EL Rincón de Yanka: ANDROFOBIA

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miércoles, 9 de abril de 2025

YO DENUNCIO AL RÉGIMEN DEL 78 🙋 Y ACUSO AL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL DE ABOLIR LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA DEL VARÓN


YO DENUNCIO EL RÉGIMEN DEL 78

Publicaba hace unos pocos días Juan Soto Ivars un resonante y valeroso artículo* de reminiscencias zolescas en ‘El Confidencial’, donde denunciaba una ignominiosa trapisonda jurídica perpetrada por el llamado Tribunal Constitucional. El caso, en verdad escandaloso, encoge el ánimo; aquí no desgranaremos sus vicisitudes, pero en resumidas cuentas ampara el secuestro de los hijos por parte de una madre que había interpuesto denuncia por «violencia de género» contra el padre; denuncia que, antes de que el llamado Tribunal Constitucional fallase concediendo amparo a la mujer, se había probado falsa (si bien el tribunal que tendría que haber procedido contra la denunciante se había limitado a sobreseerla). El llamado Tribunal Constitucional, sin embargo, finge desconocer este hecho crucial, otorgando valor probatorio a una denuncia rocambolesca que, de este modo, se erige en verdad irrefutable. «Es el mismo mecanismo –escribe Soto Ivars– que vemos a diario en la prensa, el ‘yo sí te creo’, sólo que disfrazado con togas y larguísimos retruécanos jurídicos»; o la imposición de la ideología feminista sobre la realidad.
Hacia el final de su gallardo artículo, Soto Ivars lanza una batería de acusaciones: 
«Yo acuso, primero, a los legisladores que introdujeron la disparidad penal y la alimentaron con nuevos leños; y acuso a la prensa que no ha investigado sus consecuencias; y acuso también a los jueces que no deducen testimonio ni siquiera cuando tienen la certeza de que una denuncia es espuria y malintencionada; y acuso al Tribunal Constitucional [...], no ya por abolir la presunción de inocencia del varón, sino la inocencia probada, con este amparo». Son muchas acusaciones que podrían resumirse en una: bajo el Régimen del 78, el Derecho ha dejado de ser determinación de la justicia, para convertirse en un barrizal positivista nacido del puro arbitrio del poder, que utiliza las leyes y las sentencias judiciales para imponer su voluntad. 

En el caso que nos ocupa, el arbitrio del poder consiste en imponer la ideología feminista como verdad incoercible; y para imponerla se recurre a todo tipo de iniquidades y aberraciones jurídicas. Primeramente, se aprueban en el Parlamento por unanimidad (importa resaltar este hecho) leyes aberrantes que permiten elevar las penas en los casos en que el varón sea el agresor y la mujer la víctima, en flagrante conculcación del principio de igualdad ante la ley; leyes aberrantes que, además, invierten la carga de la prueba, conculcando también la presunción de inocencia. A continuación, los miembros y miembras del llamado Tribunal Constitucional reciben –en palabras de Alfonso Guerra, que nos reveló esta enormidad hace algunos años, después de que esos miembros y miembras le fuesen a llorar lágrimas de cocodrilo– «fuertes presiones» para establecer la constitucionalidad de la ley aberrante (o sea, que prevaricaron a sabiendas). 

Una vez conseguido que una ley aberrante se vuelva inatacable, se siembra el terror entre jueces y fiscales, para que ninguno ose rechistarla y apliquen sañudamente una presunción de culpabilidad al varón, a la vez que hacen la vista gorda ante el alud de denuncias falsas que esta ley aberrante propicia y fomenta. Y, por si aún se colara algún atisbo de justicia entre tal maraña de enjuagues inicuos, el llamado Tribunal Constitucional emerge de nuevo, para garantizar que las conductas delictivas de cualquier mujer queden impunes y que los hombres, por el mero hecho de serlo, sean castigados, aunque se haya probado que son inocentes.

Esta acción del llamado Tribunal Constitucional no es sino un aderezo hediondo –otro más– del pastel cocinado en los hornos del Régimen del 78, que ha convertido el Derecho es un mero acto de voluntad del poder que puede albergar en su seno los fines más injustos; entre ellos, por supuesto, dar satisfacción a las ansias sórdidamente vindicativas de la ideología feminista. Bajo el Régimen del 78, el poder político tiene una capacidad demiúrgica para crear leyes que respondan a la ideología reinante en cada momento y que determinen arbitrariamente lo que es justo. El Estado se convierte así en un creador caprichoso de justicia, una «Gorgona del poder», según la célebre expresión de Kelsen, que –¡por supuesto!– garantiza que la interpretación de las leyes se haga a gusto del poder político, mediante la creación del llamado Tribunal Constitucional y mediante la intervención del poder político en la actuación de jueces y tribunales: bien de forma material (mediante nombramientos de magistrados que sean jenízaros de la ideología reinante, a través del llamado Cgpj, otro órgano político), bien de forma «espiritual», aterrorizando y amenazando a los jueces que no pueden controlar materialmente con ordalías mediáticas, si osan desafiar la ideología reinante.

El Régimen del 78, en fin, consagra la forma más monstruosa de totalitarismo, en la que el poder político configura el Derecho arbitrariamente y sin relación alguna con una idea de justicia (nihilismo jurídico), para estrangular el horizonte vital de las personas sometidas a su dominio, a las que impone la destrucción de los vínculos y la disolución de las instituciones que las defienden, empezando naturalmente por la familia (nihilismo existencial). Debemos denunciar este Régimen oprobioso, que ampara la conversión del Derecho en puro ejercicio de la fuerza al servicio de la ideología reinante.



Yo acuso al Tribunal Constitucional *
de abolir la presunción de inocencia del varón


Yo acuso, primero, a los legisladores que introdujeron la disparidad penal y la alimentaron con nuevos leños; y acuso también a los jueces que no deducen testimonio ni siquiera cuando tienen la "certeza" de que una denuncia es espuria y malintencionada

El Tribunal Constitucional, con una ponencia de la magistrada María Luisa Balaguer, acaba de garantizar la impunidad para un crimen. Una sentencia ampara el secuestro de los hijos por parte de una madre, siempre y cuando ella haya interpuesto antes una denuncia por violencia de género contra el padre, y sin importar que sea falsa o el acusado esté absuelto. Suena crudo, pero así es lo que acaba de salir de una sala del Constitucional.
No sorprende que esto venga firmado por María Luisa Balaguer, quien en una entrevista en Público hace tres años decía: “Yo soy persona de formulaciones teóricas y dogmáticas en mi vida” e “institucionalmente el tema de ser mujer me condiciona mucho”. La prueba de este dogmatismo, de este condicionante identitario, lo tenemos blanco sobre negro en la sentencia que convierte al varón en culpable pese a estar absuelto y a la mujer en un ser incapaz de mentir.

Llevo años estudiando los excesos de la ley de violencia de género y sucesivas, pero este caso, por venir del Constitucional, podríamos decir que va un paso más allá. La cosa empieza cuando un matrimonio se va a vivir a Vitoria y tienen un hijo. Cuando el crío tiene 2 años, el hombre pide el divorcio. A los pocos días, la mujer se lleva el niño a Coruña sin consentimiento del padre. Es un secuestro, estilo Juana Rivas. Como él pide a las autoridades que devuelvan al niño a Vitoria, la ex lo amenaza con una denuncia por violencia de género.
Una particularidad de este caso es que sabemos a ciencia cierta que hay un chantaje, porque la abogada de la mujer, que es amiga suya, le dice a un amigo común que haga entrar en razón al ex. El amigo de la pareja, escamado, graba la conversación. Lo que la abogada plantea es lo siguiente: si el hombre se establece en Coruña, no habrá problemas y le darán un régimen de visitas amplio; pero si no acepta este trato, lo denunciarán por violencia de género.

Como el hombre no quiere mudarse a Coruña, le cae la denuncia por violencia de género en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Coruña. No es pequeña: según el texto, en noviembre de 2020, empezó una discusión. Él le habría dicho "lárgate, que si no voy a empezar a gritar y a tirar cosas", y como ella insistiera, contó que el acusado la cogió por el cuello con las dos manos, la tiró contra el suelo, le gritó "te voy a abrir el cráneo, te voy a matar" y le propinó varias patadas en el muslo izquierdo. Luego la volvió a coger por el cuello con una sola mano y la lanzó contra una puerta. La agarró por los pelos y la llevó a rastras al salón y la lanzó contra una librería, y luego la cogió por el brazo, se lo retorció y la tiró al suelo otra vez.
Todo esto era mentira. Insostenible, según los jueces de Coruña. No hay parte de lesiones que atestigüe esta paliza ni remotamente, pero sí hay, por contra, un parte médico de él: tiene dos hernias y una lesión lumbar que le hace difícil levantarse de un sofá. Es un hombre impedido. Los jueces sabían perfectamente que la mujer había engordado su denuncia de manera artificial y que la había usado como chantaje. Todo esto no es una opinión mía: queda escrito en las sentencias judiciales.

En España, sin embargo, las denuncias falsas en violencia de género no existen. Y no existen porque la Justicia no las persigue. Y no las persigue (sospecho) porque los jueces no quieren problemas con el feminismo dogmático y militante. Pese a que el escrito judicial donde se absuelve al hombre es demoledor y claro con las intenciones de la denunciante, lo único que hizo el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Coruña fue denegar la orden de protección a la mujer y absolver al hombre.
Estas son las palabras del juez: “No son pocas las ocasiones en supuestos de violencia de género o doméstica en que late la sospecha de motivaciones espurias en la denuncia (...) en este caso la duda ha dado paso a la certeza”. 
¿La procesan entonces a ella porque tienen la “certeza” de que la denuncia es “espuria”? Como digo: no. Despertar en un juez la certeza de que estás utilizando las medidas de protección para las maltratadas sin serlo, para hacer daño, no comporta demasiados riesgos.

En paralelo, mientras el proceso penal seguía su curso, se ha decidido por lo contencioso que la custodia será de la madre, pero a condición de que el niño viva en Vitoria. Hay que señalar aquí algo: la dificultad de cualquier hombre para lograr una custodia compartida, incluso en las condiciones más sangrantes. Los juzgados le dan la custodia a ella a pesar de que el hombre está capacitado, tiene un buen trabajo, un horario espectacular y una familia que le puede ayudar, y pese a que saben que ella está desequilibrada, que toma medicación para controlar la ira y que le ha puesto al hombre denuncias tan infundadas como para que le nieguen a ella la orden de protección, que se da con bastante ligereza y es lógico, porque nadie quiere pillarse los dedos. Así y todo, es su negativa a ir a Vitoria lo que empieza a inclinar la balanza.
La mujer protesta: dice que ella tiene derecho a vivir donde desee. El juzgado le contesta que ella sí puede vivir donde quiera, pero que, apelando al interés superior del menor, el niño ha de estar con ambos, es decir, en Vitoria. Con lo que finalmente, después de dos años de secuestro y ante la presión judicial, el niño vuelve a Vitoria con el padre. La madre, en este momento, ya ha decidido que prefiere ir de visita. Sin embargo, apela al Constitucional, y aquí es donde viene lo gordo.

El fanatismo hecho sentencia

Ya se ha dicho que el hombre quedó liberado de toda sospecha y que la denunciante quedó impune pese a la “certeza” judicial de las malas artes empleadas. Ya se ha dicho que el niño estaba muy bien con el padre, perfectamente capacitado para cuidarlo. Se puede intuir el sufrimiento que le causó al menor la negativa de la madre a compartir la custodia. Pues bien: la sala del Constitucional, con la rúbrica de María Luisa Balaguer, acaba de fallar a favor de la mujer.
El recurso de la mujer al Constitucional es anterior a la absolución por violencia de género, pero la resolución llega después. Balaguer se refiere por tanto a un momento procesal en que el acusado todavía no está absuelto, sin embargo, sentencia que la mujer se puede llevar al niño cuando el hombre no está condenado y sin ningún indicio de violencia (ni siquiera una orden de protección a favor de la mujer). Para la magistrada, el indicio es la mera denuncia y un papel de la Fiscalía.

Lo que está diciendo su sentencia es que, habiendo una denuncia por violencia de género, un juez no puede exigir a la “víctima” que obtenga el consentimiento del agresor para llevarse a su hijo. ¿Y dónde ve la “víctima” María Luisa Balaguer? En una mujer que pone una denuncia. Punto. Por tanto, una denuncia es siempre una verdad, incluso si luego se demuestra como infundada.
Es el mismo mecanismo que vemos a diario en la prensa, el “yo sí te creo”, sólo que disfrazado con togas y larguísimos retruécanos jurídicos. En su escrito, Balaguer ha omitido la existencia de esa sentencia absolutoria posterior al amparo de la denunciante, cosa que los dos magistrados sí indicaron en su voto discrepante. Explicaron que les fue infructuoso tratar con sus compañeros la sentencia que absolvió al hombre, y que donde Balaguer ve indicios sólo hay una denuncia rocambolesca.

Según los magistrados discrepantes esto viola la presunción de inocencia. En mi opinión, la ponencia de María Luisa Balaguer marca bien claro el límite que la ideología feminista impone sobre la realidad. Una señora que denuncia a su expareja podrá decidir dónde vive el niño sin contar con el padre, digan lo que digan los tribunales luego y sea cual sea la realidad. Es un mensaje nefasto para Francesco Arcuri, el ex de Juana Rivas, quien lleva meses sin ver a su hijo menor, secuestrado por la madre, pese a que todos los tribunales han fallado a su favor.
Luego el hombre es culpable PESE a que se demuestre lo contrario. Así que yo acuso, primero, a los legisladores que introdujeron la disparidad penal y la alimentaron con nuevos leños; y acuso a la prensa que no ha investigado sus consecuencias; y acuso también a los jueces que no deducen testimonio ni siquiera cuando tienen la "certeza" de que una denuncia es espuria y malintencionada; y acuso al Constitucional, y a María Luisa Balaguer, no ya por abolir la presunción de inocencia del varón, sino la inocencia probada, con este amparo.
Como dice un amigo juez, algún día miraremos atrás y nos preguntaremos cómo pudimos tratar así a tantos inocentes en los últimos veinte años
Proteger a las mujeres víctimas no implica victimizar judicialmente a los varones por el hecho de serlo. Lo primero es loable, lo segundo es ruín. Me pregunto si con esto ha llegado la gota que colma el vaso. Como dice un amigo juez, protegido por su anonimato, algún día miraremos atrás y nos preguntaremos cómo pudimos tratar así a tantos inocentes en los últimos veinte años.


jueves, 8 de marzo de 2018

FEMINISMO Y MASCULISMO, HEMBRISMO Y MACHISMO


Aquí hay varias definiciones a tener en cuenta; por una parte Machismo y Feminismo, términos totalmente extendidos en la sociedad, aunque eso no sea sinónimo de conocimiento, ya que cuando hablamos de Feminismo la mayoría de personas le da un significado completamente distinto del que realmente le corresponde. Por otra parte Hembrismo y Masculismo, con los que ocurre justo lo contrario, casi todo el mundo los desconoce ni sabe qué significan.

"Por un mundo donde seamos políticamente iguales y libres; socialmente diferentes y libres". 
 (Corrección de una frase de Rosa Luxemburgo)

La mayoría de personas cree que el feminismo es la antítesis del machismo. Esto es totalmente incorrecto, la equivalencia al machismo es el llamado hembrismo. Desde mi punto de vista el hembrismo viene a ser relfejo de una realidad: algunas mujeres defienden la superioridad del género femenino sobre el masculino. No obstante me gustaría señalar que estos colectivos no deberían ser definidos como feministas; es más, el hembrismo ha corrompido la imagen que la sociedad tenía del feminismo, movimiento que algunos ven con malos ojos, cuando en realidad se basa en la igualdad en derechos y por tanto en un derecho universal e innato a todo ser humano: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” (Declaración Universal de los Derechos Humanos, Art.1).


Machismo: es la ideología que fomenta la discriminación, vejación y subordinación de la mujer en general, supuestamente en favor del bienestar de los hombres. Su origen se remonta a la antigüedad, cuando se catalogó a mujeres y hombres simplemente por poseer éstos mayor fuerza física. Después se reforzó con el origen de las religiones, y es en gran parte es por ello por lo que ha seguido existiendo hasta nuestros días (por ejemplo La Inquisición), aunque cada vez más débil gracias al progreso, la democracia y la globalización.
Sus seguidores suelen justificar dicho comportamiento con conductas, actitudes, prácticas sociales y sobretodo en creencias religiosas. Además, llegan a atacar a personas de su mismo sexo cuando no las consideran lo suficientemente masculinas a su criterio.

Su permanencia y existencia aún hoy día se debe principalmente a las creencias religiosas (casi todas las religiones discriminan a la mujer, con normas o escritos elaborados por hombres), la educación (muchos hogares y escuelas siguen educando a las niñas como futuras esposas sumisas a su marido, entregadas y con el trabajo en el hogar como única realización personal) y la publicidad (a pesar de las quejas y denuncias muchas marcas siguen fomentando estereotipos como hombre-poder/dinero y mujer-objeto/hogar).
Rechazan completamente el feminismo, ya que es una amenaza contra su posición de bienestar, construída a base del sacrificio físico y psicológico de las mujeres. Muchos culpan al feminismo de los divorcios, la timidez sexual de los hombres, la desmembración de las familias, etc.
Se la considera una de las mayores lacras de la sociedad, que va desapareciendo poco a poco con el desarrollo.


Hembrismo: se basa en la discriminación, opresión y subvaloración de los hombres simplemente por su condición masculina, su sexo. Es justo lo contrario que el machismo, pero en favor de la mujer. Ataca no sólo a los hombres, sino a cualquier ideología o corriente que sea en favor del sexo masculino.
Su origen es reciente, se cree que a principios-mediados del siglo XX, en el que las mujeres empiezan seriamente a adquirir puestos de responsabilidad y mayor poder social. Sus seguidores lo justifican como una venganza a los siglos de opresión hacia las mujeres, considerando justo que el hombre pague por todas las atrocidades y vejaciones cometidas contra la mujer. 

Femicentrismo o Ginocentrismo, Misandria y androfobia son las principales tendencias del hembrismo, la primera basa su ideología en eliminar la discriminación o desigualdad favoreciendo a las mujeres e ignorando a los hombres, y la segunda considera a los hombres como los máximos responsables de los males sociales, y a las mujeres como las principales víctimas. (Ideología de Género)

No me queda más que decir que no soy partidario de ninguna de las dos, ni lo sería, opino que es una barbaridad despreciar a otro sexo o considerarlo inferior siendo de la misma especie. Hablar de machismo hoy en día me parece absurdo, un anacronismo, así como sus argumentos para justificarlo. En cuanto al hembrismo, los hombres de hoy no tienen la culpa de los actos de los hombres de épocas pasadas. Además basar una conducta en la venganza no es racional y trae consecuencias, como seguir promoviendo el conflicto en las generaciones venideras y originar así un ciclo sin fin.

Ahora quedan los otros dos términos, masculinismo y feminismo, con los que sí comparto opinión por su significado y objetivos:

Masculinismo: es una ideología que promueve los derechos de los hombres en los ámbitos en los que se encuentren en desventaja, basándose en su visión y experiencias. No es muy conocido debido a que la mayoría de la sociedad da por supuesto que sólo las mujeres han sufrido y sufren discriminación. Esa afirmación no es correcta, y los motivos siguientes son sólo una pequeña parte del problema para justificarlo: existen legislaciones que elaboran leyes teniendo en cuenta las necesidades sólo de la mujer, el hombre se encuentra prácticamente en desamparo en temas de maltrato o ayuda psicológica, discriminación en la custodia de los hijos, se destina tres veces más dinero en estudiar el cáncer de mama que el de próstata, en muchos casos las condenas por el mismo crimen son más elevadas para el hombre que para la mujer, etc.

En este grupo de distinguirían los masculinistas conservadores, con una ideología cercana al machismo (en el extremo estarían los que sostienen que las superioridad masculina es un derecho divino), y los masculinistas progresistas, que además de abordar los temas en los que los hombres sufren discriminación apoyan a las feministas con su objetivo, siempre y cuando no muestren ideas extremas (Femicentrismo, Misandria, "Feminazismo"...).

Feminismo: ideología conocida más por su nombre que por su significado. La mayoría de la sociedad cree que es el equivalente del machismo pero en femenino. No se sabe el por qué de esta definición errónea ni su fomento, probablemente haya sido promovido por los machistas, al ver amenazado su posición de poder y bienestar.
Podría definirse como el movimiento o doctrina social que promueve la igualdad entre mujeres y hombres, estudiando aquellos ámbitos en los que la mujer se encuentra discriminada a favor del hombre. Al igual que el masculinismo pero a la inversa, se basa en la visión y experiencias de las mujeres.
Si no fuera por el feminismo, simples derechos que las generaciones actuales ven como algo normal (derecho a votar, derecho a ser titular de una propiedad o de una cuenta bancaria, a ser receptoras de una herencia, etc.) no hubieran sido posibles.
También cuenta con varios subgrupos, los más importantes son el feminismo de equidad y el feminismo de género. El feminismo de equidad promueve la igualdad entre sexos, sin hacer uso de la discriminación positiva. Es simplemente la creencia en la igualdad legal y moral de los dos sexos. El feminismo de género se aproxima al hembrismo, al femicentrismo y a la misandria, ya que no busca la igualdad sino la supremacía del sexo femenino sobre el masculino, a través de la ley y la moral y culpando a los hombres de la mayoría de los males sociales. De forma más vulgar también se lo denomina Feminazismo.

Sin lugar a dudas, soy partidario del feminismo de equidad. Una mujer siempre tendrá una opinión mucho más objetiva sobre los temas sociales que la afectan, y lo mismo ocurrirá con un hombre. Los centristas buscan la igualdad independientemente para hombres como para mujeres, pero no puedo ser centrista si pienso que todavía hay un gran desequilibrio en la balanza en desfavor de la mujer.
Los partidarios del feminismo y el masculismo no radicales comparten un fin común y muchas similitudes, como la igualdad de derechos y oportunidades para todos, sin estorbarse y llegando incluso a colaborar juntos, como aliados contra el sexismo. Teniendo en cuenta la situación actual me parece lo más acertado, ya que el machismo y el hembrismo no hacen más que poner palos en las ruedas del progreso, y fomentar ideas que no tienen cabida en las sociedades modernas.
Me pregunto cuando llegará el día en que dejemos de clasificarnos y de fomentar estereotipos femeninos y masculinos, y nos veamos simplemente como personas, diferentes pero con el mismo derecho a todo, con nuestras virtudes y nuestros defectos".


Yo no soy machista, 
soy masculino, soy varonil, 
soy galante, soy caballero

Admiro y me embelesa la feminidad y la inteligencia femenina que me complementa y me humaniza.
Hombre y mujer. Mujer y hombre. Complementariamente distintos. Ahí radica el misterio binario de la vida. Masculinidad y feminidad. Sexos varón y hembra. Ying/Yang.
No somos iguales. Somos diferentes. Psicológicamente y biológicamente somos diferentes y usamos lenguajes distintos. Pero eso sí, en derechos somos iguales.
Yo como padre, también cambié los pañales y di biberón a mis hijos. Pero, para quitar los gases de mis bebes y apoyarlos en mi hombro, mi cara áspera les molestaba. No hay como las mejillas tiernas de la madre.
Tenemos deberes paternos y maternos. Deberes complementarios de los padres.
No hay como la organización y acomodamiento de la ropa en una maleta como la hace mi señora esposa, mi mujer. El hogar es materno. Un hogar sin mujer no es hogar.
No entiendo las críticas progres suecas al discurso de Mario Vargas Llosa en el nobel de literatura en que habla de como su querida esposa ordenaba su maleta de viaje. Confunden el marisco con el molusco. Lo políticamente correcto es la nueva dictadura, lo estúpidamente correcto. No podemos ir en contra del instinto y de la naturaleza y del sentido común.








El ser humano es una mezcla indisoluble de biología y cultura. Por eso nuestra felicidad depende, en gran medida, del equilibrio entre ambas naturalezas, que avanzan hacia objetivos diferentes aunque no contrapuestos.
La dicotomía sexual, fundamental en la base biológica de nuestro comportamiento, determina unas características que afectan a nuestros roles sociales. La ideología de género, con su negación de la base biológica de la persona, trata de construir un ser humano basado solo en su naturaleza cultural, lo que genera en el individuo concreto un alto grado de infelicidad e irracionalidad.

La ideología de género se fundamente en una parte de la naturaleza humana, la cultural, negando la parte biológica y todo lo que nos condiciona después de millones de años de evolución exitosa. La supervivencia de la especie humana se ha fundamentado como la inmensa mayoría de las especies superiores con una dicotomía sexual que implica una diferencia de funciones. 

El que nuestras sociedades busquen una deseable igualdad en derechos y dignidad de los sexos es una construcción cultural, no biológica que, cuando se trata de aplicar a la biología negando sus objetivos últimos, que no es la igualdad sino la supervivencia de la especie y el éxito evolutivo de millones de años, termina generando todo este desconcierto. No son objetivos contrapuestos pero no son extrapolables.
La igualdad se alcanza respetando las diferencias de cada sexo y lo que cada sexo aporta a la sociedad.
La ideología de género nazifeminsta ha obviado a la hora de hacer todos sus planteamientos doctrinales, la parte biológica del ser humano, una parte que, a tenor de las evidencias científicas, era algo fundamental a tener en cuenta. 
Trond Diseth, director del área de psiquiatría infantil del Hospital Nacional Noruego, ha hecho un estudio con bebés de 8 y 9 meses, que ni siquiera caminaban. El experimento consistía en ponerlos (gateando) sobre una alfombra donde colocó 10 juguetes, 4 considerados tradicionalmente femeninos (muñecas) y 4 considerados tradicionalmente masculinos (construcciones, camiones) y dos neutros, para determinar si un bebé es un niño o una niña. 

Y ¿qué pasó? Pues pasó algo que derrotaba una vez más la teoría de ingeniería social: los niños acuden a jugar con construcciones, mientras que las niñas, acuden a jugar con muñecas. Hay muchísimas normas que pretenden ser impuestas, a veces rozando la tiranía, que nada tienen que ver con la búsqueda de la igualdad y que sí tienen que ver con cumplir una agenda política al servicio de ciertos intereses.

Dejemos a los niños y a las niñas que jueguen a lo que quieran. Y que no pensemos que porque una niña quiera jugar a las madres y a tomar el té estamos prolongando estereoptipos de ninguna clase.