La sociedad cautiva
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Constituye un ejercicio antidemocr谩tico de poder la imposici贸n encubierta, y sin el control interno y europeo, de un verdadero estado de excepci贸n, en el que se restringen severamente los derechos, bajo cobertura de la pr贸rroga del estado de alarma...
El control de la acumulaci贸n de poder es el gran problema de la pol铆tica. La democracia, 煤nico medio para alcanzar ese control, es la forma de gobierno de las sociedades abiertas que trajo la modernidad, en las que los individuos adoptan decisiones propias y participan en el ejercicio del poder, en contraposici贸n a las sociedades arcaicas, tribales o colectivistas. Karl Popper jug贸 con la hip贸tesis inconcebible de una sociedad abstracta en la que los hombres no se encontrasen nunca cara a cara, donde los negocios fuesen concertados telem谩ticamente por individuos aislados. En esa sociedad despersonalizada, la vida transcurrir铆a en el anonimato, el aislamiento y el infortunio. Esa hip贸tesis inconcebible se ha hecho realidad: muerte, enfermedad, p茅rdida de seres queridos, temor al contagio propio y ajeno, inaccesibilidad al diagn贸stico y al tratamiento, inexistencia de instrumentos de protecci贸n... A tanta aflicci贸n se han sumado la impotencia del aislamiento y la amargura de la soledad. La tecnolog铆a proporciona recursos comunicativos e incluso impone una hiperconectividad, sustitutoria de la satisfacci贸n emocional. Triste sustituto que ha sido -lo sabemos-, manipulado, monitorizado y pervertido desde el poder. Y aun con el alivio adictivo de la conectividad digital, los usuarios de internet, aislados y asustados, somos incapaces de vivir una vida com煤n no monitorizada, incapaces de articular -m谩s all谩 de la cacerolada- un sujeto liberador, un nosotros que haga valer su existencia y su libertad.
Por el confinamiento, muchos, demasiados, han perdido, tal vez irremediablemente, trabajo, negocios y oportunidades. Algunos a煤n deben tributar por actividades no realizadas y ganancias no recibidas. Todos nos hemos empobrecido. Y, como siempre, unos pocos han hecho negocio. Pero el m谩s sucio de los negocios es la apropiaci贸n il铆cita de poder; la que aprovecha el miedo, el cautiverio y la postraci贸n de la sociedad.
En primer lugar, padecemos el tard铆o abordaje de una crisis sanitaria -que no de orden p煤blico- mediante la privaci贸n de libertad bajo una coerci贸n policial, innecesaria sobre una ciudadan铆a mayoritariamente responsable; padecemos la exasperaci贸n de esas medidas en contra de la propia ley de estado de alarma que, como regla general, impone la libertad y s贸lo como excepci贸n temporal, su restricci贸n y cuyo art铆culo 1.2 somete toda intervenci贸n a los principios de proporcionalidad y necesidad, que no han sido aplicados a los ciudadanos sanos. Nos preguntamos por qu茅 se carga el peso de los sacrificios sobre los profesionales y los ciudadanos, sin dotarles de los mecanismos de diagn贸stico y protecci贸n que hubieran minimizado la carga y aliviado el sacrificio. La pregunta es tan pertinente como el debate sobre las confusas y contradictorias respuestas que hasta ahora se han recibido.
Constituye un ejercicio antidemocr谩tico de poder la imposici贸n encubierta, y sin el control interno y europeo, de un verdadero estado de excepci贸n, en el que se restringen severamente los derechos, bajo cobertura de la pr贸rroga del estado de alarma que garantiza al Gobierno el mando 煤nico en la fase aguda de la excepcionalidad y en la vuelta a la ya imposible normalidad. Ante una sociedad cautiva, se han dictado sucesivas 贸rdenes ministeriales de inmenso calado econ贸mico y fuerte compromiso de derechos, y un sinf铆n de decretos leyes restrictivos de derechos fundamentales, frecuentemente oportunistas, sobre materias que poca o ninguna relaci贸n guardan con las razones sanitarias y de orden p煤blico que formalmente demandaron el estado de alarma.
En su cautiverio, la sociedad ha asistido al cierre del portal de transparencia del Gobierno, la imposici贸n de filtros a las preguntas de la prensa, la financiaci贸n p煤blica oportunista de medios de comunicaci贸n vasallos, la restricci贸n en la difusi贸n de mensajes y la evaluaci贸n de la verdad o falsedad de las noticias y los enunciados. En nuestro mundo relativista, la verdad se ci帽e a la identidad entre nuestro pensamiento sobre las cosas y la realidad de las mismas cosas. Algo que guarda relaci贸n con la investigaci贸n y el juicio y que se concreta en la b煤squeda de la verdad. A este uso com煤n se a帽ade un rasgo relacionado con la fe. Decir que una proposici贸n, opini贸n o noticia es un bulo es invocar una norma que rige la fe y el juicio, para afirmar que esa proposici贸n, opini贸n o noticia es indigna de asentimiento, no debe ser cre铆da. Pero, ¿qui茅n se erige en autoridad normativa de lo falso para separarlo de lo verdadero que-debe-ser-cre铆do? ¿por qu茅 y para qu茅 lo hace? Las respuestas a estas preguntas se han tornado amenazas para quienes hemos asistido al imp煤dico reconocimiento oficial de la monitorizaci贸n de redes sociales y escuchado en palabras de su m谩ximo responsable en esta crisis, que la Guardia Civil destina parte de sus esfuerzos a minimizar la cr铆tica al Gobierno, para comprobar despu茅s que los contenidos intervenidos son los que guardan alguna relaci贸n, siquiera lejana o indirecta, con el cuestionamiento de la gesti贸n y la versi贸n oficial de la crisis.
Y, todo, al tiempo que los medios de comunicaci贸n vasallos nos martillean la representaci贸n idealizada del hero铆smo de los profesionales (esos que son enviados al trabajo sin condiciones ni protecci贸n) y los diversos formatos del mensaje, irisado y pueril, de que "resistiendo", "todo acabar谩 bien".
Siempre debe frenarse la ileg铆tima apropiaci贸n de poder por parte de los poderes leg铆timamente constituidos. Algunos creen que esto solo es necesario cuando lo hace la derecha. Asumen acr铆ticamente que la salud y la seguridad exigen la restricci贸n de nuestras libertades o minimizan su importancia, sin pensar que las amplias facultades ya otorgadas son peligrosas, pueden ser utilizadas equivocadamente y quiz谩 ya lo est谩n siendo. Los poderes del Estado deben gestionar la crisis y su recuperaci贸n, s铆, pero han de hacerlo bajo estricto control de las instituciones democr谩ticas, apoyadas por una ciudadan铆a activa, cuya acci贸n cr铆tica, a riesgo de introducir malestar y tensi贸n, contribuya a la construcci贸n de la 茅tica p煤blica. Si descuidamos la vigilancia y si no fortalecemos las instituciones democr谩ticas de control, d谩ndole m谩s poder a quienes ya lo ejercen, no viviremos ya en una sociedad abierta. Habremos perdido nuestra libertad y no ser谩 una p茅rdida temporal.
Al margen de las cifras manipuladas, la magnitud del desastre se mide ya en t茅rminos de derrumbe social, moral y econ贸mico. En la falta de credibilidad de un sistema que s铆 dej贸 atr谩s a muchos, a todos los mayores de 80 a帽os a quienes, en residencias y domicilios, se neg贸 la hospitalizaci贸n, el tratamiento y las pruebas diagn贸sticas, sin discernir situaciones concretas; que envi贸 y mantiene en primera l铆nea sin protecci贸n, a los profesionales de la salud y el orden p煤blico, cuyo heroico esfuerzo es en s铆 mismo el m谩s elocuente reproche; que sigue sin ofrecer tests a los profesionales, a los enfermos y a la poblaci贸n confinada y sin reconocer las espeluznantes cifras de fallecimientos de las que dan cuenta los datos comparados del Registro Civil.
La recuperaci贸n es un apremio moral fundado en los apremios del dolor y el sufrimiento. Muchos creemos que la solidaridad guarda relaci贸n con la evoluci贸n humana y que vale la pena ejercerla a la hora de encarar -en el sentido genuino de visi贸n de la cara de otro- el futuro deliberando juntos, sin exclusi贸n alguna, sobre los hechos y el alcance de los deberes respectivos. Nuestra sociedad, pese a la estupefaciente industria del entretenimiento y la propaganda oficial, es capaz de elevar el punto de mira y repensar los grandes temas de la justicia social, la libertad personal y de empresa, capaz recuperar la actividad econ贸mica que pueda acabar con el paro y la pobreza. Los ciudadanos seguimos siendo la gran esperanza de la pol铆tica pero ahora, m谩s que nunca, hemos de luchar por el Derecho y por los derechos, amenazados por la enfermedad, la par谩lisis econ贸mica, la revoluci贸n tecnol贸gica, la manipulaci贸n digital y los abusos del poder. Hemos dado muestras de compromiso y responsabilidad y estamos dispuestos pero los responsables p煤blicos no deben enga帽arse.
Ning煤n sacrificio m谩s podr谩 exigirse, nada ser谩 posible, sin un reconocimiento p煤blico de la magnitud de la tragedia, sin el duelo, la memoria y la honra de sus v铆ctimas, sin un an谩lisis serio de todas sus causas, de las acciones y omisiones concurrentes en cada caso, sin la investigaci贸n y evaluaci贸n de la imprevisi贸n y las dejaciones, de las probables imprudencias y los posibles fraudes, sin la exigencia de las responsabilidades que en su caso resulten, sin la pronta rectificaci贸n de los errores, la reparaci贸n de los da帽os y la compensaci贸n del sufrimiento. Es lo m铆nimo que debe ofrecerse a ciudadanos libres dispuestos a asumir esfuerzos.
Consuelo Madrigal Mart铆nez-Pereda fue fiscal general del Estado y es fiscal de Sala del Tribunal Supremo y Acad茅mica de n煤mero de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislaci贸n.
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Lo que estos expertos han se帽alado, son un llamamiento a despertar y a que los ciudadanos deber铆an plantearse, si la gesti贸n de la reconstrucci贸n del pa铆s, debe gestionarla el mismo gobiernomultipartito que ha gestionado la Pandemia, o deber铆a encomendarse esa tarea a un equipo de gesti贸n competente, que no suscite tanta desconfianza. Estamos en fase de desescalada pero tambi茅n ante la oportunidad de ciudadanos responsables que conocen sus derechos. ¿O no?



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Gracias a ello, nos enriquecemos desde la pluralidad y desde la diversidad de puntos de vista dentro del respeto a la libre y peculiar forma de expresi贸n.
La Comunicaci贸n m谩s alta posee la gracia de despertar en otro lo que es y contribuir a que se reconozca.
Gracias amig@ de la palabra amiga.
"Nos co-municanos, luego, co-existimos".
Juan Carlos (Yanka)