SOCIALISMO:
CIUDADES SIN ALMA
«¿No te has dado cuenta cuando caminabas
por esta ciudad que la mayoría de sus edificios
no te decían nada, exceptuando
alguno que otro, que estaba cantando?»
«El actual habitante de los grandes centros ciudadanos
recae en un estado de salvajismo, es decir, en uno de aislamiento»
Miliutin, Ginzburg, Le Corbusier: nombres distintos, una misma obsesión. Todo el siglo XX empujó en la misma dirección: borrar la ciudad heredada, desterrar el ornamento y convertir la arquitectura en una línea de producción en serie.
El socialismo no se conformó con construir edificios: construyó doctrina. Viviendas colectivas, ciudades funcionales, prefabricados en masa: todo pensado para moldear a un “hombre nuevo”.
Lo que no servía a ese proyecto -la tradición, la intimidad, la memoria histórica- se consideraba un lastre a eliminar.
Esta idea se infiltró en el resto del mundo disfrazada de modernismo radical, de neobrutalismo, de sus herederos actuales. Hoy la huella está a la vista: centros históricos mutilados, barrios sin rostro, ciudades enteras donde el hormigón le ganó terreno al carácter.
Por eso Occidente no encuentra su lugar. Dejó que una ideología totalitaria despreciara su propio patrimonio sacrificando siglos de belleza por bloques repetidos, fríos e intercambiables. Cuando una ciudad se parece a cualquier otra, deja de pertenecerle a su pueblo.
Debemos rechazar esta tendencia destructiva. Restaurar el ornato, proteger nuestro patrimonio y recuperar la arquitectura tradicional, no es vivir en el pasado: es defender la memoria, la belleza y el legado de lo que alguna vez fue la civilización cristiana de Occidente.
Michael Wolf dedicó gran parte de su carrera a fotografiar las megaciudades, especialmente Hong Kong. Sus imágenes muestran fachadas interminables, ventanas repetidas y edificios que parecen no tener fin. Pero detrás de esos patrones casi abstractos hay miles de vidas. Cada ventana es una historia, cada apartamento una persona, cada detalle un recordatorio de cómo vivimos en las grandes ciudades. Con series como Architecture of Density o Tokyo Compression, Wolf transformó la arquitectura y el espacio urbano en una reflexión sobre el anonimato, la soledad y la forma en que las ciudades moldean nuestra manera de vivir. Su fotografía demuestra que, a veces, la mejor forma de hablar de las personas es fotografiar los lugares que habitan. ¿Hasta qué punto una ciudad también puede ser un retrato de quienes viven en ella?
La regla 3-30-300 es un estándar urbanístico creado por el experto Cecil Konijnendijk para medir y garantizar el acceso de los ciudadanos a la naturaleza en entornos urbanos. Establece que toda persona debe ver 3 árboles desde su ventana, tener un 30% de cobertura arbórea en su barrio y vivir a menos de 300 metros de un parque o espacio verde.
En qué consiste la regla
3 árboles: Ver al menos tres árboles de buen tamaño desde la ventana de tu casa.
30% de masa verde: Que el porcentaje de copa de árboles en tu barrio alcance el 30% para reducir el calor y mejorar el aire.
300 metros: Tener un parque o zona verde (de al menos una hectárea) a una distancia máxima de 300 metros de la puerta del hogar.
El reto urbano en La Coruña: Como ocurre en la mayoría de ciudades compactas y densas, los ensanches más modernos o zonas altamente pavimentadas (como Cuatro Caminos o Pescadería) sufren déficit de dosel arbóreo o requieren caminar un poco más para alcanzar superficies verdes de gran tamaño, lo que impulsa peticiones vecinales y municipales para ganar espacio al asfalto y plantar más vegetación.
La Plaza de Pontevedra en La Coruña suspende en la regla 3-30-300, aunque cumple de forma sobresaliente con el último criterio de cercanía a zonas verdes.
Al analizar la plaza bajo este estándar urbanístico, el resultado se divide así:
3 árboles (Suspenso): Los edificios que dan directamente a la plaza o a la calle Juana de Vega sí tienen árboles de gran porte frente a sus ventanas. Sin embargo, las viviendas en las calles adyacentes más estrechas no logran ver vegetación.
30% de masa verde (Suspenso): Toda la zona del Ensanche y los alrededores de la plaza sufren un importante déficit de dosel arbóreo. El asfalto, las aceras y las paradas de autobús dominan el espacio, quedando muy lejos del 30% de cobertura vegetal requerido. Se han ejecutado proyectos del Ayuntamiento de La Coruña para renovar sus jardines y ampliar áreas verdes, pero el porcentaje global sigue siendo bajo.
300 metros (Excelente cumplimiento): Este es su punto fuerte. A menos de 300 metros a pie (unos 3 minutos andando), los residentes tienen acceso directo a los Jardines de Méndez Núñez, un gran pulmón urbano con árboles centenarios que supera con creces la hectárea de superficie exigida por la regla. Además, la playa de Riazor y su paseo marítimo se encuentran a una distancia similar.
VER+:



1 comments :
Deus caritas est!
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