es otra que una tortuosa y falaz amnistía, arrancada al sistema por quienes trataron de arruinar nuestra democracia constitucional. Tortuosa por el constructivismo jurídico del que se ha hecho gala, para meter con calzador una ley de amnistía que contraviene el espíritu de nuestra Constitución, y falaz por la mentira que pretende equivocar la defensa de los altos valores constitucionales con la mísera ambición de quien precisa de media docena de votos para gobernar de manera despótica. Es preciso hacer notar que al malvado despotismo ilustrado,que nos gobernó durante una parte del siglo XIX, le sucede ahora el peor despotismo de la incuria y la sinrazón. Hay tres razones fundamentales para denunciar el fraude que representa la ley de amnistía redactada al son de los intereses de Puigdemont y sus secuaces.

La primera de ellas es su inconstitucionalidad, que se pretende eludir recu­rriendo a artimañas dolosas de una retórica mendaz, saboteando el espíritu de la ley y la axiología conexa a ella. Nuestra Constitución es la que ampara los valores de la libertad, la igualdad, la solidaridad, la concordia y la justicia, valores todos ellos que son denigrados y sacrificados en el altar de una ambición venal.

La segunda de las razones es que la ley que supuestamente ha de contribuir a la concordia de los ciudadanos profundiza en la discordia, que durante cinco años de Gobiernos presididos por Pedro Sánchez, se ha buscado potenciar el biblo­quismo como estrategia para perdurar en el disfrute del poder.

La tercera de las razones tiene que ver con el desarme del Estado de derecho frente a la sedición y la malversación de los fondos públicos, al quedar al albur de futuras asonadas y golpes de estado contra la democracia. La ley de amnistía buscada y propiciada por el psoe de Sánchez vulnera gravemente la división de poderes al situar la decisión del líder carismático por encima de la ley.

En la entrevista que Pablo Motos hizo a Pedro Sánchez en plena campaña electoral, el presidente del Gobierno trato de refutar el término sanchismo, y no sin un cierto sarcasmo concluyó diciendo que: «el sanchismo es mentiras, maldades y manipulación». Se trató, obviamente, de un lapsus linguae,que ocurre cuando alguien se siente demasiado seguro de sus cualidades y desprecia las críticas y argumentos de sus adversarios. La autodefinición de Sánchez tiene la virtud de la concisión y de la oportunidad. Es difícil definir tan escuetamente el perfil político de una gobernanza que no ha dejado indiferente a nadie. Glosando brevemente la autodefinición mencionada, es posible rastrear actuaciones políticas de Pedro Sánchez donde se corrobora la existencia de mentiras, maldades y manipulacio­ nes que, por otra parte, constituyen tres elementos estructurales del trastorno de personalidad narcisista.

Las mentiras que jalonan la actividad política de Sánchez son muchas y va­ riadas. Ya avisó Maquiavelo que al príncipe le estaban permitidas las mentiras siempre que estas le ayudaran a lograr y preservar el poder. Pero hay mentiras y mentiras, algunas son leves y todos los políticos mienten cuando prometen el cielo o niegan la existencia de los infiernos,pero hay mentiras que son auténticos fraudes que tergiversan la realidad. Esa realidad que el narcisista se inventa a su conveniencia. En el caso de Pedro Sánchez, la mentira es compulsiva y él miente sin pudor ni vergüenza. La mendacidad orgánica a la que ya hemos hecho refe­ rencia es, tal vez, la principal característica de su personalidad, que los suyos tra­tan de camuflar con el eufemismo de «cambios de opinión».

Las maldades que forman parte de la autodefinición de Pedro Sánchez se aglutinan en una única maldad que tiene el nombre de «discordia». Es la principal característica de las políticas llevadas a cabo durante su vida pública. La discor­ dia es su arma más letal. Llegó a la cúspide del psoe sembrando la discordia y enfrentado a quienes desde la Transición habían formado un cuerpo que, pese a las desavenencias, se había mantenido unido. Las corrientes dejaron de existir y quienes disentían de las políticas del líder eran condenados al ostracismo y al silencio. Pese a ser llamativa la forzada unanimidad en el seno del partido, todo queda en casa, pero cuando se formula la intención de levantar un muro frente a la mitad de la nación, la maldad encarnada en la discordia se convierte en letal. 

Es una obviedad el hecho de que España ha retrocedido democrática, cultural y po­ líticamente desde que el noismo de Sánchez tomo cuerpo en la política nacional hasta hacer realidad el sintagma de las dos Españas de antaño. El «no es no» de Sánchez, noismo, es un vicio político que ha acabado con los consensos básicos que fundamentaron la Transición y la Constitución de 1978. Sánchez necesita de la discordia para mantenerse en el poder, la concordia civil es su peor enemiga y lo dejó bien claro con ocasión de su investidura, cuando afirmó que su misión era levantar un muro infranqueable para que las derechas no pudieran ser alterna­ tiva de gobierno. De una tacada, Sánchez estaba condenando al ostracismo polí­ tico a once millones de españoles que no le habían votado. No cabe mayor maldad política que dividir al demos, con el único objetivo de dar cauce a su ambición personal. Se trata de la antipolítica pura y dura. Es la maldad que inspira y funda­ menta al sanchismo. La política debe estar al servicio de la concordia, y buscar la discordia para evitar la alternancia política supone prostituir la democracia.

La manipulación, como tercer elemento del sanchismo, no es posible sin el recurso al engaño y a la mentira. Según la tercera de las acepciones de la palabra manipulación, esta significa: «intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares». 
La manipulación es, también, un modo de corrupción. La distorsión de la verdad y la justicia significa corromper la verdad y prevaricar. La prolija enumeración de falsos motivos en el preámbulo de la ley de amnistía, decretada para obtener los siete votos de Junts, es manipular la verdad y la justicia con la única finalidad de lograr ser inves­ tido presidente del Consejo de Ministros. Actuar con engaño y mendacidad para alterar la Constitución mediante hechos consumados o colonizando el Tribunal Constitucional, es manipular la Constitución con el único fin de perdurar en el poder. Ocultar, en el programa electoral, al conjunto de la nación e incluso a su propio partido su verdadera intencionalidad política, es una actuación mendaz e injusta. Es manipular.

Estos son los hechos. Estos los frutos que el árbol del sanchismo produce y es en virtud de dichos frutos como cabe definir política y éticamente a su líder. No porque lo diga Mateo (7, 16), sino por la coherencia epistémica que emana de los hechos probados. El peor enemigo de Pedro Sánchez es la hemeroteca y la memoria de los españoles, por mucho que la mentira y el engaño se traten de dis­ frazar como cambios de opinión o mutaciones cronológicas. Los hechos son los que son y los hechos apuntan a un probable trastorno de personalidad narcisista. Es una explicación plausible, porque como escribió Ignacio Varela en el día de la investidura de Pedro Sánchez: «Otras explicaciones posibles escapan del ámbito del análisis político y serían objeto de otras disciplinas».

El objetivo del presente ensayo es el de tratar de comprender por qué ha llegado la democracia española a la actual situación de decadencia y deterioro. Las líneas que anteceden dibujan un panorama sombrío, que las razones políticas no acaban de esclarecer. Desde mi punto de vista, es imposible llegar a compren­ der lo que ha ocurrido y ocurre en España indagando en la causalidad política, entendiendo por tal la cadena de actos observables desde el análisis político. La historia política es siempre multicausal, pero no todas las causas son detectables desde la mera politología; a veces, se ha de ampliar el foco para abarcar lacomple­ jidad de lo que sucede y tratar de entender desde las pasiones humanas aquello que escapa a la razón y al sentido común. La irrupción de Pedro Sánchez en el escenario político español supuso, desde su inicio, una alteración profunda en la lógica política y los usos democráticos. Con Sánchez irrumpió un modo atípico de hacer política, donde primaba lo pasional y visceral sobre lo razonable. Sus com­pañeros de partido lo advirtieron muy pronto y es por ello que lo apartaron de la secretaría general del psoe. Pero Sánchez regresó exhibiendo, ya sin disimulo, su verdadera faz. Sánchez es un obseso del poder y supedita a su ambición cuantas leyes, normas y usos se le oponen. Pasa por encima de las personas y de las instituciones con la única finalidad de ostentar el poder.

La ambición y la autoestima son resortes psicológicos necesarios, tanto en la vida como en la política. La ambición desorbitada, sin embargo, no tiene cabida en un régimen democrático sujeto a normas y procedimientos, y suele ser fuente de excesos y decisiones equivocadas. Las razones de una pulsión autárquica o cesarista han de ser buscadas, no en la lógica de la política democrática, sino en el ámbito personal de las pasiones. En el ámbito de la Psicología y, por qué no, en el campo de la mitología. Este ensayo pretende hallar en el mito de Narciso la expli­cación cabal de lo que ocurre en la política española. El enfoque desde la mitología no pretende ser ni unívoco ni exclusivo, pero constituye un instrumento útil para entender lo que nos ha pasado y está pasando. El drama de España tiene visos de convertirse en tragedia si las pasiones siguen sustituyendo a las razones.

En el primero de los cinco capítulos que componen el presente ensayo se trata de visualizar la deriva iliberal de los Gobiernos de Sánchez, para ello se ha recurrido a una especie de diario político que el autor ha llevado acabo desde 2016. Algunas de las páginas de dicho diario han visto la luz en las tribunas publicadas en El Correo y en El Diario Vasco, y han sido retocadas al objeto de este ensayo. Otras páginas,la mayoría, son inéditas. 

El segundo de los capítulos aborda el tema del narcisismo en la política. 
El tercer capítulo recoge las semblanzas de algunos lí­deres políticos contemporáneos, donde puede observarse que Pedro Sánchez no es la excepción. El cuarto se detiene en una exposición detallada y razonada de la personalidad narcisista del presidente Sánchez. 
Finalmente, el quinto capitulo está dedicado a las heridas narcisistas de las que España se duele.

San Sebastián, 2 de enero de 2024

El ocaso de la democracia española

Está ocurriendo ante nuestros ojos. La democracia española se deteriora y la ciudadanía contempla impotente su deriva desde una democracia plena a otra de carácter iliberal y menguante. Es la democracia que preside Pedro Sánchez Castejón, un líder cuestionado por muchos y aplaudido por otros tantos, en un escena­ rio de bloques y trincheras auspiciado desde las élites políticas.

Pedro Sánchez se ha interesado, reiteradamente, por el juicio que la historia le ha de deparar. Presume de ser el paladín de los derechos sociales y, sobre todo, de los que afectan a las mujeres; también se cree acreedor de un lugar de honor en la his­toria por sus políticas migratorias, pero es muy posible que el presidente Sánchez pase a la historia como el campeón del bibloquismo y de la polarización política. España se encuentra dividida, como jamás lo estuvo desde la época que precedió a la guerra civil. Se trata de una división impostada de manera artificiosa, que tiene por finalidad la perpetuación en el poder del llamado «bloque progresista». 

El mencionado bloque lo conforman formaciones dispares, y aún contradictorias, cuyo objetivo es impedir la alternancia política, usual en toda democracia que se precie. En el sedicente bloque de progreso se amalgaman formaciones políticas que aspiran a la independencia política de sus respectivas autonomías, partidos antisistema que tiene en el populismo de izquierda su referencia, nostálgicos de distopias fracasadas y grupos, en general, contrarios al consenso político que hizo posible la Constitución de 1978. El baluarte principal del bloque de progreso lo constituye el nuevo psoe, cuyo líder y secretario general, Pedro Sánchez Castejón, califica reiteradamente en sus memorias (Manual de resistencia) de «nuevo». El 'Nuevo psoe' de Pedro Sánchez se ha convertido en la herramienta necesaria para la instauración del socialpopulismo en España.

Poco a poco, decreto a decreto, mentira tras mentira, relato a relato, se ha ido socavando el espíritu y la letra de nuestra Constitución, de manera que el periodo en el que Pedro Sánchez ha gobernado se ha proclamado como tiempo constituyente, según declaró el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, en el Congreso de los Diputados antes de ser nombrado miembro del Tribunal Constitucional.

España se halla, de facto, en un periodo destituyente en el que se impone un constructivismo jurídico que depaupera, cuando no vacía, algunos de los contenidos fundamentales de la Constitución de 1978, como son la unidad de la nación o la igualdad de los españoles. La labor de zapa contra el orden constitucional se ha llevado a cabo de espaldas al poder legislativo, obviando al Congreso de los Diputados e ignorando los dictámenes del Consejo de Estado y evitando los cauces normales de la confección de leyes. El abusivo recurso al instrumento del decreto ley se ha utilizado para ningunear el poder legislativo, imponiendo la vo­ luntad arbitraria y discrecional del gobierno de la nación.
España no es, por fortuna, un país totalitario, pero sí posee un acusado sesgo de totalismo, según la feliz expresión de Robert Jay Lifton, experto en regímenes totalitarios y autocráticos, que conoce bien la encarnadura política de países como China, Corea del Norte y la Alemania de Hitler.

LA NORMALIDAD TÓXICA

Creo que fue el historiador Antonio Elorza quien introdujo en España a Robert Jay Filton y su concepto del totalismo en su ensayo "La religión política", que publicó en el año 1995. En dicho ensayo se hacía alusión al término totalismo en contraposición al totalitarismo. El concepto de totalitarismo, estudiado entre otros por Hannah Arendt, se refiere al régimen político en que la autocracia se implanta y perdura mediante la violencia explicita; el totalismo, por su parte, se refiere al régimen político que implanta su normalidad autocrática valiéndose de métodos no violentos, pero no por ello menos agresivos y contundentes. A la normalidad que preside un régimen totalista, Filton la califica de malignant normality, que bien podría traducirse por la castiza expresión de normalidad tóxica.

Robert Jay Filton participó como soldado en la guerra de Corea y al licenciarse se propuso continuar sus investigaciones históricas y psiquiátricas en Asia, donde reparó en el fenómeno de la implantación de una ideología hegemónica en la China de Mao, mediante técnicas de lavado de cerebro y reclusiones en «centros de reeducación». Filton se embarcó también en la averiguación de las consecuen­cias de la bomba atómica de Hiroshima y, más tarde, entrevistó a los médicos alemanes que trabajaron sobre cobayas humanas en los campos de concentración nazis.

Los médicos nazis actuaban en el marco de la normalidad tóxica implantada por Hitler. Hannah Arendt llegó a conclusiones similares al estudiar el caso del criminal Adolf Eichmann juzgado en Israel. Los médicos y el burócrata Eichmann actuaban en el contexto de una normalidad tóxica que amortiguaba cualquier tipo de reparo moral. Cumplían con sus tareas.

En la segunda mitad del pasado siglo son detectables algunas realidades po­líticas en las que la normalidad tóxica se impuso en toda su crudeza. Todos tenemos en mente la normalidad xenófoba de Sudáfrica, la normalidad populista de algunas repúblicas de América del Sur, la normalidad maligna del franquismo, la normalidad criminal de la Italia mafiosa o, sin ir más lejos, la normalidad tó­xica del País Vasco durante la vigencia del terrorismo nacionalista. También en la Europa actual asistimos a brotes de normalidad tóxica en el retroceso democrá­tico de regímenes iliberales en Hungría y Polonia, donde la división de poderes es precaria o la diversidad política es puesta en entredicho.

España está en el punto de mira de instituciones e instancias que evalúan las democracias del mundo y consideran que la democracia española sufre una de­riva descendente, habida cuenta de su extrema polarización, la colonización de las instituciones y el ímpetu de los nacionalismos étnicos. Desgraciadamente, también en España se está entronizando una normalidad tóxica, detectable en anomalías tan estridentes como palmarias. La más grave de todas ellas es el veto moral y político de la izquierda a los partidos conservadores con el fin de perpetuarse en el poder. La alternancia política es denostada e incluso declarada ilegitima. El bibloquismo maniqueo, impulsado desde el sedicente bloque progre­sista, ha impuesto una normalidad tóxica donde la separación de poderes y la ley se consideran extravagancias que chocan con la voluntad del pueblo y donde el Ejecutivo ignora los controles del Parlamento y deslegitima en la práctica las sentencias de la judicatura.

La normalidad tóxica dimana de la cabeza del Ejecutivo que ignora a los demás poderes, subvirtiendo el espíritu y la letra de la Constitución. Robert Jay Lifton se ha dedicado en la última etapa de su vida al análisis del trumpismo y sus secuelas tóxicas. Losing reality (perdiendo el principio de realidad) es el título de su penúltimo ensayo, y en él se constata la pérdida del sentido de la realidad que predomina en las políticas sectarias. Para los narcisos tóxicos y solipsistas la realidad se reduce a lo que el líder prescribe según su necesidad, con abso­ luto desprecio a la alteridad y al principio de realidad. Es el líder quien desde su supremacismo narcisista, fija lo que es la realidad de las cosas desde su interés personal, arropado siempre en el falso relato del interés general o del progreso. Quien no asuma la realidad autodesignada por el líder es excluido del bloque de los creyentes. Inmersos en la normalidad tóxica que nos invade, cabe señalar las anomalías que nos acechan y cuestionan.
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Sánchez, S.A.; una historia de CORRUPCIÓN (documental) 

La corrupción es veneno que carcome a las instituciones cuando quienes deberían servir al bien común se convierten en una trama de intereses personales. 
El gobierno del PSOE, con Pedro Sánchez al frente, no solo se ha mostrado ineficaz, inútil e inmoral; también se ha revelado como una maquinaria criminal que pone el poder por encima de la ley. Las piezas son ya conocidas e implican a familiares, amigos personales y colegas políticos: 
David Sánchez, hermano del presidente, y su contratación por la diputación de Badajoz; Begoña Gómez, esposa de Sánchez, señalada por tráfico de influencias en favor de empresas amigas; y el caso de Ábalos-Koldo-Cerdán, que, si en un principio parecía un asunto de faldas, enchufismo y comportamientos casposos, ha derivado en la investigación de una trama de amaño de contratos de obra pública y una posible financiación ilegal de PSOE. 
Un mosaico que dibuja la imagen de un gobierno atrapado en sus propias redes de corrupción. No obstante, ceñir la corrupción a lo económico, incluso a lo jurídicamente punible, sería un grave error. 
Corrupción es meter la mano en la caja, claro, pero también degradar las instituciones, permitir que los males de la nación se agraven, impedir la crítica legítima de los medios o bloquear cualquier posibilidad de que la justicia controle al poder ejecutivo. "Sánchez, S.A." se configura como una auténtica empresa creada a mayor gloria del 'Número 1' y sus allegados. 
Una empresa que todo lo toca, porque todo lo quiere. 
Una empresa con un entramado complejo, plagado de nombres, fechas y conexiones. Un entramado que hoy venimos a exponer.




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