EL Rincón de Yanka: LISTAS ACTUALIZADAS DE PRESOS POLÍTICOS EN VENEZUELA CASTROCHAVISTA #SOSVENEZUELA y "CUANDO EL INFIERNO TIENE ACENTO CRIOLLO" por GLADYS RODRÍGUEZ

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sábado, 24 de enero de 2026

LISTAS ACTUALIZADAS DE PRESOS POLÍTICOS EN VENEZUELA CASTROCHAVISTA #SOSVENEZUELA y "CUANDO EL INFIERNO TIENE ACENTO CRIOLLO" por GLADYS RODRÍGUEZ

 











































LISTAS ACTUALIZADAS 
DE PRESOS POLÍTICOS 
EN VENEZUELA 
CASTROCHAVISTA

Hoy hemos enviado al Secretario de Estado Estadounidense Marco Rubio @SecRubio

las LiSTAS actualizadas de Presos Políticos en Venezuela que hemos recaudado como @caslainstitute

Hemos recibido decenas de email con más casos que no habían sido denunciados o desconocíamos, o con poca visibilidad, que estamos procesando, y haremos otra actuación la próxima semana Gracias a la inmensa colaboración de los Familiares, esos valientes hombres y mujeres que están en las calles de Venezuela exigiendo la libertad de sus seres queridos, a los abogados, a los defensores y activistas de DDHH y miembros de Organizaciones de la Sociedad Civil que se abocaron a colaborar para la actualización de estas listas. 


parte del testimonio de un amigo que reaparece tras lo que no puede llamarse libertad, sino secuestro. Su historia expone una realidad brutal: detenciones sin orden judicial, tortura sistemática y deshumanización planificada en centros donde el Estado deja de proteger y pasa a ejercer el horror.
La periodista subraya que no se trata solo de presos políticos. En Venezuela, explica, hay personas encarceladas por incomodar al poder, denunciar abusos o simplemente cruzarse con intereses criminales. En ese contexto, la frontera entre justicia y venganza desaparece, y el mensaje es claro: nadie está a salvo.
Rodríguez insiste en que estos hechos no son excesos ni errores, sino crímenes de lesa humanidad, ejecutados —lo más doloroso— por venezolanos contra venezolanos. Ese, afirma, es uno de los daños más profundos del régimen: la corrupción del tejido humano y moral de la nación.

CUANDO EL INFIERNO 
TIENE ACENTO CRIOLLO

Nadie sale ileso de un secuestro, 
volvió con el cuerpo vivo y la mirada rota. 
Volvió para contarnos lo que muchos saben
y demasiados, prefieren no escuchar.
No estuvo preso: ¡estuvo secuestrado!
Lo arrancaron de su vida sin orden judicial,
sin explicación, sin derechos.
Los metieron en calabozos 
donde el tiempo deja de existir:
luz encendida las veinticuatro horas
para que el cuerpo nunca descanse,
frío constante para quebrar la voluntad,
desnudez forzada para borrar la dignidad.
Golpes. Humillaciones. Violaciones.
El catálogo completo de lo que el mal 
puede hacer cuando no hay ley,
cuando el estado se convierte en verdugo.

En Venezuela hay presos políticos, sí.
Pero, hay algo más oscuro: 
hay decenas de personas presas 
o que han estado presas por el poder,
no solo por la política.
Gente que se cruzó con alguien influyente,
que denunció, que incomodó, 
que estuvo en el lugar equivocado 
frente a la persona equivocada.
En un país donde los grupos de poder 
tienen cárceles, jueces y armas, 
la línea entre disidencia y venganza desaparece.
Lo que ocurre en esos centros de detención
no son "excesos" ni "errores".
SON CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD,
DE LESA VENEZUELA.
Tortura sistemática.
Deshumanización planificada.
Castigos diseñados para quebrar no solo 
al detenido, sino a todo el que escuche 
su historia y entienda el mensaje:

Aquí nadie está a salvo.
Y lo más devastador de todo 
no es solo el horror en sí, 
sino también de quienes lo ejecutan.
Sus captores no hablan otro idioma.
No viene de un país enemigo.
Son venezolanos. Compatriotas.

Paisanos que crecieron con el mismo himno,
la misma bandera, la misma historia 
de lucha por la libertad.
Paisanos que hoy oprimen, 
custodian, torturan, violan,
obedecen órdenes criminales sin 
hacerse una sola pregunta moral.
Y ése es el daño más profundo, 
para mí, que ha hecho esta narcotiranía.

No solo ha llenado las cárceles, 
ha corrompido parte del tejido humano de la nación.
De ésos que incluso todavía defienden lo indefendible.
Quienes justifican a un tirano junto 
a su cómplice pareja, hoy, presos en Nueva York.
Quienes relativizan la tortura, 
ponen comillas al dolor y piden "pruebas",
mientras los cuerpos siguen marcados,
las mentes rotas y algunos ya ni viven para contarlo.
Quienes creen que el poder merece indulgencia; 
y el dolor, silencio.

Este editorial no es un llamado al odio.
Es un llamado a la memoria, 
a la conciencia y a la responsabilidad.
Porque ningún país se reconstruye sobre calabozos.
Porque ningún proyecto político justifica
la violación, la tortura ni el secuestro.
Porque cuando un estado tortura, deja de ser estado
y se convierte en una organización mundial.

Mientras los inocentes sigan presos, 
mientras pretendan normalizar el horror
o mirar hacia otro lado, 
Venezuela seguirá siendo una cárcel grande, 
con algunos presos visibles 
y millones de rehenes invisibles.
Y esto no va de ideologías.
Simplemente va de humanidad.
Así lo veo.


Los familiares que se encuentran en las adyacencias de la PNB, en Boleíta, aseguran que no se movilizarán del sitio hasta que no liberen a sus seres queridos. Luego de 60 días pudieron visitar a los privados de libertad, a pesar de que los funcionarios negaban su presencia en este centro de detención.

Caracas. Con delgadez extrema, piel amarilla y un evidente deterioro físico, los familiares de los detenidos en la sede de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), de Boleíta, lograron finalmente ver a sus allegados luego de dos meses de desaparición forzada.
Hasta este martes, 27 de enero, las autoridades del centro de detención preventivo negaron la presencia de estas personas a sus familiares. Anteriormente los reclusos estuvieron en la sede de la PNB de La Quebradita II y sus parientes, residentes de distintos estados del país, les perdieron el rastro.
“Yo no reconocí a mi hijo”, asegura Marina Saldivia, quien durante los 25 minutos que duró la visita pudo comprobar que sus cuatro familiares están presos en esos calabozos.
A Marina le detuvieron a sus dos hijos, su nuera y su nieta. A diferencia de otras personas quienes manejaban datos extraoficiales sobre el paradero de sus parientes en la antigua zona 7, de la extinta Policía Metropolitana, a la madre solo la llevó allí su intuición.
Además del deterioro general, denunció que uno de sus hijos presentaba moretones en los brazos, ya antiguos, y que su nieta tenía ojeras tan marcadas que “no parecía ella”.

Aunque algunos parientes indicaron que los suyos no sufrieron maltratos directos por parte de los uniformados, todos coinciden en que la pérdida de peso es crítica debido a que presuntamente les entregan la comida en mal estado.
“La niña me dijo que al principio la comida les llegaba piche”, relató una de las consultadas, sobre las condiciones de los detenidos mientras permanecieron en desaparición forzada, un delito de lesa humanidad que se configura cuando se priva de la libertad a una persona y las autoridades ocultan su paradero o se niegan a reconocer dicha privación, lo cual deja a la víctima fuera del amparo de la ley.
Este acto constituye una violación múltiple de derechos humanos que no solo afecta al detenido, sino que somete a sus familiares a una angustia prolongada y a la vulneración de su derecho a la verdad y la justicia.

“Hasta que salgan”

“Si ya los vieron, ¿para qué se van a quedar aquí?”, cuestionó un funcionario policial al grupo de mujeres que pernocta frente a zona 7. Sin embargo, ellas decidieron ignorar las presiones.
Desde el pasado 8 de enero, cuando el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, aseguró que un gran número de detenidos por motivos políticos serían liberados, las familias se mantienen en vigilia permanente.
Tras dos meses de incertidumbre, luego de la detención de sus familiares en noviembre, aseguran que la esperanza de la excarcelación es lo que las mantiene en pie.
A pesar de las insinuaciones de las autoridades, el grupo se niega a abandonar sus carpas y aceras. Para ellas, permanecer a la intemperie es la única garantía de que sus parientes no serán trasladados nuevamente a otra cárcel, un temor que cobró fuerza tras la visita.
“Mi esposo me dice que no me vaya, que siga aquí”, afirma Yaxodara Lozada, quien junto a otras mujeres sostiene que no permitirán un nuevo traslado.

La resistencia, sin embargo, tiene un alto costo. Entre lágrimas, Yaxodara confiesa que su único anhelo es recuperar la normalidad de su hogar junto a su esposo y sus hijos, de uno y 13 años. Pero la falta de condiciones mínimas merma su salud física y mental.
Las familias han recibido ayuda con alimentos y algunos recursos facilitados por organizaciones y personas de la sociedad civil que siguen la situación en las redes sociales.
No obstante, hay algunas condiciones de precariedad de las que no pueden escapar, debido a que deben realizar sus necesidades fisiológicas en cubetas que almacenan durante la noche en una garita cedida por una empresa de la zona industrial.
“Yo creo que tengo una infección urinaria porque me está saliendo un flujo amarillo”, relata Lozada, evidenciando el deterioro extremo que enfrentan.

Dos meses

Cuando los nombres de sus cuatro familiares – desaparecidos entre el 25 y 28 de noviembre- aparecieron finalmente en la lista de visitas, Marina no pudo contener la emoción. Desde la mañana de este martes 27 de enero, sentía un malestar físico que atribuyó a los nervios, pero prefirió guardar silencio ante sus compañeras de vigilia para no mostrar debilidad.
Al ingresar en el grupo de visitantes, subió las escaleras hasta la habitación donde la esperaba uno de sus hijos.
“No lo reconocí”, admite hoy con la mirada perdida, evocando la figura antes fornida de su hijo Richard, quien tras el encierro lucía como un extraño ante sus ojos. La impresión fue tal que Marina, quien viajó desde Ciudad Bolívar para buscar a sus hijos desaparecidos en Caracas, tuvo que ser asistida de emergencia para recuperar el aliento.

El impacto emocional pasó factura a su salida del recinto. Marina entró en un estado de shock y se desplomó en el suelo debido a una crisis de hipertensión provocada por el estrés acumulado. No es la primera vez que su salud flaquea; a sus 64 años, padece de diabetes e hipertensión, condiciones que maneja con dificultad en plena calle.
“A veces no como porque me da miedo comer muchas harinas y que se me dispare el azúcar”, explica, detallando que consume lo mínimo necesario solo para mantenerse en pie.
A pesar de que una familiar residente en la capital se ofreció a relevarla este martes, Marina se niega a abandonar su puesto. Tras confirmar que los suyos están tras esas paredes, recalca con determinación que nada la moverá de las puertas de Zona 7.
De acuerdo con el ministro de Interior, Justicia y Paz, desde la fecha del anuncio emitido por el representante del Parlamento venezolano, un total de 808 personas han sido excarceladas.
Las organizaciones que se han encargado de verificar estas cifras difieren: En el caso de Justicia, Encuentro y Perdón, al 26 de enero, hay 276 presos políticos excarcelados.

En cambio, Foro Penal contabiliza 266.

Hasta este martes, 27 de enero, el gobierno venezolano no ha mostrado cifras ni ha dado un número exacto que especifique cuántas personas formarán parte de ese «gran número» de excarcelados.