EL ÉXITO DE LO PEQUEÑO
Los últimos tiempos están demostrando el éxito de lo pequeño. Son numerosas las iniciativas de emprendedores que con ideas sencillas, nuevas y audaces consiguen hacerse un hueco en el mercado. También es cada vez mayor la influencia del marketing boca a oído o del marketing viral frente a las clásicas, y generalmente grandes, campañas de publicidad.
Mi idea no es escribir sobre el marketing, si no sobre la fuerza y eficacia de lo pequeño aplicado a la vida personal, familiar, social y laboral. ¿Cuántas veces hacemos propósitos de mejora, de no volver a caer en aquello que repetimos una y otra vez y que sabemos nos hace daño no sólo a nosotros si no a aquellos que tenemos más cerca y queremos?
Posiblemente la mejor manera de fracasar en el intento de mejora sea hacer un propósito grande y general. De poco valen las grandes intenciones si no van acompañadas de pequeños actos concretos. El mal humor, el egoísmo, la pereza y tantos otros defectos y limitaciones sólo pueden ser corregidos por medio de pequeños gestos diarios como sonreír, hoy y ahora, a quién nos cae mal; prestar, hoy y ahora, aquello a lo que estamos tan apegados; levantarse hoy a la hora prevista ....
Posiblemente por cada éxito debamos apuntar algún fracaso, no importa, el camino se hace al andar.
Antes, hacer la compra en España no era una tarea rápida ni impersonal. Era parte de la vida del barrio. Se compraba donde te conocían, donde muchas veces fiaban, donde una conversación podía durar más que la propia compra. Por eso, cuando estas tiendas empezaron a desaparecer, no solo cerraron negocios pequeños. También se fue apagando una forma muy concreta de convivir. Detrás de ese cambio hubo mucho más que competencia o modernidad. Cambiaron los hábitos, cambió el ritmo de vida y cambió la relación entre vecinos. Poco a poco, lo cercano fue cediendo terreno a lo práctico, y lo práctico terminó borrando escenas que durante años parecieron eternas.
Quien haya crecido viendo persianas medio subidas, mostradores de madera y libretas con cuentas pendientes, sabe que aquí no se habla solo de comercio. Se habla de memoria, de costumbres y de una España que se fue yendo casi sin despedirse.

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Juan Carlos (Yanka)