EL Rincón de Yanka: DROGAS

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viernes, 24 de julio de 2026

EVALUACIÓN CIENTÍFICA DE LOS RIESGOS DE LA LOCURA POR LA MARIHUANA (PORRO) 😵😱 por DR. ROBIN MURRAY


Evaluación de los riesgos
de la locura por la marihuana
😵😱

Los estudios que vinculan el consumo de cannabis con la esquizofrenia en el cerebro en desarrollo son solo la punta del iceberg en lo que respecta a la marihuana. 
¿Son especialmente peligrosas las distintas variedades y los cannabinoides sintéticos? 
¿Estamos haciendo lo suficiente para educar a los jóvenes sobre los riesgos? ¿Disminuye el coeficiente intelectual el consumo de marihuana? 
¿Dónde está el límite entre la marihuana medicinal y la recreativa? 
Nuestro autor, un reconocido psiquiatra británico, ofrece una perspectiva europea sobre estas cuestiones.
Las manifestaciones clínicas producidas por una intoxicación aguda por Cannabis son muy variables entre personas y dependen de la dosis, del contenido de THC, de la proporción THC/CBD, de la forma de administración, así como la personalidad, las expectativas y experiencias previa del sujeto y también del contexto en que se consume. 
Algunos autores afirman que las personas que consumen grandes cantidades de marihuana pueden presentar desorientación, despersonalización, paranoia y probables alucinaciones. Algunos estudios sugieren que puede producir enfermedades mentales graves como psicosis tóxicas en las que aparecen síntomas como alucinaciones y delirios graves, mientras que otros indican que puede acelerar la aparición de enfermedades psicóticas.

Quienes padecen esquizofrenia están especialmente predispuestos a estos efectos, existe probada evidencia de que la esquizofrenia puede empeorar con el uso de marihuana. Según algunos estudios, los consumidores de marihuana son más propensos a presentar anhedonia y desorganización cognitiva. Pueden producirse reacciones de pánico. Otros efectos incluyen taquicardia. Sin embargo se han encontrado evidencias sustanciales del uso del CBD (cannabidiol) como antipsicótico, ya que actúa en ciertas dosis como inhibidor natural del receptor CB1.

Actualmente hay suficiente evidencia científica para confirmar el efecto perjudicial del consumo diario de cannabis en la salud mental, asociado de forma directa a las mayores concentraciones de THC, especialmente de las variedades de alta potencia. El consumo habitual de cannabis produce un palpable deterioro cognitivo, incluyendo disminución del coeficiente intelectual, amnesia y perdida de memoria, sobre todo en menores de 21 años. Un metaanálisis de 2007 calcula que el consumo de cannabis está estadísticamente asociado con un aumento dosis-dependiente del riesgo de desarrollo de trastornos psicóticos. En un estudio de 2019 publicado en la revista The Lancet Psychiatry, por ejemplo, se confirma que el consumo de cannabis afecta la incidencia de trastornos psicóticos, incluyendo la esquizofrenia, al punto de que puede afirmarse que el consumo de marihuana en la actualidad (año 2025) triplica el riesgo de contraer dicha enfermedad mental, debido al incremento de su contenido de THC en comparación con el pasado reciente. En varias investigaciones, se ha comprobado incluso que el consumo diario de cannabis puede causar cambios epigenéticos en el consumidor, que a su vez pueden ser transmisibles a dos generaciones siguientes. Se reconocen, por tanto, los potenciales efectos adversos asociados con el consumo diario de cannabis, especialmente de las variedades de alta potencia en lo que a la salud mental se refiere.

Efectos a largo plazo

El consumo de cannabis se ha evaluado en diversos estudios que lo correlacionan con el desarrollo de ansiedad, psicosis y depresión, además del desarrollo de trastornos de pánico, independiente de si se continúa consumiendo o no, actuando, por lo tanto, el cannabis como detonante en al menos el 33 % de ataques de pánico sufrido por pacientes, que lo presentaron por primera vez y 48 horas post-consumo.

Con respecto a la aparición de trastornos mentales, tales como depresión y ansiedad, los consumidores diarios tienen 5 veces más posibilidades de desarrollarlos que los no consumidores, mientras que aquellos que son consumidores semanales tienen cerca del doble de posibilidades que los no consumidores. Con respecto a la posibilidad de sufrir esquizofrenia, se triplica al consumir cannabis.

Respecto a la aparición de trastornos psicóticos, los individuos con predisposición tienen entre un 25 y un 40 % más de posibilidades de padecer alguno de estos trastornos, mientras que en los individuos sin predisposición alcanza un 4 a 6 % más de incidencia. Algunos estudios avalan estos resultados afirmando que, probablemente el consumo de cannabis incremente el riesgo de reacciones psicóticas o sea la única causa del desarrollo de trastornos psicóticos en aquellos individuos que se encontraban sanos, previo al inicio del consumo, mientras que otros argumentan que ello es poco probable debido a la existencia de otros factores.

Estudios en consumidores de cannabis crónicos reportaron una reducción del volumen del hipocampo y de la amígdala.

Se considera que los consumidores ocasionales de cannabis tienden a acumular el THC, ya que el mismo suele depositarse en zonas ricas en grasa (como el cerebro, el hígado y las gónadas), esta acumulación suele asociarse a problemas de pérdida de memoria, (ocasionados por las alteraciones del hipocampo), como también a otros problemas de salud como impotencia. Se estima que se necesitan alrededor de 4 semanas para que el THC sea eliminado completamente del organismo, en consumidores ocasionales; sin embargo se cree que los consumidores crónicos de cannabis, requieren mucho más tiempo para recuperar sus funciones cognitivas, y que algunos de los trastornos producidos son crónicos.

Una característica de los efectos del consumo de psicotrópicos, como la marihuana, es el conocido como síndrome amotivacional, estudiado primero por Richard H. Schwartz, caracterizado por abulia, apatía, pasividad, indiferencia o irritabilidad, dificultad en mantener la atención y fatiga. Pero esto no está claro del todo ya que existen fuentes que afirman que esto tiene que ver con la personalidad y la conducta del individuo más que con el consumo en sí mismo. Aunque algunos estudios (IRMf) han mostrado fuertes cambios en la función neurológica a largo plazo en los consumidores diarios de cannabis, no se observaron cambios significativos en la conducta de aquellos individuos que realizaron un período de abstinencia de la sustancia.

A partir de mediados de la década de 1980, los psiquiatras europeos, como yo, comenzamos a ver un número creciente de adolescentes que antes funcionaban bien y que habían desarrollado alucinaciones y delirios: el cuadro clínico característico de la esquizofrenia. Estos pacientes con problemas nos desconcertaban porque la mayoría habían sido inteligentes y sociables y no tenían ninguna relación con los factores de riesgo habituales, como antecedentes familiares del trastorno o daño cerebral durante el desarrollo. Familiares y amigos solían decir: «Quizás sea por todo el cannabis que han estado fumando», y nosotros, con seguridad, les asegurábamos que estaban equivocados y les decíamos que el cannabis era una droga segura.

Mi perspectiva comenzó a cambiar cuando un colega, Peter Allebeck, del Instituto Karolinska de Estocolmo, inició su propia investigación. A él también le había llamado la atención observar cómo jóvenes bien adaptados desarrollaban esquizofrenia sin razón aparente. El excelente sistema nacional de registros suecos le permitió rastrear la evolución de 45.750 jóvenes a quienes se les preguntó sobre su consumo de drogas al ser reclutados en el ejército sueco. A partir del análisis de estos datos, Allebeck y sus colegas informaron en 1987 que los reclutas que habían consumido cannabis más de cincuenta veces tenían seis veces más probabilidades de desarrollar esquizofrenia en los siguientes quince años que aquellos que nunca lo habían consumido.

Debido a que solo existía un estudio, la mayoría de los psiquiatras se convencieron de que los consumidores de cannabis probablemente estaban predispuestos a la esquizofrenia antes de empezar a fumar. Como resultado, los hallazgos de Allebeck fueron prácticamente ignorados. Incluso la prestigiosa revista médica The Lancet, que había publicado el artículo de Allebeck, incluyó un editorial en 1995 que reiteraba la opinión médica predominante de que «fumar cannabis, incluso a largo plazo, no es perjudicial para la salud».

Sin embargo, con la ayuda de un joven psiquiatra, Anton Grech, comencé a estudiar a pacientes que habían fumado cannabis y habían sido ingresados ​​en el Hospital Maudsley de Londres con un diagnóstico de psicosis. Nuestro objetivo era observar qué sucedía con aquellos que continuaban consumiendo cannabis. Si, como algunos sugerían, los pacientes psicóticos usaban cannabis para "automedicarse" o para sobrellevar su enfermedad, cabría esperar que los consumidores persistentes tuvieran un mejor pronóstico. Pero encontramos lo contrario: cuatro años después, los pacientes que seguían consumiendo cannabis tenían muchas más probabilidades de seguir presentando delirios y alucinaciones. 3 Numerosos estudios han replicado estos hallazgos.

Entonces, si fumar cannabis exacerba la psicosis establecida, ¿podría también desempeñar un papel causal? Esta pregunta impulsó a varios grupos de investigación a intentar replicar el estudio del ejército sueco mediante el seguimiento de muestras de jóvenes de la población general, divididos en consumidores y no consumidores de cannabis. Desde 2002, una serie de diez estudios de este tipo han informado que las personas que consumían cannabis en la evaluación inicial tenían un mayor riesgo de desarrollar posteriormente. síntomas psicóticos e incluso esquizofrenia manifiesta que los no consumidores. Otros estudios de consumidores de cannabis que habían buscado atención médica mostraron que tenían un riesgo significativamente mayor de desarrollar esquizofrenia posteriormente.  Tal unanimidad es poco común en la epidemiología psiquiátrica.

Una reacción hostil

Gran parte de la comunidad científica recibió estos hallazgos con hostilidad, al igual que quienes abogaban por una actitud más liberal respecto al consumo de cannabis. Mis colegas y yo fuimos acusados ​​de ser prohibicionistas encubiertos; algunos sugirieron que estábamos experimentando nuestra propia versión de "locura por la marihuana". Los críticos insinuaron que quienes consumían cannabis lo hacían porque eran personas extrañas y estaban destinadas a desarrollar esquizofrenia de todos modos. 

Pero en un estudio de jóvenes que habían sido sometidos a un intenso escrutinio desde su nacimiento en Dunedin, Nueva Zelanda, pudimos excluir a aquellos que ya parecían propensos a la psicosis a los once años. Aun así, encontramos una relación entre el consumo de cannabis y la esquizofrenia posterior, incluso cuando excluimos los efectos de otras drogas conocidas por aumentar el riesgo de psicosis. Otra crítica fue que tal vez algunas personas consumían cannabis en un intento de aliviar los síntomas de la psicosis o sus precursores. Sin embargo, un segundo estudio neozelandés, esta vez de Christchurch, mostró que una vez que se desarrollaban síntomas psicóticos leves, las personas tendían a fumar menos.

Finalmente, el gran volumen de datos convenció a los psiquiatras europeos y australianos de la existencia de un vínculo. Actualmente, se acepta generalmente que el cannabis es una causa de esquizofrenia aunque en menor medida en Norteamérica, donde este tema ha recibido poca atención). Sin embargo, persiste el debate sobre la magnitud de la psicosis asociada al cannabis. En diferentes países, la proporción de esquizofrenia atribuida al consumo de cannabis oscila entre el 8 y el 24 por ciento, dependiendo, en parte, de la prevalencia de dicho consumo. 
El exceso se convierte en una preocupación importante.

La mayoría de las personas disfrutan del cannabis con moderación y sufren pocos o ningún efecto adverso. Les reconforta saber que algunas de las figuras más célebres del planeta —Paul McCartney, Oprah Winfrey y Barack Obama, por ejemplo— han admitido consumir cannabis sin sufrir efectos negativos. Sin embargo, el consenso científico indica que, si bien no existe evidencia concluyente de una relación con la ansiedad o la depresión, el consumo excesivo de cannabis puede provocar psicosis. En resumen: los consumidores habituales que fuman grandes cantidades aumentan su riesgo de desarrollar esquizofrenia.

Sin embargo, la gran mayoría de los consumidores no desarrollarán psicosis. De hecho, cuando se les pregunta a los jóvenes que han desarrollado esquizofrenia tras años de consumo de cannabis si creen que su hábito pudo haber contribuido, suelen responder: «No, mis amigos fuman tanto como yo y están bien». Parece que algunas personas son especialmente vulnerables.

Como era de esperar, las personas con una personalidad paranoide o propensa a la psicosis son las que corren mayor riesgo, junto con aquellas con antecedentes familiares de psicosis. La investigación también sugiere que heredar ciertas variantes de genes que influyen en el sistema dopaminérgico, implicado en la psicosis, puede hacer que algunos usuarios sean especialmente susceptibles; ejemplos de estos genes incluyen AKT1, DRD2 y posiblemente COMT. 

Otra pregunta importante es: ¿Son algunos tipos de cannabis más riesgosos que otros?

La naturaleza cambiante del cannabis

Se cree que la planta de cannabis es originaria de Asia central o de las estribaciones del Himalaya. Produce compuestos conocidos como cannabinoides en los tricomas glandulares, principalmente alrededor de las flores de la planta. El cannabis recreativo se deriva de los tricomas y tradicionalmente ha estado disponible como hierba (marihuana, hierba) o resina (hachís); la primera es más común en Norteamérica y la segunda en Europa. El cannabis actúa sobre el receptor cannabinoide CB1, parte del sistema endocannabinoide, que ayuda a mantener la estabilidad neuroquímica en el cerebro. La planta de cannabis produce más de 70 cannabinoides, pero los más importantes son el tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol (CBD). El THC es responsable del efecto psicoactivo que experimentan los consumidores. Activa el receptor cannabinoide CB1, que es uno de los receptores más extendidos en el cerebro.

La proporción de THC en la marihuana tradicional y la resina en la década de 1960 era de aproximadamente entre el 1 y el 3 por ciento. La potencia del cannabis comenzó a aumentar en la década de 1980, cuando cultivadores como David Watson, conocido como "Sam the Skunkman", huyeron de la "Guerra contra las Drogas" impulsada por Reagan y llevaron semillas de cannabis a Ámsterdam, donde se podía vender legalmente en los "coffee shops". Junto con entusiastas holandeses, experimentaron para producir plantas más potentes. Esto marcó la tendencia para un aumento lento pero constante de una nueva variedad de marihuana llamada sinsemilla, cosechada de flores femeninas no polinizadas (a menudo llamada "skunk" por su fuerte olor). A principios del siglo XXI, en Inglaterra y los Países Bajos, respectivamente, la potencia de la sinsemilla, medida por la proporción de THC, había aumentado a entre el 16 y el 20 por ciento, y había acaparado gran parte del mercado tradicional, desplazando a la resina.

En 1845, el psiquiatra francés Jacques-Joseph Moreau (apodado «Moreau de Tours») consumió cannabis en el Club de Hashischins, cuyo nombre resultaba muy apropiado, y se lo administró a algunos de sus estudiantes y pacientes.  
Concluyó que el cannabis podía precipitar «reacciones psicóticas agudas, que generalmente duraban solo unas horas, pero ocasionalmente hasta una semana». Sin embargo, desde entonces, sorprendentemente, se ha investigado muy poco científicamente sobre los efectos del THC en humanos.

Uno de los primeros estudios sobre el THC fue realizado por Paul Morrison, un psicofarmacólogo escocés de nuestro grupo en el King's College de Londres, quien administró el ingrediente por vía intravenosa a jóvenes voluntarios sanos y entusiastas. Sus reacciones variaron desde euforia hasta sospecha, paranoia y alucinaciones. Posteriormente, él y Amir Englund  pretrataron a sus voluntarios con cannabidiol (CBD), el otro ingrediente principal del cannabis tradicional, antes de administrarles THC por vía intravenosa; los efectos de este último fueron mucho menores. Por lo tanto, el CBD pareció contrarrestar los efectos psicotrópicos del THC. Un ensayo clínico alemán respalda esta idea: Marcus Leweke descubrió que el CBD tenía acciones antipsicóticas equivalentes a las de un antipsicótico estándar, la amisulprida, en pacientes con esquizofrenia.

Las variedades de cannabis de alta potencia, como la sinsemilla (skunk), se diferencian de las tradicionales no solo por la cantidad de THC que contienen, sino también por la proporción de CBD. Curiosamente, las plantas cultivadas para producir una alta concentración de THC no pueden producir también mucho CBD, por lo que las variedades de cannabis con alto contenido de THC contienen poco o ningún CBD. 

¿Podrían, por lo tanto, los tipos de cannabis de alta potencia tener más probabilidades de inducir psicosis que las formas tradicionales? Para examinar esta cuestión, mi esposa, Marta Di Forti, psiquiatra financiada por el Consejo de Investigación Médica del Reino Unido, comparó los hábitos de consumo de cannabis de 410 pacientes ingresados ​​en el Hospital Maudsley con su primer episodio de trastorno psicótico con los de 390 personas de control de la población local. Quienes habían consumido cannabis de alta potencia (skunk) presentaban un riesgo mucho mayor de psicosis que los consumidores de resina. Las personas que consumían cannabis tipo skunk a diario tenían cinco veces más probabilidades que los no consumidores de sufrir un trastorno psicótico , mientras que los consumidores de resina tradicional no presentaban diferencias con los no consumidores. Otro estudio que analizó el cabello en busca de cannabinoides mostró que los consumidores con THC y CBD detectables en el cabello presentaban menos síntomas psicóticos que aquellos con solo THC.

Por lo tanto, la creciente disponibilidad de tipos de cannabis de alta potencia explica por qué los psiquiatras deberían estar más preocupados por el cannabis ahora que en las décadas de 1960 y 1970. La tendencia hacia una mayor potencia no se está desacelerando, y se informa que nuevas formas de resina y aceite de resina contienen hasta un 60 por ciento. Estas formas particularmente muy potentes siguen siendo inusuales, pero los cannabinoides sintéticos (a menudo denominados "spice" o "K2") ahora se anuncian y venden comúnmente en sitios web que cumplen con la ley al etiquetar sus productos como incienso, o agregando "no apto para el consumo humano". Mientras que el THC solo activa parcialmente el receptor CB1, la mayoría de las moléculas spice/K2 activan completamente el receptor y, por lo tanto, son más potentes. En consecuencia, las reacciones adversas agudas son más comunes. Una encuesta a 80 000 consumidores de drogas mostró que aquellos que usaban cannabinoides sintéticos tenían treinta veces más probabilidades de terminar en una sala de emergencias que los consumidores de cannabis tradicional.  La agitación, la ansiedad, la paranoia y la psicosis que pueden resultar del uso de cannabinoides sintéticos se han denominado “espiceofrenia”. 

La dependencia y el deterioro cognitivo siguen siendo temas controvertidos.

Si bien la dependencia psicológica y la tolerancia se presentan, el tema de la dependencia física sigue siendo objeto de intenso debate. Quienes la defienden señalan la aparente ausencia de síntomas agudos de abstinencia del cannabis (hasta la fecha no se han realizado estudios que examinen específicamente a consumidores con alto contenido de THC). En circunstancias normales, los síntomas de abstinencia están ausentes porque el cannabis permanece en el cuerpo durante varias semanas; por lo tanto, la abstinencia es muy gradual y poco evidente, aunque pueden desarrollarse ansiedad, insomnio, trastornos del apetito y depresión. Algunos afirman que el 10 % de las personas que experimentan con cannabis desarrollarán dependencia y que las tasas de dependencia entre los consumidores diarios alcanzan al menos el 25 %. Independientemente de la veracidad de estas cifras, la dependencia del cannabis es una causa cada vez más común de personas que buscan ayuda en Australia, Europa y Norteamérica. 

Otro tema controvertido es el deterioro cognitivo. El THC altera el hipocampo, la zona del cerebro crucial para la memoria. Cuando Paul Morrison indujo síntomas psicóticos administrando THC por vía intravenosa a voluntarios, también se observó un deterioro cognitivo transitorio. Es probable que este deterioro explique por qué los conductores bajo los efectos del cannabis tienen el doble de riesgo de sufrir accidentes de tráfico. 

Los consumidores habituales muestran deterioro cognitivo, pero persiste la controversia sobre qué sucede cuando dejan de consumir. Algunos estudios sugieren que pueden recuperarse por completo, mientras que otros indican que solo es posible una recuperación parcial.  Un estudio (aún no replicado) que generó gran preocupación fue un informe de Madeleine Meier y sus colegas, basado en el estudio de Dunedin.  Este sugirió que el consumo persistente de cannabis durante varias décadas provoca una disminución de hasta ocho puntos en el coeficiente intelectual.

Una posible explicación para los resultados cognitivos inconsistentes es que los efectos sobre la cognición podrían depender de la edad de inicio del consumo de cannabis. Harrison Pope y sus colegas examinaron a consumidores habituales de cannabis a largo plazo y descubrieron que aquellos que iniciaron su consumo antes de los diecisiete años presentaban puntuaciones de CI verbal más bajas.  Meier también halló un mayor deterioro en aquellos de su cohorte de Dunedin que comenzaron a consumir en la adolescencia. 

Otros estudios han señalado una asociación entre el consumo de cannabis en la adolescencia y un bajo rendimiento académico. Edmund Silins y sus colegas analizaron a más de 2500 jóvenes en Australia y descubrieron que el consumo diario de cannabis antes de los diecisiete años se asociaba con una clara disminución en la probabilidad de completar la escuela secundaria y obtener un título universitario. 

Los investigadores han planteado preguntas similares con respecto a la edad de inicio y el riesgo de psicosis. En nuestro estudio de Dunedin, encontramos que las personas que comenzaron a consumir cannabis a los dieciocho años o más mostraron solo un pequeño aumento, no significativo, en el riesgo de psicosis similar a la esquizofrenia a los veintiséis años. Pero entre quienes comenzaron a los quince años o antes, el riesgo se cuadruplicó.  Otros estudios han reportado disparidades similares. 

Estudios experimentales en roedores han revelado que la administración de THC produjo un mayor impacto en la función cognitiva en ratas jóvenes que en ratas adultas. Además, algunos estudios recientes de neuroimagen en personas que consumen cannabis de forma prolongada y en grandes cantidades han afirmado encontrar cambios cerebrales detectables, especialmente en aquellos que comenzaron en la adolescencia. Aunque los estudios de neuroimagen siguen siendo controvertidos, una posible explicación es que comenzar a consumir cannabis a una edad en la que el cerebro aún se está desarrollando podría dañar permanentemente el sistema endocannabinoide e impactar en otros neurotransmisores como el sistema dopaminérgico —conocido por estar implicado tanto en el aprendizaje como en la psicosis.

Trascendencia

Las actitudes hacia el cannabis están cambiando a nivel mundial. Uruguay ha legalizado su uso, al igual que cuatro estados estadounidenses. Además, diecisiete estados han despenalizado el cannabis, mientras que otros veintitrés han aprobado leyes sobre la marihuana medicinal basándose en que ayuda a personas con dolor crónico y síntomas asociados a la quimioterapia. Se ha abierto una curiosa brecha entre Norteamérica y Europa. En Estados Unidos, el consumo de cannabis entre los jóvenes ha aumentado desde mediados de la década de 1990, a medida que ha disminuido la percepción de riesgo sobre su consumo. En contraste, el consumo ha disminuido en muchos países europeos, en parte debido a un mayor conocimiento de los riesgos para la salud mental. En Inglaterra, por ejemplo, en 1998, el 26% de las personas de entre dieciséis y veinticuatro años admitió haber consumido cannabis el año anterior. Para 2013, esa cifra había descendido al 15%. 

Al considerar el futuro del uso legal del cannabis, los legisladores y políticos deben equilibrar el disfrute de muchos con el potencial de daño. Este desafío se evidencia en el Reino Unido, donde los grupos de presión a favor y en contra del cannabis han protagonizado una acalorada discusión. En 2004, el gobierno siguió la recomendación del Consejo Asesor sobre el Abuso de Drogas, que afirmaba que el consumo de cannabis no tenía efectos adversos graves, y redujo las restricciones sobre la droga. Al año siguiente, el Consejo Asesor revirtió su postura y aceptó la evidencia que vinculaba el cannabis con la psicosis. Algunos periódicos que habían hecho campaña a favor de la liberalización respondieron atacando a los políticos "liberales". Para 2007, el clamor mediático había alcanzado tal magnitud que el gobierno volvió a aumentar las restricciones. Ahora, la presión para la liberalización vuelve a crecer. 

Al analizar las opiniones contradictorias, los políticos y reguladores deben reconocer que la "marihuana medicinal" se ha convertido en gran medida en una tapadera para la introducción del uso recreativo por parte de la industria de la marihuana, y que hay médicos inescrupulosos y cada vez más adinerados involucrados. Sin embargo, se debe fomentar la investigación sobre los numerosos componentes del cannabis, ya que, al igual que la investigación sobre los opiáceos, puede dar lugar a fármacos con importantes usos médicos. Los componentes cannabinoides individuales pueden entonces someterse a ensayos para medir su eficacia en diversas dolencias (por ejemplo, esclerosis múltiple, epilepsia) del mismo modo que se evalúa cualquier otro fármaco propuesto. Cuando sea eficaz, debería estar disponible bajo prescripción médica; varios fármacos cannabinoides ya están disponibles de esta manera.

Pero debemos ser cautelosos, ya que la evidencia que hemos revisado sugiere que el cannabis, al igual que otras drogas psicotrópicas, tiene efectos tanto negativos como positivos. Si consideramos que casi 200 millones de personas en todo el mundo consumen cannabis, es probable que el número de personas que sufren psicosis inducida por cannabis ascienda a millones, y la cantidad de personas en riesgo de desarrollar problemas graves de salud mental se convierte en una gran preocupación.

Los europeos siguen con gran interés la evolución del debate sobre el cannabis en Estados Unidos. La despenalización y la legalización del cannabis y los cannabinoides sintéticos están sobre la mesa. 
¿Conllevará la legalización un aumento del consumo? ¿Esto resultará en un mayor uso por parte de los adolescentes, quienes parecen ser los más susceptibles a los efectos adversos? ¿Podrán los servicios de salud mental y de tratamiento de adicciones hacer frente a la situación? ¿Cómo se desarrollarán las campañas educativas sobre los riesgos del consumo regular de cannabis de alta potencia o cannabinoides sintéticos? ¿Podría una simple prueba genética revelar quién tiene más probabilidades de sufrir efectos mentales adversos? 
A medida que el consumo de cannabis sigue ganando aceptación, persisten tantas preguntas como respuestas.

Los artículos de Cerebrum: el foro de Dana sobre neurociencia se ofrecen aquí por cortesía de la Fundación Dana.

jueves, 2 de julio de 2026

LIBRO Y SERIE "MCMAFIA": UN VIAJE A LOS BAJOS FONDOS GLOBALES 👥👿


McMafia

Un viaje a los bajos fondos globales

El mayor retrato sobre la economía en la sombra que mueve el 20 % de los negocios mundiales.
A lo largo de una difícil y larga investigación que ha durado tres años, el periodista de la BBC y de The Guardian Misha Glenny ha hablado con innumerables gánsteres, policías y víctimas, al tiempo que exploraba la feroz demanda de drogas, mujeres, armas y trabajo ilegal en los cinco continentes.
El presente libro reúne y conecta historias de pistoleros de Ucrania, blanqueadores de dinero de Dubái, estafadores de Nigeria, miembros del sindicato de las drogas de Colombia y Canadá, cibercriminales de Brasil o traficantes de personas de China (con ramificaciones en España). Al tiempo que desvela esta realidad, McMafia plantea una profunda reflexión sobre los abismos de la globalización, en los que las líneas que separan lo legal de lo ilegal son cada vez más difusas.

¿Alguna vez te has descargado una serie? ¿Has tomado drogas? ¿Has sufrido una estafa on-line?

El crimen organizado forma parte de nuestras vidas, a menudo sin nosotros saberlo. No solo es materia de las páginas de sucesos. Lo queramos o no, como consumidores, estamos implicados en el mundo de las mafias, puesto que muchos fenómenos en apariencia inocuos están anudados por sus redes invisibles.
Tras las huellas de esa realidad, Misha Glenny contactó, durante más de tres años, con gánsteres, policías y víctimas, en una arriesgada investigación actualizada para esta edición con nuevos textos y convertida en serie de televisión. 
McMafia es, así, una exploración de la feroz demanda de drogas, mujeres, armas y trabajo ilegal en los cinco continentes que reúne y conecta historias de pistoleros de Ucrania, blanqueadores de dinero de Dubái, estafadores de Nigeria, miembros del sindicato de las drogas de Colombia y Canadá, cibercriminales de Brasil o traficantes de personas de China, con ramificaciones en España.

Serie de TV (2018). 8 episodios. Alex Godman, el hijo criado a la inglesa de exiliados de la mafia rusa, ha pasado su vida tratando de escapar de la sombra de su pasado, construyendo su propio negocio legítimo y forjando una vida con su novia Rebecca. Pero cuando un asesinato provoca que el pasado de su familia vuelva para amenazarlos, Alex se ve arrastrado al inframundo criminal y debe confrontar sus valores para proteger a quienes ama.


¿Es posible que Marbella sea, en realidad, el Silicon Valley del crimen organizado? Parece una exageración, pero la realidad que describe el periodista de sucesos Manu Marlasca es aterradora. Lejos de ser solo un destino turístico de lujo, la Costa del Sol se ha consolidado como un centro logístico global donde convergen grupos criminales de todos los rincones del planeta: desde clanes albaneses moviendo cocaína hasta mafias serbias controlando el mercado de la marihuana.
España se ha convertido en el gran punto de encuentro para el tráfico internacional. ¿Sabías que gran parte de la droga que inunda Europa se negocia precisamente allí? Marlasca desnuda esta realidad inquietante, revelando cómo el crimen organizado se ha profesionalizado hasta niveles insospechados.

sábado, 17 de enero de 2026

LIBRO "LOS HERMANOS SINIESTROS": LA CODICIA Y EL ODIO EN EL CONFORT DEL HORROR DE 👿👥💀 DELCY Y JORGE RODRÍGUEZ por IBÉYISE PACHECO

LOS   HERMANOS
SINIESTROS 

La codicia y el odio en el confort del horror

IBÉYISE PACHECO

"Los hermanos siniestros" es una impactante novela inspirada en los acontecimientos y personajes que han devastado a Venezuela en los últimos tiempos; es el rostro dantesco de torturadores, dictadores, violadores, pillos y canallas que operan desde el confort del horror como parte de un ecosistema nunca imaginado en ese país. Es un thriller inspirado en hechos reales en el que página a página el lector es llevado de la mano por la sagaz escritora especializada en investigación, Ibéyise Pacheco, para mostrarle el espanto de la cotidianidad venezolana que, al ser desvelado, ayuda a entender la inmensa y prolongada pesadilla. Con este libro la autora rinde homenaje a la honestidad y al coraje de quienes han entregado su vida y libertad en una lucha que ya lleva veintiún años. Pacheco ha destacado por abordar en sus novelas casos que han estremecido a la sociedad venezolana. Es autora de Sangre en el diván (Random House Mondadori, Editorial Planeta, 2010), uno de los libros más vendidos de Venezuela en la última década, con versiones para teatro y para la televisión de Estados Unidos; Bajo la sotana (Libros El Nacional, 2006), El grito ignorado (Editorial Planeta, 2017) y Las muñecas de la corona (Samarcanda editorial, España, 2019).
Allí nos pusimos, y desde aquel punto vimos en el foso unas gentes sumergidas en un estiércol, que parecía salir de las letrinas humanas; … —Procura adelantar un poco la cabeza, a fin de que tus miradas alcancen las facciones de aquella sucia esclava desmelenada, que se desgarra las carnes con sus uñas llenas de inmundicia, y que tan pronto se encoge como se estira. Esa es Thais, la prostituta, que cuando su amante le preguntó: —¿Tengo grandes méritos a tus ojos? ella le contestó: —Sí, maravillosos. (Dante Alighieri, La Divina Comedia, El Infierno, Canto XVIII).

¡Oh gentes malditas sobre todas las demás, que estáis en el sitio del que me es tan duro hablar; más os valiera haber sido convertidas en ovejas o cabras! … Cuando hube examinado algún tiempo en torno mío, miré a mis pies, y vi dos sombras tan estrechamente unidas, que sus cabellos se mezclaban… Ninguna grapa unió jamás tan fuertemente dos trozos de madera; por lo cual ambos condenados se entrechocaron como dos carneros: tanta fue la ira que los dominó (Ídem, Canto XXXI). Traducción de Manuel Aranda y San Juan (Barcelona, 1871) Nota: En la edición italiana (Milano, 1922), el párrafo xxxi corresponde al XXXII

Son los R. Ramírez en la novela, Rodríguez en la vida real. Betty y Jaime. Delcy y Jorge Rodríguez. Son los protagonistas de Los hermanos siniestros, una ficción que retrata cómo es la élite dirigente en la Venezuela chavista y madurista. La periodista y escritora venezolana Ibéyise Pacheco (Caracas, 1961) describe con detalle a los hermanos Ramírez, que manejan los hilos del poder gracias a sus excelentes relaciones con el líder bolivariano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores.
Ibéyise Pacheco explica desde Miami cómo se sintió atraída por los personajes de su novela porque han construido "una alianza potente". Betty y Jaime Ramírez los llama, pero cualquiera que conozca la realidad venezolana ve reflejados a Delcy Rodríguez, vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, la protagonista del Delcygate, y su hermano Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación e Información.
***
Los últimos años en Venezuela han inspirado este libro, en el que eventos y personajes existen, aun cuando algunos han sido modificados y presentados en circunstancias distintas. Por eso es relevante precisar que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Los hermanos siniestros es el retrato del estiércol, el viaje al infierno. Ese rostro dantesco que no habíamos imaginado como parte de nuestro ecosistema. Torturadores, dictadores, violadores, pillos, canallas. Bestias insensibles y amorales que con su maldad han activado el rostro oscuro de los venezolanos. Este libro lo escribí porque soy de las convencidas de que a esa inmundicia hay que mantenerla en el registro de los capítulos de lo aborrecible que nunca más se debería repetir.
Agradezco a mis amigos que me han apoyado con nobleza. Destaco la confianza y valentía de incontables e inimaginables informantes. Sin su ayuda este libro no habría sido posible. Cuando regrese la libertad a mi país, el mundo podrá conocer sus nombres, si así lo desean.

En "Los hermanos siniestros" sobresale la portada, obra de Rayma Suprani, amiga genial, valiente, sensible, generosa. Sin ella este libro estaría incompleto. Gracias, Rayma.
Quisiera también rendir homenaje a la honestidad y el coraje de muchos que han entregado su vida en esta lucha que lleva veintiún años. Cada víctima muerta o que ha sobrevivido, permanece en mis pensamientos. Espero que las próximas generaciones se encarguen con éxito de que los culpables de tanto dolor paguen ante la justicia y jamás regresen al poder.
Ibéyise Pacheco Miami, 2020.


Epílogo

El sacrificio de niños es atestiguado por fuentes de antiguas culturas del mediterráneo, aunque no queda clara la frecuencia con la que ese rito se cumplía. Varios historiadores griegos documentan la ceremonia. Diodorus Sículu en relato sobre la República de Platón cuenta que había en la ciudad una estatua de Cronos con las manos extendidas y las palmas hacia arriba y unas cadenas que le deban movilidad a sus brazos. Es la imagen de Moloch, una deidad cananea mencionada varias veces en la Biblia, considerada símbolo del fuego purificante. Como resultado de una catástrofe, el espíritu de Moloch se transformó en oscuridad, Baal, el devorador de niños. Los sacrificios de su preferencia son de bebés. Los historiadores detallan cómo depositaban en las manos de la figura a pequeñas criaturas que terminaban siendo lanzadas hacia un vientre incandescente. 
Moloch es representado como un cuerpo humano con cabeza de carnero o de becerro. Sentado en un trono, suele portar un distintivo de la realeza, bien sea una corona o un báculo. Los historiadores detallan que durante el sacrificio los sacerdotes hacían sonar tambores y trompetas para que no se escucharan los lamentos ni el llanto de los niños. 

En su reciente viaje a Turquía, Betty había conseguido una hermosa réplica de Moloch. Una escultura en bronce de unos 40 cm (15 pulgadas). Betty sabía que era una imagen asociada a satanás, al que rendían culto sus amigos socios, banqueros y jerarcas de otros gobiernos. Algunos de ellos, consumidores de adrenocromo. 
El viaje a Turquía había sido precedido por un sonoro incidente en España. Su gestión fue un fracaso. Las horas en Madrid resultaron humillantes y aún no estaba claro cuánto daño había infligido el incidente al gobierno aliado de Pedro Sánchez. Menos mal que se apareció el coronavirus, pensó Betty. 

La mañana del lunes 19 de enero de 2020 la vicepresidenta Betty Ramírez abordó en la rampa 4 de Maiquetía el Falcon 900 alquilado a la empresa Sky Valet para volar a Madrid. Betty tenía dos misiones que cumplir para las cuales se sentía sobradamente capacitada. 
La primera y urgente, era evitar que el presidente Pedro Sánchez recibiera a Juan Guaidó, a quien ya había reconocido como el presidente interino de Venezuela y que venía cumpliendo una exitosa gira por Europa reforzando su liderazgo. 
La segunda, adelantar gestiones para intentar un nuevo mecanismo de diálogo que encabezara España, sumara a México y propusiera incorporar al Vaticano. El plan era maquillar de democracia la tiranía de Maduro. 

Los movimientos habían sido acordados con Pablo Iglesias, socio del régimen desde la época en que Chávez estaba vivo. Correspondía a Iglesias pagar la deuda acumulada de favores, ahora que ocupaba la silla de vicepresidente segundo del gobierno español. Betty había exigido una reunión con el presidente Sánchez en la Moncloa como gesto contundente que definiera territorio frente a la inminente visita de Guaidó. 
Iglesias le aseguró que Sánchez había aceptado recibirla. Iglesias se precipitó, musitó Betty. O tal vez Sánchez se arrepintió. Su amigo Zapatero le había advertido de algunas mañas que dificultaban acuerdos políticos estables con su compañero de partido y actual presidente de España. Zapatero solía comentar que Sánchez no era de fiar. Refería situaciones desconcertantes en las que cambiaba de posición con descaro. «Es caprichoso y narcisista. Es impaciente y eso lo hace cometer errores porque es impulsivo», repetía. 

La vicepresidenta de Venezuela sobrevolaba el océano Atlántico a velocidad de crucero cuando la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, fue informada por protocolo de la visita de Betty Ramírez. No había lugar a confusión. La embajada de Venezuela en España en voz de Mario Isea lo había notificado. Arancha comunicó a Pablo Iglesias lo inconveniente de esta visita, pero ya era tarde para evitar su arribo. Iglesias se dio cuenta al intentar contacto telefónico. Betty viajaba acompañada de su novio, Yulke Najim, y del ministro de Turismo Félix Plasencia, quien pensaba quedarse en Madrid para Fitur. 
La presencia de Plasencia fue vista como una oportunidad. Un importante miembro del gabinete y ficha de relevancia en el PSOE, el ministro de Transportes José Luis Ábalos lo conocía bastante bien. Con ese puente, se intentaría convencer a Betty para que siguiera su camino hacia Turquía, tal como estaba planteado en el plan de vuelo. 

La ministra de Exteriores tenía razón en preocuparse. La presencia de Betty violaba el acuerdo adoptado en Bruselas en noviembre de 2017, que le impedía acceder al llamado espacio Schengen, el territorio de veintiséis países europeos que han abolido los controles fronterizos y que acatan decisiones sancionatorias que señalan a Betty por usurpación de competencias del parlamento venezolano, por atacar a la oposición y violación de los Derechos Humanos. 
Esa noche el ministro Ábalos no visualizó la pesadilla prolongada que le esperaba cuando acompañado de su asistente Koldo García Izaguirre se trasladó al aeropuerto Barajas. 

El tiempo de alertar a Portugal respecto a que una sancionada cruzaba en la vertical del área metropolitana de Lisboa había pasado. Eran las 23:25. Ya no se sabría si los portugueses hubiesen negado el permiso para sobrevolar su territorio para no contravenir la prohibición impuesta por Bruselas a dirigentes chavistas. Nada obligaba a España a informar, pero sí parecía poco gentil entre socios comunitarios ocultar que se estaba violando una normativa aprobada por la Unión Europea. Si el argumento era aprovisionarse de combustible porque el avión seguía hacia Turquía —excusa acordada para ser transmitida a la opinión pública— la aeronave podría haber hecho escala en Marruecos. 
Cuando Betty aterrizó en Barajas acababa de comenzar en España el día 20 de febrero. El personal del aeropuerto se percató de inmediato de que algo extraordinario sucedía. Un testigo observó muchos vehículos policiales no habituales en el lugar. En total, entre 15 y 20 policías nacionales y entre 6 y 8 guardias civiles. Los funcionarios no sabían de quién se trataba, pero sí estaban claros de que esa persona no podía acceder a territorio nacional. 

Entre la medianoche y las 00:15, el ministro Ábalos cruzó el arco detector con su asistente. Intentó acceder a la zona restringida, pero ya habían sido bloqueadas las puertas de acceso a la pista. A las 00:25 uno de los comisarios comunicó que el ministro y otras tres personas habían sido autorizados a entrar a la zona de pistas sin pasar ninguna medida de seguridad. También subiría al avión. 
Le tocaba a Ábalos convencer a la vicepresidenta de Venezuela para que continuara hacia otro destino. El ministro no avanzó más de una frase después de los saludos. Betty no le permitió argumentar. Los insultos y los gritos fueron violentos. Es probable que para el ministro de Transporte el rato con Betty esté entre los más desagradables de su vida política. En la discusión se presentó un problema adicional. La tripulación estaba obligada a descansar después de nueve horas de vuelo. Tendrían que pasar la noche en Madrid. El castigo se prorrogaba. Betty sería alojada evadiendo los controles de inmigración. 

Betty había insistido en que no se movería sin conversar vía telefónica con Pedro Sánchez. Y lo logró. La intemperancia de la vicepresidenta venezolana le anunció a Sánchez futuros dolores de cabeza. 
Funcionarios de inmigración habían tratado de impedir el ingreso de Betty, pero los de mayor jerarquía intervinieron luego de que el ministro del Interior Fernando Grande Marlaska se comunicó con el comisario del aeropuerto madrileño, Jesús María Gómez. 

Guiada por policías de extranjería Betty recorrió varios pasillos hasta la zona VIP del aeropuerto. No presentó el pasaporte. Su pareja sí tuvo que hacerlo, aunque intentó evadirlo. La leyenda llegó a referir que ella bajó del avión ente 12 y 40 maletas. Parece improcedente, aunque para una compradora compulsiva, eso es nada. Lo que sí confirmó su entorno es que llevaba mucho dinero en efectivo.
Era la 1 y media de la madrugada cuando los visitantes fueron alojados en un espacio premium para visitantes de alto nivel. Ahí, Ábalos y Betty se volvieron a reunir. El registro total de las dos conversaciones es cercano a una hora y media. 
A las 8:20 de la mañana Betty tomó junto a su novio un vuelo de Qatar Airways con destino a Doha, donde hizo escala para enlazar con otro vuelo que iba a Estambul. Tres días después apareció en Ankara en una reunión inexplicada con su homólogo turco, Fuatb Oktay. A las 14:42 el avión de Sky Valet partió con la tripulación hacia otro destino. 

Para Ábalos, la jaqueca se prolongó. Los hechos trascendieron y su versión de lo sucedido abundó en falsedades y contradicciones. La oposición política golpeó. La gravedad del suceso colocó al ministro en la situación de tener que responderle a la justicia. El Partido Popular con Pablo Casado y Vox con Santiago Abascal, acusaron a Ábalos de prevaricación omisiva y desobediencia al no expulsar a una funcionaria sancionada por la Unión Europea. Ambos partidos exigieron videos y audios de la pista de aterrizaje y de la sala VIP del aeropuerto. 
Ábalos sentía sobre sí la desgracia. Sus versiones tratando de reducir la responsabilidad fueron escalando en grados de torpeza. Se lamentaba de la desconsideración de Betty Ramírez y Nicolás Maduro que habían puesto al presidente Sánchez y a su partido en serios aprietos. 
La reacción no solo fue interna. El representante de Estados Unidos para la crisis de Venezuela, Elliott Abrams, solicitó explicaciones al Ejecutivo español y opinó que todo indicaba que se habían violado las sanciones europeas. 

Sin embargo, el alto representante de la Unión Europea, Joseph Borrell, ejerció la diplomacia y se aferró a formalismos que bajaron las aguas. «La comisión europea no puede iniciar un procedimiento de infracción contra España porque son los países los encargados de aplicar y verificar las sanciones en sus jurisdicciones». 
El objetivo político de Betty no se vio completamente frustrado. Juan Guaidó no fue recibido por Pedro Sánchez. El viernes 25 de enero el joven presidente encargado solo logró reunirse con la representante de Asuntos Exteriores, aunque recibió honores de la dirigencia opositora española y reunió a miles de venezolanos en las calles de Madrid. 

Para el 7 de febrero, Maduro junto a Jaime y Betty de anfitriones, recibieron en Miraflores al expresidente Zapatero, quien se reportó con sus socios o jefes. Su esfuerzo fue para que redujeran la presión que venían ejerciendo sobre su compañero de partido Pedro Sánchez. La sugerencia fue para esperar que la opinión pública se calmara y estar atentos ante cualquier posibilidad que pudiera ser aprovechada para reactivar un nuevo diálogo. Entretanto, el contacto con el Vaticano también había sido abortado. 
—Ya me tienes nerviosa con tanto misterio —reclamó Raiza Romero. Luisa De la Rosa la había citado en un café bar en la estación zona rosa en Bogotá. Entraban en la hora de tomarse una copa. Ya iban por la segunda y Luisa no abordaba el tema que había anunciado como «inquietante». 

—¿Has escuchado sobre el adrenocromo? —preguntó Luisa. Raiza tensó la espalda. —Lo poco que sé, me parece atroz. Lo vinculo con ritos satánicos. Un libro de Hunter S. Thompson, Miedo y exceso en Las Vegas, gira en torno al adrenocromo. Hubo una versión cinematográfica. 
Creí que era un tema del submundo hasta que escuché a mis sobrinos comentar que Justin Bieber había denunciado de manera subliminal, a través del video de su tema «Yummy», abuso sexual sufrido por personajes de la industria y habría aludido a élites poderosas que consumen adrenocromo. Prefiero que tú me digas lo demás. 

—Las glándulas suprarrenales producen la hormona adrenalina. El adrenocromo es el resultado de la oxidación de la adrenalina. El organismo utiliza esta hormona según el requerimiento de ciertas circunstancias. Puede activar tu cerebro haciéndote concentrado o sensible, advertirte de un peligro ante el miedo y hacerte reaccionar con astucia para salvar tu vida, o darte más energía y fuerza si eres un atleta, así como exacerbar tus sentidos en el aspecto sexual. 
—Todas son razones para hacer de ese producto algo muy poderoso. 
—Sí, la adrenalina es un disparador. Los rituales para su consumo vienen referidos desde tiempos remotos en citas de libros sagrados, textos de antropólogos, sociólogos, brujos, artistas, religiosos, donde a las deidades les son ofrecidas en sacrificio, vidas vegetales, animales y humanas. Mientras más compleja y difícil de cumplir sea la petición, más grande o importante ha de ser la entrega. Muchas veces han sido niños. 

—Qué terrible —sentenció Raiza—. Me aterra imaginar hasta dónde me vas a llevar con esta narración. 
—En esos rituales el clímax de la ofrenda es el momento en que la víctima está más aterrorizada y es cuando los oficiantes ingieren su sangre y disfrutan sus efectos lanzando después el cuerpo al horno de la figura adorada. Los métodos de tortura fueron avanzando. Los adictos asumieron que mientras más terror más efectividad. Las técnicas se volcaron en más atroces para elevar el nivel de adrenalina en las criaturas que debían estar vivas. 

—Esto que me cuentas ya no sucede ¿verdad? 
—Hay otros métodos. Extraen la adrenalina directamente de la glándula suprarrenal o de las arterias principales o de la médula espinal. Una red organizada se encarga de vender y distribuir clandestinamente el adrenocromo a millonarios o a sectas como Los Illuminati que, según conocedores del tema, están repartidos por el planeta. 
—Que tengan dinero o sean famosos no los desvincula de costumbres tan primitivas como el canibalismo… Estamos en el siglo XXI y lo que me cuentas se parece a las historias de la tribu australiana Ngarrindjeri… Dicen que sus miembros mantenían a sus víctimas con vida mientras extraían las glándulas suprarrenales que estaban rebosantes de adrenalina. 

—Realmente no sé como definirlo. Es un ritual, un crimen, un espanto. Significa aplicar la extrema crueldad de torturar a alguien para extraer adrenocromo por obtener un rato de éxtasis. El asunto del placer incluso puede ser más mito que realidad porque algunos que lo han consumido no le atribuyen el goce que alimenta la leyenda. 
—Por todo lo que implica, es la droga más costosa del planeta —acotó Raiza, que se había especializado en acusar a narcotraficantes—. Creo recordar testimonios de funcionarios policiales que han seguido las pistas de consumidores, aunque he escuchado que sufren la dificultad de que es un mercado que se comunica a través de la compleja Deep Web. 
—Así es. Las autoridades saben que son caprichos de una clase que maneja inmensas cantidades de dinero. Es gente de muchísimo poder. 

—Pero ellos no participan en ritos con niños que son torturados para sacarles la sangre, ¿verdad? 
—Si tú pagas por una droga que sabes ha sido obtenida con torturas, eres cómplice ¿no crees? —Luisa quería que Raiza se involucrara en el tema—. Entiendo que el adrenocromo ha sido sintetizado en una variación usada como tratamiento para sangrado capilar y muscular, sin ninguno de esos poderes mágicos que le atribuyen. Pero también he leído que un mercado ansioso de energía, de potenciar los poderes sexuales, sentir creatividad suprema y alcanzar la eterna juventud, compra frascos almacenados con sangre extraída en niños. O al menos así lo ofertan porque también —estoy segura— en ese mercado abundan los estafadores. 
—¿Y cómo llegaste a este tema? —preguntó Raiza después de una extraña pausa entre las dos. 
—Mildred. Nuestra astuta y tenaz Mildred. 
—Y puntillosa. —Gran amiga, la Mildred. No sé si este tema tuvo que ver con su muerte. 

—¿Sospechas que lo suyo no fue muerte natural? —reaccionó Raiza con sorpresa.
—Han podido matarla, cada vez tengo más sospechas. Míranos a ti y a mi, huyendo de las cabezas del chavismo que controlan Venezuela. 
—¿Mildred documentó el tema del adrenocromo? Porque en el expediente que me dejó no tengo nada de eso —aseguró Raiza. 
—Mildred sabía que Laura nos enlazaría para ensamblar información. Sucederá también con el resto de los cinco. Hemos de revisar bien papel por papel. Por eso te propongo en este encuentro, avanzar en la información que tiene mejor soporte. Por la atrocidad del adrenocromo, desearía que fuera uno de los primeros temas a considerar. 

He pensado —continuó Luisa— que Mildred tuvo muy presente una revelación que le hice en una de nuestras reuniones de la cofradía. Yo había descubierto que Julio Valentín era un consumidor de sangre humana y que Jaime era quien se la suministraba a través de una red que controlaba. Tal vez era un tema más fácil de compartir entre nosotras como colegas médicos. Lo cierto es que ahora entiendo que ella no soltó el caso. Algo ha podido descubrir. Mildred estaba documentando que no solo Jotavé, sino también los hermanos Ramírez eran consumidores de sangre humana. Y sus sospechas apuntaban a que sería este tipo de sangre humana. Con su inclinación por gustos exóticos ¿qué les impide incorporarse a la élite exclusiva de millonarios que adquiere adrenocromo? Solo hazte esa pregunta.

"LA PRODUCCIÓN DEL #ADRENOCROMO 🩸
 ES EL PEOR HORROR CONOCIDO" Jim Caviezel

Los.hermanos.siniestros_Pacheco.pdf by Bolboreta8




Entre 2000 y 2025, informes de la ONU, 
OEA y ONG's documentaron en Venezuela:

⚡ Más de 1.200 denuncias de tortura
⛓️ Más de 15.000 detenciones políticas registradas
🩸 Más de 350 muertes bajo custodia o en 
operativos represivos denunciadas por organizaciones de DDHH

También se denunciaron:

⚡ Descargas eléctricas
⛓️ Golpizas y asfixia
🚨 Desapariciones temporales
🕳️ Centros de detención clandestinos
💔 Violencia física y psicológica

Centros señalados en múltiples denuncias:

🏢 El Helicoide
🏢 SEBIN
🏢 DGCIM
🏢 Bases militares y centros clandestinos

Esto no trata de política.
Trata de seres humanos.

⚖️ Justicia para las víctimas
🕯️ Memoria para los que no volvieron

🕊️ Libertad para un país entero